Mapa-enlace, cortesí­a de http://go.hrw.com. Hacer click sobre el nombre del paí­s de interés para información básica



18.1.09

La retrospectiva acerca del recién culminado conflicto, la situación sociopolítica en Serbia 1996-1999 y el conflicto de Kosovo no resuelto

Otra de las regiones problemáticas era el llamado Distrito de Slavonia Oriental, Baranja y Srem Occidental (SBS). Josep Palau [Pa96, p. 29] la define diciendo que la Slavonia se extiende como una franja al este de la región de Zagreb; la cual mayoritariamente siempre estuvo poblada por croatas. La Vojvodina, por su parte, ha sido siempre una región multiétnica con predominancia serbia. En las carreteras y otros lugares públicos de la Vojvodina actual pueden observarse anuncios hasta en cinco idiomas, pues es muy significativa la presencia de los húngaros (mayoritarios en varias localidades), rutenos y eslovacos. Ha desaparecido por completo la presencia de los pueblos alemanes (los Volksdeutsche), que se hicieron notar hasta 1945, sobre todo en Vojvodina, aunque también en Slavonia. La Baranja, sigue Palau [Pa96], es una comarca extraordinariamente rica, de la que hoy se explotan incluso yacimientos petrolíferos, y que ocupa un triángulo entre los ríos Danubio y Drava.

El autor [Pa96] sigue explicando que los territorios de la actual Croacia estuvieron representados en el AVNOJ (Consejo Antifascista de Liberación de los Pueblos Yugoslavos) por varias delegaciones distintas a aquella organizada desde Zagreb: Krajina serbia, Dalmacia e Istria; los representantes de Srem y Baranja estuvieron integrados en la delegación de Vojvodina. Entre 1945 y 1990 nadie dudó de que el distrito SBS era parte de Croacia, pero tampoco previó nunca nadie que Yugoslavia fuera a romperse. La quiebra del consenso resultante, sigue Palau [Pa96], de una Croacia yugoslava suscitó las disputas fronterizas entre los nuevos estados soberanos, croata y serbio, en esas áreas mixtas del Danubio. Desde el punto de vista demográfico, explica el autor, y como es frecuente en estas situaciones, resulta difícil establecer cifras indiscutibles, pues las estadísticas admiten presentaciones distintas según la perspectiva con que se mire o el interés al que se sirva. Algunas tendencias generales pueden, no obstante, establecerse, comenta Palau [Pa96], después de tener en cuenta todas las versiones. Por ejemplo, no parece haber dudas sobre el carácter mayoritariamente serbio de la Baranja, con fuertes minorías croata y húngara. En la Baranja del distrito SBS desaparecieron algunos miles de croatas y húngaros -¿quizás 15,000?-, especula Palau [Pa96], que la habitaban en 1991. En su lugar, llegaron oleadas de refugiados serbios procedentes de Slavonia en 1991, de Slavonia occidental en junio de 1995, y de la Krajina de Knin en agosto de 1995; con esos intercambios, la población total de Baranja apenas ha disminuido en un 10%. También parece bastante claro que la población rural de la Slavonia oriental era serbia, por ejemplo entre pueblos y aldeas entre Vukovar y Osijek y alrededor de esta última ciudad. Tampoco ofrece dudas esenciales catalogar Osijek como ciudad de mayoría croata, aunque está en litigio la dimensión de la minoría serbia que en ella habitaba.

Donde más divergen las fuentes, señala Josep Palau [Pa96], es respecto a Vukovar. Si tomamos el censo oficial de 1981 para distanciarnos algo del explosivo 1991 -en esa década la demografía no cambió tanto-, tendremos datos distintos según se considere la población del casco urbano (grada Vukovara) o se considere el municipio entero (Vukovarske opštine). Un segundo motivo de la divergencia en las interpretaciones lo constituye el sentido de la categoría ”yugoslavos”. Si se considera, como hacen las fuentes croatas, que quienes se declaraban ”yugoslavos” no son ni serbios ni croatas sino ”otros”, entonces Vukovar tenía mayoría relativa croata. Por su parte, los demógrafos serbios puntualizarían que, por sentirse identificados con Yugoslavia como estado, eran serbios la mayoría de quienes marcaban la opción ”yugoslava” en las declaraciones censales. Si se suman ”serbios” con ”yugoslavos” la cifra ofrece una mayoría absoluta del 53-54% frente al 37-38% de ”croatas” y el 9% de ”otros” [Pa96, p. 30-31]. En todo caso, parece razonable pensar que, a la hora de aprobar la ruptura de Croacia con Yugoslavia, los autodefinidos ”yugoslavos” -fueran o no serbios- no estaban del lado separatista croata.

Muy pocos de los antiguos habitantes de Vukovar permanecen en la ciudad, habiendo sido ocupados por refugiados los espacios escasamente habitables que quedan entre las ruinas. La limpieza étnica, asevera Palau [Pa96], ya sea forzada o por huida, es prácticamente absoluta en ambos lados de Slavonia. Es así que la población actual del distrito SBS es totalmente serbia, alcanzando probablemente la cifra de 150,000, según estimación de UNTAES (United Nations Transitional Authority of Eastern Slavonia), aunque es muy difícil precisar. Por el contrario, no quedan prácticamente serbios en las regiones de Slavonia occidental donde antes abundaban (Osijek, Karlovac), ni en las Krajinas, donde predominaban; su presencia se ha visto archidisminuida en las grandes ciudades croatas, en las que siempre fueron un grupo significativo -Zagreb, Zadar, Split, Rijeka, Dubrovnik-.

La guerra había terminado, por el momento.

En una especie de retroanálisis, muchos coincidían con lo que escribe Palau [Pa96, p. 60-61] en cuanto a lo que ocurría. Se habla aquí "de un dictado sobre fronteras post-yugoslavas de 1990-1991, para distinguir lo que fue la fijación de un consenso entre poderes, de sus manifestaciones posteriores más evidentes. Éstas fueron: los reconocimientos formales de Eslovenia y Croacia en enero de 1992 por parte de la Comunidad Europea (CE), seguidas del reconocimiento de Bosnia-Herzegovina por la CE y EUA en abril del mismo año; la admisión de esas tres repúblicas en Naciones Unidas un mes más tarde; el reconocimiento de Macedonia más adelante; asimismo, el ”desreconocimiento” de Yugoslavia, lo que significó la exclusión de Serbia y Montenegro tanto de la ONU como de la CSCE, al entenderse que la menguada Yugoslavia no era sucesora de la anterior Yugoslavia -aunque el estado Yugoslavo creado en 1918 fue admitido internacionalmente como sucesor legal de Serbia, que preexistía-. Todos los planes de paz promovidos internacionalmente entre 1993 y 1996 parten del supuesto de que las partes yugoslavas en conflicto deben aceptar como fronteras internacionales las líneas de demarcación que unían dentro de Yugoslavia a las repúblicas federadas, aceptación que finalmente se produce por parte serbia en el Acuerdo de Dayton. Podemos decir que la paz de Dayton es más la reconciliación entre Serbia y la comunidad internacional occidental con base en las fronteras por ésta dictadas y por aquella rechazadas, que una verdadera paz, consistente en la confianza recíproca entre las comunidades enfrentadas y la normalización de relaciones entre ellas, lo que todavía tardará años en restaurarse.

El dictado internacional de fronteras post-yugoslavas contradijo las prácticas de los poderes mundiales y de las instituciones internacionales representativas creadas después de la Segunda Guerra Mundial, especialmente Naciones Unidas y la Conferencia -hoy, Organización- de Seguridad y Cooperación en Europa; en suma, violó todas las doctrinas establecidas para evitar la guerra. Los poderes occidentales reconocieron repentinamente en Yugoslavia lo que durante décadas negaron a tibetanos, kurdos, cachemires, tamiles, biafreños, timoreses orientales, siks indios, moros filipinos... y a tantos otros, es decir, el reconocimiento a separaciones unilaterales respecto de estados establecidos. La Convención de Montevideo de 1993 estableció criterios para el reconocimiento de nuevos estados, basados en primar la continuidad de los preexistentes y exigir a los nuevos candidatos serios requisitos de consenso interno y externo, así como el control efectivo del territorio".

Por el otro lado, en la escena política serbia se hacían cada vez más evidentes los cambios en la popularidad del presidente. Mira Milosevich [Mil00, p. 263] recuerda que fue en 1996 cuando por primera vez Slobodan Milošević no obtuvo mayoría en las elecciones, y se vio obligado a formar gobierno con los diputados del Partido Radical de Vojislav Šešelj, cuya popularidad había crecido –lo que confirma que el nacionalismo, a pesar de las guerras mal acabadas, no había desaparecido, ni mucho menos-, y con los de JUL (la Izquierda Yugoslava Unificada) de su mujer, Mirjana Marković. Pero, sin duda alguna, lo más importante de la nueva coyuntura fue el giro en el discurso político de Slobodan Milošević. Es decir, mientras los nacionalistas le acusaban de traicionar a los serbios de la Krajina serbia y de no defender los intereses de los de la Krajina bosnia, Milošević y sus secuaces sustituyeron la propaganda bélica por una retórica del apaciguamiento. Tal retórica tuvo un claro objetivo: acabar con el Gobierno de Pale, acusando a Radovan Karadžić de haber provocado el odio y los conflictos.

En el año de 1996, la oposición una vez más intentaba derrocar el gobierno en Belgrado. Se desencadenó un caos político nacional en los meses de noviembre y diciembre. Los oposicionistas se unificaron en una especie de coalición para las elecciones municipales en todo el territorio del país. Tenían el nombre de Zajedno (Juntos). Sin embargo, una vez más fracasaron en el ámbito electoral. La esposa del presidente, Dr. Mirjana Marković, ya había fundado su propio partido que a menudo confundía el poder con el dinero y todo en contra de su presunta ideología; su partido llevaba el nombre de la Izquierda Yugoslava Unificada (JUL) y era el aliado natural del partido en el poder y las corrientes radicales nacionalistas serbias. Mucha gente se había hecho de grandes cantidades de dinero y gran poder durante la pasada guerra; sin embargo no constituían ni siquiera el 5% de la población total.

Mira Milosevich [Mil00, p. 265] recuerda que los resultados en las urnas de 1996, en las elecciones municipales, demostraron que el poder de Slobodan Milošević ya no era tan firme como antes. Él, sin embargo, pretendió ignorarlo; no quiso reconocer la victoria de la coalición Zajedno –formada por el Movimiento de la Renovación Serbia (SPO), el Partido Demócrata Serbio (SDS) y la Unión Cívica Serbia- en algunas ciudades. Zajedno encabezó protestas masivas contra el fraude electoral. Parecía que la apatía dejaba de ser el sentimiento dominante en los serbios. Parecía, continúa la socióloga, que el régimen de Milošević iba a caer por fin. Pero no ocurrió así.

Sin un claro programa político que diera cohesión a la coalición, no hubo forma de desbancar al viejo aparato. El proyecto de recambio, sigue Mira Milosevich [Mil00], debía ser algo más que un simple motivo de protesta, pero ese proyecto nunca existió ni pudo existir, porque los dos principales partidos de la coalición compartían la misma perspectiva que el régimen sobre la cuestión clave: las guerras. Slobodan Milošević nunca había visitado Pale durante la guerra de Bosnia. Sin embargo, Vuk Drašković del SPO y Zoran Djindjić del SDS, sí lo habían hecho. La oposición –excepto la Unión Cívica Serbia que, desde su fundación, había sido antibelicista [Mil00]- acusaba a Slobodan Milošević de haber perdido las guerras o de haber traicionado a los serbios, pero no condenaba su política etnocéntrica, ni su proyecto de crear un estado étnicamente homogéneo. Slobodan Milošević se vanagloriaba, como de un mérito personal, de que Serbia nunca hubiera entrado en guerra, y de que los ciudadanos serbios no habían tenido que sufrir violencia alguna en su territorio. Argumento más cínico que falso, porque los voluntarios, los paramilitares, sí fueron a la guerra y porque los ciudadanos serbios, aunque no habían sufrido violencia, no dejaron de resentirse, en su vida cotidiana, de la crisis general de la región.

Me platicaba Miloš allá en el 2000, que de nuevo se había armado un caos nacional en ese 1996 que una vez más duró varios meses. Finalmente, a Slobodan Milošević no le quedó otra salida más que reconocer la victoria de la coalición opositora y conformar un Congreso mixto. El error del movimiento opositor fue no pensar más a futuro. Una vez otorgado lo anterior, éste se desvaneció por completo. Sin embargo, ésta fue la primera gran victoria de la oposición en Yugoslavia. A raíz de ello, empezaban a suceder cosas inexplicables.

Como sucede normalmente, algunos de los líderes de la oposición estaban preocupados por la vida cultural de la nación. Empezaban a adquirir cines y teatros. Era curioso observar como en los canales de televisión estatales, a cargo de los hijos del mismo Slobodan Milošević, se empezaban a pasar películas de todas partes del mundo incluso antes de sus estrenos oficiales en los cines en Estados Unidos. Todo ello sin problema alguno, ya que oficialmente Serbia permanecía bajo el bloqueo económico y esas películas no debían ingresar al país de todos modos. Los nuevos dueños de los cines eran llevados poco a poco a una quiebra segura.

Se empezaban a ganar espacios en algunas radioestaciones autónomas o de la oposición. Incluso, se logró fundar dos canales autónomos de televisión en esa época. Era interesante observar como la misma noticia -incluso la temperatura del aire-, podía cambiar diametralmente, dependiendo del medio en el que se leyera o escuchara.

A Serbia finalmente le quitaron el bloqueo en algunos rubros, al menos oficialmente. Mucha gente intentaba buscar su orgullo nacional en logros deportivos. Iniciaban serias diferencias entre Montenegro y Serbia. La economía se encontraba destrozada y todo el mundo hablaba de que los habían regresado al menos dos siglos en la producción agropecuaria.

En el verano de 1997, en las elecciones convocadas en Montenegro ganaba el ala reformadora y opositora de la corriente ideológica de Momir Bulatović, el eterno protegido de Slobodan Milošević desde antes de que el primero se convirtiera en el presidente del Partido Comunista de Yugoslavia al final de la década de los ochenta. Ganaba las elecciones Milo Djukanović. Ello desde luego provocó reacciones violentas por parte del régimen de Belgrado. El nuevo premier se apartaba de las políticas proserbias y veía ya una emancipación del pueblo montenegrino. Todo ello desencadenó grandes fricciones entre las dos unidades de convivían en una especie de peculiar confederación.

Los motenegrinos se veían bombardeados constantemente por propaganda de Belgrado a través de los medios de comunicación federales en manos de Milošević y su familia; se encontraban intimidados por las cada vez más frecuentes visitas de las personalidades políticas serbias como el presidente, los secretarios de estado, etc. a su territorio, siempre acompañadas éstas por gran pompa y cobertura de los medios de comunicación; se hallaban constantemente provocados los activos de la policía territorial montenegrina por aeronaves y artillería pesada del ejército federal yugoslavo.

No hay que perder de vista que Montenegro representaba la única salida directa al mar para una Serbia continental. Las cada vez más fuertes tendencias separatistas de las élites intelectuales y políticas de esta república no se veían con buenos ojos desde Belgrado. Muchos especulaban acerca de un probable golpe de estado militar que se podía efectuar por parte de los simpatizantes de Momir Bulatović y Slobodan Milošević. Ello jamás llegó a tales extremos, aunque las diferencias se fueron haciendo cada vez más y más evidentes entre ambas entidades a lo largo de los años siguientes.

En 1996 Amnistía Internacional, junto con otros organismos humanitarios, denunciaron numerosas violaciones a los derechos humanos en contra de la población albanesa en Kosovo. Serbia justificó sus fuerzas de seguridad bajo el argumento de que eran actividades para el freno de grupos terroristas separatistas. En broma me comentaban que en Serbia ya se había resuelto el problema de la delincuencia; a todos los criminales los mandaban sistemáticamente a Kosovo como parte del reclutamiento policíaco.

Mira Milosevich [Mil00] comenta que desde la derogación de la Constitución de 1974, que puso fin a la autonomía de Kosovo y Vojvodina, era sólo cuestión de tiempo que la crisis kosovar se convirtiera en guerra abierta entre serbios y albaneses. Ya en 1983, Kosovo, abandonado por el ejército yugoslavo, quedó en manos de la policía serbia. A partir de 1989 existió sólo una forma de ejercer la soberanía serbia en el territorio: aumentar la represión sobre la población civil albanesa. Desde ese año, los ciudadanos albaneses boicotearon todas las elecciones serbias, organizando otras propias y paralelas. Sin reconocimiento institucional mutuo, describe la escritora [Mil00], era prácticamente imposible cualquier negociación política, en el improbable caso de que alguien la hubiese querido de verdad.

La edificación del régimen de Slobodan Milošević sobre la ”difícil e insoportable vida de los serbios en Kosovo” tuvo otra consecuencia: ya nadie creía que la vida en Kosovo para los serbios fuera posible. En realidad, la meta de los nacionalistas albaneses no era la vuelta a la Constitución de 1974, porque ya en 1981, antes de la llegada al poder de Slobodan Milošević y antes de que entrara en vigor la Constitución de 1989, los albaneses pedían la independencia y un estatuto de república dentro de la Yugoslavia comunista. Cuando, en 1983, el Ejército yugoslavo abandonó la provincia por orden del Gobierno federal, se demostró la indiferencia de las otras repúblicas ante la suerte futura de la región. Esta solución, explica la socióloga [Mil00], tanto como la propuesta de Slobodan Milošević en 1989, iba a empeorar la ya difícil convivencia de serbios y albaneses.

En otra parte, la socióloga [Mil00] comenta que Dobrica Ćosić, en el propio Memorandum de la Academia serbia de las ciencias y las artes (SANU), era más suave. Él proponía una partición de la provincia, en la cuál veía el único medio de que ambos pueblos pudieran disfrutar de sus derechos nacionales. En ese caso, la parte norte de Kosovo, donde está el Campo de MirlosKosovo polje- y los monasterios serbios construidos por los Nemanjić y las minas de cobre, debería pertenecer a los serbios. La parte sur, territorialmente más grande pero más pobre, quedaría para los albaneses. Sin embargo, Slobodan Milošević no tuvo ningún interés en dividir Kosovo. Según esta autora [Mil00], el hombre de la guerra prefería una vez más el conflicto armado, porque en ello estribaba la esencia y la tecnología de su poder.

Mira Milosevich [Mil00] prosigue comentando que los enfrentamientos armados entre la policía serbia y el Ejército Albanés de Liberación (UCK) empezaron a finales de 1997 y se intensificaron a partir de febrero de 1998, con la intervención de la policía y de los paramilitares serbios en Drenica, foco principal de la guerrilla albanesa, llamada por el régimen ”organización terrorista”. El UCK no era un ejército ni mucho menos, ni siquiera alguien con quien se pudiera contar en una mesa de negociaciones. Organizada por los nacionalistas albaneses más radicales y financiada por la mafia albanesa con dinero de narcotráfico –lo que sus jefes nunca ocultaron, alegando que todos los medios son buenos si de conseguir la independencia se trata-, no era un interlocutor presentable en círculos diplomáticos. Lo confirma, sigue Mira Milosevich [Mil00], la insistencia americana en la convocatoria de un referéndum sobre la independencia de Kosovo, que debería dar la legitimidad a un interlocutor designado por el pueblo albanés.

El 23 de abril de 1998, Ibrahim Rugova fue elegido presidente de la ”República de Kosovo”, en unas elecciones paralelas auspiciadas por los americanos.

A lo largo de 1998, sigue Mira Milosevich [Mil00], los conflictos entre los albaneses y los serbios se recrudecieron. Slobodan Milošević jugaba la carta del todo o nada: o seguir imponiendo sus condiciones en Kosovo o perderlo por una intervención de la OTAN que, sabía, no era del todo descartable. En octubre de 1998 había firmado un acuerdo con su antiguo amigo Richard Holbrooke, al que había conocido cuando representaba al Beogradska Banka en Nueva York, y que había sido el mediador del Acuerdo de Dayton. El nuevo acuerdo contenía cuatro puntos: la retirada de las fuerzas serbias; el regreso de doscientos mil albaneses que habían huido aterrorizados a los bosques; la entrada de observadores de la OSCE, y una tregua. El acuerdo no fue respetado por Slobodan Milošević, pero tampoco, en lo que se refiere al cuarto punto, por la guerrilla albanesa. Como repitió varias veces su caudillo Hashim Thaci, el UCK no se confirmaría con nada menos que la independencia.
_____________________________________________
«« Hacia Hacia la terminación de conflictos en Bosnia y Herzegovina y en Croacia y el acuerdo de paz de Dayton

Etiquetas: , , , , ,

11.1.09

Hacia la terminación de conflictos en Bosnia y Herzegovina y en Croacia y el acuerdo de paz de Dayton

La Comunidad Europea no pudo hacer mucho para frenar los conflictos armados de Croacia y de Bosnia y Herzegovina. La deslegitimación de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), organismo que quedó marcado como uno impotente e incapaz de poner en práctica las resoluciones de su Consejo de Seguridad, aún cuando existía un grado relativamente alto de consenso, era ya un hecho. El destino de la ONU como mecanismo para crear y mantener la paz fue destruido en las postrimerías de la sangrienta desintegración de Yugoslavia, por no aludir al destino del ”nuevo orden mundial” con los Estados Unidos como la única potencia militar y económica, tan prematuramente proclamada con tanta grandilocuencia.

Josep Palau [Pa96] escribe que las fuerzas armadas musulmanas (o Armija) formadas en el odio reactivo a la violencia serbia, y con medios que llegaban abundantemente del exterior atendiendo a los llamamientos propagandísticos correspondientes, no encontraban la manera de responder exitosamente a su enemigo declarado en el plano militar. Los intentos de las contraofensivas antiserbias en Bosnia oriental y en Bosnia septentrional, así como en los alrededores de Sarajevo, eran siempre contrarrestados. En los breves momentos en que las fuerzas musulmanas avanzaban con escasa profundidad territorial, su comportamiento en las zonas conquistadas para con la población serbia encontrada no merece calificativo distinto al empleado para las situaciones inversas. Las fuerzas bosnio-musulmanas, explica Palau [Pa96], acompañaban su iniciativa militar con las mismas atrocidades.

Sin embargo, comenta el escritor [Pa96, p. 105-108], el ejército bosníaco en formación obtuvo pronto y en distintos episodios, la experiencia de derrotar con más facilidad a las fuerzas croatas que a las serbias. Hacia la segunda mitad de 1993 los dirigentes bosníacos habían consolidado la esperanza de poder evitar la derrota militar, dejando así de ser los perdedores absolutos de la guerra. La dirección bosníaca adoptó la firme determinación de obtener a todo precio grandes avances en Bosnia central hacia el mar Adriático, imponiendo a expensas de Croacia una victoria militar con mayores réditos políticos.

Todos los intentos de las Naciones Unidas, prosigue Palau [Pa96], primero del general canadiense MacEnzie y luego del general francés Morillon, para desmilitarizar la ciudad de Sarajevo chocaban con la testarudez de unos y de otros y, sobre todo, con la premeditada estrategia musulmana de mantener el martirio de Sarajevo a toda costa.

Durante casi dos años, describe el autor [Pa96, p. 112], el modelo de la tragedia cotidiana en la ciudad era la siguiente: generalmente, eran morteros del lado bosníaco quienes provocaban a las fuerzas serbias, las cuales respondían cumplida y masivamente; si se disparaba desde un hospital o desde una escuela persiguiendo respuestas rentables propagandísticamente, del otro lado no dudaban en ”cooperar”. Y, cuando, por alguna razón, las fuerzas serbias no caían en provocaciones, pero se aproximaba algún acto internacional decisivo -Conferencia de Paz, reunión de la OTAN, etc.-, no se dudaba en producir autobombardeo [Pa96] sobre objetivos civiles propios, ya que lo verdaderamente importante era mantener la indignación internacional y la expectativa de intervención a su favor. En su libro The peacekeeper. The Road to Sarajevo, el general MacEnzie ofrece una denuncia contundente del sacrificio de inocentes del propio bando. Se mantienen, sigue Palau [Pa96], bajo secreto oficial los informes de la ONU que, al parecer, confirman esa hipótesis. El coronel ruso Demirenko fue apartado de su puesto en UNPROFOR en agosto de 1995 por rechazar la acusación a los serbobosnios en relación a la tercera masacre del mercado. David Owan también habla de las ”atrocidades en carne propia” en su libro Balkan Odyssey.

La artillería serbia no tenía inconveniente en ser la iniciadora cuando se sentía aburrida. Es muy difícil saber -acaso no se sepa nunca-, especula Palau [Pa96], qué proporción de atrocidades corresponde a cada una de las actitudes, pero está suficientemente documentado que hay de todo lo dicho, y que las actitudes básicas eran las descritas: Sarajevo fue víctima del cerco de unos y del sacrificio deliberado de otros.

El Plan Vance-Owen fracasó finalmente en Bosnia. Su costo elevadísimo de miles de millones de dólares con todo y 70,000 cascos azules provocó frustraciones enormes en la comunidad mundial al arribar a un callejón sin salida. En 1993, se creó un segundo plan de paz, denominado esta vez como el Plan Owen-Stoltenberg, que intentaba volver a los principios confederales fijados tiempo atrás en la ciudad de Lisboa, desestimando el modelo más integrador de las diez provincias. Los dirigentes musulmanes fueron esta vez los que rechazaron este plan en el último minuto al bordo del portaaviones británico Invencible. Palau [Pa96] observa que no obstante, habían sido sucesivamente satisfechas todas sus demandas concretas, como el control del 33% del territorio y formas de acceso al río Sava y al Adriático. Con diversos pretextos, esgrime Palau [Pa96], tomaron la decisión de proseguir con la guerra en la convicción de que se han reunido instrumentos militares bastantes para tener éxito, al menos ante los croatas.

Después de casi tres semanas de intensos bombardeos ejecutados por parte de la fuerza aérea de los EUA bajo el cobijo de la OTAN sobre las fuerzas armadas de los serbios bosnios y su población en general, en 1995, provocadas por la masacre de un mercado en la ciudad de Sarajevo el 5 de febrero de ese año –cuyo origen como se ha visto, es tema de discusión- y antecedidas por un ultimátum de la OTAN, el general Mladić y el dirigente de los serbios bosnios Radovan Karadžić, decidieron empezar a hablar de un proyecto de paz con el presidente serbio Slobodan Milošević y todas las partes involucradas en el conflicto.

Palau [Pa96] se cuestiona, ¿qué empujaba a los americanos a jugar este papel? Al principio, Estados Unidos había afrontado el conflicto de Bosnia-Herzegovina en plena transición entre dos actitudes opuestas en la definición de su papel en el mundo. Bush (padre) representó un impulso por afianzar el liderazgo exclusivo tras el fin de la guerra fría -”el nuevo orden”-. Clinton, por el contrario, abrió el camino de un repliegue, más preocupado por encontrar equilibrios internos en una sociedad americana con síntomas de agotamiento y profundas heridas sociales y considerando que un excesivo papel en el mundo, constituía una inaceptable fuga hacia delante.

Las circunstancias quisieron que la cronología de los acontecimientos en Bosnia y Herzegovina coincidiera perfectamente con la impresión de una continuidad inercial de las lógicas de la Guerra del Golfo, cuando en realidad las reflexiones y las inclinaciones de Washington ya iban en otra dirección. El resultado, según el autor [Pa96], fue la ambigüedad, un ”quiero y no puedo” que produjo no pocos malos entendidos y una confusión nada beneficiosa.

Washington, considerando a Europa responsable de la guerra en su origen, prosigue Josep Palau [Pa96], no ha querido que sea Europa quien haga la paz. Del mal humor reticente en 1993, que contribuyó a destruir los planes Owen y a desestabilizar la misión de la ONU (UNPROFOR), pasó en 1994 a tomar la iniciativa para ejercer en 1995 un liderazgo en exclusiva. Clinton había madurado en los dos primeros años de su mandato la conclusión de recuperar la iniciativa internacional; terminaría por aplicar en 1995 el modelo de Bush (padre) que en su momento había refutado. Eran muchos, explica Palau [Pa96], los retos globales que confluían en la cuestión bosnia: las relaciones con los estados islámicos petroleros, la estrategia en el Golfo Pérsico, los equilibrios en Oriente Próximo. La supeditación de Europa, las relaciones con Rusia, la ampliación de la OTAN... un fracaso americano en Bosnia podía llegar a insinuar un desmoronamiento de su liderazgo global.

Los presidentes de todas las partes en conflicto fueron llevados a Dayton, Estados Unidos, a finales de 1995. Ahí permanecieron cerca de un mes, hasta que lograron llegar a un acuerdo acerca de la distribución de las nuevas fronteras entre sus países en los Balcanes. El acuerdo firmado consistía en el reconocimiento de la soberanía de la República Eslovenia, la República de Croacia, la República Serbio-Bosnia (Republika Srpska) y la Federación Croata-Musulmana en lo que solía ser Bosnia y Herzegovina, la República de Macedonia (cuyo nombre jamás fue aceptado por Grecia y por lo que se sigue llamando desde aquel entonces la Ex-República Yugoslava de Macedonia (FYROM, por sus siglas en inglés)) y la República Federal de Yugoslavia -que abarcaría Serbia y Montenegro-.

Mira Milosevich [Mil00, p. 261, apud. Michael Ignatieff, op. cit., p. 135] comenta que sin embargo, antes de pactar la partición de Bosnia, Slobodan Milošević tenía que estar seguro de que Tudjman iba a apoyar su exigencia del 66% del territorio. Después de la Operación Tempestad (Oluja), tuvo lugar en la Krajina serbia la primera gran limpieza étnica de las guerras de la antigua Yugoslavia, amparada por el pacto de los presidentes serbio y croata, y ante la pasividad de la comunidad internacional: 600,000 serbios huyeron de Croacia. Los serbios que no habían sido heridos en los combates o asesinados por los paramilitares croatas huyeron hacia Serbia en busca de la protección que ya no les ofrecía el Ejército yugoslavo. El más conocido jefe paramilitar, Željko Ražnjatović Arkan, les había tratado de cobardes: ”Como serbio, habría preferido que muriesen todos heróicamente, para que se les recordase como héroes” [Mil00, p. 261, apud. Hartmann, op. cit., p. 239].

Mira Milosevich [Mil00] prosigue describiendo las negociaciones de Dayton como unas que partían del punto de los territorios conquistados durante tres años de guerra. Slobodan Milošević, tal como había acordado anteriormente con Tudjman, ”ganó” más tierras que las pobladas por serbios antes de la guerra. Del 70% del territorio bosnio tomado por los serbios, Milošević aceptó el 49% (sin Sarajevo) que se le ofrecían en el acuerdo [Mil00, p. 262, apud. Hartmann, op. cit., p. 273]. Fue uno de los momentos clave en la vida política de Slobodan Milošević, explica la socióloga, por varias razones: las autoridades internacionales que pusieron las condiciones para la negociación tenían pleno conocimiento de cuál había sido el papel de Milošević. Sabían que era el principal responsable de la guerra en Bosnia. Aún más: tenían en sus manos el archivo y las pruebas de los crímenes llevados a cabo por los grupos paramilitares de Arkan y de su complicidad con el gobierno de Belgrado. Pero no le acusaron de crímenes de guerra. Por el contrario, le estrecharon la mano. No parece lógico hablar de complicidad entre Slobodan Milošević y sus interlocutores extranjeros, dice la autora, pero es obvio que existió un cierto entendimiento entre ellos. Aquí sirve de poco el argumento de que Milošević es un loco [Mil00, p. 263].

Este es el momento fundamental de coincidencia de todas las teorías presentadas hasta ahora en este blog acerca del conflicto de 1992-1995. Dentro de toda la monstruosa y maquiavélica personalidad de Slobodan Milošević que percibe Mira Milosevich [Mil00], para mí, en esos momentos, Slobodan Milošević no era mas que un triste títere ensimismado del Occidente.

Los serbios habían perdido ya su autonomía en la región de la Krajina serbia en Croacia. Parecía que todos los inconformes con el gobierno de Slobodan Milošević se quedarían afuera de las tierras serbias. Todos se preguntaban qué pasaría con Kosovo y de qué sirvieron todos aquellos discursos del ’91. Se comentaba que en algo, Slobodan Milošević tenía razón: todos los serbios sí vivirán en un solo país - el municipio de Belgrado.

En el prólogo al libro Nuevas Constituciones en el territorio de la ex Yugoslavia [Mil94], el Dr. Ranko Petrović comentaba en 1994 (es decir, antes de la llamada Paz de Dayton, resumen de cuyo documento final firmado por todas las partes en conflicto se puede encontrar aqui, lo que servirá aquí para un análisis comparativo que pretendería mostrar las cuestiones por las que se encontraba empantanado el proceso de paz antes de agosto de 1995 y cómo fue resuelto después de la ofensiva militar La Tempestad (Oluja) del 4 de Agosto de 1995 en Croacia y el bombardeo violento de las fuerzas militares de los serbios de Bosnia por la fuerza aérea de los EUA en el verano del mismo año) que:

1) Las situaciones políticas y las concernientes al derecho internacional de los nuevos estados surgidos tras la desaparición de la República Socialista Federativa de Yugoslavia, son diferentes en 1994:
  • la República Federal de Yugoslavia insiste sobre la continuidad jurídica internacional con la anterior RFC Yugoslavia. Esa intención o ese derecho suyo la RF Yugoslavia lo fundamenta con los siguientes dos argumentos: el que son Serbia y Montenegro las únicas dos repúblicas de la ex Yugoslavia que preexistieron como estados independientes, reconocidos en el Congreso de Berlin de 1878, que incorporaron su condición de estados a los cimientos de la ex Yugoslavia y que tienen, sino uno mayor, desde luego un derecho no menor de quedarse en esa unidad federativa en relación a las repúblicas que decidieron apartarse de ésta. Tomando en cuenta que las Naciones Unidas hayan corregido la posición categórica de la Comisión de Badenter (instruida por las Naciones Unidas para definir la situación jurídica internacional de cada uno de los nuevos estados constituidos en territorio de la ex Yugoslavia), que consistía del hecho que Yugoslavia se había desintegrado y que sobre su territorio se habían formado nuevos estados quienes, todos respectivamente, deben pedir un reconocimiento internacional, ya que abandonaron la bandera de Yugoslavia frente el palacio de East River y le posibilitaron a su representante permanente la comunicación con el Consejo de Seguridad y algunos otros órganos del sistema de las Naciones Unidas, aún quedó abierta la cuestión de la situación jurídica internacional de la República Federal de Yugoslavia. Sin embargo, en la práctica, cada vez más países reconocen a la RF Yugoslavia no únicamente de facto, sino también de jure, comunicándose con este país tanto como se lo permitían las sanciones y sobre todo dentro de las negociaciones acerca de la solución general de la llamada crisis yugoslava. Su estatus de continuadora de la SFRJ quedó establecido de jure tras la firma del documento de Dayton.
  • La República de Croacia es reconocida internacionalmente con sus fronteras actuales y aceptada en la ONU en 1992. Hasta 1995, sin embargo, el gobierno croata no controlaba la totalidad de su territorio, ya que se habían delimitado a través del plan Vance territorios bajo protección de la ONU, que entraron dentro de la República Krajina serbia. Este conflicto fue borrado completamente del documento de Dayton con la desaparición de la República Krajina serbia, como se explicará más adelante.
  • La República Eslovenia fue reconocida internacionalmente con sus fronteras actuales y aceptada en la ONU en 1992.
  • La República Macedonia fue reconocida internacionalmente con sus fronteras actuales y aceptada en la ONU en 1992 (con el nombre de la República Ex-Yugoslava de Macedonia, o FYROM, por sus siglas en inglés).
  • La República Bosnia y Herzegovina fue reconocida internacionalmente con sus fronteras actuales y aceptada en la ONU en 1992. Sin embargo, los serbios que representan algo más del 32% de su población no reconocen la legitimidad ni de la presidencia, ni del parlamento, ni del gobierno de Bosnia y Herzegovina. En la actualidad (1994), cerca del 70% de su territorio es parte de la República Srpska. En el territorio de la ex república yugoslava Bosnia y Herzegovina se formó igualmente la federación bosníaco croata. El plan del grupo de contacto aceptado por los musulmanes y los croatas, aunque no por los serbios, prevé una organización interna de la República Bosnia y Herzegovina, como de un estado internacionalmente reconocido en forma de la unión de dos entidades que serán la República Srpska y la Federación Bosníaco Croata, que tendrán derecho a una relación confederal con Croacia, de un lado y con la RF Yugoslavia, del otro. Ello no prosiguió en su totalidad en el documento de Dayton, sobre todo en cuanto a las fronteras sugeridas, sin embargo, los lineamientos generales sí fueron respetados en el docuento redactado en Dayton.
  • La República Srpska es reconocida de facto como entidad en Bosnia y Herzegovina, pero el grado de su autonomía sería precisado y realizado dentro de la realización del plan de paz del grupo de contacto, y finalmente estipulado tras la llamada Paz de Dayton.
  • La República Srpska Krajina fue aceptada de facto como actor en las negociaciones para la solución de las cuestiones abiertas en las relaciones entre los croatas y los serbios en los territorios de la ex república yugoslava de Croacia, pero su estatalidad no había sido reconocida de jure, tomando en cuenta la insistencia del Consejo de Seguridad en la aprobación de la integridad territorial de la República de Croacia, al igual que la propuesta del grupo Z-4 sobre el alto grado de autonomía de los serbios en los territorios donde representan una mayoría en Croacia. Todo ello se solucionaría en detrimento de la población serbia en Croacia con la desaparición de la Republika Srpska Krajina tras la ofensiva del Ejército croata (Oluja) y la expulsión de la población serbia (alrededor de 600,000 personas) de estos territorios en Agosto de 1995, por lo que esta entidad ya no figura en la llamada Paz de Dayton.
  • El acuerdo general para la constitución de la federación bosníaco croata contiene igualmente los principios fundamentales sobre los cuáles ésta había sido fundada en primer lugar. Es reconocida como una de las entidades que, con cierto grado de autonomía, constituirá la unión Bosnia y Herzegovina. Ello sí prosiguió en el documento firmado en Dayton.
    2) Tal como los estado, así las constituciones de las ex repúblicas yugoslavas habían sido creadas en la euforia de la desintegración del anterior país, la glorificación de la identidad nacional y la territorialidad iscónica, dentro de la tormenta de guerra que imponía exclusiones de diferentes índoles en la carrera por la homogeneización y la limpieza étnica de los nuevos estados nacionales. Es por ello interesante e importante ver cómo fueron definidos estos estados según sus constituciones legales:

    • la Constitución de la RF Yugoslavia fue aceptada en 1992 y de acuerdo con ella, es éste ”un estado federal soberano basado en la igualdad de sus ciudadanos y la equidad de sus repúblicas miembros”.
    • La Constitución de la República de Croacia fue aceptada en el año de 1991 y según ella ésta ”se constituía como un estado nacional del pueblo croata y como estado de miembros de aquellos pueblos y minorías, que son sus ciudadanos: los serbios, los musulmanes, los eslovenos, los checos, los eslovacos, los italianos, los húngaros, los judíos y otros, a los cuales se les garantiza la igualdad con los ciudadanos de nacionalidad croata y la realización de derechos de nacionalidad en armonía con las normas democráticas de la ONU y los países del mundo libre”. Condicionando el reconocimiento de Croacia como un estado soberano, la Comisión de Badenter le ordenó a Croacia a implementar una ley aconstitucional especial acerca de los derechos humanos y las libertades individuales y también acerca de los derechos de las comunidades étnicas y de nacionalidad o minorías en la República de Croacia, con lo cual se eliminarían algunas faltas de su Constitución.

    • La Constitución de la República de Eslovenia fue aceptada en 1991 y ésta es ” un estado de todas sus ciudadanas y sus ciudadanos basada en el derecho permanente y no alienable del pueblo esloveno a la autodeterminación”.
    • La Constitución de la República de Macedonia (FYROM) fue aceptada en 1991 y a través de ésta, fue definida como ”un estado soberano y autónomo y cívico y democrático”.
    • La Constitución de la República Bosnia y Herzegovina es, básicamente, la Constitución de la ex república yugoslava Bosnia y Herzegovina con un gran número de artículos posteriormente aceptados. El texto corregido de la Constitución de la República Bosnia y Herzegovina fue aceptado en 1993 y con él ésta fue fundada como ”el estado soberano y autónomo de ciudadanos iguales ante la ley, los pueblos de Bosnia y Herzegovina – musulmanes, serbios, croatas y miembros de otros pueblos que viven en éste”.
    • La Constitución de la República Srpska fue aceptado en 1992. Sin embargo, posteriormente fue añadido a ésta un gran número de artículos. La República Srpska es ”estado soberano del pueblo serbio”.
    • La Constitución de la República Srpska Krajina fue adoptada en 1991 y a través de ella ésta fue definida como ”el estado nacional del pueblo serbio y estado de todos los ciudadanos que en él viven”. Desde Agosto de 1995, ésta región ya no figura ni de jure ni de facto.
    • En el Acuerdo general acerca de la federación bosníaco croata se dice que ”los bosnios y los croatas, como pueblos constituyentes (junto con otros) y ciudadanos de la República Bosnia y Herzegovina, en uso de sus derechos soberanos, transforman la estructura interna de su territorio con la población mayoritaria bosníaca y croata en la República Bosnia y Herzegovina en la Federación que será constituida por las unidades federales con derechos y responsabilidades iguales”.
    ____________________________________________
    «« Hacia La guerra en Bosnia y Herzegovina, la situación en Serbia y los conflictos en Croacia 1992-1995

    Etiquetas: , , , , ,

    14.12.08

    La leyenda del hombre serbio joven y débil (hsjd) de Igor Ivanović, parte IV

    Estimados lectores circunstanciales de Eslavos del sur, el día de hoy les traigo la cuarta y última parte del artículo "Legenda o mladom, slabom srpskom čoveku" (La leyenda del hombre serbio joven y débil), autoría de Igor Ivanović, publicado en el portal Nova srpska politička misao (Nuevo pensamiento político serbio) en su sección de política cultural. La pertinencia del texto la juzgará cada quien, el cual me parece singularmente importante para entender la actual cotidianidad serbia. Baste decir que el autor de Eslavos del sur no comparte la totalidad de las opiniones expresadas en el presente artículo.

    ***

    La leyenda del hombre serbio joven y débil
    (Parte IV)


    Igor Ivanović,
    17 de Noviembre de 2008
    traducido del serbio por Daniel Durini


    Esta ecuación amarga de la decepción y la posterior vuelta a la sobriedad la experimentó personalmente como primero el difunto Primer Ministro Zoran Djindjić. Este niño travieso de la escena política serbia atravesó de manera acelerada, de acuerdo con su inteligencia dominante e inquieta, esa parábola determinante que va del embrujo con los valores occidentales hacia la completa amargura causada por la política de ese Occidente hacia nosotros. Él desapareció justamente en el precipicio de ese cambio repentino de rumbo político del Occidente hacia el Oriente en circunstancias, cuya explicación oficial y la versión interpretada de parte de todos los medios de comunicación insultan la inteligencia del hombre promedio. Por este crimen fue acusado un clan indudablemente criminal, como el factor único organizado involucrado en el atentado en contra del Primer Ministro Djindjić, a pesar de que le quedara claro con el tiempo hasta a los niños pequeños que esta organización tremenda no era capaz de planear semejante acción sin un apoyo serio de seguridad proveniente desde adentro del Estado o de una organización interestatal. Al igual que en el caso de Lee Harvey Oswald, quién evidentemente sujetaba el rifle y pretendía asesinar a Kennedy, la verdad empezó a fluir hacia la opinión pública y la versión oficial de este evento empezó a insultar la inteligencia del estadounidense promedio. En ambos casos existió al menos una bala famosa demás, la cual destruía las versiones oficiales.

    Sin embargo, la generación del Hombre Serbio Joven y Débil pedía a gritos un mito nuevo y contemporáneo. A ella jamás le interesó el fundamento del destino trágico de Zoran Djindjić, como paradigma de un pueblo que se encontró en el cruce sangriento de fuego del poder mundial. Esta generación veía con fiebre en el cuerpo ametrallado del Primer Ministro tan sólo el puente de pontón hacia la tierra mítica prometida. La generación educada para no amar la verdad y no plantear preguntas, una generación poseedora de un sentimiento fuerte hacia la buena vida de los años ochenta, no tenía aliento histórico suficiente para continuar la conquista de la libertad. Escogió, en nombre del mito acerca de una vida mejor, su propia ocupación. No se trataba aquí de la encarcelación del cuerpo, como tampoco de una delimitación violenta del espacio o la prohibición del tránsito libre, sino que se trataba aquí de una ocupación voluntaria del propio espíritu.

    Fue entonces que, bajo la dirección y ejecución del Occidente, llegó igualmente ese día de la gran humillación serbia: la unilateral proclamación de la independencia de Kosovo. Y como venía sucediendo ya todo un decenio o dos anteriores de ello, la aplicación de estándares dobles resultó una vez más evidente: lo que es válido aplicar en contra de Serbia en su propio territorio legal, ¡no lo pueden hacer en el caso contrario los serbios en otro territorio internacionalmente reconocido!

    Pero en este caso apareció algo novedoso, un cinismo jamás registrado con anterioridad, ni siquiera en la maquinaria propagandística de Milošević: la explicación de ¡que todo aquello se hacía en nombre del desarrollo de Serbia! Es por su bien el que les estamos arrebatando Kosovo, no se inhibían en decir los embajadores en el servicio de las grandes potencias en Serbia, al igual que los políticos respetados en el gran mundo. Desde su esquina, las cosas se veían muy simples: debido a que la política que dominaba en Serbia, y que gozaba de una apoyo apasionado de la generación del Hombre Serbio Joven y Débil, se basaba en la premisa que rezaba que la entrada en la Unión Europea es la primera de todas las prioridades y ya que no existía ningún otro objetivo parecido, ¿por qué no pagar por él un precio elevado? Si es el caso de que no existe ninguna alternativa, ¿quién les está preguntando cuanto va a costar todo eso? Algunos miembros de la Generación del Hombre Serbio Joven y Débil se sintieron un tanto inseguros, a muchos les brotó, de manera inconsciente, desde las profundidades genéticas, la memoria de la cena y la maldición del príncipe (Lazar, del poema vernáculo del ciclo de Kosovo de mismo nombre (ya explicado en este blog aquí), N. del T.), aunque con todo y eso la gran mayoría triste volvió a demostrar su debilidad y su cobardía. Saben, se trata aquí de realidades, decían: es verdad que el Occidente no se portó de una manera muy justa hacia nosotros, pero hay que seguir hacia adelante, no hay de otra. Este mantra carente de contenido y desgastado, que se repetía durante meses en su diferentes mutaciones en la opinión pública local, era tan sólo una excusa torpe para una generación débil y cobarde, la cual vendió su fe a cambio de una cena. Cada vez que un miembro de esta generación se posicionara frente al espejo moral y se observara, vería en lugar de su corazón, su propio ano. ¿Se le ocurrió a alguien en ese entonces que, en medio de ese conformismo cuestionable generacional inmerso en la autodestrucción voluntaria, pudiera estar naciendo algún futuro dictador en Serbia, algún nuevo Milošević - al igual que en las circunstancias parecidas de capitulación y en un ambiente de puerilidad política parecido, en los tiempos de la Constitución de 1974, nació políticamente el verdadero Slobodan Milošević?

    Todo lo que siguió es tan sólo la inevitabilidad de la historia, a la cual la generación del Hombre Serbio Joven y Débil jamás deseó comprender. Al igual que sus padres, a causa de la banalidad de su sistema de valores el cual con el tiempo creó un clima adecuado para la guerra en estos espacios, sacrificaron la juventud de sus propios hijos, así mismo esta generación, en nombre de los mismos objetivos momentáneos y nada profundos, pondrá, desafortunadamente, el futuro de sus hijos bajo un gran signo de interrogación. Nada los detendrá en ese aventarse al vacío orgánico, ni siquiera la advertencia evidente de que la civilización de los mercaderes de Venecia, a la cual éstos adoran tan apasionadamente, se está tambaleando en sus cimientos. Se quedarán sordos y mudos.

    De esta manera la generación crecida con la bufanda roja y los pañuelo rojos, la cual maduraba basada en las historias de Prle y Tihi (de la serie Otpisani, ya aclarada antes en esta traducción, N. del T.), sus años de adulto los encontrará sobre posiciones morales completamente opuestas a las que les preprogramaron los comisarios en el sistema educativo de aquel entonces. En lugar de volverse personas que, a causa de su educación basada en el heroísmo partisano, formadas a imagen del personaje literario de Pavel Korchaguin, los miembros de esta generación reconocerán su profecía determinada en otro lugar en la lectura obligatoria de la escuela. En la obra cumbre de Los hermanos Karamazov, en el personaje del vividor Smerdiakov, Dostoievski lo habrá previsto todo. Smerdiakov no desea ser hombre de su tiempo y su espacio. Siente de alguna manera embarazoso el ser ruso y el vivir allí donde lo hace, en Rusia. El quisiera ser francés, porque considera que la de los franceses es una gran cultura, a diferencia de la rusa, primitiva y retrasada. Desprecia las costumbre populares y la tradición, no quiere al hombre popular ruso. En una palabra, odia todo lo que lo rodea y todo con lo que vivió. El sueña con Europa y su gente de avanzada. No cree en Dios ni en las leyes divinas. Sin embargo, él es, con todo y todo y de manera paradójica, un sirviente. Por un lado, es consciente de su posición de lacayo, por el otro, no hace nada para cambiar esa condición. No es tonto, tampoco carece de educación. El está convencido de que le fue encargada la misión de su conversión en el hombre moderno y urbano. Sufre de una especie de esquizofrenia, con lo cual el escritor muestra de manera simbólica su posición desgarrada en el tiempo y el espacio. Un gran ruso, el autor de esta novela, entrevió y despreció, a través del personaje del sirviente Smerdiakov, la época que vendría al igual que a la gente que se volverá el portavoz de esta época. El, personalmente, carece de todo dilema, no hay hombre sin Dios y no hay humanismo sin la fe. Es por ello que le da a Smerdiakov, listo e inteligente, el papel de asesino que mata por pura voracidad. Al final, no tiene ningún provecho de ese dinero y termina de manera triste y antes de tiempo. Pero él, incluso en su lecho de muerte, hace juicios de valor: le explica a su consejero espiritual Iván Karamazóv ¡que el asesinato está permitido! Ya que, como él mismo le estuvo diciendo, Dios ya no existe ya que la razón y la ciencia avanzan constantemente, de manera que las leyes anteriores ya tampoco son válidas. ¿Por qué habría que respetar los Diez Mandamientos de la Biblia si Dios había desaparecido para siempre de la vida del hombre?

    Así toda mi generación, personas ya desde hace mucho adentradas en los años de adultez, espera la conclusión de su destino, huyendo de los desafíos de la creación de la libertad y aceptando la ocupación suave. Sea como fuere, que hagan con nosotros lo que quieran, tan sólo que nos dejen en paz y que nos liberen de cualquier tipo de grandes desafíos. El miedo hace mucho que se metió a los corazones de los miembros de esta generación. El miedo que desde siempre había sido el más grande enemigo de la libertad y el mayor aliado de la esclavitud. Atravesarán la vida con la cabeza baja, incrustados en el confort de la banalidad y el lodo moral, lejos de los sueños heroicos, sin voluntad y sin deseos. Así como empezamos, con Meša Selimović, así también terminaremos: "Ten miedo del macho cabrío, ten miedo de la mierda, ¿y cuándo vivirás, Hombre Serbio Joven y Débil?".

    Fin.
    _____________________________________________
    «« Hacia Parte I
    «« Hacia Parte II
    «« Hacia Parte III

    Etiquetas: , , , ,

    7.12.08

    La leyenda del hombre serbio joven y débil (hsjd) de Igor Ivanović, parte III

    Estimados lectores circunstanciales de Eslavos del sur, el día de hoy les traigo la tercera de las cuatro partes en las que iré traduciendo el artículo "Legenda o mladom, slabom srpskom čoveku" (La leyenda del hombre serbio joven y débil), autoría de Igor Ivanović, publicado en el portal Nova srpska politička misao en su sección de política cultural. La pertinencia del texto la juzgará cada quien, el cual me parece singularmente importante para entender la actual cotidianidad serbia. Baste decir que el autor de Eslavos del sur no comparte la totalidad de las opiniones expresadas en el presente artículo.

    ***
    La leyenda del hombre serbio joven y débil
    (Parte III)

    Igor Ivanović,
    17 de Noviembre de 2008
    traducido del serbio por Daniel Durini

    Orgulloso de su papel libertario reinventado y ciego de su propio orgullo personal, el Hombre Serbio Joven y Débil no deseaba saber cuánto le debía por su nueva libertad a aquella Serbia pobre y campesina la cual organizaba levantamientos (en contra de los otomanos, N. del T.) en Marićeva Jaruga o en Takovski grm, para asegurarse de que a sus hijos futuros los calentara el sol. No deseaba saber tampoco acerca de aquellos hijos del pueblo trabajador que desaparecían en las Gólgotas desafiando la no-libertad y el poder. En lugar de ello, él hablaba de su espíritu europeo aprisionado en los Balcanes montañosos. Hablaba de su perspectiva europea y la necesidad del regreso por demás urgente a su natural familia europea, al igual que acerca del bienestar que lo esperaba al final de su misión.

    Jamás se le ocurrió decir alguna palabra acerca de toda aquella ascendencia suya a la cual le debía "su espíritu europeo" en primer lugar. Acerca de esa misma ascendencia a la que se le ofrecía durante siglos, después de la batalla de Kosovo, tomar la religión del Islam y de esa manera abandonar su condición de plebeyo para llegar a formar parte de esa sociedad compuesta de ciudadanos de alto rango, cuyos hijos se educaban en Estambul y gozaban de los privilegios propios de los hijos del imperio otomano. Al contrario, esa ascendencia suya escogió llevar la cruz heredada de sus antepasados en el año de 1389, cuando se dirigieron al Kosovo plano, a sabiendas de a donde iban y que de allí jamás regresarían. De esta manera, cuidaron durante siglos (a pesar de las ofertas atractivas a cambio de una conversión religiosa, de presiones o amenazas) su fe cristiana, su tradición bizantina y su espíritu europeo. Y no era tan sólo el que no contaran con el apoyo de la mayoría de las potencias euro-cristianas, sino que las tenían en contra suya, aliadas con los turcos. ¡Cuántas veces se recorrió esa sufrida trayectoria política en la historia de los grandes intelectuales serbios: la que iba de la euforia ciega hasta la agria decepción del Occidente! Pero el Hombre Serbio Joven y Débil, desafortunadamente y de manera tan perjudicial, ¡jamás tuvo que aprender estas lecciones de la historia durante sus estudios, como tampoco aprendió muchas otras lecciones cruciales! A él lo educaban para aprender acerca de la difícil infancia del pequeño Jože (apodo de la infancia de Josip Broz - Tito, N. del T.), leer los cuentos de partisanos y ver la serie de televisión Otpisani (los eliminados, que versa acerca de la organización clandestina de los comunistas en la Segunda Guerra Mundial, N. del T.). Es por ello que tampoco en sus años maduros podía comprender cuánto les debía a sus antepasados y al sufrimiento de éstos por su "espíritu europeo". ¿Podría hacer referencias a ese espíritu europeo tan fácilmente hoy en día de llamarse, por ejemplo, Mehmedalia? ¿O será que el Hombre Serbio Joven y Débil no entiende que el espíritu europeo nació y creció a través de la cristiandad?

    ¿Será por eso que nuestro nene generacional, ese cobarde heróico y ese niño consentido de la no-historia, como no tomó la cristiandad, considera que no tiene sentido ni es necesario el autosacrificio? Externando el impulso pagano hacia el gozo y el entretenimiento, el cual se tornará con el tiempo en la atracción hacia lo material, este nuevo-yugoslavo nostálgico realizará una conversión voluntaria al empezar a adorar el nuevo culto. Así se convertirá la Unión Europea en el nuevo Absoluto o el tótem de su tiempo, el nuevo fetiche del cual no se tienen dudas y el cual se defiende con la misma pasión y el mismo arsenal verbal usado anteriormente en la defensa de la autogestión socialista. Esta creación estatal avanzada y sin duda eficaz se volverá para el Hombre Serbio Joven y Débil, en lugar de un proyecto político real, una especie de reino imaginario del bienestar. Es por ello que la unión programada de dos mitos humanos ancestrales, el mito acerca de una vida mejor y el mito acerca de la tierra prometida, los cuales se encuentran siempre allí al alcance de manos, la que llevará a nuestra generación en lugar de hacia una conquista aventurada de la experiencia en el espacio, hacia un viaje melancólico a través del tiempo. En el remolino de la historia balcánica, los "ochenta de oro" desaparecidos de manera definitiva experimentarán así su reencarnación en el nuevo mito generacional acerca de la Unión Europea. Nadie hablará acerca de la enorme oportunidad para un trabajo duro y el sudor que los esperarán potencialmente allá, sino que todos fantasearán con la promesa de una especie de nuevo país de Broz, en el cual "se trabaja poco, pero se por ello vive muy bien". Tan sólo es cuestión de que nos volvamos miembros de esa familia grande y rica de los pueblos civilizados, ¡para así empezar a vivir "como todo el mundo normal"! El dolor de una juventud sin preocupaciones interrumpida tan abruptamente para la generación del Hombre Serbio Joven y Débil llenará todas sus esperanzas y sueños acerca del futuro. Y él aceptará todo, cualquier tipo de capitulación o cualquier clase de humillación, con tal de poder vivir el resto de su vida de una manera confortable y sin preocupaciones. Bajo la campana de cristal de su propia vergüenza y su propia debilidad, bajo el paraguas de su propio egoísmo y usando el pretexto de estarlo haciendo todo por el bien de sus hijos, todo lo que hace lo hace única y exclusivamente por él mismo. De la misma manera en la que le enseñaron a aceptar el culto de Broz para soportarlo, sobreviviendo, creará y seguirá el culto de la Unión Europea, al cual impregnará de contenido con sus expectativas. Por ello tendrá un imagen del Occidente fundamentalmente infantil; compuesta de una superficialidad insoportable, una falta de educacion crónica y unas expectativas nada realistas acerca de la seguridad material, la cual le será regalada inmediatamente con el simple hecho de ingresar en esta organización. Cada uno de los miembros de esta generación hablará, repitiendo subconscientemente las declaraciones de los políticos irresponsables, acerca de las decenas o centenas de millones de euros que nos esperan por allá. Tan sólo que ya no seamos así como somos. Las cosas son tan simples que es un verdadero milagro que no lo vean todos. El bienestar duradero se encuentra al alcance de mano. Esta ópera de limosneros será tan sólo una continuación lógica y triste de la educación que enseñaba que alguien siempre tiene que generar los bienes por tí para regalártelos después, que no te toca a tí luchar y construír por tí mismo esos bienes, con tu propio sudor. Semejante mentalidad de debilidad de varios decenios y su acompañante necesario, el espíritu derrotero, tornarán a la generación de los que hoy se encuentran en sus treinta o cuarenta en una especie de narcodependientes modernos - adictos compulsivos a las sociedades de consumo y a la vida relajada pequeño burguesa.

    Evitando todo tipo de autosacrifico en favor del bien común, esta generación de asfalto en su años de adulto promulgará, para esconder su naturaleza verdadera de rapiña del confort, su misión urbana, pro-europea. Pero no promocionará, a imagen de los misioneros de antes, dedicados y preparados para el sufrimiento, el espíritu europeo original, esa unión superior de la cristiandad, la filosofía y la ética del trabajo; sino que sermoneará, en lugar de ello, acerca de la saga patética y de nuevo rico acerca del rock'n'roll, las fiestas y los viajes de los "ochenta de oro", cuando amaneció el espíritu europeo en este espacio oscuro de los Balcanes. Y cada uno de los miembros de la generación le añadirá con los años cada vez mayor romanticismo a esta biografía colectiva, describiendo ese tiempo como de un brillo de intensidad nada objetiva y engrandeciendo su propio papel en la dimensión cultural de ese tiempo. El Hombre Serbio Joven y Débil hará lo que han hecho todas las generaciones desde la aparición del mundo cuando encaran en sus años de adultez el hecho de la impermanencia de la vida y la juventud desaparecida que no retornará, haciendo sin embargo, una sola excepción: intentará con todas su fuerzas de incrustar, en un proyecto político real europeo, su propio tiempo pasado y ya envejecido. De esta manera se debilitará aún más, destruirá su salud mental y un hombre así, débil, medio discapacitado y medio-hombre, no le servirá ya a nadie: ni a él mismo, ni a sus hijos, ¡y mucho menos a la Unión Europea!

    ¿Y será que los pueblos hermanos de Europa lo necesitan precisamente así? ¿Para qué lo necesitarían fuerte y desobediente? ¿Para qué necesitarían un verdadero Occidente en Serbia, cuando su sólo simulacro les sirve de manera tan fiel? Pero el Hombre Serbio Joven y Débil no se sentirá avergonzado de su papel de vasallo. Le recriminirá al Occidente el no habérselo dado antes. Será el representante de la primera generación serbia en la historia que voluntariamente niega su esclavitud, la que limita su herencia sangrienta de la libertad por sentir que no puede hacerse responsable de ella, la que buscará su propia salvación antes en manos ajenas que en su propia alma. Será la planta que seca sus propias raíces para vegetar en el sol europeo, una planta sin frutos y sin olor. Una generación asustada de la libertad que soñará con una esclavitud confortable. ¿Por qué la libertad tendría que cantar como los subyugados cantaban acerca de ella? Para la mala fortuna del Hombre Serbio Joven y Débil, esta paradoja acerca de la evolución de la idea de la libertad hasta la frontera del horizonte detrás de la cual sigue su inevitable desplome, no será una verdad cósmica y universal, sino un retraso genético nada afamado en un pueblo.
    La generación de los adultos en sus años treinta o cuarenta de hoy, la cual pedirá menos libertad, menos independencia y estados más pequeños, básicamente abandonada por el Occidente sobre cuyo magnetismo creció, no tendrá ese sabor amargo de la traición en la boca, ya que al Occidente real jamás lo pidió, como tampoco lo entendió. ¿Qué miembro de nuestra generación, cuando hoy en día habla de los valores del Occidente, piensa en Chomsky, Pinter, Solzhenitsyn, Handke o Bodriar? ¿Y quién, cuando habla sobre ello, no piensa en los Rolling Stones, Madonna, Tom Cruise, Versace o Federer? La huída de la exploración de las profundidades de la vertical occidental y el intento por nadar sobre la superficie de la horizontal del Occidente achatará la dignidad de la generación del Hombre Serbio Joven y Débil a tal grado que ya no se dará cuenta su propio papel tan triste en la gran paradoja: siguiendo las órdenes y los deseos de la élite político-cultural del Occidente, los ejecutores de la idea occidental aquí con nosotros ¡serán los hasta ayer jurados comunistas! Si existiera un solo rostro para toda una generación, ¡eso sería la cachetada más grande que le podrían pegar! Todo un ejército de hijos de los generales de Broz de las mansiones arrebatadas de Dedinje (la colonia habitacional más exclusiva de Belgrado, N. del T.) se volverán los perpetuadores de la democracia occidental de la misma manera en la que sus antepasados alguna vez imponían la autogestión socialista. Repartidos, siguiendo órdenes, en un espectro amplio de organizaciones no gubernamentales, estos comisarios juveniles del Partido Comunista de Yugoslavia de antaño, tendrán nuevas tareas, las cuales encarararán con la misma determinación, es decir con odio y la exclusividad. Como nuevos comisarios del Occidente, tan sólo continuarán allí donde pararon en su juventud. Antes perseguían, ellos o sus mayores, a los que pensaban diferente a causa de la pertinencia moral-política. Hoy en día, hacen lo mismo en nombre de lo políticamente correcto. Estos sesentayocheros falsos (en ese entonces, cuando había mucho entusiasmo, ellos se encontraban al margen lejano que garantizaba su seguridad, o eran protegidos como hijos de los funcionarios rojos) se volverán los falsos europeos, cuyos errores y cuyas vergüenzas tendrá que sufrir toda la generación del Hombre Serbio Joven y Débil. Pero, la generación se quedará muda, no preparada para levantar la voz de una manera significativa y ofrecerle resistencia a este tipo de terror reinventado y suave. En lugar de ello, cantará acerca de viajes sin visas, buenos shoppings y las fiestas, de nuevos videoclips y de conciertos. Una generación profundamente derrotada y desganada, engordada a base de lodo y de tentaciones hacia los pecados pequeño burgueses, cuando piensa sobre el Occidente, piensa en el reino de las marcas famosas (brands), los últimos gritos de la moda (trends) y los nuevos friends. De esta manera, la no-libertad cambiará, tan sólo dos o tres decenios después, de forma, y sus comisarios se convertirán a la nueva ideología, todo lo demás permanecerá igual.

    Los arrestos sufridos por los buscados por el Tribunal de La Haya en todos estos años, al igual que toda la serie de sentencias dictadas por ese tribunal, no lograrán debilitar la fe ya fundamentalista del Hombre Serbio Joven y Débil en el reino del Occidente. El fanatismo que externará en este proceso no se medirá por la dureza férrea de su convencimiento o la disposición al autosacrificio en nombre de la defensa de este convencimiento. Este fanatismo será un producto postmoderno, una especie de campamento de vida que se medirá con el espacio. Que se usará para escapar de los fundamentos y el significado. El espacio cubierto por la banalidad y la superficialidad, la autoexclusión enmarcada de la continuación de su propia historia y el autoexilio demarcado de la aventura de la conquista de la libertad. Mientras que las generaciones de los padres del Hombre Serbio Joven y Débil gastaban la vida como si fueran avestruces, manteniendo la cabeza enterrada en la arena, para puentear el vacío histórico, sus hijos desearán desintegrarse del espacio y el tiempo, en medio del fuego cruzado de la historia, en la mítica tierra prometida. Ellos no guerrearon, ellos no apoyaron el régimen de Milošević, a nadie le desearon o hicieron el mal, ¿por qué entonces no tienen derecho a una vida mejor? ¿Quién les robó sus mejores años y les canceló nuevos viajes, vacaciones exóticas y fiestas locas? Los acontecimientos que seguirán la caída del régimen de Milošević no realizarán los sueños de la generación del Hombre Serbio Joven y Débil, el Occidente tan sólo fortalecerá las presiones impuestas sobre Serbia y la libertad no sabrá cantar como los subyugados cantaban sobre ella. En lugar de la bienvenida que significativamente integraría a Serbia en el espacio europeo, el Occidente continuará el vacío histórico con su política antropológica, personificada en el deseo de poder y Serbia se quedará en la periferia lejana de la expansión de fundamentos de la civilización occidental. En lugar de la buena voluntad y las buenas intenciones, hacia Serbia se ejercerá una política de simulacros. Por un lado, se oirá la fortísima bienvenida retórica, mientras que por el otro, existirán impedimentos, presiones y las malas intenciones.
    _____________________________________________
    «« Hacia Parte I
    «« Hacia Parte II

    Hacia Parte IV»»

    Etiquetas: , , , ,

    25.11.08

    La leyenda del hombre serbio joven y débil (hsjd) de Igor Ivanović, parte II

    Estimados lectores circunstanciales de Eslavos del sur, el día de hoy les traigo la segunda de las cuatro partes en las que iré traduciendo el artículo "Legenda o mladom, slabom srpskom čoveku" (La leyenda del hombre serbio joven y débil), autoría de Igor Ivanović, publicado en el portal Nova srpska politička misao en su sección de política cultural. La pertinencia del texto la juzgará cada quien, el cual me parece singularmente importante para entender la actual cotidianidad serbia. Baste decir que el autor de Eslavos del sur no comparte la totalidad de las opiniones expresadas en el presente artículo.

    ***
    La leyenda del hombre serbio joven y débil
    (Parte II)

    Igor Ivanović,
    17 de Noviembre de 2008
    traducido del serbio por Daniel Durini

    Precisamente fue ese imperativo histórico el que se volvió una carga demasiado pesada para el hombre débil de mi generación, perdido en el cruce de los caminos europeos y yugoslavos. A nosotros siempre se nos enseñó que estábamos rodeados por pueblos hermanos que vivían armoniosamente en un país grande, rico y fuerte: Yugoslavia. Y que para siempre viviríamos en paz, ya que con la llegada del socialismo a la cumbre de la historia mundial, todos sus malos entendidos habían sido superados, ya que "el mal yace en la sociedad, no en el ser humano". Fuimos educados para creer en ese gigante noble y educado, el hombre inteligente y racional que adiestra a la naturaleza para ennoblecer al planeta y la vida en él. Lo que no nos enseñaron, aunque sí trazaron el camino real hacia semejante orientación de vida, fue el convencimiento de que era el Occidente, avanzado y rico, "el reino de las buenas intenciones", con las que siempre podríamos contar cuando nos hiciera falta. El camino desde el suave orden comunista, entretejido con el encanto del diseño occidental de la existencia, para llegar al amor abierto hacia el Occidente es rápido, infalible y corto. Nos enamoramos de ese hombre occidental urbano, moderno y tecnológicamente avanzado, ese "altruista" que luchaba por el bien de todos. En la confusión entretejimos todo lo que se nos antojó, quedándonos ciegos para ver la totalidad de la imagen, la cual es mucho más complicada y de ninguna manera con un significado único. De esta manera pasaron los años en los que crecíamos, dentro de la cápsula de la suave educación de izquierda, en la que se había detenido el tiempo. Allí creció ese hombre joven y débil de mi generación, ese ser A-histórico y Desganado, acompañado de ideales acerca de no trabajar y la "partisaneidad" (o leyendas de los partisanos). Ese es el lugar de nacimiento del Hombre Serbio Joven y Débil, el adorador de la no-historia, egoísta y consentido, ese niño del titísmo y del hedonismo, al cual expulsaron las fuerzas históricas destructivas, en los "oscuros noventa", a su propio escenario histórico. No preparado, desganado y consentido. Y sobre todo, asustado.

    Todo un mundo desapareció de la noche a la mañana. Se desvaneció un tiempo despreocupado y sencillo hecho de viajes, fiestas y rock'n'roll, mientras que la generación del Hombre Serbio Joven y Débil tenía que lidiar, frente al complicado espejo de los nuevos tiempos, con situaciones extremas, existenciales: guerras, escasez, desesperanza. Como si se hubiera reventado la cápsula de protección para dejar pasar el aliento viejo y olvidado de la historia sangrienta de los Balcanes. La generación del Hombre Serbio Joven y Débil no sabía qué hacer, enloquecida y atónita. No estaba preparada para la lucha y las nuevas reglas. Muchos huyeron a las esquinas más alejadas de la civilización occidental en este planeta, cargando en el bolsillo sus diplomas universitarios y dinero de los departamentos regalados por sus padres que acababan de vender. Se iban enojados con su país natal, que los "privó del derecho de llevar una vida normal", una vida como la que les prometieron nada más terminasen la universidad. Unilateralmente culpaban a Serbia por haber elegido por mayoría como presidente al hombre "que inició todas las guerras" y quién era el único culpable de que "nada era como solía serlo antes". Decían que huyen del primitivismo y de una tierra sin cultura, transformada a causa de la guerra y las sanciones. Entonces se iban a sus nuevas patrias lejanas, precisamente hacia aquellos países que apoyaron y ejercieron el aislamiento de Serbia. Y precisamente estas nuevas patrias harían entonces una excepción en las sanciones impuestas a Serbia y aceptarían de todo corazón tanto los diplomas de las universidades serbias como el dinero de los departamentos serbios vendidos. Por su lado, sus nuevos habitantes pagarían de esta manera su entrada al mundo rico occidental: de una manera práctica, con la educación superior gratuita que les fue regalada por su país de nacimiento, pobre y primitivo, y por el otro lado, con el dinero de los departamentos heredados de los padres, el único valor material significativo que pudieron juntar durante sus años de trabajo, que vendieron. Los años pasaban en sus nuevos hogares y ellos vivían crucificados entre el amor y el odio, atrapados entre los recuerdos y la esperanza, acalambrados entre las quejas y los intereses. Aún no se ha registrado el caso de que alguno de ellos haya regresado a pagar su deuda con Serbia: la diferencia entre lo que le costó a él o a ella la educación universitaria y el precio de esa educación en su nueva patria. Tampoco ha sido registrado el caso de que alguno de ellos le regresase a sus padres el dinero del departamento vendido.
    Con ese mismo sentimiento mezclado en el cóctel de amor y odio, el orgullo y la rabia, vivirán muchos de la generación del Hombre Serbio Joven y Débil que se quedaron en su patria. Durante los "oscuros noventa" tendrán cada vez menos oportunidades para el ejercicio del hedonismo y cada vez mayores razones para la modestia. Y fue precisamente esta desproporción el menor precio que tuvo que pagar la generación del Hombre Serbio Joven y Débil, cuando se encontró, en sus mejores años, en el fuego cruzado del nuevo orden balcánico. Ese fue el precio que desde siempre han pagado generaciones en todo el mundo, preguntando rebeldemente el principio de su misión "¿por qué precisamente nosotros?" o "¿quién nos robó la juventud?", pero caminando hacia adelante, enfrentando su destino, en la dirección de la flecha del tiempo, como eslabón en la larga cadena generacional de la aparición y la existencia. Al final de esa parábola trascendente, con la experiencia de carne y hueso, se preguntarán, desganados, de una manera retórica, "¿quién sabe cuyas cuentas estuvimos pagando?". Estarán conscientes de que éstas jamás concuerdan una vez que se traza la raya en el ajuste de cuentas intergeneracional. Sin embargo, la generación del Hombre Serbio Joven y Débil no tuvo la valentía para, como la Generación Perdida de la Primera Guerra Mundial, entrar en su propia historia y reponer su juventud interrumpida por la guerra y la escasez con otra belleza, tal vez más valiosa y artística. En lugar de eso, de la boca de toda esta generación escurría, como hilo de sangre, tan sólo la desolación. La desolación que dio a luz al odio hacia todo aquello que se pareciese a lo serbio o se llamase de esa manera, la desolación que aprendió a odiar todo lo local y nacional. La desolación de esa generación que no podía comprender que ya había llegado a su fin el cuento de hadas acerca de de los "ochenta de oro", que la llevó a culpar, unilateralmente, por la desaparición de este tiempo ahistórico e hipnótico, a su pueblo e historia. "Nada de esto hubiera pasado de no haber sido por el nacionalismo serbio" era el leitmotiv de todos los análisis. ¿Qué otra cosa se podía esperar de una generación no solidaria a la que se le enseñó que cada uno de sus miembro es individualmente el centro del mundo, que sus derechos individuales se encuentran por encima de las costumbres de la comunidad y que el hedonismo es la religión del hombre de avanzada?

    Y así, el Hombre Serbio Joven y Débil atravesaba los años noventa, desolado por la pérdida del confort y deseoso de una "vida normal", como el desierto del agua. De esta manera, se volvía el Occidente, en un nivel colectivo subconsciente de la generación, la tierra mítica prometida... un oasis de personas relajadas, ricas y sonrientes. Y si Serbia no fuera como lo es y si a su frente no se encontrara Slobodan Milošević, decían muchos de la generación, ¡se viviría igual también aquí con nosotros! El Hombre Serbio Joven y Débil en su enajenación y su superficialidad jamás dio ese paso tan evidente y lógico hacia adelante para darse cuenta de esa conexión tan natural y de alianza entre el odiado Milošević y el Occidente adorado. Educado de una manera no antropológica, se rehusaba a ver lo evidente: la moral de las potencias occidentales en su política exterior se encontraba en una directa oposición con las reglas válidas en sus órdenes políticos internos; una política exterior basada exclusivamente en el más puro interés. El altruismo y los principios éticos no son características de la política exterior del Occidente, no porque eso sea una característica específica del Occidente, sino porque ello es una característica ontológica de todos los imperios. El matrimonio de lógico interés entre todas las grandes potencias del Occidente y el pequeño dictador balcánico es únicamente una de las repeticiones de los libros de historia. Sin embargo, el Hombre Serbio Joven y Débil no conocía esta historia; él creció sobre circunstancias no-históricas y aprendió lecciones erróneas de la historia. Por ello, su adoración al Occidente como el "reino de la buena voluntad" crecía velozmente, en directa proporción al crecimiento de su odio hacia el régimen de Milošević. El odio que prontamente se transformaría en un único sentido colectivo y en un mecanismo psicológico compensatorio, aparecido con el propósito de alimentar su realidad personal aunque fuera con un significado falso. Así, el Hombre Serbio Joven y Débil cayó en la trampa de sus propias debilidades, creando del régimen de Milošević un anti-Absoluto y el único punto de referencia en el sistema coordinado de su vida. De esta manera, obtuvo -expresado en términos filosóficos-, esa tan necesitada Otra cosa, pero aniquiló lo Primero, es decir, a sí mismo. Con ello, mostró de manera inconsciente que él nunca fue, fundamentalmente, un oponente real de este régimen monstruoso y parásito, sino su ilusión opuesta, maquillada, existente en un punto deformado del espacio y el tiempo. Una vez más se formulaba la pregunta "¿es el dictador realmente tan fuerte o se desprende su poder de las necesidades interiores de sus oponentes?", es decir, ¿cómo encontrar la salida que lleve a la afirmación desde el laberinto de la negación? Y el rencoroso Hombre Serbio Joven y Débil se encontraba de vuelta en un callejón sin salida, volviendo toda su actividad en una negación al responder a una exclusión con otra exclusión nueva. Como vencedor derrotado, le dió la bienvenida a su victoria. A la mañana siguiente al 5 de octubre (del 2000), tomaba el sol caliente de la libertad, acompañado del temor provocado por la intuición borrosa de que con la desaparición del régimen de Milošević se había creado en su vida un vacío permanente. ¿Sabrá la libertad cantar como los sublevados cantaban acerca de ella?
    Entonces, serán precisamente esa libertad y su sol engañoso del 5 de Octubre los que calentarán apaciguadamente al Hombre Serbio Joven y Débil (ya entrado en sus años de adulto) por un período corto y dotarán su biografía de un significado revolucionario sospechoso. Ya que en su juventud dejó pasar las oportunidades reales para la rebeldía y no tuvo la capacidad de plantearse las preguntas fundamentales acerca de la moral, para de alguna manera rellenar el hoyo en el terreno psicológico, este ejemplar típico generacional intentará compensar su pérdida irreparable de rebeldía de su juventud con la oportunidad revolucionaria que se creó frente a él. Por ello, él sobre dimensionará sesgadamente su papel en el decenio anterior, adjudicándose de una manera egoísta ese "paso trascendental gigantesco hacia la libertad". Reproduciendo de manera inconsciente los chips mentales que le fueron implantados durante la educación, con la retórica patética de "marchas, trastes y silbatos" que se parece tanto a las consignas de su infancia acerca del "pueblo de manos vacías en contra del enemigo armado hasta los dientes", llegará a creer, al igual que la gente los creyó en 1945, que él representa al individuo mesiánico que conquistó de manera permanente la Libertad y el Bienestar. El tiempo mostraría muy pronto, como siempre había sucedido, lo demasido pronto y lo vacío de las grandes expectativas, mostrando que las manecillas de la historia se mueven siguiendo un ritmo evolutivo. El Hombre Serbio Joven y Débil en sus años maduros, debido a sus propias lagunas educativas, no podía comprender su misión trascendental en la cadena nacional de la libertad. En lugar de comprender que él representa tan sólo un eslabón en una serie larga inasible y que la libertad crece al interior de una sociedad como una planta de generación en generación, el Hombre Serbio Joven y Débil abrazó la trascendencia y llegó a creer en su propia magnitud. Se había vuelto el hombre moderno, revolucionario, el que conquistó, con la ayuda de la técnica contemporánea, su propia libertad al anunciarla por decreto, a razón de lo cual ¡ya no le debe nada a nadie! Y por ello exige de manera inmediata el establecimiento de todo el bienestar - ¡los frutos de la revolución servidos en la charola de los privilegios!

    _____________________________________________
    «« Hacia Parte I

    Hacia Parte III»»

    Etiquetas: , , , ,

    20.11.08

    La leyenda del hombre serbio joven y débil (hsjd) de Igor Ivanović

    Estimados lectores circunstanciales de Eslavos del sur, el día de hoy les traigo la primera de las cuatro partes en las que iré traduciendo el artículo "Legenda o mladom, slabom srpskom čoveku" (La leyenda del hombre serbio joven y débil), autoría de Igor Ivanović, publicado en el portal Nova srpska politička misao en su sección de política cultural.

    La pertinencia del texto la juzgará cada quién, el cual me parece singularmente importante para entender la actual cotidianidad serbia. Baste decir que el autor de Eslavos del sur no comparte la totalidad de las opiniones expresadas en el presente artículo.

    Que lo disfruten...

    ***
    La leyenda del hombre serbio joven y débil
    (Parte I)

    Igor Ivanović,
    17 de Noviembre de 2008
    traducido del serbio por Daniel Durini

    Todavía recuerdo de mis lecturas de la preparatoria la oración de la obra clásica "Derviš y la muerte" (del escritor Meša Selimović, N. del T.): "... tengo cuarenta años, época fea: el hombre es joven aún como para no tener deseos, y sin embargo es viejo para estarlos haciendo realidad". Durante esos años ochenta me parecía, al igual que a todos los adolescentes, que el tiempo está detenido, de manera que el quinto decenio de nuestras vidas se encuentra separado de nosotros por toda la eternidad. Años después comprendimos algo: con todo y que en aquel entonces pedíamos prestado para comprar algo para el recreo y soñábamos con comprarnos un Fiatito (Fiat 500, N. del T.) usado, éramos los más ricos: ¡sentíamos que toda la vida estaba frente a nosotros! Hoy en día mi generación alcanzó el medio día de su vida y observa de una manera cansada y con miedo el futuro nebuloso, esperando que las estrellitas amarillas europeas lo alumbren del cielo nocturno de su destino. Cuando digo "mi generación", no me refiero, desde luego, de manera precisa a la gente nacida en un año en específico hacia la mitad de los años sesenta, sino a un horizonte generacional más amplio: empezando por aquellos nacidos en el "cincuenta y tantos", quiénes daban su palabra de honor, sentados al lado del fuego en un campamento de verano con todo y su potencial cardio-vascular de serle fieles al régimen y quienes le comunicaban a sus gobernantes que "cuenten con ellos" (referencia a la canción emblemática de Djordje Balašević, "Računajte na nas", N. del T.) y llegando hasta aquellos nacidos en los años inmediatamente anteriores a la muerte del "hijo más grande de nuestros pueblos y minorías nacionales". Su partida, los niños la recordaron como el llanto general: lloraba el cielo, lloraban las montañas y los bosques, lloraban los pájaros, las flores, todo el país, pero con más dolor y con la mayor tristeza lloraba su Serbia. De manera que cuando digo mi generación, pienso más ampliamente, en ese Nuevo Hombre euro-serbio de mi lugar de nacimiento y de mi edad, ese ser base de integraciones europeas; todos los análisis e investigaciones muestran que fue precisamente ese hombre el que defendía a Europa de la manera más enérgica y acabó por crear de ella un Absoluto. Pero, ¿cómo es que de un adolescente infectado de "titísmo" y lleno de deseos de vivir, resulta un adulto euro-fundamentalista que se encuentra en sus años treinta o cuarenta, una vez que se da cuenta de que es ya "bastante viejo" para poder estar haciendo sus deseos realidad?

    Mi generación fue educada en el espíritu ateo, yugoslavo y marxista. El rechazo hacia Dios y hacia el cristianismo, el terminar con la tradición monárquica y la del altiplano, al igual que el odio hacia la propiedad privada y toda iniciativa significaba los cimientos ideológicos de la nueva religión que nos fue inculcada. De nosotros se exigió brindarle culto al progreso y al futuro, creer en el nuevo Mesías, ese Hombre proletario internacional, que incontenible avanza hacia el comunismo - la tierra prometida en la que "cada uno trabaja cuanto puede y toma lo que necesita".

    En la escuela nos bombardeaban con la historia de la Segunda Guerra Mundial y los partisanos -refiriéndose a aquello como a la herencia trascendental-, la revolución y las actividades misioneras de la vanguardia de la clase trabajadora con cuya aparición se empieza a medir nuestro tiempo. Esta educación ideológica y unilateral, siempre era apoyada por el intento de convencernos que vivíamos en un país rico y feliz cuyas fronteras se extendían hasta donde alcanzaba la hermandad y la unidad y en el que el hombre libre tenía todo en sus manos. De nosotros se exigía únicamente el terminar la escuela y no pensar en nada más - la sociedad está allí para encargarse de todo. Nosotros somos la juventud de las celebraciones masivas de los cumpleaños de Tito en los estadios olímpicos, a la que se le enseñaba que en todo tiene razón a priori tan sólo por ser joven y porque en sus manos quedarán el mundo y el país. Cuando algún día busquemos trabajo, es necesario encontrar una compañía en la que "no se trabaje, pero en la que los sueldos sean altos". Entonces solamente aquellos elegidos, los que muestren los mejores resultados y los que por esta razón se vuelvan miembros del Partido (comunista), podrán administrar (lo que no nos dijeron, pero lo que sabíamos claramente, era que el director de nuestra empresa ¡sería montenegrino!). De la mayoría restante se exigía tan sólo una fe inquebrantable en las herencias de la lucha de liberación nacional y la autogestión socialista. ¿Por qué querría alguien saltar del tren que corre hacia la Utopía educada?

    Mi generación no aceptó en su totalidad este tipo de educación ideológica a diferencia de la generación de nuestros padres, como tampoco mostró cerrazón hacia la educación alternativa. Sentíamos de alguna manera que el mantra que nos presentaban constantemente, repitiendo frases patéticas, no era sincero. Huíamos de su peso falso, forzado. Y así, como normalmente sucede, las respuestas las buscábamos en el otro lado, más encantador y vivo del mundo. De esta manera, viviendo como si estuviéramos levitando encima de nuestra propia tierra, en el descanso momentáneo del conflicto entre el Oriente y el Occidente, nos volvimos adoradores y consumidores de la cultura occidental popular y adictiva. Coleccionábamos las latas vacías de "Coca-Cola" y cajetillas duras de "Marlboro", pegábamos en las paredes pósters de los Rolling Stones y de los Sex Pistols, nos agolpábamos en los trenes viajando hasta Trieste por conseguir allí pantalones de mezclilla "Levi's" o tenis "Converse All-Star", en los salones leíamos en secreto las tiras cómicas de "Zagor" y de "Alan Ford", nos empujábamos en las filas para comprar boletos para ver la película "Vaselina" y le íbamos a aquel equipo famoso de Liverpool: Kiegen-Toshak- McDermot. Cuando hoy en día reflexiono sobre eso, pienso que es completamente humano que mi generación, rechazando el mito patético de los partisanos, de acuerdo con nuestra edad en aquel entonces y en el espíritu de los tiempos, aceptó un mito nuevo, moderno: el mito acerca del Occidente como el reino de la libertad y del megamercado gigantesco y luminoso. Sin entender que levitamos a través del suave vacío histórico, y que semejante división geopolítica podía suceder solamente una Vez y tan sólo en ese Entonces, y adaptándonos, a causa de una vida mejor, a la hipocresía generalizada incrustada en el culto poltrónico al yugoslavo falso, al falso hombre de izquierda y al falso cerrajero, de manera definitiva dejamos pasar la oportunidad de acercarnos a los cimientos y de manera profunda a los valores originales del Occidente. Sin valor y sin ganas de encontrarse con ese pensamiento hegemónico heredado de Goethe y Hegel, alrededor del cual se concentró el mundo moderno occidental pensante, mi generación nadaba por la superficie de la vida del mundo occidental. Competíamos en el número de veces en las que cada uno viajaba al mar durante las vacaciones de verano y quién viajaría más al Occidente para ir de shopping. Durante mucho tiempo tuvimos la cabeza metida en la arena, como avestruces, mientras cultivábamos la ilusión de bienestar durante aquellos "años ochenta de oro" no-históricos, en los que perdimos para siempre nuestra propia historia en el remolino del gran tiempo mundial. Sin Dios y subyugados por el materialismo de la manera más banal, no teníamos fuerzas para enfrentar ni al Jesús histórico, ni mucho menos al Cristo de la religión.

    Pero nosotros, al igual que todos los adolescentes del mundo, veíamos ejemplos de vida en nuestros padres. Ellos vivían de una manera simple y callaban. El sistema los arrancó, de la noche a la mañana, de la tierra oscura del campo y de la realidad de callos en las manos y los llevó a los rascacielos calurosos de la ciudad. Les dio un buen sueldo por muy poco trabajo y les ofreció seguridad. En cambio, les fue pedido tan sólo que olvidasen quiénes son, qué son y de dónde vienen. El precio real de esta auto traición a cambio de una ilusión de una vida mejor pagará mi generación en los " oscuros noventa". Cuando hoy en día le preguntamos a nuestros padres cómo pudieron aceptar semejantes mentiras y deshacerse de su religión y su tradición a cambio de viajar al extranjero sin necesidad de visas y despensas otorgadas por los sindicatos, al principio tan sólo guardan silencio y miran la tierra, para después, con la cabeza baja, decir entre dientes "qué sé yo, así se vivía... así eran, quizá, los tiempos". Y esos tiempos, o más precisamente su espíritu malvado y atractivo los expresó de la manera más pérfida la Constitución de 1974, la culpable de todas las guerras posteriores y de nuestras derrotas. En contra de la Constitución se levantaron tan sólo algunos intelectuales, con el Prof. Djurić a la cabeza, mientras que nuestros padres estaban demasiado ocupados buscando material barato para construirse casas del campo. Un decenio y medio más tarde el destino les jugó una muy mala jugada. Atravesando la catársis camino de regreso a sus raíces, dieron luz al régimen sátrapa de Slobodan Milošević. Tras toda una vida en el miedo sordomudo y al cobijo de la gran mentira y con el descubrimiento de su propia vergüenza de haber elegido de manera voluntaria corromperse por el sistema, al final de los ochenta les reventó la úlcera del alma. En ese momento desearon acalambradamente volverse a mudar al interior de su propia historia. Nosotros nos quedamos tan sólo en su portón de entrada.

    Pero, ¿qué otra cosa podíamos haber hecho? Tras toda una infancia vivida bajo la campana de cristal de la educación de izquierda para débiles, después de la juventud gastada en ideales falsos y alternativas superficiales, después del tiempo perdido irremediablemente en la armonía forzada y tras esperar en las plataformas secundarias de nuestra propia historia - ¿de dónde esperábamos sacar el valor para enfrentar los nuevos tiempos, desbocadamente desafiantes e impredeciblemente difíciles? Mientras crecíamos, nadie nos platicó que la vida era una lucha continua y ruda y que su fundamento no se encuentra en el objetivo último, sino en las luchas que se encuentran a lo largo del camino por alcanzarlo. Nadie nos enseñó que la riqueza no cae del cielo, sino que se crea con el sudor de la propia cara; de nosotros nadie pedía la disposición hacia el autosacrificio, sino que nos cultivaban el impulso hacia la vida fácil de ser mantenidos. Veíamos las milpas y las propiedades familiares abandonadas y les hacíamos caso a los consejos de huír de toda iniciativa privada como el diablo a la cruz, ya que tan sólo "un empleo estatal es un empleo seguro" y que "todo puede caer en ruinas menos el país". Un decenio más tarde, el destino nos hizo jugar el papel del que regresa a su propia historia precisamente sobre los restos destruidos y quemados de ese mismo ¡país "indestructible"!.

    Continuará...
    _____________________________________________
    Hacia Parte II»»

    Etiquetas: , , , ,