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14.12.08

La leyenda del hombre serbio joven y débil (hsjd) de Igor Ivanović, parte IV

Estimados lectores circunstanciales de Eslavos del sur, el día de hoy les traigo la cuarta y última parte del artículo "Legenda o mladom, slabom srpskom čoveku" (La leyenda del hombre serbio joven y débil), autoría de Igor Ivanović, publicado en el portal Nova srpska politička misao (Nuevo pensamiento político serbio) en su sección de política cultural. La pertinencia del texto la juzgará cada quien, el cual me parece singularmente importante para entender la actual cotidianidad serbia. Baste decir que el autor de Eslavos del sur no comparte la totalidad de las opiniones expresadas en el presente artículo.

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La leyenda del hombre serbio joven y débil
(Parte IV)


Igor Ivanović,
17 de Noviembre de 2008
traducido del serbio por Daniel Durini


Esta ecuación amarga de la decepción y la posterior vuelta a la sobriedad la experimentó personalmente como primero el difunto Primer Ministro Zoran Djindjić. Este niño travieso de la escena política serbia atravesó de manera acelerada, de acuerdo con su inteligencia dominante e inquieta, esa parábola determinante que va del embrujo con los valores occidentales hacia la completa amargura causada por la política de ese Occidente hacia nosotros. Él desapareció justamente en el precipicio de ese cambio repentino de rumbo político del Occidente hacia el Oriente en circunstancias, cuya explicación oficial y la versión interpretada de parte de todos los medios de comunicación insultan la inteligencia del hombre promedio. Por este crimen fue acusado un clan indudablemente criminal, como el factor único organizado involucrado en el atentado en contra del Primer Ministro Djindjić, a pesar de que le quedara claro con el tiempo hasta a los niños pequeños que esta organización tremenda no era capaz de planear semejante acción sin un apoyo serio de seguridad proveniente desde adentro del Estado o de una organización interestatal. Al igual que en el caso de Lee Harvey Oswald, quién evidentemente sujetaba el rifle y pretendía asesinar a Kennedy, la verdad empezó a fluir hacia la opinión pública y la versión oficial de este evento empezó a insultar la inteligencia del estadounidense promedio. En ambos casos existió al menos una bala famosa demás, la cual destruía las versiones oficiales.

Sin embargo, la generación del Hombre Serbio Joven y Débil pedía a gritos un mito nuevo y contemporáneo. A ella jamás le interesó el fundamento del destino trágico de Zoran Djindjić, como paradigma de un pueblo que se encontró en el cruce sangriento de fuego del poder mundial. Esta generación veía con fiebre en el cuerpo ametrallado del Primer Ministro tan sólo el puente de pontón hacia la tierra mítica prometida. La generación educada para no amar la verdad y no plantear preguntas, una generación poseedora de un sentimiento fuerte hacia la buena vida de los años ochenta, no tenía aliento histórico suficiente para continuar la conquista de la libertad. Escogió, en nombre del mito acerca de una vida mejor, su propia ocupación. No se trataba aquí de la encarcelación del cuerpo, como tampoco de una delimitación violenta del espacio o la prohibición del tránsito libre, sino que se trataba aquí de una ocupación voluntaria del propio espíritu.

Fue entonces que, bajo la dirección y ejecución del Occidente, llegó igualmente ese día de la gran humillación serbia: la unilateral proclamación de la independencia de Kosovo. Y como venía sucediendo ya todo un decenio o dos anteriores de ello, la aplicación de estándares dobles resultó una vez más evidente: lo que es válido aplicar en contra de Serbia en su propio territorio legal, ¡no lo pueden hacer en el caso contrario los serbios en otro territorio internacionalmente reconocido!

Pero en este caso apareció algo novedoso, un cinismo jamás registrado con anterioridad, ni siquiera en la maquinaria propagandística de Milošević: la explicación de ¡que todo aquello se hacía en nombre del desarrollo de Serbia! Es por su bien el que les estamos arrebatando Kosovo, no se inhibían en decir los embajadores en el servicio de las grandes potencias en Serbia, al igual que los políticos respetados en el gran mundo. Desde su esquina, las cosas se veían muy simples: debido a que la política que dominaba en Serbia, y que gozaba de una apoyo apasionado de la generación del Hombre Serbio Joven y Débil, se basaba en la premisa que rezaba que la entrada en la Unión Europea es la primera de todas las prioridades y ya que no existía ningún otro objetivo parecido, ¿por qué no pagar por él un precio elevado? Si es el caso de que no existe ninguna alternativa, ¿quién les está preguntando cuanto va a costar todo eso? Algunos miembros de la Generación del Hombre Serbio Joven y Débil se sintieron un tanto inseguros, a muchos les brotó, de manera inconsciente, desde las profundidades genéticas, la memoria de la cena y la maldición del príncipe (Lazar, del poema vernáculo del ciclo de Kosovo de mismo nombre (ya explicado en este blog aquí), N. del T.), aunque con todo y eso la gran mayoría triste volvió a demostrar su debilidad y su cobardía. Saben, se trata aquí de realidades, decían: es verdad que el Occidente no se portó de una manera muy justa hacia nosotros, pero hay que seguir hacia adelante, no hay de otra. Este mantra carente de contenido y desgastado, que se repetía durante meses en su diferentes mutaciones en la opinión pública local, era tan sólo una excusa torpe para una generación débil y cobarde, la cual vendió su fe a cambio de una cena. Cada vez que un miembro de esta generación se posicionara frente al espejo moral y se observara, vería en lugar de su corazón, su propio ano. ¿Se le ocurrió a alguien en ese entonces que, en medio de ese conformismo cuestionable generacional inmerso en la autodestrucción voluntaria, pudiera estar naciendo algún futuro dictador en Serbia, algún nuevo Milošević - al igual que en las circunstancias parecidas de capitulación y en un ambiente de puerilidad política parecido, en los tiempos de la Constitución de 1974, nació políticamente el verdadero Slobodan Milošević?

Todo lo que siguió es tan sólo la inevitabilidad de la historia, a la cual la generación del Hombre Serbio Joven y Débil jamás deseó comprender. Al igual que sus padres, a causa de la banalidad de su sistema de valores el cual con el tiempo creó un clima adecuado para la guerra en estos espacios, sacrificaron la juventud de sus propios hijos, así mismo esta generación, en nombre de los mismos objetivos momentáneos y nada profundos, pondrá, desafortunadamente, el futuro de sus hijos bajo un gran signo de interrogación. Nada los detendrá en ese aventarse al vacío orgánico, ni siquiera la advertencia evidente de que la civilización de los mercaderes de Venecia, a la cual éstos adoran tan apasionadamente, se está tambaleando en sus cimientos. Se quedarán sordos y mudos.

De esta manera la generación crecida con la bufanda roja y los pañuelo rojos, la cual maduraba basada en las historias de Prle y Tihi (de la serie Otpisani, ya aclarada antes en esta traducción, N. del T.), sus años de adulto los encontrará sobre posiciones morales completamente opuestas a las que les preprogramaron los comisarios en el sistema educativo de aquel entonces. En lugar de volverse personas que, a causa de su educación basada en el heroísmo partisano, formadas a imagen del personaje literario de Pavel Korchaguin, los miembros de esta generación reconocerán su profecía determinada en otro lugar en la lectura obligatoria de la escuela. En la obra cumbre de Los hermanos Karamazov, en el personaje del vividor Smerdiakov, Dostoievski lo habrá previsto todo. Smerdiakov no desea ser hombre de su tiempo y su espacio. Siente de alguna manera embarazoso el ser ruso y el vivir allí donde lo hace, en Rusia. El quisiera ser francés, porque considera que la de los franceses es una gran cultura, a diferencia de la rusa, primitiva y retrasada. Desprecia las costumbre populares y la tradición, no quiere al hombre popular ruso. En una palabra, odia todo lo que lo rodea y todo con lo que vivió. El sueña con Europa y su gente de avanzada. No cree en Dios ni en las leyes divinas. Sin embargo, él es, con todo y todo y de manera paradójica, un sirviente. Por un lado, es consciente de su posición de lacayo, por el otro, no hace nada para cambiar esa condición. No es tonto, tampoco carece de educación. El está convencido de que le fue encargada la misión de su conversión en el hombre moderno y urbano. Sufre de una especie de esquizofrenia, con lo cual el escritor muestra de manera simbólica su posición desgarrada en el tiempo y el espacio. Un gran ruso, el autor de esta novela, entrevió y despreció, a través del personaje del sirviente Smerdiakov, la época que vendría al igual que a la gente que se volverá el portavoz de esta época. El, personalmente, carece de todo dilema, no hay hombre sin Dios y no hay humanismo sin la fe. Es por ello que le da a Smerdiakov, listo e inteligente, el papel de asesino que mata por pura voracidad. Al final, no tiene ningún provecho de ese dinero y termina de manera triste y antes de tiempo. Pero él, incluso en su lecho de muerte, hace juicios de valor: le explica a su consejero espiritual Iván Karamazóv ¡que el asesinato está permitido! Ya que, como él mismo le estuvo diciendo, Dios ya no existe ya que la razón y la ciencia avanzan constantemente, de manera que las leyes anteriores ya tampoco son válidas. ¿Por qué habría que respetar los Diez Mandamientos de la Biblia si Dios había desaparecido para siempre de la vida del hombre?

Así toda mi generación, personas ya desde hace mucho adentradas en los años de adultez, espera la conclusión de su destino, huyendo de los desafíos de la creación de la libertad y aceptando la ocupación suave. Sea como fuere, que hagan con nosotros lo que quieran, tan sólo que nos dejen en paz y que nos liberen de cualquier tipo de grandes desafíos. El miedo hace mucho que se metió a los corazones de los miembros de esta generación. El miedo que desde siempre había sido el más grande enemigo de la libertad y el mayor aliado de la esclavitud. Atravesarán la vida con la cabeza baja, incrustados en el confort de la banalidad y el lodo moral, lejos de los sueños heroicos, sin voluntad y sin deseos. Así como empezamos, con Meša Selimović, así también terminaremos: "Ten miedo del macho cabrío, ten miedo de la mierda, ¿y cuándo vivirás, Hombre Serbio Joven y Débil?".

Fin.
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7.12.08

La leyenda del hombre serbio joven y débil (hsjd) de Igor Ivanović, parte III

Estimados lectores circunstanciales de Eslavos del sur, el día de hoy les traigo la tercera de las cuatro partes en las que iré traduciendo el artículo "Legenda o mladom, slabom srpskom čoveku" (La leyenda del hombre serbio joven y débil), autoría de Igor Ivanović, publicado en el portal Nova srpska politička misao en su sección de política cultural. La pertinencia del texto la juzgará cada quien, el cual me parece singularmente importante para entender la actual cotidianidad serbia. Baste decir que el autor de Eslavos del sur no comparte la totalidad de las opiniones expresadas en el presente artículo.

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La leyenda del hombre serbio joven y débil
(Parte III)

Igor Ivanović,
17 de Noviembre de 2008
traducido del serbio por Daniel Durini

Orgulloso de su papel libertario reinventado y ciego de su propio orgullo personal, el Hombre Serbio Joven y Débil no deseaba saber cuánto le debía por su nueva libertad a aquella Serbia pobre y campesina la cual organizaba levantamientos (en contra de los otomanos, N. del T.) en Marićeva Jaruga o en Takovski grm, para asegurarse de que a sus hijos futuros los calentara el sol. No deseaba saber tampoco acerca de aquellos hijos del pueblo trabajador que desaparecían en las Gólgotas desafiando la no-libertad y el poder. En lugar de ello, él hablaba de su espíritu europeo aprisionado en los Balcanes montañosos. Hablaba de su perspectiva europea y la necesidad del regreso por demás urgente a su natural familia europea, al igual que acerca del bienestar que lo esperaba al final de su misión.

Jamás se le ocurrió decir alguna palabra acerca de toda aquella ascendencia suya a la cual le debía "su espíritu europeo" en primer lugar. Acerca de esa misma ascendencia a la que se le ofrecía durante siglos, después de la batalla de Kosovo, tomar la religión del Islam y de esa manera abandonar su condición de plebeyo para llegar a formar parte de esa sociedad compuesta de ciudadanos de alto rango, cuyos hijos se educaban en Estambul y gozaban de los privilegios propios de los hijos del imperio otomano. Al contrario, esa ascendencia suya escogió llevar la cruz heredada de sus antepasados en el año de 1389, cuando se dirigieron al Kosovo plano, a sabiendas de a donde iban y que de allí jamás regresarían. De esta manera, cuidaron durante siglos (a pesar de las ofertas atractivas a cambio de una conversión religiosa, de presiones o amenazas) su fe cristiana, su tradición bizantina y su espíritu europeo. Y no era tan sólo el que no contaran con el apoyo de la mayoría de las potencias euro-cristianas, sino que las tenían en contra suya, aliadas con los turcos. ¡Cuántas veces se recorrió esa sufrida trayectoria política en la historia de los grandes intelectuales serbios: la que iba de la euforia ciega hasta la agria decepción del Occidente! Pero el Hombre Serbio Joven y Débil, desafortunadamente y de manera tan perjudicial, ¡jamás tuvo que aprender estas lecciones de la historia durante sus estudios, como tampoco aprendió muchas otras lecciones cruciales! A él lo educaban para aprender acerca de la difícil infancia del pequeño Jože (apodo de la infancia de Josip Broz - Tito, N. del T.), leer los cuentos de partisanos y ver la serie de televisión Otpisani (los eliminados, que versa acerca de la organización clandestina de los comunistas en la Segunda Guerra Mundial, N. del T.). Es por ello que tampoco en sus años maduros podía comprender cuánto les debía a sus antepasados y al sufrimiento de éstos por su "espíritu europeo". ¿Podría hacer referencias a ese espíritu europeo tan fácilmente hoy en día de llamarse, por ejemplo, Mehmedalia? ¿O será que el Hombre Serbio Joven y Débil no entiende que el espíritu europeo nació y creció a través de la cristiandad?

¿Será por eso que nuestro nene generacional, ese cobarde heróico y ese niño consentido de la no-historia, como no tomó la cristiandad, considera que no tiene sentido ni es necesario el autosacrificio? Externando el impulso pagano hacia el gozo y el entretenimiento, el cual se tornará con el tiempo en la atracción hacia lo material, este nuevo-yugoslavo nostálgico realizará una conversión voluntaria al empezar a adorar el nuevo culto. Así se convertirá la Unión Europea en el nuevo Absoluto o el tótem de su tiempo, el nuevo fetiche del cual no se tienen dudas y el cual se defiende con la misma pasión y el mismo arsenal verbal usado anteriormente en la defensa de la autogestión socialista. Esta creación estatal avanzada y sin duda eficaz se volverá para el Hombre Serbio Joven y Débil, en lugar de un proyecto político real, una especie de reino imaginario del bienestar. Es por ello que la unión programada de dos mitos humanos ancestrales, el mito acerca de una vida mejor y el mito acerca de la tierra prometida, los cuales se encuentran siempre allí al alcance de manos, la que llevará a nuestra generación en lugar de hacia una conquista aventurada de la experiencia en el espacio, hacia un viaje melancólico a través del tiempo. En el remolino de la historia balcánica, los "ochenta de oro" desaparecidos de manera definitiva experimentarán así su reencarnación en el nuevo mito generacional acerca de la Unión Europea. Nadie hablará acerca de la enorme oportunidad para un trabajo duro y el sudor que los esperarán potencialmente allá, sino que todos fantasearán con la promesa de una especie de nuevo país de Broz, en el cual "se trabaja poco, pero se por ello vive muy bien". Tan sólo es cuestión de que nos volvamos miembros de esa familia grande y rica de los pueblos civilizados, ¡para así empezar a vivir "como todo el mundo normal"! El dolor de una juventud sin preocupaciones interrumpida tan abruptamente para la generación del Hombre Serbio Joven y Débil llenará todas sus esperanzas y sueños acerca del futuro. Y él aceptará todo, cualquier tipo de capitulación o cualquier clase de humillación, con tal de poder vivir el resto de su vida de una manera confortable y sin preocupaciones. Bajo la campana de cristal de su propia vergüenza y su propia debilidad, bajo el paraguas de su propio egoísmo y usando el pretexto de estarlo haciendo todo por el bien de sus hijos, todo lo que hace lo hace única y exclusivamente por él mismo. De la misma manera en la que le enseñaron a aceptar el culto de Broz para soportarlo, sobreviviendo, creará y seguirá el culto de la Unión Europea, al cual impregnará de contenido con sus expectativas. Por ello tendrá un imagen del Occidente fundamentalmente infantil; compuesta de una superficialidad insoportable, una falta de educacion crónica y unas expectativas nada realistas acerca de la seguridad material, la cual le será regalada inmediatamente con el simple hecho de ingresar en esta organización. Cada uno de los miembros de esta generación hablará, repitiendo subconscientemente las declaraciones de los políticos irresponsables, acerca de las decenas o centenas de millones de euros que nos esperan por allá. Tan sólo que ya no seamos así como somos. Las cosas son tan simples que es un verdadero milagro que no lo vean todos. El bienestar duradero se encuentra al alcance de mano. Esta ópera de limosneros será tan sólo una continuación lógica y triste de la educación que enseñaba que alguien siempre tiene que generar los bienes por tí para regalártelos después, que no te toca a tí luchar y construír por tí mismo esos bienes, con tu propio sudor. Semejante mentalidad de debilidad de varios decenios y su acompañante necesario, el espíritu derrotero, tornarán a la generación de los que hoy se encuentran en sus treinta o cuarenta en una especie de narcodependientes modernos - adictos compulsivos a las sociedades de consumo y a la vida relajada pequeño burguesa.

Evitando todo tipo de autosacrifico en favor del bien común, esta generación de asfalto en su años de adulto promulgará, para esconder su naturaleza verdadera de rapiña del confort, su misión urbana, pro-europea. Pero no promocionará, a imagen de los misioneros de antes, dedicados y preparados para el sufrimiento, el espíritu europeo original, esa unión superior de la cristiandad, la filosofía y la ética del trabajo; sino que sermoneará, en lugar de ello, acerca de la saga patética y de nuevo rico acerca del rock'n'roll, las fiestas y los viajes de los "ochenta de oro", cuando amaneció el espíritu europeo en este espacio oscuro de los Balcanes. Y cada uno de los miembros de la generación le añadirá con los años cada vez mayor romanticismo a esta biografía colectiva, describiendo ese tiempo como de un brillo de intensidad nada objetiva y engrandeciendo su propio papel en la dimensión cultural de ese tiempo. El Hombre Serbio Joven y Débil hará lo que han hecho todas las generaciones desde la aparición del mundo cuando encaran en sus años de adultez el hecho de la impermanencia de la vida y la juventud desaparecida que no retornará, haciendo sin embargo, una sola excepción: intentará con todas su fuerzas de incrustar, en un proyecto político real europeo, su propio tiempo pasado y ya envejecido. De esta manera se debilitará aún más, destruirá su salud mental y un hombre así, débil, medio discapacitado y medio-hombre, no le servirá ya a nadie: ni a él mismo, ni a sus hijos, ¡y mucho menos a la Unión Europea!

¿Y será que los pueblos hermanos de Europa lo necesitan precisamente así? ¿Para qué lo necesitarían fuerte y desobediente? ¿Para qué necesitarían un verdadero Occidente en Serbia, cuando su sólo simulacro les sirve de manera tan fiel? Pero el Hombre Serbio Joven y Débil no se sentirá avergonzado de su papel de vasallo. Le recriminirá al Occidente el no habérselo dado antes. Será el representante de la primera generación serbia en la historia que voluntariamente niega su esclavitud, la que limita su herencia sangrienta de la libertad por sentir que no puede hacerse responsable de ella, la que buscará su propia salvación antes en manos ajenas que en su propia alma. Será la planta que seca sus propias raíces para vegetar en el sol europeo, una planta sin frutos y sin olor. Una generación asustada de la libertad que soñará con una esclavitud confortable. ¿Por qué la libertad tendría que cantar como los subyugados cantaban acerca de ella? Para la mala fortuna del Hombre Serbio Joven y Débil, esta paradoja acerca de la evolución de la idea de la libertad hasta la frontera del horizonte detrás de la cual sigue su inevitable desplome, no será una verdad cósmica y universal, sino un retraso genético nada afamado en un pueblo.
La generación de los adultos en sus años treinta o cuarenta de hoy, la cual pedirá menos libertad, menos independencia y estados más pequeños, básicamente abandonada por el Occidente sobre cuyo magnetismo creció, no tendrá ese sabor amargo de la traición en la boca, ya que al Occidente real jamás lo pidió, como tampoco lo entendió. ¿Qué miembro de nuestra generación, cuando hoy en día habla de los valores del Occidente, piensa en Chomsky, Pinter, Solzhenitsyn, Handke o Bodriar? ¿Y quién, cuando habla sobre ello, no piensa en los Rolling Stones, Madonna, Tom Cruise, Versace o Federer? La huída de la exploración de las profundidades de la vertical occidental y el intento por nadar sobre la superficie de la horizontal del Occidente achatará la dignidad de la generación del Hombre Serbio Joven y Débil a tal grado que ya no se dará cuenta su propio papel tan triste en la gran paradoja: siguiendo las órdenes y los deseos de la élite político-cultural del Occidente, los ejecutores de la idea occidental aquí con nosotros ¡serán los hasta ayer jurados comunistas! Si existiera un solo rostro para toda una generación, ¡eso sería la cachetada más grande que le podrían pegar! Todo un ejército de hijos de los generales de Broz de las mansiones arrebatadas de Dedinje (la colonia habitacional más exclusiva de Belgrado, N. del T.) se volverán los perpetuadores de la democracia occidental de la misma manera en la que sus antepasados alguna vez imponían la autogestión socialista. Repartidos, siguiendo órdenes, en un espectro amplio de organizaciones no gubernamentales, estos comisarios juveniles del Partido Comunista de Yugoslavia de antaño, tendrán nuevas tareas, las cuales encarararán con la misma determinación, es decir con odio y la exclusividad. Como nuevos comisarios del Occidente, tan sólo continuarán allí donde pararon en su juventud. Antes perseguían, ellos o sus mayores, a los que pensaban diferente a causa de la pertinencia moral-política. Hoy en día, hacen lo mismo en nombre de lo políticamente correcto. Estos sesentayocheros falsos (en ese entonces, cuando había mucho entusiasmo, ellos se encontraban al margen lejano que garantizaba su seguridad, o eran protegidos como hijos de los funcionarios rojos) se volverán los falsos europeos, cuyos errores y cuyas vergüenzas tendrá que sufrir toda la generación del Hombre Serbio Joven y Débil. Pero, la generación se quedará muda, no preparada para levantar la voz de una manera significativa y ofrecerle resistencia a este tipo de terror reinventado y suave. En lugar de ello, cantará acerca de viajes sin visas, buenos shoppings y las fiestas, de nuevos videoclips y de conciertos. Una generación profundamente derrotada y desganada, engordada a base de lodo y de tentaciones hacia los pecados pequeño burgueses, cuando piensa sobre el Occidente, piensa en el reino de las marcas famosas (brands), los últimos gritos de la moda (trends) y los nuevos friends. De esta manera, la no-libertad cambiará, tan sólo dos o tres decenios después, de forma, y sus comisarios se convertirán a la nueva ideología, todo lo demás permanecerá igual.

Los arrestos sufridos por los buscados por el Tribunal de La Haya en todos estos años, al igual que toda la serie de sentencias dictadas por ese tribunal, no lograrán debilitar la fe ya fundamentalista del Hombre Serbio Joven y Débil en el reino del Occidente. El fanatismo que externará en este proceso no se medirá por la dureza férrea de su convencimiento o la disposición al autosacrificio en nombre de la defensa de este convencimiento. Este fanatismo será un producto postmoderno, una especie de campamento de vida que se medirá con el espacio. Que se usará para escapar de los fundamentos y el significado. El espacio cubierto por la banalidad y la superficialidad, la autoexclusión enmarcada de la continuación de su propia historia y el autoexilio demarcado de la aventura de la conquista de la libertad. Mientras que las generaciones de los padres del Hombre Serbio Joven y Débil gastaban la vida como si fueran avestruces, manteniendo la cabeza enterrada en la arena, para puentear el vacío histórico, sus hijos desearán desintegrarse del espacio y el tiempo, en medio del fuego cruzado de la historia, en la mítica tierra prometida. Ellos no guerrearon, ellos no apoyaron el régimen de Milošević, a nadie le desearon o hicieron el mal, ¿por qué entonces no tienen derecho a una vida mejor? ¿Quién les robó sus mejores años y les canceló nuevos viajes, vacaciones exóticas y fiestas locas? Los acontecimientos que seguirán la caída del régimen de Milošević no realizarán los sueños de la generación del Hombre Serbio Joven y Débil, el Occidente tan sólo fortalecerá las presiones impuestas sobre Serbia y la libertad no sabrá cantar como los subyugados cantaban sobre ella. En lugar de la bienvenida que significativamente integraría a Serbia en el espacio europeo, el Occidente continuará el vacío histórico con su política antropológica, personificada en el deseo de poder y Serbia se quedará en la periferia lejana de la expansión de fundamentos de la civilización occidental. En lugar de la buena voluntad y las buenas intenciones, hacia Serbia se ejercerá una política de simulacros. Por un lado, se oirá la fortísima bienvenida retórica, mientras que por el otro, existirán impedimentos, presiones y las malas intenciones.
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25.11.08

La leyenda del hombre serbio joven y débil (hsjd) de Igor Ivanović, parte II

Estimados lectores circunstanciales de Eslavos del sur, el día de hoy les traigo la segunda de las cuatro partes en las que iré traduciendo el artículo "Legenda o mladom, slabom srpskom čoveku" (La leyenda del hombre serbio joven y débil), autoría de Igor Ivanović, publicado en el portal Nova srpska politička misao en su sección de política cultural. La pertinencia del texto la juzgará cada quien, el cual me parece singularmente importante para entender la actual cotidianidad serbia. Baste decir que el autor de Eslavos del sur no comparte la totalidad de las opiniones expresadas en el presente artículo.

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La leyenda del hombre serbio joven y débil
(Parte II)

Igor Ivanović,
17 de Noviembre de 2008
traducido del serbio por Daniel Durini

Precisamente fue ese imperativo histórico el que se volvió una carga demasiado pesada para el hombre débil de mi generación, perdido en el cruce de los caminos europeos y yugoslavos. A nosotros siempre se nos enseñó que estábamos rodeados por pueblos hermanos que vivían armoniosamente en un país grande, rico y fuerte: Yugoslavia. Y que para siempre viviríamos en paz, ya que con la llegada del socialismo a la cumbre de la historia mundial, todos sus malos entendidos habían sido superados, ya que "el mal yace en la sociedad, no en el ser humano". Fuimos educados para creer en ese gigante noble y educado, el hombre inteligente y racional que adiestra a la naturaleza para ennoblecer al planeta y la vida en él. Lo que no nos enseñaron, aunque sí trazaron el camino real hacia semejante orientación de vida, fue el convencimiento de que era el Occidente, avanzado y rico, "el reino de las buenas intenciones", con las que siempre podríamos contar cuando nos hiciera falta. El camino desde el suave orden comunista, entretejido con el encanto del diseño occidental de la existencia, para llegar al amor abierto hacia el Occidente es rápido, infalible y corto. Nos enamoramos de ese hombre occidental urbano, moderno y tecnológicamente avanzado, ese "altruista" que luchaba por el bien de todos. En la confusión entretejimos todo lo que se nos antojó, quedándonos ciegos para ver la totalidad de la imagen, la cual es mucho más complicada y de ninguna manera con un significado único. De esta manera pasaron los años en los que crecíamos, dentro de la cápsula de la suave educación de izquierda, en la que se había detenido el tiempo. Allí creció ese hombre joven y débil de mi generación, ese ser A-histórico y Desganado, acompañado de ideales acerca de no trabajar y la "partisaneidad" (o leyendas de los partisanos). Ese es el lugar de nacimiento del Hombre Serbio Joven y Débil, el adorador de la no-historia, egoísta y consentido, ese niño del titísmo y del hedonismo, al cual expulsaron las fuerzas históricas destructivas, en los "oscuros noventa", a su propio escenario histórico. No preparado, desganado y consentido. Y sobre todo, asustado.

Todo un mundo desapareció de la noche a la mañana. Se desvaneció un tiempo despreocupado y sencillo hecho de viajes, fiestas y rock'n'roll, mientras que la generación del Hombre Serbio Joven y Débil tenía que lidiar, frente al complicado espejo de los nuevos tiempos, con situaciones extremas, existenciales: guerras, escasez, desesperanza. Como si se hubiera reventado la cápsula de protección para dejar pasar el aliento viejo y olvidado de la historia sangrienta de los Balcanes. La generación del Hombre Serbio Joven y Débil no sabía qué hacer, enloquecida y atónita. No estaba preparada para la lucha y las nuevas reglas. Muchos huyeron a las esquinas más alejadas de la civilización occidental en este planeta, cargando en el bolsillo sus diplomas universitarios y dinero de los departamentos regalados por sus padres que acababan de vender. Se iban enojados con su país natal, que los "privó del derecho de llevar una vida normal", una vida como la que les prometieron nada más terminasen la universidad. Unilateralmente culpaban a Serbia por haber elegido por mayoría como presidente al hombre "que inició todas las guerras" y quién era el único culpable de que "nada era como solía serlo antes". Decían que huyen del primitivismo y de una tierra sin cultura, transformada a causa de la guerra y las sanciones. Entonces se iban a sus nuevas patrias lejanas, precisamente hacia aquellos países que apoyaron y ejercieron el aislamiento de Serbia. Y precisamente estas nuevas patrias harían entonces una excepción en las sanciones impuestas a Serbia y aceptarían de todo corazón tanto los diplomas de las universidades serbias como el dinero de los departamentos serbios vendidos. Por su lado, sus nuevos habitantes pagarían de esta manera su entrada al mundo rico occidental: de una manera práctica, con la educación superior gratuita que les fue regalada por su país de nacimiento, pobre y primitivo, y por el otro lado, con el dinero de los departamentos heredados de los padres, el único valor material significativo que pudieron juntar durante sus años de trabajo, que vendieron. Los años pasaban en sus nuevos hogares y ellos vivían crucificados entre el amor y el odio, atrapados entre los recuerdos y la esperanza, acalambrados entre las quejas y los intereses. Aún no se ha registrado el caso de que alguno de ellos haya regresado a pagar su deuda con Serbia: la diferencia entre lo que le costó a él o a ella la educación universitaria y el precio de esa educación en su nueva patria. Tampoco ha sido registrado el caso de que alguno de ellos le regresase a sus padres el dinero del departamento vendido.
Con ese mismo sentimiento mezclado en el cóctel de amor y odio, el orgullo y la rabia, vivirán muchos de la generación del Hombre Serbio Joven y Débil que se quedaron en su patria. Durante los "oscuros noventa" tendrán cada vez menos oportunidades para el ejercicio del hedonismo y cada vez mayores razones para la modestia. Y fue precisamente esta desproporción el menor precio que tuvo que pagar la generación del Hombre Serbio Joven y Débil, cuando se encontró, en sus mejores años, en el fuego cruzado del nuevo orden balcánico. Ese fue el precio que desde siempre han pagado generaciones en todo el mundo, preguntando rebeldemente el principio de su misión "¿por qué precisamente nosotros?" o "¿quién nos robó la juventud?", pero caminando hacia adelante, enfrentando su destino, en la dirección de la flecha del tiempo, como eslabón en la larga cadena generacional de la aparición y la existencia. Al final de esa parábola trascendente, con la experiencia de carne y hueso, se preguntarán, desganados, de una manera retórica, "¿quién sabe cuyas cuentas estuvimos pagando?". Estarán conscientes de que éstas jamás concuerdan una vez que se traza la raya en el ajuste de cuentas intergeneracional. Sin embargo, la generación del Hombre Serbio Joven y Débil no tuvo la valentía para, como la Generación Perdida de la Primera Guerra Mundial, entrar en su propia historia y reponer su juventud interrumpida por la guerra y la escasez con otra belleza, tal vez más valiosa y artística. En lugar de eso, de la boca de toda esta generación escurría, como hilo de sangre, tan sólo la desolación. La desolación que dio a luz al odio hacia todo aquello que se pareciese a lo serbio o se llamase de esa manera, la desolación que aprendió a odiar todo lo local y nacional. La desolación de esa generación que no podía comprender que ya había llegado a su fin el cuento de hadas acerca de de los "ochenta de oro", que la llevó a culpar, unilateralmente, por la desaparición de este tiempo ahistórico e hipnótico, a su pueblo e historia. "Nada de esto hubiera pasado de no haber sido por el nacionalismo serbio" era el leitmotiv de todos los análisis. ¿Qué otra cosa se podía esperar de una generación no solidaria a la que se le enseñó que cada uno de sus miembro es individualmente el centro del mundo, que sus derechos individuales se encuentran por encima de las costumbres de la comunidad y que el hedonismo es la religión del hombre de avanzada?

Y así, el Hombre Serbio Joven y Débil atravesaba los años noventa, desolado por la pérdida del confort y deseoso de una "vida normal", como el desierto del agua. De esta manera, se volvía el Occidente, en un nivel colectivo subconsciente de la generación, la tierra mítica prometida... un oasis de personas relajadas, ricas y sonrientes. Y si Serbia no fuera como lo es y si a su frente no se encontrara Slobodan Milošević, decían muchos de la generación, ¡se viviría igual también aquí con nosotros! El Hombre Serbio Joven y Débil en su enajenación y su superficialidad jamás dio ese paso tan evidente y lógico hacia adelante para darse cuenta de esa conexión tan natural y de alianza entre el odiado Milošević y el Occidente adorado. Educado de una manera no antropológica, se rehusaba a ver lo evidente: la moral de las potencias occidentales en su política exterior se encontraba en una directa oposición con las reglas válidas en sus órdenes políticos internos; una política exterior basada exclusivamente en el más puro interés. El altruismo y los principios éticos no son características de la política exterior del Occidente, no porque eso sea una característica específica del Occidente, sino porque ello es una característica ontológica de todos los imperios. El matrimonio de lógico interés entre todas las grandes potencias del Occidente y el pequeño dictador balcánico es únicamente una de las repeticiones de los libros de historia. Sin embargo, el Hombre Serbio Joven y Débil no conocía esta historia; él creció sobre circunstancias no-históricas y aprendió lecciones erróneas de la historia. Por ello, su adoración al Occidente como el "reino de la buena voluntad" crecía velozmente, en directa proporción al crecimiento de su odio hacia el régimen de Milošević. El odio que prontamente se transformaría en un único sentido colectivo y en un mecanismo psicológico compensatorio, aparecido con el propósito de alimentar su realidad personal aunque fuera con un significado falso. Así, el Hombre Serbio Joven y Débil cayó en la trampa de sus propias debilidades, creando del régimen de Milošević un anti-Absoluto y el único punto de referencia en el sistema coordinado de su vida. De esta manera, obtuvo -expresado en términos filosóficos-, esa tan necesitada Otra cosa, pero aniquiló lo Primero, es decir, a sí mismo. Con ello, mostró de manera inconsciente que él nunca fue, fundamentalmente, un oponente real de este régimen monstruoso y parásito, sino su ilusión opuesta, maquillada, existente en un punto deformado del espacio y el tiempo. Una vez más se formulaba la pregunta "¿es el dictador realmente tan fuerte o se desprende su poder de las necesidades interiores de sus oponentes?", es decir, ¿cómo encontrar la salida que lleve a la afirmación desde el laberinto de la negación? Y el rencoroso Hombre Serbio Joven y Débil se encontraba de vuelta en un callejón sin salida, volviendo toda su actividad en una negación al responder a una exclusión con otra exclusión nueva. Como vencedor derrotado, le dió la bienvenida a su victoria. A la mañana siguiente al 5 de octubre (del 2000), tomaba el sol caliente de la libertad, acompañado del temor provocado por la intuición borrosa de que con la desaparición del régimen de Milošević se había creado en su vida un vacío permanente. ¿Sabrá la libertad cantar como los sublevados cantaban acerca de ella?
Entonces, serán precisamente esa libertad y su sol engañoso del 5 de Octubre los que calentarán apaciguadamente al Hombre Serbio Joven y Débil (ya entrado en sus años de adulto) por un período corto y dotarán su biografía de un significado revolucionario sospechoso. Ya que en su juventud dejó pasar las oportunidades reales para la rebeldía y no tuvo la capacidad de plantearse las preguntas fundamentales acerca de la moral, para de alguna manera rellenar el hoyo en el terreno psicológico, este ejemplar típico generacional intentará compensar su pérdida irreparable de rebeldía de su juventud con la oportunidad revolucionaria que se creó frente a él. Por ello, él sobre dimensionará sesgadamente su papel en el decenio anterior, adjudicándose de una manera egoísta ese "paso trascendental gigantesco hacia la libertad". Reproduciendo de manera inconsciente los chips mentales que le fueron implantados durante la educación, con la retórica patética de "marchas, trastes y silbatos" que se parece tanto a las consignas de su infancia acerca del "pueblo de manos vacías en contra del enemigo armado hasta los dientes", llegará a creer, al igual que la gente los creyó en 1945, que él representa al individuo mesiánico que conquistó de manera permanente la Libertad y el Bienestar. El tiempo mostraría muy pronto, como siempre había sucedido, lo demasido pronto y lo vacío de las grandes expectativas, mostrando que las manecillas de la historia se mueven siguiendo un ritmo evolutivo. El Hombre Serbio Joven y Débil en sus años maduros, debido a sus propias lagunas educativas, no podía comprender su misión trascendental en la cadena nacional de la libertad. En lugar de comprender que él representa tan sólo un eslabón en una serie larga inasible y que la libertad crece al interior de una sociedad como una planta de generación en generación, el Hombre Serbio Joven y Débil abrazó la trascendencia y llegó a creer en su propia magnitud. Se había vuelto el hombre moderno, revolucionario, el que conquistó, con la ayuda de la técnica contemporánea, su propia libertad al anunciarla por decreto, a razón de lo cual ¡ya no le debe nada a nadie! Y por ello exige de manera inmediata el establecimiento de todo el bienestar - ¡los frutos de la revolución servidos en la charola de los privilegios!

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20.11.08

La leyenda del hombre serbio joven y débil (hsjd) de Igor Ivanović

Estimados lectores circunstanciales de Eslavos del sur, el día de hoy les traigo la primera de las cuatro partes en las que iré traduciendo el artículo "Legenda o mladom, slabom srpskom čoveku" (La leyenda del hombre serbio joven y débil), autoría de Igor Ivanović, publicado en el portal Nova srpska politička misao en su sección de política cultural.

La pertinencia del texto la juzgará cada quién, el cual me parece singularmente importante para entender la actual cotidianidad serbia. Baste decir que el autor de Eslavos del sur no comparte la totalidad de las opiniones expresadas en el presente artículo.

Que lo disfruten...

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La leyenda del hombre serbio joven y débil
(Parte I)

Igor Ivanović,
17 de Noviembre de 2008
traducido del serbio por Daniel Durini

Todavía recuerdo de mis lecturas de la preparatoria la oración de la obra clásica "Derviš y la muerte" (del escritor Meša Selimović, N. del T.): "... tengo cuarenta años, época fea: el hombre es joven aún como para no tener deseos, y sin embargo es viejo para estarlos haciendo realidad". Durante esos años ochenta me parecía, al igual que a todos los adolescentes, que el tiempo está detenido, de manera que el quinto decenio de nuestras vidas se encuentra separado de nosotros por toda la eternidad. Años después comprendimos algo: con todo y que en aquel entonces pedíamos prestado para comprar algo para el recreo y soñábamos con comprarnos un Fiatito (Fiat 500, N. del T.) usado, éramos los más ricos: ¡sentíamos que toda la vida estaba frente a nosotros! Hoy en día mi generación alcanzó el medio día de su vida y observa de una manera cansada y con miedo el futuro nebuloso, esperando que las estrellitas amarillas europeas lo alumbren del cielo nocturno de su destino. Cuando digo "mi generación", no me refiero, desde luego, de manera precisa a la gente nacida en un año en específico hacia la mitad de los años sesenta, sino a un horizonte generacional más amplio: empezando por aquellos nacidos en el "cincuenta y tantos", quiénes daban su palabra de honor, sentados al lado del fuego en un campamento de verano con todo y su potencial cardio-vascular de serle fieles al régimen y quienes le comunicaban a sus gobernantes que "cuenten con ellos" (referencia a la canción emblemática de Djordje Balašević, "Računajte na nas", N. del T.) y llegando hasta aquellos nacidos en los años inmediatamente anteriores a la muerte del "hijo más grande de nuestros pueblos y minorías nacionales". Su partida, los niños la recordaron como el llanto general: lloraba el cielo, lloraban las montañas y los bosques, lloraban los pájaros, las flores, todo el país, pero con más dolor y con la mayor tristeza lloraba su Serbia. De manera que cuando digo mi generación, pienso más ampliamente, en ese Nuevo Hombre euro-serbio de mi lugar de nacimiento y de mi edad, ese ser base de integraciones europeas; todos los análisis e investigaciones muestran que fue precisamente ese hombre el que defendía a Europa de la manera más enérgica y acabó por crear de ella un Absoluto. Pero, ¿cómo es que de un adolescente infectado de "titísmo" y lleno de deseos de vivir, resulta un adulto euro-fundamentalista que se encuentra en sus años treinta o cuarenta, una vez que se da cuenta de que es ya "bastante viejo" para poder estar haciendo sus deseos realidad?

Mi generación fue educada en el espíritu ateo, yugoslavo y marxista. El rechazo hacia Dios y hacia el cristianismo, el terminar con la tradición monárquica y la del altiplano, al igual que el odio hacia la propiedad privada y toda iniciativa significaba los cimientos ideológicos de la nueva religión que nos fue inculcada. De nosotros se exigió brindarle culto al progreso y al futuro, creer en el nuevo Mesías, ese Hombre proletario internacional, que incontenible avanza hacia el comunismo - la tierra prometida en la que "cada uno trabaja cuanto puede y toma lo que necesita".

En la escuela nos bombardeaban con la historia de la Segunda Guerra Mundial y los partisanos -refiriéndose a aquello como a la herencia trascendental-, la revolución y las actividades misioneras de la vanguardia de la clase trabajadora con cuya aparición se empieza a medir nuestro tiempo. Esta educación ideológica y unilateral, siempre era apoyada por el intento de convencernos que vivíamos en un país rico y feliz cuyas fronteras se extendían hasta donde alcanzaba la hermandad y la unidad y en el que el hombre libre tenía todo en sus manos. De nosotros se exigía únicamente el terminar la escuela y no pensar en nada más - la sociedad está allí para encargarse de todo. Nosotros somos la juventud de las celebraciones masivas de los cumpleaños de Tito en los estadios olímpicos, a la que se le enseñaba que en todo tiene razón a priori tan sólo por ser joven y porque en sus manos quedarán el mundo y el país. Cuando algún día busquemos trabajo, es necesario encontrar una compañía en la que "no se trabaje, pero en la que los sueldos sean altos". Entonces solamente aquellos elegidos, los que muestren los mejores resultados y los que por esta razón se vuelvan miembros del Partido (comunista), podrán administrar (lo que no nos dijeron, pero lo que sabíamos claramente, era que el director de nuestra empresa ¡sería montenegrino!). De la mayoría restante se exigía tan sólo una fe inquebrantable en las herencias de la lucha de liberación nacional y la autogestión socialista. ¿Por qué querría alguien saltar del tren que corre hacia la Utopía educada?

Mi generación no aceptó en su totalidad este tipo de educación ideológica a diferencia de la generación de nuestros padres, como tampoco mostró cerrazón hacia la educación alternativa. Sentíamos de alguna manera que el mantra que nos presentaban constantemente, repitiendo frases patéticas, no era sincero. Huíamos de su peso falso, forzado. Y así, como normalmente sucede, las respuestas las buscábamos en el otro lado, más encantador y vivo del mundo. De esta manera, viviendo como si estuviéramos levitando encima de nuestra propia tierra, en el descanso momentáneo del conflicto entre el Oriente y el Occidente, nos volvimos adoradores y consumidores de la cultura occidental popular y adictiva. Coleccionábamos las latas vacías de "Coca-Cola" y cajetillas duras de "Marlboro", pegábamos en las paredes pósters de los Rolling Stones y de los Sex Pistols, nos agolpábamos en los trenes viajando hasta Trieste por conseguir allí pantalones de mezclilla "Levi's" o tenis "Converse All-Star", en los salones leíamos en secreto las tiras cómicas de "Zagor" y de "Alan Ford", nos empujábamos en las filas para comprar boletos para ver la película "Vaselina" y le íbamos a aquel equipo famoso de Liverpool: Kiegen-Toshak- McDermot. Cuando hoy en día reflexiono sobre eso, pienso que es completamente humano que mi generación, rechazando el mito patético de los partisanos, de acuerdo con nuestra edad en aquel entonces y en el espíritu de los tiempos, aceptó un mito nuevo, moderno: el mito acerca del Occidente como el reino de la libertad y del megamercado gigantesco y luminoso. Sin entender que levitamos a través del suave vacío histórico, y que semejante división geopolítica podía suceder solamente una Vez y tan sólo en ese Entonces, y adaptándonos, a causa de una vida mejor, a la hipocresía generalizada incrustada en el culto poltrónico al yugoslavo falso, al falso hombre de izquierda y al falso cerrajero, de manera definitiva dejamos pasar la oportunidad de acercarnos a los cimientos y de manera profunda a los valores originales del Occidente. Sin valor y sin ganas de encontrarse con ese pensamiento hegemónico heredado de Goethe y Hegel, alrededor del cual se concentró el mundo moderno occidental pensante, mi generación nadaba por la superficie de la vida del mundo occidental. Competíamos en el número de veces en las que cada uno viajaba al mar durante las vacaciones de verano y quién viajaría más al Occidente para ir de shopping. Durante mucho tiempo tuvimos la cabeza metida en la arena, como avestruces, mientras cultivábamos la ilusión de bienestar durante aquellos "años ochenta de oro" no-históricos, en los que perdimos para siempre nuestra propia historia en el remolino del gran tiempo mundial. Sin Dios y subyugados por el materialismo de la manera más banal, no teníamos fuerzas para enfrentar ni al Jesús histórico, ni mucho menos al Cristo de la religión.

Pero nosotros, al igual que todos los adolescentes del mundo, veíamos ejemplos de vida en nuestros padres. Ellos vivían de una manera simple y callaban. El sistema los arrancó, de la noche a la mañana, de la tierra oscura del campo y de la realidad de callos en las manos y los llevó a los rascacielos calurosos de la ciudad. Les dio un buen sueldo por muy poco trabajo y les ofreció seguridad. En cambio, les fue pedido tan sólo que olvidasen quiénes son, qué son y de dónde vienen. El precio real de esta auto traición a cambio de una ilusión de una vida mejor pagará mi generación en los " oscuros noventa". Cuando hoy en día le preguntamos a nuestros padres cómo pudieron aceptar semejantes mentiras y deshacerse de su religión y su tradición a cambio de viajar al extranjero sin necesidad de visas y despensas otorgadas por los sindicatos, al principio tan sólo guardan silencio y miran la tierra, para después, con la cabeza baja, decir entre dientes "qué sé yo, así se vivía... así eran, quizá, los tiempos". Y esos tiempos, o más precisamente su espíritu malvado y atractivo los expresó de la manera más pérfida la Constitución de 1974, la culpable de todas las guerras posteriores y de nuestras derrotas. En contra de la Constitución se levantaron tan sólo algunos intelectuales, con el Prof. Djurić a la cabeza, mientras que nuestros padres estaban demasiado ocupados buscando material barato para construirse casas del campo. Un decenio y medio más tarde el destino les jugó una muy mala jugada. Atravesando la catársis camino de regreso a sus raíces, dieron luz al régimen sátrapa de Slobodan Milošević. Tras toda una vida en el miedo sordomudo y al cobijo de la gran mentira y con el descubrimiento de su propia vergüenza de haber elegido de manera voluntaria corromperse por el sistema, al final de los ochenta les reventó la úlcera del alma. En ese momento desearon acalambradamente volverse a mudar al interior de su propia historia. Nosotros nos quedamos tan sólo en su portón de entrada.

Pero, ¿qué otra cosa podíamos haber hecho? Tras toda una infancia vivida bajo la campana de cristal de la educación de izquierda para débiles, después de la juventud gastada en ideales falsos y alternativas superficiales, después del tiempo perdido irremediablemente en la armonía forzada y tras esperar en las plataformas secundarias de nuestra propia historia - ¿de dónde esperábamos sacar el valor para enfrentar los nuevos tiempos, desbocadamente desafiantes e impredeciblemente difíciles? Mientras crecíamos, nadie nos platicó que la vida era una lucha continua y ruda y que su fundamento no se encuentra en el objetivo último, sino en las luchas que se encuentran a lo largo del camino por alcanzarlo. Nadie nos enseñó que la riqueza no cae del cielo, sino que se crea con el sudor de la propia cara; de nosotros nadie pedía la disposición hacia el autosacrificio, sino que nos cultivaban el impulso hacia la vida fácil de ser mantenidos. Veíamos las milpas y las propiedades familiares abandonadas y les hacíamos caso a los consejos de huír de toda iniciativa privada como el diablo a la cruz, ya que tan sólo "un empleo estatal es un empleo seguro" y que "todo puede caer en ruinas menos el país". Un decenio más tarde, el destino nos hizo jugar el papel del que regresa a su propia historia precisamente sobre los restos destruidos y quemados de ese mismo ¡país "indestructible"!.

Continuará...
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