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2.11.08

Las primeras elecciones "libres" en Serbia, sus resultados, la ”Revolución de Terciopelo de Belgrado” del 9 de marzo de 1991 y lo que ello desencadenó

Observando fijamente el Sava, mis pensamientos volvieron a aquel otoño de 1990, mismo que seguía figurando en mi memoria como el último año en el que no tenía preocupaciones mayores a las de estar "a la moda" y aprobar exámenes en la escuela. De igual manera volví al día en el que me había quedado minutos antes, al inicio de esta especie de introspección peculiar.

***

Saliendo del examen de alemán, con Goran e Ivan me fuí al llamado ”círculo”, una especie de patio circular que se hallaba en medio de edificios ubicados detrás de nuestra primaria. Aquí nos veníamos todos los descansos "a fumarnos un cigarro". Ellos fumaban y yo participaba de la plática. En esa ocasión, al igual que durante el último año casi completo, hablábamos de las próximas elecciones. El panorama se antojaba por demás colorido. Hacía varias semanas que en la televisión desfilaban toda clase de supuestos candidatos políticos. Muchos sin partido... ni idea alguna sobre cómo o con qué propuestas habría que participar. Lo importante, al parecer, era estar, participar, tomar partido, aprovechar el nuevo derecho a expresarte, desde las entrañas, desde la rabia, desde la ignorancia del quehacer "democrático". Todo aquello se volvía cada vez más una fuente segura de chistes locales.

Como candidatos serios, se veían únicamente a Slobodan Milošević con su rebautizado Partido Socialista Serbio (SPS, por sus sgla en serbio), a Vuk Drašković, líder del partido opositor más notorio llamado el Movimiento Serbio de Renovación (Srpski Pokret Obnove, SPO), los demócratas que tenían una visión política formidable aunque ningún discurso nacionalista incendiario -hecho que les pesaría posteriormente en las elecciones-, agrupados alrededor del Partido Demócrata (Demokratska Stranka, DS, que se veía continuadora del Partido Demócrata del reino de Yugoslavia, del que se había hablado en este blog aqui) o el Partido Demócrata Serbio (Demokratska Stranka Srbije, DSS, a su vez continuador del partido progresista de la preguerra; el contexto histórico de la vida parlamentaria del reino yugoslavo se había ya descrito en este blog aqui) y a Vojislav Šešelj, presidente del denominado Partido Serbio de los Četniks (SČP, por us siglas en serbio), posteriormente rebautizado en el Partido Radical Serbio (SRS, por sus siglas en serbio), posicionado como la fuerza ultraderechista, semifascista, nacionalista y promonárquica.

Mira Milosevich [Mil00, p. 252, apud. Florence Hartmann, Milosevic, la diagonale du fou, Danoël Impacts, París, 1999, p. 77] escribe que Slobodan Milošević planteaba en el último congreso del Partido Comunista yugoslavo: ”Teniendo en cuenta el carácter multiétnico de Yugoslavia, Occidente comprenderá nuestra posición y se dará por satisfecho si nos dotamos de un pluralismo democrático sin partidos” . Pero, por la presión de los cambios democráticos en toda Europa del Este y en Eslovenia y Croacia, cuyas primeras elecciones libres tuvieron lugar, como ya se ha dicho, el 8 y el 22 abril de 1990, respectivamente, Slobodan Milošević tuvo que admitir el sistema pluripartidista en Serbia, después de las primeras manifestaciones de los partidos de la oposición al régimen, el 13 de junio de 1990, exigiendo elecciones. Sin embargo, la autora [Mil00] no cree que Milošević haya temido una seria competencia por parte de sus oponentes políticos, puesto que eran las mismas personas que le habían ofrecido las legitimaciones intelectuales del nuevo poder.

En ese 1990, el 9 de diciembre, las primeras elecciones libres en Serbia no representaron ningún cambio. El Partido Socialista Serbio ganó, heredando los bienes y activos locales del Partido Comunista de Serbia y de sus frentes. El SPS ganó 2,320,587 votos o el 46.1% del total. Sin embargo, gracias al sistema delegacional, en las ciudades se le otorgaron 194 (77.6%) de los 250 delegados al Congreso. El SPO con 800,000 votos (15.8%) tenía únicamente 19 delegados, 456,000 ciudadanos le otorgaron su voto a candidatos independientes -al parlamento ingresaron únicamente ocho-. El Partido demócrata quién conglomeró en su seno a la elite intelectual serbia fracasó totalmente: logró meter al parlamento únicamente a siete representantes (7.4%), votaron por él 372,786 personas (todas las cifras retomadas de [Ast2] original se puede encontrar aqui).

El control total de los medios de comunicación más importantes, sobre todo de la televisión y la radio, sumamente influyentes, combinado con el control de la administración y la policía locales, garantizaron una fácil victoria al partido de Slobodan Milošević. Éste obtuvo tanto el voto de los antiguos comunistas como la mayoría de los votos nacionalistas.

A partir de este año, el partido en el poder atacaba insistentemente la leyenda de Tito y ampliaba su apoyo nacionalista anticomunista. Se acusó a Tito por sus políticas ”antiserbias” dentro de la federación. Los retratos de Tito se quitaron de la exhibición pública y la manción de su nombre en cualquier contexto mínimamente positivo e volvió un tabu al interior de la sociedad serbia, al igual que había ocurrido en todos los demás rincones de las tierras yugoslavas. En el parlamento serbio se debatieron truculentas propuestas, una de ellas consistente en desenterrar el cuerpo de su monumento en Belgrado (la casa de las flores) y trasladarlo a Croacia. Todo el ambiente se volvió netamente antititísta y anticomunista. Los intelectuales progresistas alardeaban en contra de estos símbolos en cualquier oportunidad, clamando la supuesta libertad de expresión y democratización del país. Muchos exiliados durannte el régimen comunistas, volvían ahora a sus hogares, llenos de rencor y decididos a tomar parte en la reconstrucción (por fin) de la Serbia de sus sueños. Lo peculiar era que los peores atacantes de la leyenda muerta eran sus más serviles seguidores cuando vivía.

Mira Milosevich [Mil00] prosigue diciendo que el presidente serbio había sustituido la vox populi por la voz de sus principales oponentes políticos, borrando las diferencias entre programas, lo que fue decisivo para su permanencia en el poder, tanto como el apoyo a su gobierno por parte del del Ejército yugoslavo y la complicidad tácita del presidente croata Franjo Tudjman. La convivencia entre la oposición y el régimen definió un único naconalismo serbio con dos variantes, comunista y anticomunista, sin demasiada diferencia entre ambos programas. Slobodan Milošević, sigue la autora [Mil00], pudo remitir ad calendas graecas las reformas democráticas y tachar de traidor a cualquiera que las exigiera, como sucedió, por ejemplo, con el partido antibelicista Unión Cívica Serbia, fundado en 1992, y dirigido por la socióloga Vesna Pešić, -embajadora de Yugoslavia en México de 2001 a 2005-. Los dos caudillos comunitarios, Tudjman y Milošević, concluye la socióloga [Mil00], utilizaron la guerra para ralentizar la transición a la democracia que, según ellos, solo podía desarrollarse en estados étnicamente puros.

Slobodan Milošević arrastraba en su pensamiento todo un legado de más de cuarenta años de un sistema autoritario, de manipulación de la información y de represión de la libertad de expresión. Esto le había causado la creación de una oposición anticomunista –más igualmente nacionalista- cada vez más fuerte, que organizó un mitin de más de cien mil personas en el centro de Belgrado el día 9 de Marzo de 1991.

Para estas fechas, se habían organizado ya diversos mítines por parte de ambas posturas. Los socialistas los organizaban frecuentemente en el paseo junto al delta del Danubio y el Sava; la oposición en el mero centro de la ciudad. Era interesante notar que al delta acudían en su mayoría personas de edad avanzada mientras que la juventud clamaba cambios de todo tipo, radicales y contundentes, sobretodo en lo que se refería a las libertades y garantías individuales.
El SPO había convocado a una magna concentración en la Plaza de la República para ese sábado nueve de marzo. El gobierno respondió enérgicamente declarando el mítin ilegal.

Toda la banda del parquecito decidió acudir a tal acontecimiento político, aún sin entender por completo lo que sucedía. Lo que era indudable era el sentimiento que algo sí estaba sucediendo y que había que participar en ello. Miloš, hijo de un prominente plitólogo e ideólogo de la nueva oposición democrática, hablaba de aquello con singular emoción. Por su parte, Žarko les presumía que ya había tenido su ”primera vez”. Con una prostituta desgraciadamente, pero era ya algo necesario a estas alturas en que todos tenían entre catorce y dieciséis años y los vírgenes eran cada vez más un caso raro.

Mis padres me prohibieron tajantemente ir a semejante acto político. Sin embargo, lo ocurrido en lo que a continuación se describe emana de detalladas narraciones de mis amigos y conocidos, que desde luego sí acudieron al evento.

Como a las cuatro de la tarde iban llegando a la Plaza de la República con todo y las banderas serbias y gorras de la vestimenta típica serbia llamadas šajkače. Todo estaba repleto de gente, banderas y mantas. En el monumento a Príncipe Mihailo (conocido sencillamente como el caballo) se habían ya instalado los oradores políticos encabezados por Vuk Drašković. Desde las imagenes transmitidas por la televisión veía yo, desde nuestro departamento, enormes banderas serbias con sus característicos colores rojo, azul y blanco y el escudo serbio en amarillo a la mitad.

Recordaba la leyenda del verdadero significado de este símbolo. Este es representado por cuatro S’s escritas en cirílico ”dándose la espalda” en un escudo partido por una cruz. La leyenda decía que las letras significan la gran enseñanza de la época medieval: ”sólo la unión salva a los serbios”; la vox populi decía a menudo que su verdadero significado era ”el serbio al serbio con un hacha destaza”. Cuestión de enfoques. Ambas interpretaciones hacían alusión a la más profunda idiosincrasia de este pueblo.

Me platicarían al día siguiente que de la nada se empezaron a observar camiones de granaderos y bomberos estacionarse a un costado de la Plaza de la República. Llevarían ahí alrededor de quince minutos. Se escuchó a alguien gritar a través de un altavoz que aquello era ilegal y se estaba quebrando la ley; pedían suspender el acto de inmediato. Nadie se movía.

Según las narraciones de Ivan, la gente a su alrededor se empezaba a recorrer paulatinamente hacia el lado opuesto de los camiones, hacia la calle de Knez Mihailo. El recorrer paulatino se convirtió, en no más de cinco minutos, en una corretiza indescriptible. La policía y los bomberos entraban en acción. Con las enormes pipas de agua intentaban dispersar la multitud, mientras las bombas de gases lacrimógenos caían por doquier. Acto seguido, los elementos antimotín avanzaban sobre la multitud golpeando por todos lados con sus macanas y escudos. Todos mis amigos estaban en esos momentos por demás espantados y paralizados. Ivan (o Koske), como lo conocían todos, seguía su recuento de hechos con un rostro serio y aún espantado: ”me sentía como congelado, incapaz de moverme. En eso pasó Nikola. Me agarró de la chamarra y me gritó que corriera por mi vida. Exactamente eso hice”.

Se dirigió hacia la avenida Terazije. Había conatos de violencia por todos lados. Mucha gente se enfrentaba con los policías a golpes. Al ir corriendo junto a unas tiendas de zapatos, vió como unos rateros aprovechaban el momento para robarse lo que se pudiera a través de los escaparates rotos.

Por su parte, incurría en la plática Miloš contando que después de unos quince minutos de correr sin rumbo fijo, siempre esquivando la policía (milicia, como se le denominaba en la época socialísta), arribó al edificio de Beogradjanka. A un costado de la enorme construcción veía como, entre unas ocho personas, estaban tirando a un oficial de la policía por la barda a la calle de abajo. Estaba todo sangrado. Las mismas escenas alcancé a verlas en la televisión. Oía disparos. Miloš continuaba explicando que tirado en el suelo, pecho tierra, se encontró con Marko que le decía que debían ser balas de hule y que siguieran corriendo.

Dos cuadras más abajo se estaban reagrupando los asistentes al mítin. En una votación improvisada se había decidido tomar el edificio de la Radio y la Televisión de Belgrado (RTB, por sus siglas en serbio). Todos se dirigían hacia allá.

Goran y Nikola iban corriendo cuando de la nada se les cerró un camión de bomberos. Dule y Nikola decidieron atacar al conductor y tomar el vehículo. En el agarrón, Borko vió rodar el casco del bombero. Lo recogió como símbolo de su victoria y decidió llevarlo a casa. Siguieron la carrera. Se oían disparos mucho más frecuentes y por todos lados. Dule y Nikola decidieron, de igual manera seguir los pasos de sus compañeros.

Todos estaban asustados, aunque la adrenalina corría por sus venas y realmente pocos estaban plenamente conscientes del peligro en el que se encontraban. Todos corrían y gritaban... riendo. Realmente creían que estaban liberando al país de la opresión autoritaria de los años anteriores. De otra manera, hubieran corrido a sus casas mucho antes de lo que lo hicieron.

En las noticias transmitían los acontecimientos. Mostraban una tienda de abarrotes en cuya puerta estaba escrito ”si eres Serbio, no le robes a los serbios”. Por todos lados ocurrían saqueos, robos, asaltos... violencia desatada. Estaba atónito. No pasaban nada sobre la toma de la televisión.

Como a las siete de la noche las calles de Belgrado fueron invadidas por los tanques del ejército federal. Nadie debía salir a la calle. En el noticiero pasaban la noticia sobre un joven de dieciocho años asesinado por una bala. Resultó que vivía a dos bloques del mío, allá en Nuevo Belgrado. Todo el mundo estaba petrificado. Mi tía abuela llamó esa noche a la casa al borde de un ataque de nervios. No había visto tanques bajo su ventana desde la segunda guerra mundial.

Como a las dos de la madrugada, desde la Villa del Estudiante, salía con rumbo al palacio de gobierno un largo contingente de estudiantes, académicos, investigadores y autoridades universitarias. La policía los interceptó en el puente entre Belgrado viejo y Belgrado nuevo (Brankov most). Les cortaron el paso y empezaron a lanzarles gases lacrimógenos. Al día siguiente alguien comentaba que muchas veces ello provoca tal desesperación que era muy probable que alguien incluso pensara en aventarse del puente de unos 50 metros de altura.

Lograron romper la emboscada y llegar a la calle de Terazije, justo frente al hotel Moskva. Decidieron realizar un plantón que no quitarían hasta lograr que el gobierno diera una respuesta satisfactoria a sus demandas. Los tanques avanzaban sobre las barreras humanas. Todo el mundo decidió quedarse acostado frente a la maquinaria naval. Si los quitaban iba a ser por que estarían muertos.

El plantón duró varias semanas en las que muchos artistas daban conciertos, obras de teatro, tertulias literarias y cuánto se les ocurriera; todo voluntariamente. Todos coreaban al unísono canciones como Give peace a chance o Imagine de John Lennon. Todo el mundo advertía no caer en provocacione y repetían que el movimiento era de desobedinecia civil pacífica. Los sesentayocheros volvían a salir a la calle. Revistas especiales con las imágenes y la explicación acerca de lo ocurrido ese 9 de marzo circulaban por doquier en esta inequitativa lucha por contrarrestar los medios oficiales de comunicación. La banda del parquecito buscaba la prueba de su presencia en cada foto. Creo que efectivamente habían retratado a dos o tres de ellos en una toma.

Como a la segunda semana del plantón, en el recreo, Miloš nos comentaba que sería bueno redactar un telegrama en apoyo a las demandas del movimiento al que todo el mundo se refería como la ”Revolución de Terciopelo de Belgrado”. Sin entender en realidad casi nada, aceptamos hacerlo. El telegrama fue escrito. Esa misma tarde, después de clases lo fuímos a entregar en el plantón.

Mis padres me habían prohibido categóricamente asistir o incluso, pasar cerca de aquella plaza en la avenida Terazije. La situación estaba por demás delicada. Poco me importó (en el futuro y con el tiempo, mis pobres padres tuvieron que aceptar mis pequeñas "excursiones" políticas, cada vez más frecuentes). Al llegar hasta el sonido, se interrumpió la canción que estaban poniendo: ”Tenemos la fuerza del ’68, sólo que no todo es igual. Hoy, hasta las primarias nos apoyan.”

Estaba orgulloso y emocionado. Tanto, que recordé que mi papá trabajaba en la agencia noticiosa y que me vio una decena de periodistas que trabajaban con él, apenas cuando iniciaba la severa reprimenda en casa por haberlo desobedecido. Al final del regaño, me expresó su amplio apoyo. El problema no resultó ser mi participación ”política” sino el no haberles avisado a mis papás.

El movimiento duró unas cuantas semanas más. Culminó con el compromiso por parte del gobierno de atender las demandas y desmonopolizar los medios de comunicación. Ello no sucedó a lo largo de todo el gobierno de Slobodan Milošević. Al contrario.

Lo que a mí me intrigaba, sin embargo, era la noción de oposición como tal: en ambos lados se gritaban las mismas consignas nacionalistas...
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19.10.08

Los resultados de las trágicas elecciones en Eslovenia y Croacia y las políticas nacionalistas en el territorio de la recién desaparecida Yugoslavia

Al poco tiempo del debacle político federal ocurrido en la XIV asamblea extraordinaria de la Liga de Comunistas de Yugoslavia (SKJ, por sus siglas en serbio/croata) del 20 de enero de 1990, desapareció el sistema socialista como unipartidario y totalitarista, arrastrado por la inercia indescriptible de la URSS y el bloque entero de la Europa del este. En todas las repúblicas se empezaba a rumorar sobre la necesidad de un proceso de democratización que iniciaría con unas elecciones libres. Retomando a Mira Milosevich [Mil00, p. 236], "era fácil vender cualquier cosa por democracia a un pueblo que nunca había vivido en un régimen democrático".

El nacionalismo corría por las venas de todas las políticas seguidas en aquel momento en los Balcanes, un nacionalismo apoyado por el "redescubrir" de las religiones, las culturas y la historia desenterradas de los archivos de la preguerra. Diferencias religiosas, culturales -no son los mismos los legados de una dominación austrohúngara que de una otomana-, étnicas y lingüísticas, en combinación con la pérdida del poder por parte del comunismo (más no de los "comunistas", ahora disfrazados de cualquier otra cosa que abarcaba desde la social democracia hasta el nacionalismo más extremo (y religioso, como en el caso de Franjo Tudjman o Alija Izetbegovic)), después de casi cincuenta años y el abandono de los ideales sociales no eran un buen augurio. Los viejos odios salían a la superficie y con ellos los temores, las migraciones, los refugiados...

Josep Palau [Pa95] explica que la cultura nacionalista sucede más fácilmente a la cultura comunista porque ambas tienen una raíz totalitaria, ambas hacen suya la preponderancia antidemocrática de un estado paternal sobre unos ciudadanos entre los que se fomenta la pasividad. La democracia hay que aprenderla porque implica una participación responsable de los individuos soberanos, ciudadanos que han de querer asumir la parte de compromiso que les corresponde. Todo ello requiere tiempo y una lenta maduración, no surge de la noche a la mañana ni se establece por decreto. No hubo opción a que pudieran madurar los valores y comportamientos democráticos en la sociedad yugoslava, escrible Palau [Pa95, p. 46], porque las dinámicas nacionalistas prevalecieron muy pronto, con demasiada fuerza y con una rara capacidad absorbente en su lógica maniquea y confrontadora.

En la primavera de 1990 empezaron las primeras contiendas multipartidistas en Eslovenia y Croacia. A fines de ese mismo año, éstas se organizaron en el resto del país. Ocurrieron muchos incidentes por todos lados. A todo el país lo confundían escenas de los noticieros en las que se mostraban demostraciones cada vez más violentas en contra del sistema comunista, primero en Ljubljana, luego en Split, Zagreb... El gobierno mandaba a jóvenes de 18 años como parte del ejército federal a combatir las manifestaciones; con balas de hule en contra de su propio pueblo.

Nunca olvidaré la escena de dos hombres estrangulando a un soldado con cara de espanto arriba de un tanque en las manifestaciones de la capital dálmata, Split. Nadie quería creer esta nueva realidad que sólo iría empeorando.

En Eslovenia, Milan Kučan, dirigente del nuevo partido de comunistas reformistas ganó con más del 58% [Den95] de votos a su favor, convirtiéndose en el primer jefe de estado comunista reformista multipartidario libremente elegido de Europa del "Este". Al mismo tiempo, se llevó a cabo una especie de referéndum en el que resultó un alto grado de consenso a favor de la independencia de Eslovenia del resto de Yugoslavia. En éste, único caso de la federación yugoslava, sí se podía hablar de una separación, incluso étnica, ya que los dos millones de eslovenos con una natalidad ínfimamente baja eran por mucho una mayoría contundente en su territorio.

Siguiendo el ejemplo esloveno, los dirigentes croatas se animaron a realizar un proceso propio parecido. Sin embargo, Croacia no fue tan afortunada [Den95]. Lanzar un sistema electoral que elevaba la posibilidad de polarización fue otro de los múltiples errores estratégicos cometidos por los reformadores comunistas croatas: quisieron monopolizar el espacio político de la izquierda, retardaron la legalización de partidos alternativos hasta el último momento, y entraron en las elecciones con la carga del antiguo e impopular sistema a sus espaldas. De tal suerte, que se llevaron a cabo las elecciones en las que resultó imposible votar por la izquierda sin votar por los antiguos comunistas [Den95].

El terreno político se había preparado muy bien durante dos años de un incesante ascenso de los temas nacionalistas y de intimidaciones por parte de la dirigencia serbia, sobre todo en lo referente a Kosovo.

El 22 de abril de 1990, en Croacia se llevaron a cabo unas elecciones, en opinión de muchos, demasiado precipitadas. Bogdan Denitch [Den95] comenta que el partido de los populistas nacionalistas de la derecha croata, la HDZ -Unión Democrática Croata-, dirigida por el antiguo general del Ejército Popular de Yugoslavia (JNA, por sus siglas en serbio/croata) Franjo Tudjman, recibió aproximadamente el 42% de los votos. La ley electoral le dio al partido dos tercios del parlamento. La mayoría legislativa nacionalista arrasó con un sistema presidencial que redujo al parlamento a la impotencia, cambió la constitución por mayoría simple de un modo que contribuyó a provocar la rebelión de la minoría serbia, y procedió a purgar a los funcionarios, al poder judicial y a la policía. Bajo pretexto de preparar la economía para la privatización, narra Denitch [Den95], el nuevo gobierno nacionalista croata también depuró a los empresarios serbios y comunistas y tomó el control directo de la radio, la televisión y la prensa principal.

Josep Palau [Pa96] escribe por su parte que el HDZ alcanzó el 41.5% de los votos, aunque obtuvo 193 de los 365 escaños de la Cámara -llamada Sabor-. El Partido del Cambio Democrático -antigua Liga Comunista- obtuvo 81, y 91 los restantes. La campaña electoral se había centrado en una encendida polémica con la comunidad serbia del país. Dos meses antes, en el congreso del partido que lo eligió candidato a presidente, Tudjman había provocado el escándalo al declarar que "el Estado Independiente de Croacia (fundado en 1941) no fue sólo un simple estado colaboracionista y criminal, sino también la expresión de las aspiraciones históricas del pueblo croata" [Pa96, p. 82]. Pocos días más tarde, una masiva concentración de miles de serbios exigía en Kordun la integridad territorial de Yugoslavia y proclamaba su rechazo terminante al neofascismo y a Franjo Tudjman.

El sistema escolar y las universidades fueron centralizadas en el nombre de la eficacia, y los sectarios centralistas de la lengua impusieron una rígida ”croatización” de las normas lingüísticas en las escuelas, oficinas de gobierno y publicaciones.

Las generaciones serbias actuales aún no podían olvidar el terror del que fueron víctimas durante la Segunda Guerra Mundial. Palau [Pa96] concluye que la idea de Josip Broz Tito de cubrirlo para olvidarlo resultó contraproducente. Muchos serbios han mantenido esa amargura como un sollozo ahogado que no se ha podido superar por falta de exorcismo. Por el contrario, se incrementó el agravio con la pretensión del presidente Tudjman de convertir los restos de Jasenovac (el campo de concentración más sangriento del Estado Independiente de Croacia en la segunda guerra mundial), ahora bajo control croata, en un monumento a ”todos los mártires croatas de la guerra, y muy en especial a los mártires de la Guerra Patria (1991-1995)”. Ya en 1990, Tudjman había publicado el libro El desierto de la realidad histórica, que suscitó avalanchas de indignación en las comunidades judías internacionales por su descarado antisemitismo; en el capítulo relativo a Jasenovac, Tudjman afirmó entonces que las víctimas del campo no sobrepasaban 20,000; no en balde el propio Tudjman trató en algún momento de minimizar el holocausto judío europeo [Pa96, p. 42]. Sobre estos acontecimientos ocurridos durante la existencia de la NDH, ya se había comentado en este blog aqui.

Ese año todavía nos animamos a ir a visitar a mis abuelos a la costa croata. Para ese entonces, los rumores acerca de las hostilidades étnicas ya se habían vuelto una cotidianidad. Historias sobre casas serbias dinamitadas en las costas dálmatas, y croatas agredidos en las regiones serbias eran alarmantes. Nadie lo podía creer; mucho menos mi familia, por demás multiétnica.

Al arribar en nuestro coche con placas de Belgrado, mucha gente nos veía con extrañamiento. ¿Qué pudo haber sucedido?, me preguntaba a menudo. Llegando, tuvimos que esconder el coche -la evidencia- en la cochera y lejos de miradas interrogantes.

Platicando con Tvrtko y Domagoj, amigos desde la infancia, pude comprobar que en efecto, la lengua que yo hablaba ya no se llamaba "serbocroata". Ya existía todo un idioma croata aparte. Me platicaban que todas las noches después del noticiero (religiosamente programado en punto de las 7:30 de la noche), pasaban al menos cinco palabras ”croatizadas” que la población se tenía que aprender como deber nacional. A muchos, todo esto les parecía no menos que absolutamente patético. Esta croatización del idioma significaba una paulatina sustitución de "serbísmos", germanismos, latinismos, helenismos y todas las demás influencias extranjeras que habían nutrido el idioma de expresiones nuevas, por palabras propias, en muchos casos recién inventadas para tal propósito. Desde luego, la tendencia de eliminar los "serbismos" era mucho más acentuada que la que intentaba eliminar los germanismos (como ejemplo, muchas de las plazas públicas en Croacia a partir del año 2005, en lugar de denominarse con el muy croata/serbio trg, se cambiaron al muy alemán Platz o plac en croata).

Ese fue el verano en el que vería a mis abuelos por última vez en muchos años (nueve, para ser más exactos). Empezábamos a vivir, sin darnos cuenta, en países diferentes. Nosotros en Serbia como serbios y ellos en Croacia como extranjeros (esloveno y serbia). Todo se volvía demasiado absurdo y por demás real.

Fue en esta época que se dio el supuesto vislumbramiento de la llamada Virgen de Medjugorje. Hordas enteras de creyentes católicos se lanzaron sobre el altiplano croata. El resurgimiento de la religión católica en Croacia y Eslovenia iba seguida de un sinnúmero de discursos hechos por parte del Vaticano. Muy en mi interior me cuestionaba si no se trataba de una simple anexión de territorios al majestuoso dominio del Pontífice Papa Wojtila; cuestión que cada vez perdía más su sentido espiritual y poco tenía que ver con la fe.

No mucho tiempo después, el gobierno de Croacia firmó con el Vaticano un acuerdo a través del cuál Croacia como estado se comprometía a brindarles seguro social, subsidio en varios rubros y otras concesiones a los sacerdotes católicos en su territorio. La Escuela Superior de Teología y el Seminario católico se volvieron parte constituyente de la Universidad Croata, con organización equivalente a la de cualquier otra facultad. Todos los domingos se han estado transmitiendo desde aquella época y hasta el día de hoy, por el Canal 1 de la televisión croata –HTV- y la radio oficial croata de Zagreb las misas celebradas en la catedral de Zagreb. Por otro lado, se les ha permitido a los sacerdotes participar en el Parlamento.

La República de Eslovenia se ha opuesto desde un inicio a todo aquello, sobre todo porque su gobierno lo constituían los socialdemocratas (comunistas reformados). Sin embargo, al haber ganado la derecha las elecciones para presidente de parlamento, sosteniendo ésta vínculos cercanos con los cristianos demócratas y con Bajuk como el nuevo presidente de parlamento en el año 2000, todo ello era cada vez más probable que suceda.

La dirigencia nacionalista croata había sido sumamente insensible en la celebración de su triunfo electoral. Palau [Pa96] comenta que no ayudó en absoluto a que las nuevas autoridades croatas hicieran tan poco o nada para proteger a los ciudadanos serbios obedientes a la ley cuando ”desaparecieron” en Gospić, Zagreb, Zadar y otras ciudades. Los perpetradores de la ”noche de cristal” masiva y otros desmanes contra la minoría serbia en Zadar, sigue el autor catalán [Pa96], que vendría la primavera de 1991, nunca fueron objeto de demanda ante la justicia.

Uno de los problemas claves del nuevo gobierno croata era que un porcentaje demasiado alto de la población en Croacia era de origen serbio. La mayoría de ésta habitaba la región de Krajina (cuya raíz lingüística se puede definir como "frontera"), misma que se había hecho famosa por sus guerreros y en la que, por falta de oportunidad en otros campos, la mayor parte de los habitantes eran militares desde las épocas de la conquista del Imperio Otomano. Era de esperarse que un número muy grande de oficiales del ejército federal fueran precisamente de aquí. En el momento en el que se quiso utilizar al Ejército Popular Yugoslavo (JNA) como escudo entre los rebeldes serbios que por ningún motivo se querían quedar bajo el gobierno croata -que lo primero que hizo fue sacar todos los símbolos que utilizaba durante la ocupación en la segunda guerra mundial a manos de Hitler-, el ejército ya era mayoritariamente serbio y defendió a sus compatriotas. Se harían famosos en un futuro próximo los guerrilleros de Knin, la capital de Krajina, conocidos popularmente como Kninjas y su comandante, cuyo nombre en clave era comandante Dragan (recientemente vuelto a aparecer en Asutralia, por cierto).

Retomando a Mira Milosevich [Mil00], queda patente que además de la melancolía cultural, de la que Slobodan Milošević supo aprovecharse para sus ambiciones políticas y militares, además de las consecuencias del derrumbe general del sistema comunista, hubo una clara intención de conservar el poder político por parte de la cúpula del ejército yugoslavo y del mismo Slobodan Milošević. La crisis del estado yugoslavo podía haberse solucionado de manera pacífica, como por ejemplo, en la República de Checoslovaquia o en la mayor parte de la Unión Soviética. Pero, como describe en sus memorias Borisav Jović, el penúltimo presidente de la República federal yugoslava, los comunistas serbios eligieron una estrategia que no dejaba ningún espacio para la disolución pacífica del estado. Según Jović [Mil00, p. 61, apud. Borislav Jovic, Poslednji dani SFRJ, Kompanija Politika, Belgrado, 1995, p.123]:

Slobodan Milošević me ha sugerido solucionar esta crisis a través de una acción militar en los territorios de Croacia donde viven los serbios. Él y el general Veljko Kadijević (el secretario general del Partido Comunista en el Ejército yugoslavo) estaban de acuerdo en dos cosas: en que la crisis yugoslava no se puede solucionar sin el uso de la fuerza y en que, para la conservación de Yugoslavia, era necesario conservar el Partido Comunista.

No es extraño, prosigue Mira Milosevich [Mil00], que Slobodan Milošević llegara a un acuerdo con el general Kadijević. Porque sólo este militar podía satisfacer las ambiciones de Slobodan Milošević y porque tenía más interés que nadie en que perdurase Yugoslavia. Lo único que quedaba de Yugoslavia era el Ejército. Si desapareciera Yugoslavia, desaparecería también el Ejército. Por otra parte, el ejército se formó en la Segunda Guerra Mundial para luchar por el comunismo. ¿Cómo iba ahora a negar su propia identidad?

La autora [Mil00, p. 62, apud. Borislav Jovic, Poslednji dani SFRJ, Kompanija Politika, Belgrado, 1995, p.124] prosigue citando la intervención de Kadijević en el XIV Congreso del Partido Comunista Yugoslavo:

El problema no es el sistema democrático, sino que algunos comunistas han admitido el proyecto de destruir la unidad de la organización, y creen que, a través del sistema pluripartidista, pueden conservar el estado yugoslavo y realizar una transición democrática. Lo trágico es que no entienden que de este modo están destruyendo Yugoslavia y la llevan hacia la guerra civil. No entienden que el sistema pluripartidista no solucionará el problema yugoslavo, porque no entienden la cuestión nacional en Yugoslavia.

Mira Milosevich [Mil00] continúa aseverando que quién llevó a Yugoslavia hacia la guerra civil fue él mismo, ayudando a Slobodan Milošević en la empresa de solucionar la cuestión nacional serbia. El resultado fue lamentable para Yugoslavia y para los serbios. Milosevich sentencia diciendo que lo que cincuenta años antes era la garantía de conservación de un estado –el régimen totalitario comunista-, en 1991 fue la causa principal de la desintegración de este mismo estado.

Por su parte, Palau [Pa96] comenta que se dieron todos los pasos necesarios para llegar a un enfrentamiento más radical. Ya en junio de 1990, y como una de sus primeras medidas, el nuevo parlamento croata inició la discusión de las enmiendas constitucionales. El 25 de julio fueron adoptadas algunas de esas enmiendas, según las cuales Croacia dejaba de ser una república socialista y recuperaba la bandera roja y blanca a cuadros -conocida como damero- que había sido la enseña oficial del estado fascista en el período 1941-1945. El mismo día, el Partido Demócrata Serbio de Croacia se congregaba en la ciudad-símbolo de Srb para proclamar la ”declaración de soberanía e independencia del pueblo serbio en Croacia y establecer el Consejo Nacional Serbio como la única autoridad legítima de los serbios en Croacia”.

Los primeros episodios violentos, describe el autor [Pa96], ocurrieron en agosto del mismo año entre unidades especiales de la policía croata y la población local serbia en Benkovac. Dos días más tarde -19 de agosto-, se celebró un referéndum en la región de la Krajina; aunque votó el noventa por ciento a favor de una amplia autonomía, dicho referéndum no fue reconocido por las autoridades de Zagreb.

En otra parte, Mira Milosevich [Mil00] señala que en esas circunstancias, el gobierno autónomo serbio de Krajina pidió la unión con Serbia. Una petición que quedó sin respuesta... hasta el final.

Mientras Slobodan Milošević posponía las reformas democráticas con la excusa de que había que ocuparse de asuntos mucho más urgentes, como la protección de los serbios amenazados fuera de Serbia, el discurso oficial de su régimen rechazaba cualquier vinculación con los acontecimientos en Croacia y Eslovenia, ”lamentando” el destino del estado federal y destacando ”que si otros tienen el derecho de separarse de Yugoslavia, los serbios tienen el derecho de quedarse en ella” [Mil00]. Los académicos de la Academia serbia de las ciencias y las artes (SANU), silenciosos mientras Slobodan Milošević conspiraba, decían: ”Serbia no está en guerra, porque Serbia nunca declaró la guerra a Croacia. Son el pueblo serbio de Croacia y el poder estatal croata los que están en guerra” [Mil00].

Todo ello parecía absurdo. Si Serbia o lo que quedaba de Yugoslavia jamás le declaró la guerra ni a Eslovenia, ni a Croacia, ni a Bosnia y Herzegovina, ni tampoco le declaró la guerra la OTAN a Serbia, entonces tras tres guerras y un aniquilamiento masivo, Serbia puede jactarse de no haber entrado en una guerra oficial desde 1945.
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