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25.1.09

Conmemoración de diez años desde el inicio del aniquilamiento masivo de la República de Yugoslavia a manos de la OTAN el 24 de marzo de 1999

El gobierno de William Clinton de los Estados Unidos, en calidad del miembro más influyente de la OTAN, inició el 24 de marzo de 1999 el ataque militar ejecutado por la fuerza aérea de la OTAN, en contra de la República Federativa de Yugoslavia, sin que éste ataque fuera autorizado por el Consejo de Seguridad de la ONU o por el mismo Congreso de los EUA.

Los ataques aéreos duraron 78 días con sus noches, destruyeron el 80% de la infraestructura del país (objetivos no militares), 10% de la fuerza militar del Ejército yugoslavo (que fue su objetivo principal), utilizaron el prohibido uranio empobrecido en los ataques. Asimismo, le mintieron al mundo entero hablando del genocidio de los albano-kosovares donde se hablaba de entre 100,000 y 500,000 cadáveres de hombres entre los 16 y los 80 años de edad sepultados en un sinnúmero de tumbas colectivas. Este hecho fue utilizado como detonante para la ofensiva aérea (la presidenta del Tribunal de Crímenes de Guerra cometidos en la Ex-Yugoslavia, Carla Del Ponte, emitió en diciembre de 1999 la cifra oficial de cadáveres encontrados en Kosovo, que fue de 2, 108, entre los que se encontraban tanto serbios como albaneses (ya mencionado en este blog aqui). Acontecimiento terrible y que da testimonio de enfrentamientos interétnicos en Kosovo, pero, de ninguna manera indica la existencia de un genocidio "unilateral", término tan popular en los noventa, sustituido por la guerra en contra del terror en el mandato de George W. Bush y jamás vuelto a ser empleado en referencia al conflicto de Kosovo, ni siquiera durante el juicio en contra de Slobodan Milošević en La Haya, Holanda).

La mitad del gabinete del entonces presidente de los EUA, Willliam Clinton, sobre todo en lo que a relaciones exteriores se refiere, está sentado de nuevo en la Casa Blanca, acompañando al "presidente del cambio" y el "milagro estadounidense", Barack Obama. Tanto los Balcanes, como América Latina (y especialmente México) han vuelto a ser los temas principales de la política exterior de unos EUA sumidos en la peor crisis financiera posterior a la gran depresión de 1929 (al igual que el resto del mundo). A partir de 1999, el campo militar de la OTAN más grande de Europa (Camp Bondsteel) está situado justo en Kosovo, región por demás disputada. Esta provincia separada de Serbia autoproclamó su propia independencia el 17 de febrero de 2008. Dicha "independencia" embona de una manera importante en los planes de abastecimiento alternativo de petróleo de Europa occidental, como ya se había comentado aqui en este blog.

Versiones divergentes de este tema, el cual pronto se comentará también aquí y al puro estilo de Eslavos del sur, también se pueden encontrar en: "NATO&Kosovo: Historical Overview" publicado en la página oficial de la OTAN por un lado, y tan sólo como ejemplo, el ensayo "The U.S.-NATO Military Intervention in Kosovo", autoría de Brendan Stone, publicado por el portal Global Research), por el otro.

Por todo ello...

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29.7.08

La posguerra en la Yugoslavia socialista (en construcción)

Tras la capitulación de Alemania y al acabar la guerra, muchos cambios tomaron lugar en el mapa del ”viejo continente”. Los aliados se discutían cada metro cuadrado ganado o perdido en batalla. Yugoslavia perdió en esa segunda mitad de la década de los cuarenta un pedazo de Dalmacia incluyendo a Trieste aunque ganando algunos otros en regiones diversas.

Stalin, con su Ejército Rojo, avanzaba decididamente sobre toda la Europa oriental en una especie de ”reconquista” de territorios iniciada en la época de entreguerras. Los comunistas en Bucarest, Varsovia, Sofía y Budapest no entendían lo que les estaba sucediendo; eran víctimas forzadas de una política expansionista de Moscú poco diferente a las causas que originaron los dos conflictos bélicos más devastadores del siglo XX. Las paredes de todos los edificios de las grandes urbes que posteriormente fuesen obligadas a firmar el Pacto de Varsovia aparecían una vez mas con letreros como ”Padre Lenin, tus hijos se han vuelto locos”, ”No a la invasión”...

En el momento de sentir, en 1948, la amenaza de la invasión a la Yugoslavia socialista por parte de la URSS, Tito mandó a Koča Popović, el entonces jefe de la comandancia del ejército popular yugoslavo, a establecer contactos con EUA. Se le preguntó al gobierno de Truman cuál sería la reacción de los norteamericanos en caso de una invasión soviética a Yugoslavia. La respuesta no satisfizo a Tito; consistía únicamente en una enérgica oposición diplomática a tal acción sin intervención militar alguna. Acto seguido, Popović solicitó de Norteamérica ayuda en logística, misma que significaría armamento, ayuda económica, apoyo militar, etc. Tomando estas negociaciones como su antecedente directo, ese mismo año se firmó un tratado de apoyo logístico y militar entre Yugoslavia, Turquía y Grecia, conocido como el Pacto de los Balcanes; mismo que fungiría bajo el padrinazgo de la OTAN y no sería muy diferente a contar con un ala meridional de miembros del tratado del atlántico norte (OTAN). Este acuerdo, sin embargo, era redactado de tal manera que en ningún momento se veía amenazada la soberanía del territorio yugoslavo.

En caso de una invasión por parte de los soviéticos, toda la planeación de la defensa militar correría a cargo del gobierno titísta; ni las tropas estadounidenses ni ningunas otras, jamás tocarían suelo yugoslavo. Todo ello se debía a las extraordinarias dotes diplomáticas del mismo Tito; mismas que protegieron al país de intromisiones extranjeras en los operativos de liberación de Belgrado en conjunto con el Ejército Rojo en octubre de 1944, mismo que entró y salió de Yugoslavia sin permanecer allí por demasiado tiempo.

A partir de esos momentos inició la ayuda militar al ejército yugoslavo por parte de EUA. Fueron donados sobre todo aviones –por ejemplo, los famosos thunderbirds- y artillería pesada. Por otro lado, iniciaron también las estancias de oficiales de ejército yugoslavos en las academias militares de países de la OTAN. Desde esta época y hasta la desaparición de la Yugoslavia socialísta, se obtuvo en curso actual de divisas un poco más de 22,000 mdd en armamento, alimentos y otros tipos de ayuda, dentro de lo que fue una especie de tratado de libre comercio especial entre EUA y Yugoslavia.

La pregunta que saltaba naturalmente a la vista era ¿qué fue lo que le parecía tan atractivo en todo esto a Truman? Ello tenía que ver con políticas a largo plazo de los Estados Unidos. Yugoslavia era considerada la punta de lanza hacia la democratización de toda la Europa del este y de su desarrollo económico y político dependería el desenlace de la guerra fría en boga desde el mero comienzo de la segunda guerra mundial.

Todos estos acontecimientos intimidaron a Stalin y sus intenciones de anexión de Yugoslavia al bloque europeo bajo la influencia sovietica. Comprendió que no podía jugar con Yugoslavia sin enfrentarse a los EUA y al Occidente europeo. El tratado de los Balcanes no era una simple especulación política sino una realidad tajante. Josip Broz - Tito se volvía a salir con la suya en ese 1949.

En la URSS tuvo lugar una sangrienta persecución política en las época de los veintes y los treintas al igual que bajo todo el mandato de Stalin, un calvario en el cual perdieron la cabeza altos funcionarios, todos acusados de enemigos de estado. La presidencia en Belgrado tomó las mismas medidas para eliminar de raíz toda simpatía con las llamadas doctrinas ”estalinistas”. Años de establecimiento de poder. Momentos para definir el curso de las recién ganadas revoluciones; días de ”trabajo sucio” para gobiernos autoritarios.

Mira Milosevich [Mil00] comenta al respecto que después de la segunda guerra mundial, los comunistas se disfrazaban de chetniks para despertar el odio hacia el enemigo ideológico. Sin embargo, sigue la autora, a partir de 1948 el enemigo ideológico fueron los estalinistas. Con ellos no se podía jugar el juego de los disfraces, por una simple razón: hasta ayer todos los comunistas yugoslavos habían creído en Stalin y en la lucha revolucionaria rusa. Los que fueron enviados a desaparecer en Goli Otok, isla del archipiélago yugoslavo que fungía como cárcel natural para presos políticos del régimen de Tito, eran enemigos más personales que ideológicos de Tito y los titístas. Para la socióloga, Danilo Kiš, uno de los grandes intelectuales yugoslavos, acreedor a un gran número de premios nacionales e internacionales, opositor y crítico del sistema titísta, fue uno de los primeros en la Yugoslavia comunista que dijo públicamente "que los campos de concentración, sean fascistas o comunistas, son la misma cosa, y que dejasen de intentar convencernos de que lo nuestro, lo de izquierdas, era mejor porque era históricamente necesario (Marx) para llegar al paraíso donde no habrá ya clases ni lucha de clases. Que nosostros –los de izquierdas-, aunque queremos el exterminio de todos los que no piensan como nosotros, somos éticamente puros porque lo nuestro no es otra cosa que el camino histórico hacia un futuro mejor, porque a nosotros no nos importan ni las naciones ni las razas, y casi no nos importa ni la lucha de clases, sino una única clase: el proletariado, la clase que debe llegar al poder total. Matar en nombre del proletariado no es lo mismo que matar en nombre de la superioridad de una raza. Pero, para Kiš, es lo mismo. Se trata en ambos casos de matar en aras de una ideología totalitaria" [Mil00, p. 164].

Las condiciones económicas en Yugoslavia después de la guerra fueron complejas, sobre todo si se toma en cuenta el hecho que durante la segunda guerra mundial perdieron la vida alrededor de 1,750,000 yugoslavos [Jov69]. La industria, ya de por sí poco desarrollada, fue destruida durante la guerra, la agricultura fue fragmentada, las carreteras y vías férreas destruidas. Por una parte, era necesario reparar las consecuencias acarreadas por las devastaciones bélicas y renovar el país, y por otra parte debieron crearse las condiciones pertinentes para satisfacer las necesidades sociales de los pueblos yugoslavos, que además de luchar por su independencia nacional fueron protagonistas en la lucha de "liberación" popular, una guerra civil sangrieta de la cual salieron vencedores los comunistas en detrimento de todos los demás grupos políticos forzados al sometimiento, la encarcelación a al exilio (el voluntario y el no tanto). Cabe mencionar que en las primeras decadas de la reconstrucción del país participó en ésta la gran mayoría de la población, voluntariamente; reconstruía ciudades, trabajaba el campo hombro a hombro, unida por canciones "partisanas" de la guerra, la famosa Internacional y consignas similares.

Sin embargo, como siempre ocurre en cambios sociales tan radicales como el que se llevaba a cabo, existía una sombra de injusticia, de asesinatos, de nacionalizaciones que abarcaban el desalojo y le dejaban a las familias burguesas (y, por ende enemigas) mucho menos de lo que prescribía la ley. Se respiraba pues, en el aire, una guerra de resentimiento social muy peculiar aunque disfrazada por una maquinaria impresionante de propaganda hacia fuera, hacia el mundo. El estado se justificaba declarando que ello se debió a la naturaleza misma de las tareas que se tuvieron que resolver: en primer lugar a la necesidad de una intervención estatal vigorosa para superar los vestigios políticos y económicos del antiguo sistema capitalista y crear sólidas bases para un rápido desarrollo socialista.

El fin de esta etapa y el comienzo de las etapas siguientes de desarrollo de Yugoslavia fue marcado por la adopción de la Ley sobre la entrega de las empresas económicas a la gestión de las colectividades de trabajo (1950), y por la aprobación de la Ley Constitucional acerca de la Organización Social y Política de la República Socialista Federativa de Yugoslavia (1953).

Fue en 1953 cuando Josip Broz Tito fue elegido presidente de Yugoslavia, para asumir este cargo en condición de vitalicio a partir de 1974.

A la mitad de la época de los cincuenta, ya muerto Stalin y con Nikita Krushov como el nuevo líder, Rusia decidió finalmente limar sus asperezas con su ”hijo rebelde” y empezar a jugar con las nuevas regls del juego internacional. Todos esos años, Yugoslavia vivía severos bloqueos económicos intermitentes, primero por parte de la URSS y el Pacto de Varsovia y posteriormente por parte de los EUA y la OTAN, aunque a menor escala. No alinearse en esos momentos era un insulto sin precedentes hacia ambos polos de aquella realidad política.

Para Eric Hobsbawm [Hob01], en la práctica la situación mundial se hizo razonablemente estable poco después de la guerra y siguió siéndolo hasta mediados de los setenta, cuando el sistema internacional y sus componentes entraron en otro prolongado período de crisis política y económica. Hasta entonces ambas superpotencias habían aceptado el reparto desigual del mundo, habían hecho los máximos esfuerzos por resolver disputas sobre sus zonas de influencia sin llegar a un choque abierto de sus fuerzas armadas que pudiese llevarlas a la guerra y, en contra de la ideología y de la retórica de guerra fría, habían actuado partiendo de la premisa de que la coexistencia pacífica entre ambas era posible.

El historiador prosigue afirmando que este acuerdo tácito de tratar la guerra fría como una ”paz fría” se mantuvo hasta los años setenta. La URSS supo, o mejor dicho, aprendió en 1953 que los llamamientos de los Estados Unidos para ”hacer retroceder” el comunismo era simple propaganda radiofónica, porque los norteamericanos ni pestañearon cuando los tanques soviéticos restablecieron el control comunista durante un importante levantamiento obrero en Alemania del Este. A partir de entonces, tal como confirmó la revolución húngara de 1956, en opinión de Hobsbawm [Hob01], "Occidente no se entrometió en la esfera de control soviético.
Es probable, continúa el analista, que el período más explosivo de la guerra fría fuera el que medió entre la proclamación formal de la doctrina Truman (que expresaba que la política de Estados Unidos tenía que ser apoyar a los pueblos libres que se resisten a ser subyugados por minorías armadas o por presiones exteriores) en marzo de 1947 y abril de 1951, cuando el mismo presidente de los Estados Unidos destituyó al general MacArthur, comandante en jefe de las fuerzas de los Estados Unidos en la guerra de Corea (1950-1953), que llevó demasiado lejos sus ambiciones militares. Durante esta época el temor de los norteamericanos a la desintegración social o a la revolución en países no soviéticos de Eurasia no era simple fantasía: al fin y al cabo, en 1949 los comunistas se hicieron con el poder de China.

Por su parte, la URSS se vio enfrentada con unos Estados Unidos que disfrutaban del monopolio del armamento atómico y que multiplicaban las declaraciones de anticomunismo militante y amenazador, mientras la solidez del bloque soviético empezaba a resquebrajarse con la ruptura de la Yugoslavia de Tito (1948). Además, a partir de 1949, el gobierno chino no sólo se involucró en una guerra de gran calibre en Corea sin pensárselo dos veces, sino que, a diferencia de otros gobiernos, estaba dispuesto a afrontar la posibilidad real de luchar y sobrevivir un holocausto nuclear" [Hob01, p. 232-233]. Todo podía suceder, escribe Hobsbawm.

La pésima cosecha de 1946, seguida por el terrible invierno 1946-47, puso aún más nerviosos tanto a los políticos europeos como a los asesores presidenciales norteamericanos, comenta el historiador. En esas circunstancias no es sorprendente que la alianza que habían mantenido durante la guerra las principales potencias capitalista y socialista, ésta ahora a la cabeza de su propia esfera de influencia, se rompiera, como tan a menudo sucede con coaliciones aún menos heterogéneas al acabar una guerra. Sin embargo, ello no basta para explicar porqué la política de los Estados Unidos tenía que basarse, por lo menos en sus manifestaciones públicas, en presentar el escenario de pesadilla de una superpotencia moscovita lanzada a la inmediata conquista del planeta, al frente de una ”conspiración comunista mundial” y atea siempre dispuesta a derrocar los dominios de la libertad. Y es que ahora resulta evidente, y era tal vez razonable incluso en 1945-1947, escribe Hobsbawm, que la URSS ni era expansionista –menos aún agresiva- ni contaba con extender el avance del comunismo más allá de lo que se supone se había acordado en las cumbres 1943-1945. De hecho, allí en donde la URSS controlaba regímenes y movimientos comunistas satélites, éstos tenían el compromiso específico de no construír estados según el modelo de la URSS, sino economías mixtas con democracias parlamentarias pluripartidistas, muy diferentes de la ”dictadura del proletariado” y ”más aún” de la de un partido único, descritas en documentos internos del partido comunista como ”ni útiles ni necesarias” [Hob01, apud. Spriano, P., I comunisti europei e Stalin, Turín, 1983, p. 265] . Los únicos regímenes comunistas que se negaron a esta línea fueron aquellos cuyas revoluciones que Stalin desalentó firmemente, escaparon al control de Moscú, como Yugoslavia.

Desde cualquier punto de vista racional, la URSS no representaba entonces ninguna amenaza inmediata para quienes se encontrasen fuera del ámbito de ocupación de las fuerzas del Ejército Rojo. Después de la guerra, se encontraba en ruinas, desangrada y exhausta, sigue Hobsbawm, con una economía civil hecha trizas y un gobierno que desconfiaba de una población, gran parte de la cual, fuera de Rusia, había mostrado una clara y comprensible falta de adhesión al régimen. En sus confines occidentales, la URSS continuó teniendo dificultades con las guerrillas ucranianas y de otras nacionalidades durante años. La URSS necesitaba toda la ayuda económica posible y, por lo tanto, no tenía ningún interés, a corto plazo, en enemistarse con la única potencia que podía proporcionársela, los Estados Unidos. No cabe duda, afirma Hobsbawm en la única aseveración que, según tu opinión justificaría todo lo anterior, que Stalin, en tanto que comunista, creía en la inevitable sustitución del capitalismo por el comunismo, y, en ese sentido, que la coexistencia de ambos sistemas no sería permanente.

Sin embargo, responde el historiador a sus propios cuestionamientos, la política de enfrentamiento entre ambos bandos surgió de su propia situación. La URSS, consciente de lo precario e inseguro de su posición, se enfrentaba a la potencia mundial de los Estados Unidos, conscientes de lo precario e inseguro de la situación en Europa central y occidental, y del incierto futuro de gran parte de Asia. El enfrentamiento es probable que se hubiese producido aun sin la ideología de por medio.

Nadie sabía mejor que Stalin, sigue el británico, lo malas que eran sus cartas. No cabía negociar las posiciones que le habían ofrecido Roosvelt y Churchill cuando la intervención soviética era esencial para derrotar a Hitler y todavía se creía que sería esencial para derrotar a Japón. La URSS podía estar dispuesta a retirarse de las zonas donde no estaba amparada por los acuerdos de las cumbres de 1943-1945, y sobre todo de Yalta, pero todo intento de revisión de Yalta sólo podía acogerse con una rotunda negativa, y de hecho, el ”no” del ministro de asuntos exteriores de Stalin, Molotov, en todas las reuniones internacionales posteriores a Yalta se hizo famoso. Los norteamericanos tenían la fuerza de su lado. La URSS, no.

En resumen, termina Hobsbawm su explicación, mientras que a los Estados Unidos les preocupaba el peligro de una hipotética supremacía mundial de la URSS en el futuro, a Moscú le preocupaba la hegemonía real de los Estados Unidos en el presente sobre todas las partes del mundo no ocupadas por el Ejército Rojo. No hubiera sido muy difícil convertir a una URSS agotada y empobrecida en otro satélite de la economía estadounidense, más poderosa por aquel entonces que todas las demás economías mundiales juntas. La intransigencia era la táctica lógica [Hob01, p. 235-238]. El mundo se encontraba en plena guerra fría.

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3.3.08

El largo camino de Kosovo a Kurdistán (A long road from Kosovo to Kurdistan) por Pepe Escobar

Por esta vez, y de modo atrasado (en una clara señal de que el proyecto Eslavos del sur no respeta los tiempos dictados por los modernos impostores de opinión pública llamados medios de comunicación transnacionales), y como una clara excepción a la regla, ahora en su forma original y en el idioma inglés, del pasado 29 de Febrero de este 2008, publicado en The Asia Times On line, este lúcido artículo de Pepe Escobar.

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THE ROVING EYE
A long road from Kosovo to Kurdistan
By Pepe Escobar

The precedent of Kosovo is a terrible precedent, which will de facto blow apart the whole system of international relations, developed not over decades, but over centuries. [The Americans] have not thought through the results of what they are doing. At the end of the day it is a two-ended stick and the second end will come back and hit them in the face. - Russian President Vladimir Putin

In myriad aspects, Kosovo is the new Kurdistan (and the other way around), as much as Iraq is the new Yugoslavia.

The unilateral independence of Kosovo has nothing to do with "democracy". But then what's the point of this North Atlantic Treaty Organization (NATO) provocation towards Vladimir Putin's Russia - a historic ally of Serbia?

The ongoing saga revolves around two crucial, interrelated facts on the ground: Pipelineistan and the empire of 737 (and counting) US military bases in 130 countries operated by 350,000-plus Americans. In short: it revolves around the trans-Balkan AMBO pipeline and Camp Bondsteel in Kosovo, the the largest US base built in Europe in a generation.

It also lays bare continuity from the Bill Clinton to the George W Bush administrations - the US dictating the rules of the game as if in a one-party state.

Yugoslavia and Iraq also "taught" the world two lessons. From Clinton's humanitarian imperialism to Bush's "war on terror", it's all a matter of exclusive Washington prerogative. Blowback, of course, as Putin has warned, will be inevitable.

Albright's serpent

The 78-day, 1999 bombing of Yugoslavia, allegedly to dislodge a "new Hitler" (Slobodan Milosevic) was mirrored by the 2003 "shock and awe" bombing of Iraq, to dislodge another "new Hitler" (Saddam Hussein). Clinton, demonizing the Serbs, used NATO to sidestep the lack of a United Nations mandate; Bush, also without a UN mandate, demonized Iraqis and went all the way with just an authorization by the US Congress.

Clinton attacked the former Yugoslavia to expand the post-Cold War NATO right up to the borders of the former Soviet Union. Bush attacked Iraq to seize the "big prize" in terms of energy resources. Militarization and hegemonic control were at the heart of both operations. Yugoslavia was devastated, fragmented, balkanized and ethnically cleansed into mini-countries. Iraq was devastated, fragmented, pushed towards balkanization and towards ethnic cleansing along sectarian and religious lines.

Senator Hillary Clinton considered Yugoslavia's balkanization and now Kosovo's independence (amputation of Serbia, rather) as "democracy" and a "successful" accomplishment of US foreign policy.

This "model" new independent state saluted by the US, Germany, France and Britain - and virtually no one else - is, according to Vladimir Ovtchinky, a criminologist and former head of Interpol's Russia bureau during the 1990s, "a mafia state in the heart of Europe". It's basically run by Hashim Thaci, a former Marxist who then embraced a nationalist socialism with criminal overtones as one of the youngest chiefs of the UCK (the Kosovo Liberation Army), operating under the codename "The Serpent".

Madeleine Albright, then US secretary of state, pushed "The Serpent" into the limelight when she attributed to him "the brightest future" among those Kosovars who were "fighting for democracy". Albright is nowadays one of Hillary Clintons' top foreign policy advisers. The UCK was roughly a sort of Balkan al-Qaeda on heavy drugs - propped up enthusiastically by US and British intelligence. British special forces trained the UCK in northern Albania while Turkish and Afghan military instructors taught them guerrilla tactics. Even Osama bin Laden had been in Albania, in 1994; al-Qaeda had a solid UCK connection.

Writing in the Russian daily Ogoniok, Ovtchinky describes how Albanian Kosovar clans always controlled opium and then heroin trafficking from Afghanistan and Pakistan through the Balkans towards Western Europe; then during the late 1990s a 3% tax started to finance all UCK operations. The UCK benefited from more than 750 million euros (US$1.1 billion) in drug money to buy weapons, he wrote. According to Interpol and Europol, just in 1999 and 2000, these Kosovar mafias made no less than 7.5 billion euros - also by diversifying from narco-smuggling into human trafficking and large-scale prostitution. In Germany, they made a killing in Kalashnikov trafficking and fake euro banknotes. And as late as in 2007, Italy's top three mafias - the Cosa Nostra, the Camorra and "Ndrangheta" - were seriously thinking of creating a unified cartel to face the ultra-heavy Albanian Kosovar mafia.

Get me to my pipeline on time

Washington and the three European Union heavyweights (France, Germany and Britain) have applauded Kosovo's independence. But this core of the self-described "international community" is caught in silent scream mode when confronted with the possibility of independence for Flanders in Belgium, northern Cyprus, the Serbian Republic of Bosnia, the Basque country in Spain, Gibraltar - not to mention Indian Kashmir (the Jammu Kashmir Liberation Front, JKLF, is already making some rumblings), Tibet, Taiwan, Abkahzia and South Ossetia (both in Georgia and both Russia-friendly), Palestine and Kurdistan. Northern Kosovo itself - totally Serbian-populated - and western Macedonia also don't qualify to become independent. So why Kosovo? Enter the AMBO pipeline and Camp Bondsteel.

AMBO is short for Albanian Macedonian Bulgarian Oil Corp, an entity registered in the US. The $1.1 billion AMBO pipeline (also known as the Trans-Balkan), supposed to be finished by 2011, will get oil brought from the Caspian Sea to a terminal in Georgia and then by tanker through the Black Sea to the Bulgarian port of Burgas, and relay it through Macedonia to the Albanian port of Vlora.

Clinton's NATO war against Yugoslavia and pro-Albania was thus crucial to secure Vlora's strategic location. The oil will then be shipped to Rotterdam in the Netherlands and refineries on the US West Coast, thus bypassing the ultra-congested Bosphorus Strait and the Aegean and the Mediterranean seas.

The original AMBO feasibility study, as early as 1995, and then updated in 1999, is by a British subsidiary of Halliburton, Brown and Root Energy Services. AMBO fits into Vice President Dick Cheney's (and before him, Clinton's energy secretary Bill Richardson's) US energy security grid. It's all about go-for-broke militarization of the crucial energy corridor from the Caspian through the Balkans, and about trying to isolate or sabotage both Russia and Iran.

Halliburton had to have a deeper hand in the whole scheme, and that's where Camp Bondsteel fits in - the largest overseas US military base built since the Vietnam War. Bondsteel, built by Halliburton subsidiary Kellogg, Brown and Root on 400 hectares of farmland near the Macedonian border in southern Kosovo, is a sort of smaller - and friendlier - five-star Guantanamo, with perks like Thai massage and loads of junk food. According to Chalmers Johnson in The Sorrows of Empire, "army wags say facetiously that there are only two man-made objects that can be seen from outer space - the Great Wall of China and Camp Bondsteel". Bondsteel will also double as Kosovo's Abu Ghraib - the largest prison in the independent entity, where prisoners can be held indefinitely without charges pressed and without defense attorneys. Taxi to the Dark Side, which has just won an Oscar for best documentary, applies not only to Bagram in Afghanistan but also to Bondsteel in Kosovo.

Protection racket

Kosovo's "independence" has been brewing since 1999. A single 1999 photo tells the whole story - establishing beyond doubt those elusive "international community" ties. The photo unites Hashim Thaci, then head of terrorist outfit UCK and current prime minister of Kosovo; Bernard Kouchner, then UN administrator of Kosovo and current French foreign minister in the Nicolas Sarkozy administration; Sir Mike Jackson, then commander of NATO's occupying force and current consultant for a Blackwater-style mercenary outfit; and general Wesley Clark, then NATO supreme commander and now military adviser to Hillary Clinton.

Kosovo's "internationally supervised independence", which was due to be outlined in a meeting in Vienna this Thursday, has nothing to do with autonomy. Exit the UN, enter the European Union. Amputated from Serbia, Kosovo will be no more than an EU (and NATO) protectorate. EU officials in Brussels confirm that thousands of bureaucrats, along with police officers, will be deployed to Kosovo, to live alongside more than 17,000 NATO military personnel already in place.

Neo-colonialism is alive and well in "liberated" Kosovo - which will have to put up with a viceroy and will have no say whatsoever in foreign policy. Think of "liberated" Iraq under the infamous Coalition Provisional Authority run by viceroy L Paul Bremer.

An array of European analysts, not to mention Russians, has compared the current, dangerous state of play in the Balkans to Sarajevo in 1914 that led to the outbreak of World War II. Blowback, in the short term, will include Serbs refusing to be part of this "independent" state and Albania not recognizing the current Albania/Serbia/Macedonia borders. Just like a century ago, Central Europe, Russia and the Muslim world are clashing in the Balkans, but this time subjected to a US screenplay. Bush and German Chancellor Angela Merkel, in tandem, gave the go-ahead to the Kosovo declaration of independence weeks before the fact. Small, contrarian EU countries like Slovakia, Romania and Cyprus were imperially overlooked.

Russian Foreign Minister Sergei Lavrov has characterized Kosovo's independence as the beginning of the end of contemporary Europe. As British journalist John Laughland, manager of the British Helsinki Human Rights Group stresses, "The current status of the province is established by UN Security Council resolution 1244," which determines that Kosovo is part of Serbia. Thus the US and the EU have - once again - made minced meat of international law.

Why not us?

Kurds, especially those in Iraq, might be tempted to believe Kosovo is a meaty precedent pointing to the emergence of an independent Iraqi Kurdistan - their dream, and Turkey's nightmare. Just as in Kosovo, oil is in play (Kirkuk and its pipelines); and Iraqi Kurdistan, since 1991, had been a sort of extended Camp Bondsteel anyway, an American-protected enclave in Saddam's Iraq and then a haven of stable "democracy" in Bush-devastated Iraq.

But it's hard to dream about independence when Iraqi Kurdistan has been de facto invaded by 10,000 Turkish troops with the help of US intelligence.

According to Baghdad's al-Mada daily, the president of the Irbil-based Kurdistan Regional Government (KRG), Massoud Barzani, sent an urgent letter to Bush for him to personally stop the Turkish invasion. Barzani flatly accuses the Turks of destroying his region's infrastructure. Barzani's spokesman, Falah Mustafa, has placed all responsibility "on the US government". Peshmerga (Kurdish militia) General Muhammad Mohsen is also furious ("We think the United States is making a big mistake"). This is as good an intimation of inevitable blowback as any.

Dozens of thousands of Peshmerga are now stationed very close to the Turkish-Iraqi border. According to Mohsen, the red line is along the Mateen mountain range. He said, "The Peshmergas told [the Turks] if you go any further we will kill you." Also according to Mohsen, Barzani theatrically told him, "I will be the first to die in fighting the Turks."

The official KRG position, endlessly relayed on Kurdish media, is that it has done everything to "limit the activities" of Kurdistan Workers' Party (PKK) rebels in Iraqi Kurdistan. This has fallen as much on (Turk) deaf ears as Baghdad's feeble official protests. Iraqi Kurdish politician recite the same mantra; the PKK is just an excuse for the Turks to "prevent the establishment of a Kurdish state".

But then, in the thick of the action, KRG Prime Minister Nechirvan Barzani struck quite a different chord. He said the Turks did not attack Kurdish civilians and only destroyed a few bridges in some desolate mountain passes. Kurdish media though is awash with reports and even video of damage to Kurdish villages. So what's going on?

Turkey's invasion of Iraqi Kurdistan is a graphic show of force - a sort of "shock and awe" in slow motion, meaning this is a player to be reckoned with in both the Middle East and Central Asia. Turkey - with much more firepower than Serbia, and a NATO member to boot - has set its objectives with precision: to bomb the KRG's credibility, and to imprint the extent of its reaction in case the Kurdish go for autonomy, including control of the oil-rich Kirkuk area in Iraq. At the same time, this is a message to Washington (don't trample us or we destabilize the only "stable" part of Iraq) and to Baghdad (let's do business; we need some of your oil and a lot of your water for our development).

So much for Kurdistan's dream of independence - inside Iraq as much as for the 12 million Kurds living in Turkey. They are left with a few rumblings, an attempt at downplaying the whole thing, and the obligation of facing the fact that the US, once again, has sold them short. Not to mention the Kurds, once again, they are sold short.

The KRG's Barzani and current Iraqi President Jalal Talabani, eternal Iraqi Kurdish leaders, rival warlords and wily opportunists, had already sold PKK Kurds short 15 years ago during a joint offensive with the Turkish army (See Double-crossing in Kurdistan Asia Times Online, November 2, 2007). They had vocally promised this would never happen again. It's happening right now. Thus Turkey wins, hands down - driving a wedge between Washington and Iraqi Kurds.

Blowback, in this case, may be long in coming, but Washington is bound to taste it. Turkey will clinch an oil deal with Russia and will buy Iranian gas and co-exploit Iranian oil in the Caspian. As for Iraqi Kurds - seeing red against both Washington and Ankara - more than ever they won't stop dreaming of becoming the new Kosovo, on their own terms.
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Pepe Escobar is the author of Globalistan: How the Globalized World is Dissolving into Liquid War (Nimble Books, 2007). He may be reached at pepeasia@yahoo.com.

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