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25.11.08

La leyenda del hombre serbio joven y débil (hsjd) de Igor Ivanović, parte II

Estimados lectores circunstanciales de Eslavos del sur, el día de hoy les traigo la segunda de las cuatro partes en las que iré traduciendo el artículo "Legenda o mladom, slabom srpskom čoveku" (La leyenda del hombre serbio joven y débil), autoría de Igor Ivanović, publicado en el portal Nova srpska politička misao en su sección de política cultural. La pertinencia del texto la juzgará cada quien, el cual me parece singularmente importante para entender la actual cotidianidad serbia. Baste decir que el autor de Eslavos del sur no comparte la totalidad de las opiniones expresadas en el presente artículo.

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La leyenda del hombre serbio joven y débil
(Parte II)

Igor Ivanović,
17 de Noviembre de 2008
traducido del serbio por Daniel Durini

Precisamente fue ese imperativo histórico el que se volvió una carga demasiado pesada para el hombre débil de mi generación, perdido en el cruce de los caminos europeos y yugoslavos. A nosotros siempre se nos enseñó que estábamos rodeados por pueblos hermanos que vivían armoniosamente en un país grande, rico y fuerte: Yugoslavia. Y que para siempre viviríamos en paz, ya que con la llegada del socialismo a la cumbre de la historia mundial, todos sus malos entendidos habían sido superados, ya que "el mal yace en la sociedad, no en el ser humano". Fuimos educados para creer en ese gigante noble y educado, el hombre inteligente y racional que adiestra a la naturaleza para ennoblecer al planeta y la vida en él. Lo que no nos enseñaron, aunque sí trazaron el camino real hacia semejante orientación de vida, fue el convencimiento de que era el Occidente, avanzado y rico, "el reino de las buenas intenciones", con las que siempre podríamos contar cuando nos hiciera falta. El camino desde el suave orden comunista, entretejido con el encanto del diseño occidental de la existencia, para llegar al amor abierto hacia el Occidente es rápido, infalible y corto. Nos enamoramos de ese hombre occidental urbano, moderno y tecnológicamente avanzado, ese "altruista" que luchaba por el bien de todos. En la confusión entretejimos todo lo que se nos antojó, quedándonos ciegos para ver la totalidad de la imagen, la cual es mucho más complicada y de ninguna manera con un significado único. De esta manera pasaron los años en los que crecíamos, dentro de la cápsula de la suave educación de izquierda, en la que se había detenido el tiempo. Allí creció ese hombre joven y débil de mi generación, ese ser A-histórico y Desganado, acompañado de ideales acerca de no trabajar y la "partisaneidad" (o leyendas de los partisanos). Ese es el lugar de nacimiento del Hombre Serbio Joven y Débil, el adorador de la no-historia, egoísta y consentido, ese niño del titísmo y del hedonismo, al cual expulsaron las fuerzas históricas destructivas, en los "oscuros noventa", a su propio escenario histórico. No preparado, desganado y consentido. Y sobre todo, asustado.

Todo un mundo desapareció de la noche a la mañana. Se desvaneció un tiempo despreocupado y sencillo hecho de viajes, fiestas y rock'n'roll, mientras que la generación del Hombre Serbio Joven y Débil tenía que lidiar, frente al complicado espejo de los nuevos tiempos, con situaciones extremas, existenciales: guerras, escasez, desesperanza. Como si se hubiera reventado la cápsula de protección para dejar pasar el aliento viejo y olvidado de la historia sangrienta de los Balcanes. La generación del Hombre Serbio Joven y Débil no sabía qué hacer, enloquecida y atónita. No estaba preparada para la lucha y las nuevas reglas. Muchos huyeron a las esquinas más alejadas de la civilización occidental en este planeta, cargando en el bolsillo sus diplomas universitarios y dinero de los departamentos regalados por sus padres que acababan de vender. Se iban enojados con su país natal, que los "privó del derecho de llevar una vida normal", una vida como la que les prometieron nada más terminasen la universidad. Unilateralmente culpaban a Serbia por haber elegido por mayoría como presidente al hombre "que inició todas las guerras" y quién era el único culpable de que "nada era como solía serlo antes". Decían que huyen del primitivismo y de una tierra sin cultura, transformada a causa de la guerra y las sanciones. Entonces se iban a sus nuevas patrias lejanas, precisamente hacia aquellos países que apoyaron y ejercieron el aislamiento de Serbia. Y precisamente estas nuevas patrias harían entonces una excepción en las sanciones impuestas a Serbia y aceptarían de todo corazón tanto los diplomas de las universidades serbias como el dinero de los departamentos serbios vendidos. Por su lado, sus nuevos habitantes pagarían de esta manera su entrada al mundo rico occidental: de una manera práctica, con la educación superior gratuita que les fue regalada por su país de nacimiento, pobre y primitivo, y por el otro lado, con el dinero de los departamentos heredados de los padres, el único valor material significativo que pudieron juntar durante sus años de trabajo, que vendieron. Los años pasaban en sus nuevos hogares y ellos vivían crucificados entre el amor y el odio, atrapados entre los recuerdos y la esperanza, acalambrados entre las quejas y los intereses. Aún no se ha registrado el caso de que alguno de ellos haya regresado a pagar su deuda con Serbia: la diferencia entre lo que le costó a él o a ella la educación universitaria y el precio de esa educación en su nueva patria. Tampoco ha sido registrado el caso de que alguno de ellos le regresase a sus padres el dinero del departamento vendido.
Con ese mismo sentimiento mezclado en el cóctel de amor y odio, el orgullo y la rabia, vivirán muchos de la generación del Hombre Serbio Joven y Débil que se quedaron en su patria. Durante los "oscuros noventa" tendrán cada vez menos oportunidades para el ejercicio del hedonismo y cada vez mayores razones para la modestia. Y fue precisamente esta desproporción el menor precio que tuvo que pagar la generación del Hombre Serbio Joven y Débil, cuando se encontró, en sus mejores años, en el fuego cruzado del nuevo orden balcánico. Ese fue el precio que desde siempre han pagado generaciones en todo el mundo, preguntando rebeldemente el principio de su misión "¿por qué precisamente nosotros?" o "¿quién nos robó la juventud?", pero caminando hacia adelante, enfrentando su destino, en la dirección de la flecha del tiempo, como eslabón en la larga cadena generacional de la aparición y la existencia. Al final de esa parábola trascendente, con la experiencia de carne y hueso, se preguntarán, desganados, de una manera retórica, "¿quién sabe cuyas cuentas estuvimos pagando?". Estarán conscientes de que éstas jamás concuerdan una vez que se traza la raya en el ajuste de cuentas intergeneracional. Sin embargo, la generación del Hombre Serbio Joven y Débil no tuvo la valentía para, como la Generación Perdida de la Primera Guerra Mundial, entrar en su propia historia y reponer su juventud interrumpida por la guerra y la escasez con otra belleza, tal vez más valiosa y artística. En lugar de eso, de la boca de toda esta generación escurría, como hilo de sangre, tan sólo la desolación. La desolación que dio a luz al odio hacia todo aquello que se pareciese a lo serbio o se llamase de esa manera, la desolación que aprendió a odiar todo lo local y nacional. La desolación de esa generación que no podía comprender que ya había llegado a su fin el cuento de hadas acerca de de los "ochenta de oro", que la llevó a culpar, unilateralmente, por la desaparición de este tiempo ahistórico e hipnótico, a su pueblo e historia. "Nada de esto hubiera pasado de no haber sido por el nacionalismo serbio" era el leitmotiv de todos los análisis. ¿Qué otra cosa se podía esperar de una generación no solidaria a la que se le enseñó que cada uno de sus miembro es individualmente el centro del mundo, que sus derechos individuales se encuentran por encima de las costumbres de la comunidad y que el hedonismo es la religión del hombre de avanzada?

Y así, el Hombre Serbio Joven y Débil atravesaba los años noventa, desolado por la pérdida del confort y deseoso de una "vida normal", como el desierto del agua. De esta manera, se volvía el Occidente, en un nivel colectivo subconsciente de la generación, la tierra mítica prometida... un oasis de personas relajadas, ricas y sonrientes. Y si Serbia no fuera como lo es y si a su frente no se encontrara Slobodan Milošević, decían muchos de la generación, ¡se viviría igual también aquí con nosotros! El Hombre Serbio Joven y Débil en su enajenación y su superficialidad jamás dio ese paso tan evidente y lógico hacia adelante para darse cuenta de esa conexión tan natural y de alianza entre el odiado Milošević y el Occidente adorado. Educado de una manera no antropológica, se rehusaba a ver lo evidente: la moral de las potencias occidentales en su política exterior se encontraba en una directa oposición con las reglas válidas en sus órdenes políticos internos; una política exterior basada exclusivamente en el más puro interés. El altruismo y los principios éticos no son características de la política exterior del Occidente, no porque eso sea una característica específica del Occidente, sino porque ello es una característica ontológica de todos los imperios. El matrimonio de lógico interés entre todas las grandes potencias del Occidente y el pequeño dictador balcánico es únicamente una de las repeticiones de los libros de historia. Sin embargo, el Hombre Serbio Joven y Débil no conocía esta historia; él creció sobre circunstancias no-históricas y aprendió lecciones erróneas de la historia. Por ello, su adoración al Occidente como el "reino de la buena voluntad" crecía velozmente, en directa proporción al crecimiento de su odio hacia el régimen de Milošević. El odio que prontamente se transformaría en un único sentido colectivo y en un mecanismo psicológico compensatorio, aparecido con el propósito de alimentar su realidad personal aunque fuera con un significado falso. Así, el Hombre Serbio Joven y Débil cayó en la trampa de sus propias debilidades, creando del régimen de Milošević un anti-Absoluto y el único punto de referencia en el sistema coordinado de su vida. De esta manera, obtuvo -expresado en términos filosóficos-, esa tan necesitada Otra cosa, pero aniquiló lo Primero, es decir, a sí mismo. Con ello, mostró de manera inconsciente que él nunca fue, fundamentalmente, un oponente real de este régimen monstruoso y parásito, sino su ilusión opuesta, maquillada, existente en un punto deformado del espacio y el tiempo. Una vez más se formulaba la pregunta "¿es el dictador realmente tan fuerte o se desprende su poder de las necesidades interiores de sus oponentes?", es decir, ¿cómo encontrar la salida que lleve a la afirmación desde el laberinto de la negación? Y el rencoroso Hombre Serbio Joven y Débil se encontraba de vuelta en un callejón sin salida, volviendo toda su actividad en una negación al responder a una exclusión con otra exclusión nueva. Como vencedor derrotado, le dió la bienvenida a su victoria. A la mañana siguiente al 5 de octubre (del 2000), tomaba el sol caliente de la libertad, acompañado del temor provocado por la intuición borrosa de que con la desaparición del régimen de Milošević se había creado en su vida un vacío permanente. ¿Sabrá la libertad cantar como los sublevados cantaban acerca de ella?
Entonces, serán precisamente esa libertad y su sol engañoso del 5 de Octubre los que calentarán apaciguadamente al Hombre Serbio Joven y Débil (ya entrado en sus años de adulto) por un período corto y dotarán su biografía de un significado revolucionario sospechoso. Ya que en su juventud dejó pasar las oportunidades reales para la rebeldía y no tuvo la capacidad de plantearse las preguntas fundamentales acerca de la moral, para de alguna manera rellenar el hoyo en el terreno psicológico, este ejemplar típico generacional intentará compensar su pérdida irreparable de rebeldía de su juventud con la oportunidad revolucionaria que se creó frente a él. Por ello, él sobre dimensionará sesgadamente su papel en el decenio anterior, adjudicándose de una manera egoísta ese "paso trascendental gigantesco hacia la libertad". Reproduciendo de manera inconsciente los chips mentales que le fueron implantados durante la educación, con la retórica patética de "marchas, trastes y silbatos" que se parece tanto a las consignas de su infancia acerca del "pueblo de manos vacías en contra del enemigo armado hasta los dientes", llegará a creer, al igual que la gente los creyó en 1945, que él representa al individuo mesiánico que conquistó de manera permanente la Libertad y el Bienestar. El tiempo mostraría muy pronto, como siempre había sucedido, lo demasido pronto y lo vacío de las grandes expectativas, mostrando que las manecillas de la historia se mueven siguiendo un ritmo evolutivo. El Hombre Serbio Joven y Débil en sus años maduros, debido a sus propias lagunas educativas, no podía comprender su misión trascendental en la cadena nacional de la libertad. En lugar de comprender que él representa tan sólo un eslabón en una serie larga inasible y que la libertad crece al interior de una sociedad como una planta de generación en generación, el Hombre Serbio Joven y Débil abrazó la trascendencia y llegó a creer en su propia magnitud. Se había vuelto el hombre moderno, revolucionario, el que conquistó, con la ayuda de la técnica contemporánea, su propia libertad al anunciarla por decreto, a razón de lo cual ¡ya no le debe nada a nadie! Y por ello exige de manera inmediata el establecimiento de todo el bienestar - ¡los frutos de la revolución servidos en la charola de los privilegios!

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2 Comments:

Blogger Fabricio Tedel said...

no es respecto el tema del post sino al tema del blog, quizás te interese:

http://es.wikipedia.org/wiki/Categoría:República_Federal_Socialista_de_Yugoslavia


Hice un comentario similar por acá:

http://nuevayugoslavia.blogspot.com/2008/11/29-noviembreda-de-la-yugonostalgia.html

viernes, diciembre 05, 2008 7:25:00 p. m.  
Blogger Daniel Durini said...

Fabricio,

muy bienvenido por acá. Mil gracias por los links y también, por ponernos en contacto a diferentes blogeros que compartimos este tipo de intereses. El otro blog ya lo incluí en los links del lado derecho. Los escritos de la wikipedia los iré leyendo con calma.

martes, diciembre 09, 2008 5:38:00 p. m.  

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