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3.9.08

La muerte de Tito y los movimientos separatistas en Kosovo hacia 1989

Josip Broz Tito murió el 4 de mayo de 1980 en la ciudad de Ljubljana, dejando un país desolado y carente de un líder muy controversial, aunque admirado y definitivamente hábil. Tras su muerte se instauró un gobierno federal colegiado -ya existía este proyecto como tal desde 1971, aunque apenas en este momento asumiría todo el poder ejecutivo- constituido por seis presidentes, cada uno al frente de una de las repúblicas socialistas que conformaban la federación y los restantes dos presidentes de las dos provincias autónomas (que eran parte de Serbia), Kosovo y Vojvodina. Cada año uno de los ocho tendría el privilegio de ser nombrado presidente federativo.

Recuerdo vagamente (aunque no sé si más bien lo que recuerdo es que me lo platicaron, pues yo tenía escasos cuatro años) que mis padres me llevaron al funeral de Tito. Fue sepultado en una especie de capilla de mármol blanco llamada Casa de las Flores, anteriormente utilizada como el museo de nombre 25 de Mayo en el que se guardaban todas las estafetas y demás regalos que le fueron obsequiados a Tito durante su vida. Antes de la inhumación, su cuerpo fue expuesto al público en el palacio federal de gobierno en Belgrado; todo el mundo acudió a despedirse de su presidente.

A su funeral asistieron presidentes y personajes de la vida social más importantes del mundo, como por ejemplo Margaret Thatcher, Saddam Hussein, Leonid Illich Breznev y Yasser Arafat. El país entero vivía una tragedia. Tal era la idealización de Tito, que varios años después (de hecho hasta 1990) sonaban, en señal de remembranza y luto, las alarmas contra ataques aéreos en todas las ciudades de la federación cada 4 de mayo a las 15:05 en punto: hora de su muerte.



El funeral de Josip Broz - Tito, original (cortesía de Wikipedia) aqui.

Los días inmediatamente posteriores a la muerte de Josip Broz - Tito estuvieron llenos de desconcierto, confusión y miedo de lo que podía venir. Las fronteras permanecieron cerradas por más de una semana. Se respiraba un pánico peculiar en Yugoslavia. Al tercer mes todo volvió a una relativa calma.

Un nuevo enfrentamiento del nacionalismo albanés estalló en Kosovo en 1981. El slogan central de República de Kosovo expresaba el gran programa que pretendía que esta región se anexara al territorio de Albania. Esto no era nada nuevo, al menos era lo que proclamaban los noticieros. La vida seguía.

Mira Milosevich [Mil00] explica que hasta el año de 1961 hubo un relativo equilibrio demográfico entre serbios y albaneses en Kosovo [Mil00, p. 191, apud. Blagojević, Marina, Iseljavanje sa Kosova. Srpska Strana Rata, Republika, Beograd, 1996, p. 232-267], pero, desde entonces, la balanza poblacional se inclinó rápidamente hacia el lado albanés, para llegar en 1991 a una relación de 10 por 100 frente al 90 por 100, y ello por dos razones: por la alta natalidad albanesa ( [Mil00, apud. Blagojević, Marina, Iseljavanje sa Kosova. Srpska Strana Rata, Republika, Beograd, 1996, p. 235] "En 1953, las albanesas entre 45-49 años tienen 6.32 hijos; las serbias, 5.92. En 1991, las serbias tienen 2.78 hijos; las albanesas 6.16") y por la emigración de los serbios de Kosovo bajo presión ([Mil00, p. 191, apud. Blagojević, Marina, Iseljavanje sa Kosova. Srpska Strana Rata, Republika, Beograd, 1996, p. 237] "El mejor modo de ver la emigración serbia de Kosovo es comparar los datos demográficos de la población serbia de 1948 (23.6 %), 1953 (ídem.) y 1961 (ídem). A partir de 1971 comienza la emigración intensiva: en 1971 queda en Kosovo un 18.3% de serbios sobre la población total; en 1981, un 13.2%; en 1991, un 9.9%. Entre los años 1941 y 1981 han emigrado de Kosovo más de 100,000 serbios).

Por otro lado, los demógrafos albaneses subrayan que hubo también una fuerte emigración albanesa entre las dos guerras mundiales ([Mil00, p. 191, apud. Blagojević, Marina, Iseljavanje sa Kosova. Srpska Strana Rata, Republika, Beograd, 1996] ”Entre las dos guerras fueron expulsados 50,000 albaneses a Albania y unos 250,000 a Turquía. Según estos datos, fue expulsado el 40% de la población albanesa”).

La distribución étnica de la población en Yugoslavia (SFRJ), según datos del censo organizado en 1981 -en rojo la parte de la población clasificada bajo la definición de "yugoslavos"- (original: aqui).

La socióloga [Mil00] prosigue indicando que el péndulo en las relaciones entre los serbios y albaneses en Kosovo osciló en tres fases: 1) Desde 1945 hasta 1966, cuando los serbios ejercían una dominación gracias a su control de la economía agraria, al predominio de las estructuras tradicionales en la sociedad kosovar y a la propiedad estatal; 2) De 1966 hasta finales de los años ochenta, el ascenso de los albaneses, debido a que la industrialización creó muchos puestos de trabajo. Fue el ápice del comunismo, cuando las minorías obtuvieron los mismos derechos que las nacionalidades que conformaron Yugoslavia. Marina Blagojević añade en este punto que, según el demógrafo albanés Islami [Mil00, p.192, apud. Marina Blagojević, op. cit., p. 242 y 243], ”es la época en que a los albaneses se les garantizó un nivel de autonomía superior a los estándares internacionales”; 3) En los años ochenta apareció en escena la dominación de los serbios, el paralelismo completo en las instituciones estatales, y la caída del comunismo. En ese período, 85,000 albaneses fueron despedidos de sus puestos de trabajo. Esta última etapa no duraría mucho con las mencionadas características. La hostilidad alcanzada por las dos etnias en la década de los noventa era poco diferente una de la otra.

El estudio citado, prosigue Marina Blagojević [Mil00, p. 191, apud. Blagojević, Marina, Iseljavanje sa Kosova. Srpska Strana Rata, Republika, Beograd, 1996], ofrece datos acerca de tres tipos principales de discriminación –informal, institucional e ideológica- que practicaron serbios y albaneses, unos contra otros, en los periodos de dominación de cada grupo. La discriminación informal era la más frecuente: amenazas verbales e intimidación, violencia física, violaciones, quema de casas y cosechas, robos, manipulación en el pago de impuestos, venta de propiedades robadas. La discriminación institucional se manifestaba sobre todo en la selección para los puestos de trabajo. Por ejemplo, el criterio de bilingüismo se utilizaba sólo para los serbios (se les exigía el conocimiento del albanés), pero con los albaneses no se aplicaba el mismo criterio en lo referente al idioma serbio. Los altos cargos de trabajo eran ocupados por personas del grupo dominante en cada época, así como los de jerarquía del Partido Comunista yugoslavo. Pero los comunistas de Kosovo abandonaban el partido en proporciones alarmantes [Mil00, p. 191, apud. Blagojević, Marina, Iseljavanje sa Kosova. Srpska Strana Rata, Republika, Beograd, 1996], decepcionados ante la impotencia de éste para solucionar los problemas de convivencia interétnica. La discriminación ideológica se practicaba sobre todo en los medios de comunicación de ambos grupos étnicos y conforme a los intereses de cada uno de ellos.

La Constitución de 1974, sigue Marina Blagojević, que garantizó la extraordinaria autonomía de los albaneses dentro de la república serbia –el Gobierno de la Comunidad Autónoma o el Territorio Autónomo tenía el derecho de veto en todas las decisiones del gobierno serbio, mientras que éste no lo tenía en el caso de los gobiernos autónomos-, no resolvió los problemas en Kosovo. A pesar de que gozaban de amplia autonomía, los nacionalistas albaneses querían el estatuto de república, con el plan, a largo plazo, de proclamarse independientes, como se demostró en las manifestaciones albanesas nacionalistas tras la muerte de Tito en este 1981. Para los serbios, la Constitución yugoslava de 1974 significaba la pérdida del control de una parte de su territorio y una clara potenciación de los albaneses en el estado comunista [Mil00, p. 191-193, apud. Blagojević, Marina, Iseljavanje sa Kosova. Srpska Strana Rata, Republika, Beograd, 1996].

Era un cuatro de mayo cuando en medio de gente parada en la calle, esperaba yo tranquilamente que se callaran las alarmas. Lo impresionante era ver a gente de todo tipo parada, respetuosa. Tan sólo uno que otro proseguía sus actividades momentáneas sin mayor intención de interrumpirlas.

Iba en sexto de primaria. Después de la escuela me quedé con Vlada, gran músico que venía del grupo dos junto conmigo, viendo el ensayo que llevaban a cabo el coro de la escuela y un grupo de rock conformado por alumnos y ex-alumnos de la misma. Estaban poniendo la canción que cierra la película Hair que dirigiera Milos Forman en los setenta, todos vestidos de hippies. Era impresionante como había surgido todo este neo movimiento de la generación del amor y la paz en Belgrado. Eran ya muchos los que tomaban por asalto los guardarropas de sus padres. Al lado de los punks, los heavy-metaleros, los rockabillys, los patinetos y los raperos, los neo-hippies formaban parte del bestiario de las tribus urbanas belgradense de aquellos años.

En el coro cantaba una amiga nuestra que definitivamente empezaba a llamar mi atención un poco más de lo normal.

- Me encanta.
- Pues, haz algo. Llégale.
- ¿ Cómo crees?
- Sí, ¿verdad? Los más picudos de la generación de arriba empezaban a andar apenas en séptimo.
- Además, ya es mayo. Todos nos iremos a distintas partes de verano.
- Demasiado pronto y, sin embargo, demasiado tarde... qué ironía.

Me quedé pensativo otro momento. Realmente no sabía qué hacer. Tenía doce años y no podía dejar de pensar en Milena. Nunca antes había tenido yo este problema. Ni siquiera cuando íbamos juntos a esquiar los años anteriores. ¿Qué hacer? Su cabello rubio y su cuerpo, que cada vez se parecía más al de una mujer que al de una niña, me dejaban atónito.

Regresando a casa, atravesamos el parque que se encontraba cerca de la escuela y justo frente a mi edificio. Desde pequeño, en él había vivido los momentos más gratos de mi vida y es que resulta que desde primero de primaria uno ya iba solo a la escuela (dejando detrás a unos padres por demás preocupados) y es que, llegar acompañado resultaba bastante penoso frente a los demás compañeros. Y de allí para el real, en una ciudad de unos 2 millones de habitantes, uno se movía solo para todos lados. Antes, justo en ese parquecito solía andar en bicicleta o jugar todas las tardes hasta las siete de la noche, hora en la que tenía que regresar al departamento con todo y la llave que traía colgada de la agujeta amarrada alrededor del cuello (para no perderla), al igual que todos mis amigos.

Hacía aproximadamente un año que era apenas a esa hora a la que salía al parque a reunirme con toda la bola del barrio. Ya habíamos crecido. Al pasar por los columpios, los ví tocando la guitarra. Pasé a saludar y me retiré. Tenía mucha tarea y es que también eso había cambiado. Resulta que durante los primeros cuatro años de la primaria, solíamos hacer todos nuestros deberes en la misma escuela, en las dos horas libres que nos daban después de la comida, de manera que a las 3 y 10 de la tarde, salíamos todos y no teníamos más obligación que la de jugar y hacer travesuras. Luego, ya en quinto, nos cambiamos al edificio que albergaba a los alumnos de quinto a octavo. Ya eramos "grandes". Con todo y que el nuevo edificio era deveras horripilante y se situaba justo frente a mi edificio, por dentro resultaba imponente. Cada materia tenía un salón especial y en lugar de permanecer en un sólo salón al cuál ingresarían los diferentes maestros, aquí eramos los alumnos los que cambiabamos de salón, dependiendo de la materia. Así, el salón de biología contenía todo tipo de muestras, animales disecados, plantas, microscopios, etc., y el de inglés estaba equipado con todo un sistema de audio muy profesional que ayudaba a mejorar la pronunciación. De esta manera, también cada primer miércoles del mes, los padres visitaban a cada uno de los maestros sentados en cada uno de estos salones para enterarse de cómo iban sus vástagos, y la experiencia cambiaba de mes en mes y de salón en salón.

Era el año de 1989.
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1 Comments:

Blogger Benito García said...

Tu castellano/español de México me fascina. Escribes muy bien, por cierto, con vena de escritor. Mi primer amor "adulto" creo que se remonta a los 16 años (sic). A los 12 años, francamente, no era amor sino bobería.

martes, enero 12, 2010 1:24:00 a. m.  

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