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19.10.08

Los resultados de las trágicas elecciones en Eslovenia y Croacia y las políticas nacionalistas en el territorio de la recién desaparecida Yugoslavia

Al poco tiempo del debacle político federal ocurrido en la XIV asamblea extraordinaria de la Liga de Comunistas de Yugoslavia (SKJ, por sus siglas en serbio/croata) del 20 de enero de 1990, desapareció el sistema socialista como unipartidario y totalitarista, arrastrado por la inercia indescriptible de la URSS y el bloque entero de la Europa del este. En todas las repúblicas se empezaba a rumorar sobre la necesidad de un proceso de democratización que iniciaría con unas elecciones libres. Retomando a Mira Milosevich [Mil00, p. 236], "era fácil vender cualquier cosa por democracia a un pueblo que nunca había vivido en un régimen democrático".

El nacionalismo corría por las venas de todas las políticas seguidas en aquel momento en los Balcanes, un nacionalismo apoyado por el "redescubrir" de las religiones, las culturas y la historia desenterradas de los archivos de la preguerra. Diferencias religiosas, culturales -no son los mismos los legados de una dominación austrohúngara que de una otomana-, étnicas y lingüísticas, en combinación con la pérdida del poder por parte del comunismo (más no de los "comunistas", ahora disfrazados de cualquier otra cosa que abarcaba desde la social democracia hasta el nacionalismo más extremo (y religioso, como en el caso de Franjo Tudjman o Alija Izetbegovic)), después de casi cincuenta años y el abandono de los ideales sociales no eran un buen augurio. Los viejos odios salían a la superficie y con ellos los temores, las migraciones, los refugiados...

Josep Palau [Pa95] explica que la cultura nacionalista sucede más fácilmente a la cultura comunista porque ambas tienen una raíz totalitaria, ambas hacen suya la preponderancia antidemocrática de un estado paternal sobre unos ciudadanos entre los que se fomenta la pasividad. La democracia hay que aprenderla porque implica una participación responsable de los individuos soberanos, ciudadanos que han de querer asumir la parte de compromiso que les corresponde. Todo ello requiere tiempo y una lenta maduración, no surge de la noche a la mañana ni se establece por decreto. No hubo opción a que pudieran madurar los valores y comportamientos democráticos en la sociedad yugoslava, escrible Palau [Pa95, p. 46], porque las dinámicas nacionalistas prevalecieron muy pronto, con demasiada fuerza y con una rara capacidad absorbente en su lógica maniquea y confrontadora.

En la primavera de 1990 empezaron las primeras contiendas multipartidistas en Eslovenia y Croacia. A fines de ese mismo año, éstas se organizaron en el resto del país. Ocurrieron muchos incidentes por todos lados. A todo el país lo confundían escenas de los noticieros en las que se mostraban demostraciones cada vez más violentas en contra del sistema comunista, primero en Ljubljana, luego en Split, Zagreb... El gobierno mandaba a jóvenes de 18 años como parte del ejército federal a combatir las manifestaciones; con balas de hule en contra de su propio pueblo.

Nunca olvidaré la escena de dos hombres estrangulando a un soldado con cara de espanto arriba de un tanque en las manifestaciones de la capital dálmata, Split. Nadie quería creer esta nueva realidad que sólo iría empeorando.

En Eslovenia, Milan Kučan, dirigente del nuevo partido de comunistas reformistas ganó con más del 58% [Den95] de votos a su favor, convirtiéndose en el primer jefe de estado comunista reformista multipartidario libremente elegido de Europa del "Este". Al mismo tiempo, se llevó a cabo una especie de referéndum en el que resultó un alto grado de consenso a favor de la independencia de Eslovenia del resto de Yugoslavia. En éste, único caso de la federación yugoslava, sí se podía hablar de una separación, incluso étnica, ya que los dos millones de eslovenos con una natalidad ínfimamente baja eran por mucho una mayoría contundente en su territorio.

Siguiendo el ejemplo esloveno, los dirigentes croatas se animaron a realizar un proceso propio parecido. Sin embargo, Croacia no fue tan afortunada [Den95]. Lanzar un sistema electoral que elevaba la posibilidad de polarización fue otro de los múltiples errores estratégicos cometidos por los reformadores comunistas croatas: quisieron monopolizar el espacio político de la izquierda, retardaron la legalización de partidos alternativos hasta el último momento, y entraron en las elecciones con la carga del antiguo e impopular sistema a sus espaldas. De tal suerte, que se llevaron a cabo las elecciones en las que resultó imposible votar por la izquierda sin votar por los antiguos comunistas [Den95].

El terreno político se había preparado muy bien durante dos años de un incesante ascenso de los temas nacionalistas y de intimidaciones por parte de la dirigencia serbia, sobre todo en lo referente a Kosovo.

El 22 de abril de 1990, en Croacia se llevaron a cabo unas elecciones, en opinión de muchos, demasiado precipitadas. Bogdan Denitch [Den95] comenta que el partido de los populistas nacionalistas de la derecha croata, la HDZ -Unión Democrática Croata-, dirigida por el antiguo general del Ejército Popular de Yugoslavia (JNA, por sus siglas en serbio/croata) Franjo Tudjman, recibió aproximadamente el 42% de los votos. La ley electoral le dio al partido dos tercios del parlamento. La mayoría legislativa nacionalista arrasó con un sistema presidencial que redujo al parlamento a la impotencia, cambió la constitución por mayoría simple de un modo que contribuyó a provocar la rebelión de la minoría serbia, y procedió a purgar a los funcionarios, al poder judicial y a la policía. Bajo pretexto de preparar la economía para la privatización, narra Denitch [Den95], el nuevo gobierno nacionalista croata también depuró a los empresarios serbios y comunistas y tomó el control directo de la radio, la televisión y la prensa principal.

Josep Palau [Pa96] escribe por su parte que el HDZ alcanzó el 41.5% de los votos, aunque obtuvo 193 de los 365 escaños de la Cámara -llamada Sabor-. El Partido del Cambio Democrático -antigua Liga Comunista- obtuvo 81, y 91 los restantes. La campaña electoral se había centrado en una encendida polémica con la comunidad serbia del país. Dos meses antes, en el congreso del partido que lo eligió candidato a presidente, Tudjman había provocado el escándalo al declarar que "el Estado Independiente de Croacia (fundado en 1941) no fue sólo un simple estado colaboracionista y criminal, sino también la expresión de las aspiraciones históricas del pueblo croata" [Pa96, p. 82]. Pocos días más tarde, una masiva concentración de miles de serbios exigía en Kordun la integridad territorial de Yugoslavia y proclamaba su rechazo terminante al neofascismo y a Franjo Tudjman.

El sistema escolar y las universidades fueron centralizadas en el nombre de la eficacia, y los sectarios centralistas de la lengua impusieron una rígida ”croatización” de las normas lingüísticas en las escuelas, oficinas de gobierno y publicaciones.

Las generaciones serbias actuales aún no podían olvidar el terror del que fueron víctimas durante la Segunda Guerra Mundial. Palau [Pa96] concluye que la idea de Josip Broz Tito de cubrirlo para olvidarlo resultó contraproducente. Muchos serbios han mantenido esa amargura como un sollozo ahogado que no se ha podido superar por falta de exorcismo. Por el contrario, se incrementó el agravio con la pretensión del presidente Tudjman de convertir los restos de Jasenovac (el campo de concentración más sangriento del Estado Independiente de Croacia en la segunda guerra mundial), ahora bajo control croata, en un monumento a ”todos los mártires croatas de la guerra, y muy en especial a los mártires de la Guerra Patria (1991-1995)”. Ya en 1990, Tudjman había publicado el libro El desierto de la realidad histórica, que suscitó avalanchas de indignación en las comunidades judías internacionales por su descarado antisemitismo; en el capítulo relativo a Jasenovac, Tudjman afirmó entonces que las víctimas del campo no sobrepasaban 20,000; no en balde el propio Tudjman trató en algún momento de minimizar el holocausto judío europeo [Pa96, p. 42]. Sobre estos acontecimientos ocurridos durante la existencia de la NDH, ya se había comentado en este blog aqui.

Ese año todavía nos animamos a ir a visitar a mis abuelos a la costa croata. Para ese entonces, los rumores acerca de las hostilidades étnicas ya se habían vuelto una cotidianidad. Historias sobre casas serbias dinamitadas en las costas dálmatas, y croatas agredidos en las regiones serbias eran alarmantes. Nadie lo podía creer; mucho menos mi familia, por demás multiétnica.

Al arribar en nuestro coche con placas de Belgrado, mucha gente nos veía con extrañamiento. ¿Qué pudo haber sucedido?, me preguntaba a menudo. Llegando, tuvimos que esconder el coche -la evidencia- en la cochera y lejos de miradas interrogantes.

Platicando con Tvrtko y Domagoj, amigos desde la infancia, pude comprobar que en efecto, la lengua que yo hablaba ya no se llamaba "serbocroata". Ya existía todo un idioma croata aparte. Me platicaban que todas las noches después del noticiero (religiosamente programado en punto de las 7:30 de la noche), pasaban al menos cinco palabras ”croatizadas” que la población se tenía que aprender como deber nacional. A muchos, todo esto les parecía no menos que absolutamente patético. Esta croatización del idioma significaba una paulatina sustitución de "serbísmos", germanismos, latinismos, helenismos y todas las demás influencias extranjeras que habían nutrido el idioma de expresiones nuevas, por palabras propias, en muchos casos recién inventadas para tal propósito. Desde luego, la tendencia de eliminar los "serbismos" era mucho más acentuada que la que intentaba eliminar los germanismos (como ejemplo, muchas de las plazas públicas en Croacia a partir del año 2005, en lugar de denominarse con el muy croata/serbio trg, se cambiaron al muy alemán Platz o plac en croata).

Ese fue el verano en el que vería a mis abuelos por última vez en muchos años (nueve, para ser más exactos). Empezábamos a vivir, sin darnos cuenta, en países diferentes. Nosotros en Serbia como serbios y ellos en Croacia como extranjeros (esloveno y serbia). Todo se volvía demasiado absurdo y por demás real.

Fue en esta época que se dio el supuesto vislumbramiento de la llamada Virgen de Medjugorje. Hordas enteras de creyentes católicos se lanzaron sobre el altiplano croata. El resurgimiento de la religión católica en Croacia y Eslovenia iba seguida de un sinnúmero de discursos hechos por parte del Vaticano. Muy en mi interior me cuestionaba si no se trataba de una simple anexión de territorios al majestuoso dominio del Pontífice Papa Wojtila; cuestión que cada vez perdía más su sentido espiritual y poco tenía que ver con la fe.

No mucho tiempo después, el gobierno de Croacia firmó con el Vaticano un acuerdo a través del cuál Croacia como estado se comprometía a brindarles seguro social, subsidio en varios rubros y otras concesiones a los sacerdotes católicos en su territorio. La Escuela Superior de Teología y el Seminario católico se volvieron parte constituyente de la Universidad Croata, con organización equivalente a la de cualquier otra facultad. Todos los domingos se han estado transmitiendo desde aquella época y hasta el día de hoy, por el Canal 1 de la televisión croata –HTV- y la radio oficial croata de Zagreb las misas celebradas en la catedral de Zagreb. Por otro lado, se les ha permitido a los sacerdotes participar en el Parlamento.

La República de Eslovenia se ha opuesto desde un inicio a todo aquello, sobre todo porque su gobierno lo constituían los socialdemocratas (comunistas reformados). Sin embargo, al haber ganado la derecha las elecciones para presidente de parlamento, sosteniendo ésta vínculos cercanos con los cristianos demócratas y con Bajuk como el nuevo presidente de parlamento en el año 2000, todo ello era cada vez más probable que suceda.

La dirigencia nacionalista croata había sido sumamente insensible en la celebración de su triunfo electoral. Palau [Pa96] comenta que no ayudó en absoluto a que las nuevas autoridades croatas hicieran tan poco o nada para proteger a los ciudadanos serbios obedientes a la ley cuando ”desaparecieron” en Gospić, Zagreb, Zadar y otras ciudades. Los perpetradores de la ”noche de cristal” masiva y otros desmanes contra la minoría serbia en Zadar, sigue el autor catalán [Pa96], que vendría la primavera de 1991, nunca fueron objeto de demanda ante la justicia.

Uno de los problemas claves del nuevo gobierno croata era que un porcentaje demasiado alto de la población en Croacia era de origen serbio. La mayoría de ésta habitaba la región de Krajina (cuya raíz lingüística se puede definir como "frontera"), misma que se había hecho famosa por sus guerreros y en la que, por falta de oportunidad en otros campos, la mayor parte de los habitantes eran militares desde las épocas de la conquista del Imperio Otomano. Era de esperarse que un número muy grande de oficiales del ejército federal fueran precisamente de aquí. En el momento en el que se quiso utilizar al Ejército Popular Yugoslavo (JNA) como escudo entre los rebeldes serbios que por ningún motivo se querían quedar bajo el gobierno croata -que lo primero que hizo fue sacar todos los símbolos que utilizaba durante la ocupación en la segunda guerra mundial a manos de Hitler-, el ejército ya era mayoritariamente serbio y defendió a sus compatriotas. Se harían famosos en un futuro próximo los guerrilleros de Knin, la capital de Krajina, conocidos popularmente como Kninjas y su comandante, cuyo nombre en clave era comandante Dragan (recientemente vuelto a aparecer en Asutralia, por cierto).

Retomando a Mira Milosevich [Mil00], queda patente que además de la melancolía cultural, de la que Slobodan Milošević supo aprovecharse para sus ambiciones políticas y militares, además de las consecuencias del derrumbe general del sistema comunista, hubo una clara intención de conservar el poder político por parte de la cúpula del ejército yugoslavo y del mismo Slobodan Milošević. La crisis del estado yugoslavo podía haberse solucionado de manera pacífica, como por ejemplo, en la República de Checoslovaquia o en la mayor parte de la Unión Soviética. Pero, como describe en sus memorias Borisav Jović, el penúltimo presidente de la República federal yugoslava, los comunistas serbios eligieron una estrategia que no dejaba ningún espacio para la disolución pacífica del estado. Según Jović [Mil00, p. 61, apud. Borislav Jovic, Poslednji dani SFRJ, Kompanija Politika, Belgrado, 1995, p.123]:

Slobodan Milošević me ha sugerido solucionar esta crisis a través de una acción militar en los territorios de Croacia donde viven los serbios. Él y el general Veljko Kadijević (el secretario general del Partido Comunista en el Ejército yugoslavo) estaban de acuerdo en dos cosas: en que la crisis yugoslava no se puede solucionar sin el uso de la fuerza y en que, para la conservación de Yugoslavia, era necesario conservar el Partido Comunista.

No es extraño, prosigue Mira Milosevich [Mil00], que Slobodan Milošević llegara a un acuerdo con el general Kadijević. Porque sólo este militar podía satisfacer las ambiciones de Slobodan Milošević y porque tenía más interés que nadie en que perdurase Yugoslavia. Lo único que quedaba de Yugoslavia era el Ejército. Si desapareciera Yugoslavia, desaparecería también el Ejército. Por otra parte, el ejército se formó en la Segunda Guerra Mundial para luchar por el comunismo. ¿Cómo iba ahora a negar su propia identidad?

La autora [Mil00, p. 62, apud. Borislav Jovic, Poslednji dani SFRJ, Kompanija Politika, Belgrado, 1995, p.124] prosigue citando la intervención de Kadijević en el XIV Congreso del Partido Comunista Yugoslavo:

El problema no es el sistema democrático, sino que algunos comunistas han admitido el proyecto de destruir la unidad de la organización, y creen que, a través del sistema pluripartidista, pueden conservar el estado yugoslavo y realizar una transición democrática. Lo trágico es que no entienden que de este modo están destruyendo Yugoslavia y la llevan hacia la guerra civil. No entienden que el sistema pluripartidista no solucionará el problema yugoslavo, porque no entienden la cuestión nacional en Yugoslavia.

Mira Milosevich [Mil00] continúa aseverando que quién llevó a Yugoslavia hacia la guerra civil fue él mismo, ayudando a Slobodan Milošević en la empresa de solucionar la cuestión nacional serbia. El resultado fue lamentable para Yugoslavia y para los serbios. Milosevich sentencia diciendo que lo que cincuenta años antes era la garantía de conservación de un estado –el régimen totalitario comunista-, en 1991 fue la causa principal de la desintegración de este mismo estado.

Por su parte, Palau [Pa96] comenta que se dieron todos los pasos necesarios para llegar a un enfrentamiento más radical. Ya en junio de 1990, y como una de sus primeras medidas, el nuevo parlamento croata inició la discusión de las enmiendas constitucionales. El 25 de julio fueron adoptadas algunas de esas enmiendas, según las cuales Croacia dejaba de ser una república socialista y recuperaba la bandera roja y blanca a cuadros -conocida como damero- que había sido la enseña oficial del estado fascista en el período 1941-1945. El mismo día, el Partido Demócrata Serbio de Croacia se congregaba en la ciudad-símbolo de Srb para proclamar la ”declaración de soberanía e independencia del pueblo serbio en Croacia y establecer el Consejo Nacional Serbio como la única autoridad legítima de los serbios en Croacia”.

Los primeros episodios violentos, describe el autor [Pa96], ocurrieron en agosto del mismo año entre unidades especiales de la policía croata y la población local serbia en Benkovac. Dos días más tarde -19 de agosto-, se celebró un referéndum en la región de la Krajina; aunque votó el noventa por ciento a favor de una amplia autonomía, dicho referéndum no fue reconocido por las autoridades de Zagreb.

En otra parte, Mira Milosevich [Mil00] señala que en esas circunstancias, el gobierno autónomo serbio de Krajina pidió la unión con Serbia. Una petición que quedó sin respuesta... hasta el final.

Mientras Slobodan Milošević posponía las reformas democráticas con la excusa de que había que ocuparse de asuntos mucho más urgentes, como la protección de los serbios amenazados fuera de Serbia, el discurso oficial de su régimen rechazaba cualquier vinculación con los acontecimientos en Croacia y Eslovenia, ”lamentando” el destino del estado federal y destacando ”que si otros tienen el derecho de separarse de Yugoslavia, los serbios tienen el derecho de quedarse en ella” [Mil00]. Los académicos de la Academia serbia de las ciencias y las artes (SANU), silenciosos mientras Slobodan Milošević conspiraba, decían: ”Serbia no está en guerra, porque Serbia nunca declaró la guerra a Croacia. Son el pueblo serbio de Croacia y el poder estatal croata los que están en guerra” [Mil00].

Todo ello parecía absurdo. Si Serbia o lo que quedaba de Yugoslavia jamás le declaró la guerra ni a Eslovenia, ni a Croacia, ni a Bosnia y Herzegovina, ni tampoco le declaró la guerra la OTAN a Serbia, entonces tras tres guerras y un aniquilamiento masivo, Serbia puede jactarse de no haber entrado en una guerra oficial desde 1945.
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2 Comments:

Anonymous Antoine said...

Lo primero felicitarle por su blog personal y especial, he disfrutado leyendo algunas de las entradas, especialmente las referentes a los últimos años de yugoslavia...

Por cuestiones que no puedo explicar, me siento especialmente interesado por lo que paso en aquel país, y poder leer este testimonio en mi lengua y desde dentro es interesantísimo...

Eligo este post para responder por ser tal vez uno de lo más tristes, como vieron con sorpresa y sin creerlo que su país se desmoronaba.

Espero comentarle mi opinión en otros artículos y charlar con usted de todo esto si se diera el caso..

un saludo desde España

domingo, marzo 08, 2009 1:32:00 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

Hola, Excelente articulo!

Me gusta la historia de Yugoslavia, aunque fue triste, también me parece nostalgico.. y Absurdo como ud. lo menciona.

Excelente blog.

Saludos desde Sonora, México.

jueves, septiembre 03, 2009 10:42:00 a. m.  

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