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11.1.09

Hacia la terminación de conflictos en Bosnia y Herzegovina y en Croacia y el acuerdo de paz de Dayton

La Comunidad Europea no pudo hacer mucho para frenar los conflictos armados de Croacia y de Bosnia y Herzegovina. La deslegitimación de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), organismo que quedó marcado como uno impotente e incapaz de poner en práctica las resoluciones de su Consejo de Seguridad, aún cuando existía un grado relativamente alto de consenso, era ya un hecho. El destino de la ONU como mecanismo para crear y mantener la paz fue destruido en las postrimerías de la sangrienta desintegración de Yugoslavia, por no aludir al destino del ”nuevo orden mundial” con los Estados Unidos como la única potencia militar y económica, tan prematuramente proclamada con tanta grandilocuencia.

Josep Palau [Pa96] escribe que las fuerzas armadas musulmanas (o Armija) formadas en el odio reactivo a la violencia serbia, y con medios que llegaban abundantemente del exterior atendiendo a los llamamientos propagandísticos correspondientes, no encontraban la manera de responder exitosamente a su enemigo declarado en el plano militar. Los intentos de las contraofensivas antiserbias en Bosnia oriental y en Bosnia septentrional, así como en los alrededores de Sarajevo, eran siempre contrarrestados. En los breves momentos en que las fuerzas musulmanas avanzaban con escasa profundidad territorial, su comportamiento en las zonas conquistadas para con la población serbia encontrada no merece calificativo distinto al empleado para las situaciones inversas. Las fuerzas bosnio-musulmanas, explica Palau [Pa96], acompañaban su iniciativa militar con las mismas atrocidades.

Sin embargo, comenta el escritor [Pa96, p. 105-108], el ejército bosníaco en formación obtuvo pronto y en distintos episodios, la experiencia de derrotar con más facilidad a las fuerzas croatas que a las serbias. Hacia la segunda mitad de 1993 los dirigentes bosníacos habían consolidado la esperanza de poder evitar la derrota militar, dejando así de ser los perdedores absolutos de la guerra. La dirección bosníaca adoptó la firme determinación de obtener a todo precio grandes avances en Bosnia central hacia el mar Adriático, imponiendo a expensas de Croacia una victoria militar con mayores réditos políticos.

Todos los intentos de las Naciones Unidas, prosigue Palau [Pa96], primero del general canadiense MacEnzie y luego del general francés Morillon, para desmilitarizar la ciudad de Sarajevo chocaban con la testarudez de unos y de otros y, sobre todo, con la premeditada estrategia musulmana de mantener el martirio de Sarajevo a toda costa.

Durante casi dos años, describe el autor [Pa96, p. 112], el modelo de la tragedia cotidiana en la ciudad era la siguiente: generalmente, eran morteros del lado bosníaco quienes provocaban a las fuerzas serbias, las cuales respondían cumplida y masivamente; si se disparaba desde un hospital o desde una escuela persiguiendo respuestas rentables propagandísticamente, del otro lado no dudaban en ”cooperar”. Y, cuando, por alguna razón, las fuerzas serbias no caían en provocaciones, pero se aproximaba algún acto internacional decisivo -Conferencia de Paz, reunión de la OTAN, etc.-, no se dudaba en producir autobombardeo [Pa96] sobre objetivos civiles propios, ya que lo verdaderamente importante era mantener la indignación internacional y la expectativa de intervención a su favor. En su libro The peacekeeper. The Road to Sarajevo, el general MacEnzie ofrece una denuncia contundente del sacrificio de inocentes del propio bando. Se mantienen, sigue Palau [Pa96], bajo secreto oficial los informes de la ONU que, al parecer, confirman esa hipótesis. El coronel ruso Demirenko fue apartado de su puesto en UNPROFOR en agosto de 1995 por rechazar la acusación a los serbobosnios en relación a la tercera masacre del mercado. David Owan también habla de las ”atrocidades en carne propia” en su libro Balkan Odyssey.

La artillería serbia no tenía inconveniente en ser la iniciadora cuando se sentía aburrida. Es muy difícil saber -acaso no se sepa nunca-, especula Palau [Pa96], qué proporción de atrocidades corresponde a cada una de las actitudes, pero está suficientemente documentado que hay de todo lo dicho, y que las actitudes básicas eran las descritas: Sarajevo fue víctima del cerco de unos y del sacrificio deliberado de otros.

El Plan Vance-Owen fracasó finalmente en Bosnia. Su costo elevadísimo de miles de millones de dólares con todo y 70,000 cascos azules provocó frustraciones enormes en la comunidad mundial al arribar a un callejón sin salida. En 1993, se creó un segundo plan de paz, denominado esta vez como el Plan Owen-Stoltenberg, que intentaba volver a los principios confederales fijados tiempo atrás en la ciudad de Lisboa, desestimando el modelo más integrador de las diez provincias. Los dirigentes musulmanes fueron esta vez los que rechazaron este plan en el último minuto al bordo del portaaviones británico Invencible. Palau [Pa96] observa que no obstante, habían sido sucesivamente satisfechas todas sus demandas concretas, como el control del 33% del territorio y formas de acceso al río Sava y al Adriático. Con diversos pretextos, esgrime Palau [Pa96], tomaron la decisión de proseguir con la guerra en la convicción de que se han reunido instrumentos militares bastantes para tener éxito, al menos ante los croatas.

Después de casi tres semanas de intensos bombardeos ejecutados por parte de la fuerza aérea de los EUA bajo el cobijo de la OTAN sobre las fuerzas armadas de los serbios bosnios y su población en general, en 1995, provocadas por la masacre de un mercado en la ciudad de Sarajevo el 5 de febrero de ese año –cuyo origen como se ha visto, es tema de discusión- y antecedidas por un ultimátum de la OTAN, el general Mladić y el dirigente de los serbios bosnios Radovan Karadžić, decidieron empezar a hablar de un proyecto de paz con el presidente serbio Slobodan Milošević y todas las partes involucradas en el conflicto.

Palau [Pa96] se cuestiona, ¿qué empujaba a los americanos a jugar este papel? Al principio, Estados Unidos había afrontado el conflicto de Bosnia-Herzegovina en plena transición entre dos actitudes opuestas en la definición de su papel en el mundo. Bush (padre) representó un impulso por afianzar el liderazgo exclusivo tras el fin de la guerra fría -”el nuevo orden”-. Clinton, por el contrario, abrió el camino de un repliegue, más preocupado por encontrar equilibrios internos en una sociedad americana con síntomas de agotamiento y profundas heridas sociales y considerando que un excesivo papel en el mundo, constituía una inaceptable fuga hacia delante.

Las circunstancias quisieron que la cronología de los acontecimientos en Bosnia y Herzegovina coincidiera perfectamente con la impresión de una continuidad inercial de las lógicas de la Guerra del Golfo, cuando en realidad las reflexiones y las inclinaciones de Washington ya iban en otra dirección. El resultado, según el autor [Pa96], fue la ambigüedad, un ”quiero y no puedo” que produjo no pocos malos entendidos y una confusión nada beneficiosa.

Washington, considerando a Europa responsable de la guerra en su origen, prosigue Josep Palau [Pa96], no ha querido que sea Europa quien haga la paz. Del mal humor reticente en 1993, que contribuyó a destruir los planes Owen y a desestabilizar la misión de la ONU (UNPROFOR), pasó en 1994 a tomar la iniciativa para ejercer en 1995 un liderazgo en exclusiva. Clinton había madurado en los dos primeros años de su mandato la conclusión de recuperar la iniciativa internacional; terminaría por aplicar en 1995 el modelo de Bush (padre) que en su momento había refutado. Eran muchos, explica Palau [Pa96], los retos globales que confluían en la cuestión bosnia: las relaciones con los estados islámicos petroleros, la estrategia en el Golfo Pérsico, los equilibrios en Oriente Próximo. La supeditación de Europa, las relaciones con Rusia, la ampliación de la OTAN... un fracaso americano en Bosnia podía llegar a insinuar un desmoronamiento de su liderazgo global.

Los presidentes de todas las partes en conflicto fueron llevados a Dayton, Estados Unidos, a finales de 1995. Ahí permanecieron cerca de un mes, hasta que lograron llegar a un acuerdo acerca de la distribución de las nuevas fronteras entre sus países en los Balcanes. El acuerdo firmado consistía en el reconocimiento de la soberanía de la República Eslovenia, la República de Croacia, la República Serbio-Bosnia (Republika Srpska) y la Federación Croata-Musulmana en lo que solía ser Bosnia y Herzegovina, la República de Macedonia (cuyo nombre jamás fue aceptado por Grecia y por lo que se sigue llamando desde aquel entonces la Ex-República Yugoslava de Macedonia (FYROM, por sus siglas en inglés)) y la República Federal de Yugoslavia -que abarcaría Serbia y Montenegro-.

Mira Milosevich [Mil00, p. 261, apud. Michael Ignatieff, op. cit., p. 135] comenta que sin embargo, antes de pactar la partición de Bosnia, Slobodan Milošević tenía que estar seguro de que Tudjman iba a apoyar su exigencia del 66% del territorio. Después de la Operación Tempestad (Oluja), tuvo lugar en la Krajina serbia la primera gran limpieza étnica de las guerras de la antigua Yugoslavia, amparada por el pacto de los presidentes serbio y croata, y ante la pasividad de la comunidad internacional: 600,000 serbios huyeron de Croacia. Los serbios que no habían sido heridos en los combates o asesinados por los paramilitares croatas huyeron hacia Serbia en busca de la protección que ya no les ofrecía el Ejército yugoslavo. El más conocido jefe paramilitar, Željko Ražnjatović Arkan, les había tratado de cobardes: ”Como serbio, habría preferido que muriesen todos heróicamente, para que se les recordase como héroes” [Mil00, p. 261, apud. Hartmann, op. cit., p. 239].

Mira Milosevich [Mil00] prosigue describiendo las negociaciones de Dayton como unas que partían del punto de los territorios conquistados durante tres años de guerra. Slobodan Milošević, tal como había acordado anteriormente con Tudjman, ”ganó” más tierras que las pobladas por serbios antes de la guerra. Del 70% del territorio bosnio tomado por los serbios, Milošević aceptó el 49% (sin Sarajevo) que se le ofrecían en el acuerdo [Mil00, p. 262, apud. Hartmann, op. cit., p. 273]. Fue uno de los momentos clave en la vida política de Slobodan Milošević, explica la socióloga, por varias razones: las autoridades internacionales que pusieron las condiciones para la negociación tenían pleno conocimiento de cuál había sido el papel de Milošević. Sabían que era el principal responsable de la guerra en Bosnia. Aún más: tenían en sus manos el archivo y las pruebas de los crímenes llevados a cabo por los grupos paramilitares de Arkan y de su complicidad con el gobierno de Belgrado. Pero no le acusaron de crímenes de guerra. Por el contrario, le estrecharon la mano. No parece lógico hablar de complicidad entre Slobodan Milošević y sus interlocutores extranjeros, dice la autora, pero es obvio que existió un cierto entendimiento entre ellos. Aquí sirve de poco el argumento de que Milošević es un loco [Mil00, p. 263].

Este es el momento fundamental de coincidencia de todas las teorías presentadas hasta ahora en este blog acerca del conflicto de 1992-1995. Dentro de toda la monstruosa y maquiavélica personalidad de Slobodan Milošević que percibe Mira Milosevich [Mil00], para mí, en esos momentos, Slobodan Milošević no era mas que un triste títere ensimismado del Occidente.

Los serbios habían perdido ya su autonomía en la región de la Krajina serbia en Croacia. Parecía que todos los inconformes con el gobierno de Slobodan Milošević se quedarían afuera de las tierras serbias. Todos se preguntaban qué pasaría con Kosovo y de qué sirvieron todos aquellos discursos del ’91. Se comentaba que en algo, Slobodan Milošević tenía razón: todos los serbios sí vivirán en un solo país - el municipio de Belgrado.

En el prólogo al libro Nuevas Constituciones en el territorio de la ex Yugoslavia [Mil94], el Dr. Ranko Petrović comentaba en 1994 (es decir, antes de la llamada Paz de Dayton, resumen de cuyo documento final firmado por todas las partes en conflicto se puede encontrar aqui, lo que servirá aquí para un análisis comparativo que pretendería mostrar las cuestiones por las que se encontraba empantanado el proceso de paz antes de agosto de 1995 y cómo fue resuelto después de la ofensiva militar La Tempestad (Oluja) del 4 de Agosto de 1995 en Croacia y el bombardeo violento de las fuerzas militares de los serbios de Bosnia por la fuerza aérea de los EUA en el verano del mismo año) que:

1) Las situaciones políticas y las concernientes al derecho internacional de los nuevos estados surgidos tras la desaparición de la República Socialista Federativa de Yugoslavia, son diferentes en 1994:
  • la República Federal de Yugoslavia insiste sobre la continuidad jurídica internacional con la anterior RFC Yugoslavia. Esa intención o ese derecho suyo la RF Yugoslavia lo fundamenta con los siguientes dos argumentos: el que son Serbia y Montenegro las únicas dos repúblicas de la ex Yugoslavia que preexistieron como estados independientes, reconocidos en el Congreso de Berlin de 1878, que incorporaron su condición de estados a los cimientos de la ex Yugoslavia y que tienen, sino uno mayor, desde luego un derecho no menor de quedarse en esa unidad federativa en relación a las repúblicas que decidieron apartarse de ésta. Tomando en cuenta que las Naciones Unidas hayan corregido la posición categórica de la Comisión de Badenter (instruida por las Naciones Unidas para definir la situación jurídica internacional de cada uno de los nuevos estados constituidos en territorio de la ex Yugoslavia), que consistía del hecho que Yugoslavia se había desintegrado y que sobre su territorio se habían formado nuevos estados quienes, todos respectivamente, deben pedir un reconocimiento internacional, ya que abandonaron la bandera de Yugoslavia frente el palacio de East River y le posibilitaron a su representante permanente la comunicación con el Consejo de Seguridad y algunos otros órganos del sistema de las Naciones Unidas, aún quedó abierta la cuestión de la situación jurídica internacional de la República Federal de Yugoslavia. Sin embargo, en la práctica, cada vez más países reconocen a la RF Yugoslavia no únicamente de facto, sino también de jure, comunicándose con este país tanto como se lo permitían las sanciones y sobre todo dentro de las negociaciones acerca de la solución general de la llamada crisis yugoslava. Su estatus de continuadora de la SFRJ quedó establecido de jure tras la firma del documento de Dayton.
  • La República de Croacia es reconocida internacionalmente con sus fronteras actuales y aceptada en la ONU en 1992. Hasta 1995, sin embargo, el gobierno croata no controlaba la totalidad de su territorio, ya que se habían delimitado a través del plan Vance territorios bajo protección de la ONU, que entraron dentro de la República Krajina serbia. Este conflicto fue borrado completamente del documento de Dayton con la desaparición de la República Krajina serbia, como se explicará más adelante.
  • La República Eslovenia fue reconocida internacionalmente con sus fronteras actuales y aceptada en la ONU en 1992.
  • La República Macedonia fue reconocida internacionalmente con sus fronteras actuales y aceptada en la ONU en 1992 (con el nombre de la República Ex-Yugoslava de Macedonia, o FYROM, por sus siglas en inglés).
  • La República Bosnia y Herzegovina fue reconocida internacionalmente con sus fronteras actuales y aceptada en la ONU en 1992. Sin embargo, los serbios que representan algo más del 32% de su población no reconocen la legitimidad ni de la presidencia, ni del parlamento, ni del gobierno de Bosnia y Herzegovina. En la actualidad (1994), cerca del 70% de su territorio es parte de la República Srpska. En el territorio de la ex república yugoslava Bosnia y Herzegovina se formó igualmente la federación bosníaco croata. El plan del grupo de contacto aceptado por los musulmanes y los croatas, aunque no por los serbios, prevé una organización interna de la República Bosnia y Herzegovina, como de un estado internacionalmente reconocido en forma de la unión de dos entidades que serán la República Srpska y la Federación Bosníaco Croata, que tendrán derecho a una relación confederal con Croacia, de un lado y con la RF Yugoslavia, del otro. Ello no prosiguió en su totalidad en el documento de Dayton, sobre todo en cuanto a las fronteras sugeridas, sin embargo, los lineamientos generales sí fueron respetados en el docuento redactado en Dayton.
  • La República Srpska es reconocida de facto como entidad en Bosnia y Herzegovina, pero el grado de su autonomía sería precisado y realizado dentro de la realización del plan de paz del grupo de contacto, y finalmente estipulado tras la llamada Paz de Dayton.
  • La República Srpska Krajina fue aceptada de facto como actor en las negociaciones para la solución de las cuestiones abiertas en las relaciones entre los croatas y los serbios en los territorios de la ex república yugoslava de Croacia, pero su estatalidad no había sido reconocida de jure, tomando en cuenta la insistencia del Consejo de Seguridad en la aprobación de la integridad territorial de la República de Croacia, al igual que la propuesta del grupo Z-4 sobre el alto grado de autonomía de los serbios en los territorios donde representan una mayoría en Croacia. Todo ello se solucionaría en detrimento de la población serbia en Croacia con la desaparición de la Republika Srpska Krajina tras la ofensiva del Ejército croata (Oluja) y la expulsión de la población serbia (alrededor de 600,000 personas) de estos territorios en Agosto de 1995, por lo que esta entidad ya no figura en la llamada Paz de Dayton.
  • El acuerdo general para la constitución de la federación bosníaco croata contiene igualmente los principios fundamentales sobre los cuáles ésta había sido fundada en primer lugar. Es reconocida como una de las entidades que, con cierto grado de autonomía, constituirá la unión Bosnia y Herzegovina. Ello sí prosiguió en el documento firmado en Dayton.
    2) Tal como los estado, así las constituciones de las ex repúblicas yugoslavas habían sido creadas en la euforia de la desintegración del anterior país, la glorificación de la identidad nacional y la territorialidad iscónica, dentro de la tormenta de guerra que imponía exclusiones de diferentes índoles en la carrera por la homogeneización y la limpieza étnica de los nuevos estados nacionales. Es por ello interesante e importante ver cómo fueron definidos estos estados según sus constituciones legales:

    • la Constitución de la RF Yugoslavia fue aceptada en 1992 y de acuerdo con ella, es éste ”un estado federal soberano basado en la igualdad de sus ciudadanos y la equidad de sus repúblicas miembros”.
    • La Constitución de la República de Croacia fue aceptada en el año de 1991 y según ella ésta ”se constituía como un estado nacional del pueblo croata y como estado de miembros de aquellos pueblos y minorías, que son sus ciudadanos: los serbios, los musulmanes, los eslovenos, los checos, los eslovacos, los italianos, los húngaros, los judíos y otros, a los cuales se les garantiza la igualdad con los ciudadanos de nacionalidad croata y la realización de derechos de nacionalidad en armonía con las normas democráticas de la ONU y los países del mundo libre”. Condicionando el reconocimiento de Croacia como un estado soberano, la Comisión de Badenter le ordenó a Croacia a implementar una ley aconstitucional especial acerca de los derechos humanos y las libertades individuales y también acerca de los derechos de las comunidades étnicas y de nacionalidad o minorías en la República de Croacia, con lo cual se eliminarían algunas faltas de su Constitución.

    • La Constitución de la República de Eslovenia fue aceptada en 1991 y ésta es ” un estado de todas sus ciudadanas y sus ciudadanos basada en el derecho permanente y no alienable del pueblo esloveno a la autodeterminación”.
    • La Constitución de la República de Macedonia (FYROM) fue aceptada en 1991 y a través de ésta, fue definida como ”un estado soberano y autónomo y cívico y democrático”.
    • La Constitución de la República Bosnia y Herzegovina es, básicamente, la Constitución de la ex república yugoslava Bosnia y Herzegovina con un gran número de artículos posteriormente aceptados. El texto corregido de la Constitución de la República Bosnia y Herzegovina fue aceptado en 1993 y con él ésta fue fundada como ”el estado soberano y autónomo de ciudadanos iguales ante la ley, los pueblos de Bosnia y Herzegovina – musulmanes, serbios, croatas y miembros de otros pueblos que viven en éste”.
    • La Constitución de la República Srpska fue aceptado en 1992. Sin embargo, posteriormente fue añadido a ésta un gran número de artículos. La República Srpska es ”estado soberano del pueblo serbio”.
    • La Constitución de la República Srpska Krajina fue adoptada en 1991 y a través de ella ésta fue definida como ”el estado nacional del pueblo serbio y estado de todos los ciudadanos que en él viven”. Desde Agosto de 1995, ésta región ya no figura ni de jure ni de facto.
    • En el Acuerdo general acerca de la federación bosníaco croata se dice que ”los bosnios y los croatas, como pueblos constituyentes (junto con otros) y ciudadanos de la República Bosnia y Herzegovina, en uso de sus derechos soberanos, transforman la estructura interna de su territorio con la población mayoritaria bosníaca y croata en la República Bosnia y Herzegovina en la Federación que será constituida por las unidades federales con derechos y responsabilidades iguales”.
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    2.1.09

    La guerra en Bosnia y Herzegovina, la situación en Serbia y los conflictos en Croacia 1992-1995

    Mira Milosevich [Mil00] escribe que el primer incidente que incendiaría definitivamente los ánimos en Bosnia y Herzegovina ocurrió durante la celebración de una boda serbia en la ciudad de Sarajevo el 1 de marzo de 1992. En el ataque -sin precedentes para ese entonces-, murieron el padre y el padrino del novio. Sin embargo, la auténtica guerra empezó en Sarajevo unos días después, cuando los ciudadanos bosnios salieron a la calle con banderas de la Yugoslavia socialista y fotos de Tito, pidiendo paz y gritando que no querían violencia en su República.

    La gente estaba en el centro de la ciudad, al lado del hotel Holiday Inn, construido para los Juegos Olímpicos de Invierno de 1984. El llamado buzón –el más grande del mundo-, bautizado así a causa de su fachada amarilla, alojaba unos residentes especiales: estaba lleno de francotiradores serbios que, instantes después del comienzo de la manifestación, dispararon sobre la muchedumbre [Mil00, p. 255].

    Se decía que 1993 fue el peor año de esta agonía. La población de Bosnia y Herzegovina se dividía en aquel entonces entre una mayoría relativa de bosnios musulmanes, seguida en cantidad muy de cerca por los serbios ortodoxos, acompañadas ambas por una cantidad proporcionalmente menor de croatas católicos y existiendo, incluso parte de cada uno de estos tres grupos (según cambiara la definición después de 1995), una considerable cantidad de personas que se definían como yugoslavas, además de la existencia de una considerable cantidad de otras minorías en esta especie de crisol de culturas y religiones. Las personas que aún se consideraban yugoslavos y que defendían a capa y espada su derecho a convivir con todas las religiones y todos los hombres como lo habían hecho en los últimos cincuenta años constituían más del 26% [Mil00] de la población total de la república. Este territorio se volvió un calvario de persecución y sangre.

    Sarajevo, la capital de Bosnia fue un infierno por tres años. Francotiradores, bombardeos, secuestro del presidente bosnio a manos del ejército de los serbios bosnios... Un recordatorio a la humanidad de su calidad de bestia aún dominante a la entrada del siglo veintiuno y el nuevo milenio, en medio de una contradicción severa de una globalización económica acompañada de segregaciones étnicas, religiosas y culturales. Claro está, como lo he repetido en varias ocasiones, el que todo ello ocurriera en el "corazón de Europa" en ningún momento fue una excepción sino una confirmación a la regla de una Europa ultra bélica, sobre todo en el siglo XX.

    Por otro lado, la escena política en Serbia se volvía cada vez más incierta. Como consecuencia del bloqueo económico contra Yugoslavia, el país entró en una crisis económica sin precedentes. Una publicación [G17plus] de uno de los grupos que formar parte de la coalición de los partidos de oposición –Oposición Democrática Serbia (DOS)- que postulara a Vojislav Koštunica para las elecciones federales en el año 2000, arrojaba como parte de su campaña electoral datos útiles para la comprensión de esta situación. El año de 1993, la inflación en el país alcanzó porcentajes inimaginables. El fenómeno económico se denominó hiperinflación y alcanzó un valor de 313 000 000 % anual en Yugoslavia [G17plus]; es decir que la inflación diaria era de más del 60% o 2.0% por hora [G17plus]. Fue ese mismo año cuando Yugoslavia entró al libro de los récords Guiness con su billete de 500,000,000,000 de dinares, con lo que el 17 de enero de 1994 se podían comprar 50g de mantequilla o 1 huevo de gallina [G17plus]. Lo interesante fue que el día 10 de enero de ese 1994 (una semana antes) con ese billete se podían comprar un poco más de 375g de mantequilla o casi nueve huevos de gallina. Ese año, un salario promedio en Serbia era de 21 DM (más o menos 10 euros actuales), lo cuál representaba menos del 18% del valor de los sueldos otorgados en 1987 en la federación Yugoslava [G17plus].

    Durante la visita de mi familia a Belgrado, en el verano del 2000, sentado en el parquecito, Mihailo me contaba un chiste que según su percepción describía fielmente la situación de aquel año:

    Se encuentran dos compadres años después de haberse visto por última vez. Era el año de 1993. El primero se había ido a vivir a Alemania y se quejaba amargamente de su administración diciendo que su sueldo mensual era de aproximadamente 3,000 DM y que de esa cantidad 2,000 DM el sabía en qué se lo gastaba, pero que los otros 1,000 DM no tenía ni la más remota idea. Al oír eso, el otro, que jamás salió de Yugoslavia, le responde riéndose que estaban igual, que él al mes se gastaba 1,000 DM de los cuales 20 DM él sabía de dónde los sacaba –de su sueldo-, pero que los otros 980 DM no tenía ni idea.

    Reíamos los dos, mientras que yo para mis adentros agradecía incesantemente el sentido del humor de mis compatriotas.

    Tomando todo ello en cuenta, no era de sorprenderse que ese preciso año, en las elecciones federales convocadas a raíz de la prematura destitución de Dobrica Ćosić como presidente de Yugoslavia, la oposición se hubiera fortalecido tremendamente. A tal grado, que una vez anunciados los resultados –que designaban obviamente a Slobodan Milošević como indiscutible vencedor-, habían declarado fraude electoral y organizado movilizaciones sociales por todo el territorio serbio. Las protestas duraron varios meses en los cuales todos los días se organizaban marchas y se convocaba a la gente a hacer tanto ruido como le era posible a la hora del noticiero oficial a las 19:30. Ello simbolizaba el rotundo rechazo a la manipulación de la información, la censura y el autoritarismo ejercido por parte del régimen oficial. Todo el mundo salía con silbatos, ollas, platos, tambores, botellas o cualquier otra cosa que pudiera servir para tal propósito a las calles, las plazas, los techos de los edificios...

    Se intentó convocar a otras elecciones. Grupos de simpatizantes del partido oficial y los de la oposición se perseguían por las calles de todas las ciudades, había golpes, disparos, heridos y hasta muertos. Sin embargo, de nada sirvió. Como gobierno sucesor al de Dobrica Ćosić no quedó uno elegido democraticamente por el pueblo, sino uno impuesto por el mismo Milošević. De todos modos, la popularidad del presidente cambiaba paulatinamente y Milan Panić, que era el candidato a la presidencia por la oposición, se convertiría con el tiempo en el Primer Ministro yugoslavo.

    En Belgrado, la delincuencia se volvía el negocio cada vez más atractivo. Las organizaciones clandestinas de paramilitares que cometían atrocidades en el frente y organizadas por los grandes capos de diferentes mafias en contubernio con Milošević crecían incontroladamente. Uno de los criminales más famosos, elevado de rango y celebrado como héroe nacional en esta época, era Željko Ražnjatović - Arkan.

    En poco tiempo, Arkan se volvía dueño de los casinos y hoteles más prestigiados de Belgrado y toda Serbia. Lo más curioso era que un porcentaje altísimo de criminales eran delincuentes juveniles. Recordaba claramente los partidos de fútbol y las porras del Estrella Roja y el Partizan.

    Entre la juventud empezaban a destacar los jóvenes demasiado preocupados por la ropa que vestían y los coches que conseguían por medio del crímen. Se distinguian por pasar la mayoría de los días en los gimnasios levantando pesas y por utilizar enormes cadenas, pulseras y relojes de oro y por vestir los pantalones de una manera que les permitía fajarse la camisa, el suéter y hasta la chamarra en ellos. Usaban pantalones para hacer deporte y sudaderas de licra de colores fluorecentes o pantalones de marca Diesel a los que le debieron su sobrenombre –dieseleros (dizelaši)-, que usaban siempre jactándose del dinero que portaban en sus billeteras. Esta nueva clase de jóvenes se encontraba en todo momento acompañada por bellas mujeres -cegadas por la ambición y el dinero- que poco a poco se ganaron el apodo de patrocinables (sponzoruše), por el tipo de trato que obtenían a cambio de su presencia y servicios. Desde luego, la cantidad de dinero era casi siempre mínima en comparación con los estándares internacionales, pero como dice el dicho ”en el país de ciegos, hasta el tuerto es rey”.

    En Serbia no había planes personales ni ambiciones profesionales, ni nada. No existía el sueño de un mañana. Así que se vivía el momento. Mientras más adrenalina ello conllevaba, mejor; una natural consecuencia de la falta de casi todo lo elemental.

    Mira Milosevich [Mil00] comenta que el escenario de los conflictos en Bosnia y Herzegovina era el mismo que en Croacia: incidentes entre policías de los diferentes bandos que intentaban combatir al ejército yugoslavo, que defendía normalmente a los serbios, aunque clamando oficialmente estar en contra de la secesión de cualquier república yugoslava, al menos a inicios de ese 1993. Sin embargo, la guerra en Bosnia tendría más eco en los medios de comunicación extranjeros por varias razones: en el conflicto de Croacia no se habían aplicado, al menos en sus primeras fases, procedimientos descarados de "limpieza étnica". En Bosnia, por el contrario, la estrategia militar de serbios y croatas recurrió desde el principio a dichas estrategias. No hay mejor prueba de ello, explica la socióloga [Mil00], que las fosas comunes de Foča o Srebrenica.

    La presencia de grupos paramilitares fue mucho más significativa en el conflicto de Bosnia que en el de Croacia, pero lo más característico de la guerra de Bosnia es que los propios ciudadanos de Sarajevo y de las otras ciudades de la región, escarmentados en cabeza ajena, habían tratado de impedir a toda costa el estallido de la violencia interétnica.

    ***

    Al poco de regresar de la costa dálmata en Croacia, dónde visité a mis abuelos y nuestra familia logró reunirse después de casi nueve años de separación, recordaba los testimonios de uno de los vecinos.

    Aquella tarde asoleada en la costa croata, Neven decidió pasar a saludar. Lo recordaba con cariño; era el tío materno de uno de mis mejores amigos de la infancia, Jasmin, que vivía en una casa que colindaba justo barda con barda con la de mis abuelos. Era ya un señor de unos 38 años de edad. Se veía mal rasurado y con un rostro cansado, de mirada caída, como es característico en los hombres que habían visto demasiado y que desean no haberlo vivido jamás.

    A mi juicio, no sabía a ciencia cierta cómo lo íbamos a recibir. Pasado es lo pasado, pero habían sucedido tantas cosas desde entonces. Se tomó un vaso pequeño de rakija que mi abuelo le servía y poco a poco empezaba a entrar en confianza. Empezaba a platicar. Entre burlas y con un tono irónico nos contó su historia de los últimos ocho años.

    Tenía dos hijas, la más grande nació durante la guerra, en 1992, la otra era apenas una bebita de brazos. Vivían en Tuzla, una ciudad típica bosnia, famosa por la fábrica de sal ubicada en su periferia. Es la única región de Bosnia en la que las tres nacionalidades: la serbia, la croata y la musulmana aún siguen viviendo en paz. En 1991 no creían que la guerra se iba a pasar también con ellos. Ni siquiera cuando andaban bombardeando a tan sólo 15 km de distancia.

    Fue a mediados del ’92 cuando llegó la orden para que el ejército federal, JNA, abandonara su cuartel ubicado en el mero centro de la ciudad y les entregara el armamento a la nueva milicia de la defensa territorial bosnia. Se asintió. Los soldados, platicó Neven, empezaban a salir paulatinamente formados a bordo de vehículos y tanques, en un gran convoy que como serpiente abandonaba la ciudad.

    Al faltar tan sólo el último tercio de la fila en abandonar los límites de la ciudad, alguien abrió fuego sobre ellos. Destruyeron la totalidad del último tercio del convoy una vez que los primeros dos ya se habían alejado por una curva de la autopista. La parte que ya había abandonado la ciudad y al ver lo ocurrido, reposicionó su armamento pesado y abrió fuego sobre Tuzla. Decidieron regresar a los edificios que apenas habían abandonado. La guerra no paró hasta 1995.

    Tuzla fue sitiada por todos lados. El primer bloqueo duró más de ocho meses, recordaba Neven. No se tenía en la ciudad nada para comer, ni comprado ni regalado... lo que fuera. En el invierno nevado tenían que romper las paredes de los departamentos de los edificios con tal de poder sacar las chimeneas de calentadores improvisados en los que se quemaba periódico, duela, zapatos... cualquier combustible. Todos los precios de lo que aún había crecieron arbitrariamente, aunque sí conservando su jerarquía de unas mercancías respecto a otras. Los únicos que tenían comida eran los campesinos de pueblos aledaños a Tuzla y se aprovechaban de ello. ¡Cuál solidaridad ni que patrañas!: individualismo negativo, puro y terrible. Neven platicaba que tenía que ir a pie, ya que no había gasolina, más de 11 km tan sólo para conseguir tres huevos de gallina, a 10 marcos alemanes (5 euros actuales) cada uno.

    Lo que produce Tuzla es la sal para uso doméstico, cosa que los serbios que la sitiaban no tenían; así que los habitantes de la zona a veces lograban realizar un trueque con ellos. En pocas palabras, era terrible. Sobrevivió, con su familia, tal y como sobrevivieron los otros. ¡Quién sabe cómo!

    Una vez que el bloqueo fue roto, se unió al ejército de Bosnia y Herzegovina –Bosansko Hercegovačka Armija-. El frente de enfrentamienos era terrible. Platicaba que hacían alianzas todos con todos: los chetniks, cómo se le decía a los serbios, con los ustashe, que eran los croatas, contra los turcos, como llamaban a los musulmanes y al ejército de Neven; los chetniks y los turcos contra los ustashe; los turcos y los ustashe contra los chetniks... todos contra todos, revueltos y muchos enloquecidos por el odio. Solamente se gritaban de una trinchera a otra.

    El comercio entre los soldados igualmente era algo usual. El ejército bosníaco obtuvo sus uniformes de Israel, a través de Eslovenia, platicaba Neven que usó uno de esos uniformes. Eslovenia, por cuestiones del embargo económico, intercedía ante los circunstanciales vendedores de armas. Muchos se enriquecieron por este medio. Después de la guerra hubo muchos juicios y grandes escándalos en Eslovenia por este motivo. Como todo seguía bajo bloqueo, decía Neven que el armamento y los uniformes se los mandaban por aire. Platicaba que él jamás hubiera soñado ver bajar un tanque de 5 toneladas en paracaídas. Aquello sonaba como explosión al tocar tierra. Reía. Tanques color arena, recién desempacados de la guerra del Golfo pérsico, resaltaban como alumbrados por reflectores en medio de la boscosa Bosnia. Había que pintarlos de inmediato, al igual que los uniformes. Sin embargo, parece que tenían mejores botas que los serbios. En el día negociaban y hacían trueques –botas por cigarros, dinero o café; por la noche combatían. Todos los ejércitos acabaron con uniformes parchados. Una locura.

    Lo bueno, o mínimo lo práctico, era que jamás veían en realidad contra quién disparaban. Primero activaban la artillería pesada sobre las posiciones enemigas y posteriormente mandaban la infantería para matar lo que aún seguía vivo. La única manera de avanzar era a través de trincheras. Adelante dos metros y luego hacia cada lado, haciendo una especie de árbol de Navidad. Neven platicaba que los bosníacos utilizaban incluso cloro. Lo tiraban en enormes cantidades sobre los bosques. Secaba los árboles... ello hacía posible ver. Como si fuera NAPALM.

    Los árabes les vendían por otro lado armamento a los musulmanes bosnios a través de Croacia. A los croatas les llegaba armamento de todos lados, platicaba Neven. Como buen intermediario, Croacia se quedaba invariablemente con la mitad de la compra aún cuando eran los otros los que pagaban. Los polacos, checos y demás países ex comunistas vendían armamento ruso. Todo se había vuelto un gigantesco mercado.

    Neven platicó que durante el bloqueo a Sarajevo, la única vía para acceder a la ciudad era un túnel. A través de éste les venía toda la ayuda humanitaria o energética – petróleo, energía eléctrica, comida, medicamentos, ropa, etc. Una mafia en coalición con el gobierno de Alija Izetbegović mantenía el monopolio de esta ayuda; desde esa perspectiva ya no parecía raro que no quisieran que el bloqueo se levantara casi cuatro meses más de lo necesario. Si la ayuda hubiera empezado a llegar por todos lados, hubieran perdido el negocio.

    Tuzla no estaba dividida, es por ello que jamás recibió ayuda de ninguna parte –hasta el día de hoy. Por otro lado, Neven dijo que Sarajevo estaba ya casi totalmente reconstruido en ese 2000. Es totalmente diferente a como era antes de 1992. El Partido Demócrata poco a poco iba ganando terreno. Eso era bueno, comentaba Neven.

    Por otro lado, la bandera y el escudo. Nadie sabe qué significan las siete y media estrellas en la bandera azul de la República Bosnia y Herzegovina. Todo son disputas. En la Republika Srpska, todo se escribe en cirílico. En la Confederación Croata Musulmana en latinizado. De manera que todos los documentos oficiales tienen escrita la información de las dos maneras. Hasta los billetes son diferentes en la Republika Srpska que del otro lado y son lo mismo –mismo valor, mismo país. Todo enloqueció. Risas.

    Imagínense, decía Neven, los serbios se apoderaron de la fábrica de sal de Tuzla, al menos de la paquetería. De manera que en Belgrado podías comprar sal de Tuzla en todos lados. El problema era que la sal en sí había quedado en manos de los bosníacos. Nadie sabe a ciencia cierta qué era lo que se vendía en Belgrado, entonces, ni quién lo vendía. Hoy día es casi imposible encontrar sal de Tuzla en Serbia. ¡Explícatelo! Puro negocio, puro contrabando.

    Nadie sabe en donde se produce qué cosa, platicaba Neven, pero alguien está haciendo gran dinero.

    Tres años después, por allí del 2003, nos enteramos que Neven había fallecido en su querida Tuzla. Ataque al miocardio.

    ***
    Josep Palau [Pa96] comenta que si la expectativa viable de reconocimientos alimentó la guerra en Croacia, su consumación abrió los nuevos capítulos. Error tras error. La guerra de Bosnia y Herzegovina tuvo características propias especialmente complejas, y durante tres años siguientes, de 1992 a 1995, éstas absorberían la mayor parte de energías del conjunto de conflictos yugoslavos. En el fondo, el conflicto serbio-croata de las Krajinas y Slavonija pasó a jugarse en el tablero bosníaco. El destino de los serbios de Croacia, congelado por el plan Vance, iba a depositarse en los impredecibles designios del rompecabezas bosnio. Como se vería más tarde, los serbios de la RSK (Republika Srpska Krajina) creyeron que la inmersión de su problema en un contexto más general les favorecía, y así parecía al principio; sin embargo, a la postre resultó ser fatal. Zagreb acabó ganando en 1995 en Bosnia la guerra de Croacia que perdió en 1991. En lo que en algún momento fue la Republika Srpska Krajina, con una población en 99% serbia, hoy día no hay ni un solo serbio; sólo escombros de casas que yacen allí como un vestigio de una guerra estúpida.

    Era evidente que para que cualquier acuerdo político aceptable empezara a funcionar, se requería una presencia mucho más numerosa y sostenida de fuerzas internacionales, incluidos tribunales y policía. Ello no ocurrió.

    Mira Milosevich [Mil00] a su vez supone que para Radovan Karadžić destruir Sarajevo durante tres años no era sólo un deber militar, sino mucho más. Para él, era la posibilidad de hacer sufrir la ciudad genérica que siempre había odiado.

    Siguiendo la línea de su teoría, Mira Milosevich [Mil00, apud. Hartmann, op. cit., p. 235] comenta que Karadžić conocía bien la estrategia militar, pero nada de los planes secretos de Slobodan Milošević y Franjo Tudjman. Cuando los serbios de la Krajina serbia pidieron la unión con Serbia, la ausencia de respuestas a dicha petición por parte de Milošević no fue suficiente para poner bajo sospecha la voluntad expresada por éste de unir todos los territorios serbios. Las dudas, que luego se convertirían en odio abierto hacia el presidente serbio por todos los que le habían apoyado, empezaron a nacer cuando Radovan Karadžić propuso la unificación de la Krajina serbia y la Krajina bosnia a finales de 1992. Slobodan Milošević no quería esa unificación, no le convenía para nada, la existencia de dos estados serbios. Sobre todo no le convenía un segundo estado bajo la autoridad de un rival tan popular entre los serbios como Karadžić. Slobodan Milošević, según la socióloga [Mil00], no quería dos estados, sino uno homogéneo del que él sería el único amo.

    Para Mira Milosevich [Mil00], cuando las verdaderas intenciones de Slobodan Milošević quedaron claras, sus antiguos cómplices lo acusaron, como es lógico, de traicionar al pueblo serbio. La ira de los nacionalistas decepcionados, sigue la autora, estalló a raíz de la Operación Tempestad (Oluja), el 4 de agosto de 1995, sobre las posiciones militares de la Krajina serbia, atacadas por las columnas blindadas de Croacia. Había llegado la hora de que Slobodan Milošević devolviera los favores a Tudjman. Los continuos fracasos de la Unión Europea en sus intentos por convencer a los líderes de los Balcanes de que debían firmar la paz desembocaron en la iniciativa estadounidense de reunirlos en noviembre de 1995 en Dayton.
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    «« Hacia De mi salida del país en diciembre de 1991 y las primeras percepciones sobre México

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    16.11.08

    La guerra en Eslovenia, la guerra en Croacia, la situación en Bosnia y Herzegovina y la vida en la retaguardia de la catástrofe yugoslava

    Eslovenia declaró su independencia de Yugoslavia el 25 de junio de 1991, basada en los resultados del referéndum celebrado el 23 de diciembre de 1990, y entró en una guerra de ocho días con el ejército federal yugoslavo (JNA). Éste, sin medir las consecuencias, mandó a la defensa de las fronteras yugoslavas internacionales a jóvenes de apenas dieciocho años y sin municiones, en contra de una policía preparada y armada que apareció de la noche a la mañana, quedándose la república septentrional finalmente con su autonomía.

    Josep Palau [Pa96] comenta que las autoridades eslovenas, tras proclamar la independencia el 25 de junio, expulsaron a los funcionarios federales de los puestos fronterizos y tomaron unilateralmente el control de éstos. Las unidades del ejército que acudieron inmediatamente en respuesta fueron enviadas por el gobierno federal presidido por el croata Ante Marković, quién advirtió al gobierno de Ljubljana que era ilegal su apropiación de unas fronteras que lo eran de toda la federación yugoslava con Austria, Italia y Hungría. Marković advirtió también del caos incontrolable que se avecinaba si se admitían cambios violentos de fronteras internacionales.

    Las unidades del JNA, escasas y mal pertrechadas, opina Palau [Pa96], se dirigieron directamente a las fronteras por rutas comunicadas al gobierno de Ljubljana. Nunca se dirigieron a la capital; no hicieron gesto alguno de interferir en las decisiones internas de la república, ni de cuestionar a las autoridades republicanas nada que no sea el control de las fronteras. A los dos mil integrantes de esa fuerza (JNA), en su mayoría reclutas sin preparación, el 27 de junio hicieron frente unos cuarenta mil miembros de la Defensa Territorial Eslovena, organización militar [Pa96, p. 76] que se había transmutado ilegalmente en un organismo obediente a las autoridades republicanas rompiendo la unidad de las fuerzas armadas yugoslavas.

    Lo anterior nunca se tomó con demasiada seriedad por casi nadie de nuestro círculo de amistades, sobre todo en Belgrado. En aquel entonces, yo mismo no podía creer lo que estaba ocurriendo. Muchos de mis amigos comentarían tiempo después que si el gobierno federal hubiera actuado enérgicamente ante tales irregularidades, hubiera podido conservar cierta presencia política en los acontecimientos que ocurrirían en los próximos años. Ello no sucedió.

    Recuerdo que fue la administración estadounidense, a través del todavía secretario de estado, James Baker, quien tuvo algún momento de lucidez intentando a la desesperada transmitir un mensaje contrario a cualquier reconocimiento unilateral de los por volverse antiguos países miembros de la desquebrajada federación yugoslava. Esa, sin embargo, no era la opinión que prevalecía al interior de la recién transformada Comunidad Europea (CE). Me parecía que la responsabilidad sobre las guerras posteriores al desmembramiento de Yugoslavia en el mero corazón de Europa, era compartida por demasiados actores políticos mundiales.

    Palau [Pa96] sigue comentando que no era justo considerar a Eslovenia como un territorio y una nación sometidos a un dictado o a una forma de neocolonialismo por su inclusión en Yugoslavia, lo que en su momento obedeció a un acto plenamente voluntario. Las razones de la decisión eslovena para romper con Yugoslavia en 1991, prosigue el autor, no hay que buscarlas en determinismos históricos que más bien podrían llegar a sugerir lo contrario. La estructura de poder económico y social y las incertidumbres en la forma de resolver los litigios entre las élites detentadoras de ese poder, generaron una dinámica centrífuga que a la postre resultó ser imparable. Eslovenia era un paradigma de tendencias egocéntricas [Pa96]. Mientras el diferencial en el producto interno bruto (PIB) entre Eslovenia y la media Serbia-Bosnia-Herzegovina-Macedonia era de 2.5 a 1 en los años 50, llegó a ser de 5 a 1 en 1980 [Pa96]. Es decir, Eslovenia se había convertido en beneficiaria de los desequilibrios yugoslavos, que incluían relaciones de intercambio típicas de los modelos norte-sur.

    En el fondo, la élite político-cultural eslovena, comenta Palau [Pa96], había ya concluido hacia 1986 que le interesaba menos la cohesión de Yugoslavia y más su aproximación exclusiva a los vecinos ricos del entorno. Hacia esa fecha empezaba a madurar el entendimiento entre los comunistas eslovenos y su tradicional oposición nacionalista de raíz democristiana, en la misma medida que se iba debilitando su disciplina en la Liga Comunista Yugoslava. También de esa fecha datan sus relaciones internacionales autónomas en el marco de la llamada Cooperación Alpe-Adria, en la que se fraguan percepciones antiyugoslavas [Pa96]. Los dirigentes y la sociedad eslovenas maduraron la conclusión de que la continuación natural de un proceso de veinticinco años de acumulación de poder republicano parejo al aumento de su nivel de vida en detrimento de la media yugoslava, consistía ahora en la desvinculación completa de Yugoslavia.

    Así, concluye Palau [Pa96], no es correcta la apreciación de que el independentismo esloveno es sólo una reacción a su pesar ante la presión serbia. Preexiste a ésta. Se desarrolla en paralelo aunque alentada por ella, y se consuma con su pretexto. El 21 de junio de 1996, en un programa de la televisión de Ljubljana, dedicado especialmente al quinto aniversario de la independencia, el entonces presidente de la República Eslovenia, Milan Kučan, advirtió que ”Eslovenia ya se armaba desde antes de 1990, previendo una guerra” [Pa96]. La revelación de la verdad empieza a prevalecer sobre la propaganda, también cuando el presidente esloveno añade en la misma entrevista que ”La Unión Europea jugó un gran papel a la hora de hacer posible la ruptura de Yugoslavia" [Pa96].

    Croacia quiso seguir los pasos de Eslovenia, anhelando lograr la independencia sin mayor problema. Se basaba en los resultados del referéndum celebrado el 19 de mayo de 1991. En este momento se inmiscuyeron todos los capitales e intereses políticos del mundo en el ya existente conflicto: en Europa se vio seriamente afectado el proyecto de la Unión Europea por la diferencia de percepciones que rondaban la manera en la que había que enfrentar el creciente "problema yugoslavo", cuestión sobremanera bien recibida por los EUA quienes se regocijaban de su sorprendente salida de la enorme crisis económica iniciada en el gobierno de Ronald Raegan (y sus famosas Raeganomics).

    La guerra de la región de Krajina se extendió por todo el territorio croata. Lo que quedaba del ya raquítico ejército federal, reducido étnicamente a personal proveniente de Serbia, de Montenegro y de los serbios de Bosnia y Herzegovina por la masiva deserción de cadros de otras nacionalidades, se les había unido ya a las fuerzas armadas de los serbios de Croacia, aunque no de jura, al menos sí de facto. El cambio perpetuado a la constitución croata para afirmar que el nuevo estado era croata, y no, como lo había sido, el estado de los croatas, que incluía al pueblo serbio en Croacia y a otros, convirtió a los serbios de la noche a la mañana en una minoría en el país en el que habían vivido sus antepasados por lo menos cuatro siglos, o mucho más.

    El problema del surgimiento de los ejércitos esloveno y croata se podía haber evitado. Palau [Pa96] escribe que la guerra del Golfo (Pérsico) había permitido disimular una masiva importación ilegal de armas a Croacia y Eslovenia, que llegaron a través de Hungría procedentes básicamente de la antigua RDA, desechadas por el ejército de la Alemania unificada. Visto ahora con perspectiva, resulta sorprendente que no se dieran verdaderas voces de alarma en Occidente a un tráfico que, rompiendo el principio de monopolio de la violencia por parte de los ejércitos establecidos, prefiguraba el desastre posterior.

    Muchos de mis conocidos hablaban sobre el fenómeno que se estaba suscitando. Mucha gente iba a pelear solidariamente con sus "hermanos serbios" en Krajina durante los fines de semana, de manera entusiasta. Regresaban los lunes al trabajo como si nada hubiera sucedido. El armamento venía de todos lados; de singular prestigio se hacían las ametralladoras rusas de nombre Kalashnikov (AK-47) en el frente, por ser las más comunes.

    Palau [Pa96] continúa comentando que el ”ahora o nunca” requería imponer el control croata sobre los territorios de mayoría serbia tanto en las Krajinas como en Slavonija, que ya se habían dotado de instituciones propias y fuerzas policiales armadas para defenderlos. Así empezó la guerra en toda la extensión de la palabra.

    A partir de agosto de 1991 se disparaba una sucesión de incidentes; una formidable escalada que culminó a finales de noviembre con la destrucción de la ciudad de Vukovar.

    Uno de los efectos colaterales de este armarse de la población fue el incremento de asaltos y demás delitos perseguidos también en Belgrado; el problema era que se cometían con armamento de alto calibre traído del frente, de la guerra.

    La siguiente anégdota retumba en mi memoria de una manera confusa; tan confusa que ya no sé si realmente sucedió así como la recuerdo o si la he ido transformando a lo largo de los años (como muchos de mis recuerdos). De cualquier manera, la historia es como sigue. Una tarde salí a tomar una copa o un café con una amiga a un restaurantito de uno de los entonces nuevos centros comerciales, recién construido, a un lado del Teatro Popular en el centro de Belgrado. En la mesa de al lado se encontraban cuatro jóvenes que jugaban con un peculiar artefacto.

    Después de cómo media hora de no poner atención a lo que decían, me dí cuenta que en realidad jugaban con una ¡bomba de mano!. Le sacaban el seguro y se lo volvían a meter. No le prestamos demasiada atención al asunto.

    Tras una charla placentera, decidí acompañar a mi amiga a su casa. Llegando a casa, me enteré en el noticiero de una explosión terrible ocurrida en ese preciso centro comercial. El daño material había sido enorme. Un jóven perdió la vida y tres más estaban en el hospital. Sentí un sudor frío brotar en la frente.

    El que la explosión es real, se puede verificar en los periódicos de aquel verano de 1991. El que yo me encontrara allí en un sinnúmero de ocasiones, es también cierto, sobre todo porque por aquella época andaba mucho en patineta y en ese preciso centro comercial habían abierto, junto con una tienda de computadoras de la IBM, igualmente una tienda que vendía patinetas y demás indumentaria ad hoc. Lo que no me queda tan claro era si la explosión de aquella tarde realmente fue provocada por los jóvenes de la mesa de al lado o si se trata de dos acontecimientos separados. De cualquier manera, este pequeño incidente ilustra de manera perfecta en qué se convertía la vida en aquellos eños en las calles de Belgrado.

    El ejército yugoslavo reclutaba a diestra y siniestra. Muchos sentían que aquello no era "su" guerra. Casi nadie quería ir al frente a pelear. ¿Contra quién?, ¿contra mi abuelo, mi primo o mi mejor amigo? Nadie, o casi nadie (que no es lo mismo) entendía aquel caos en el que estábamos sumidos. Muchos empezaban, sin embargo, a ganar mucho dinero aprovechando la oportunidad: contrabando de armas o de cigarros, robos en el frente o en la ciudad, corrupción, delincuencia de todo tipo...

    Muchas eran las historias del frente. Escuché por aquellas fechas de un vecino de nuestro edificio de Nuevo Belgrado que un amigo suyo había sido reclutado a la fuerza. Llegaron por él tres soldados del ejército yugoslavo a las tres de la mañana y se lo llevaron. Era pacifista. Después de dos meses regresó a su casa. Se había vuelto loco.

    Nadie dormía ya en casa. No había ni un alma (fuera de los orgullosos fighters de Belgrado, hinchas del Estrella Roja o el Partizan, delincuentes de todo tipo y otros amables representantes de la vida belgradense y serbia en general, quiénes por fin decubrieron la manera de hacerse de "fama" y de una maravillosa oportunidad para robar y matar) dispuesta a morir en tales circunstancias. Era aquella una guerra impopular, al menos en Belgrado.

    Huía al extranjero cada quién como podía. La mayoría, de manera ilegal. Para poder salir, era necesario pedir por escrito permiso al ejército. Todo podía ocurrir: el permiso otorgado o el reclutamiento inmediato.

    Se organizaba ya un movimiento de las madres de hijos caídos en el frente. Había cadáveres sobre el Danubio; a treinta kilómetros de Belgrado había ya ciudades destruidas y ruido de cañones.

    Todo aquello me tenía confundido. Por un lado oía los discursos incendiarios de un nacionalismo serbio en aumento y por el otro detectaba el mismo fenómeno de parte de todas las otras naciones. Recordaba claramente mis últimas vacaciones en la costa dálmata de aquel verano de 1990. Recordaba un partido de futbol del equipo local, de la cuarta liga croata. Las canciones y las porras. Recordaba haber escuchado por primera vez el que se volvería muy pronto el himno oficial croata: Lijepa naša domovino. Recordaba las banderas (aún prohibidas) con el escudo nacionalista croata de la segunda guerra mundial. Los comentarios racistas, nacionalistas. Recordaba la canción del grupo croata Crvena Jabuka, "Ružo", que el cantante le había compuesto a su madre fallecida, pero que enviaba mensajes claros de nacionalismo croata. Recordaba las modificaciones que les hacían al idioma croata y las cuatro "nuevas" palabras croatizadas por día que todo el mundo "descubría" al final del noticiero en horario estelar en la televisión. Descubría que "ellos" no eran "nosotros" y que todo el mundo se empeñaba en convencerme que la brecha entre unos y otros era infranqueable.

    ¿Quién estaba más manipulado y engañado?, ¿"ellos" o "nosotros"?, a esa pregunta es a la que no he encontrado una respuesta objetiva hasta el día de hoy.

    Josep Palau [Pa96] escribe sobre lo sorprendente que resulta el que sea tan poco conocido el hecho de que el acto de reconocimiento de Eslovenia, Croacia y Macedonia como estados independientes, efectuado por la Comunidad Europea, contravino abiertamente la recomendación explícita del Secretario General de la ONU, Javier Pérez de Cuellar, que remitió el 10 de diciembre de 1991 una carta al en ese entonces ministro alemán de asuntos exteriores, Hans Dietrich Genscher, en la que advertía "contra la posibilidad de reconocimiento prematuro de la independencia de algunas de las repúblicas yugoslavas (...) por los efectos que ello pueda tener en el resto (...) y por las consecuencias explosivas de una potencial bomba de relojería (...) creo que los Doce tenían razón cuando reiteraron que el reconocimiento sólo puede vislumbrarse en el marco de un arreglo global" [Pa96, pp. 92-93].

    Genscher replicó tres días más tarde en alemán, actitud sin precedentes en un buen conocedor de la lengua inglesa, que la usaba siempre en los organismos internacionales: "(...) Después del acta final de Helsinki (...) las fronteras son inviolables y no pueden ser cambiadas por la fuerza, por lo que la CE pide respeto a las fronteras externas e internas de Yugoslavia"[Pa96, p. 93].

    Todavía Pérez de Cuellar intentó, sólo horas más tarde, persuadir a Genscher en una contrarréplica al filo de la propia cumbre comunitaria: "la preocupación que sigo teniendo se refiere a la perspectiva de reconocimiento temprano, selectivo y descoordinado que (...) (según Lord Carrington) (...) conduciría sin duda a la ruptura de la Conferencia Internacional de Paz y podría dar lugar a la profundización del conflicto en esas áreas delicadas", [Pa96, p. 93].

    Como el maestro de la investigación para la paz, Johan Galtung, ha observado [Pa96, p. 93], Genscher escondió los dos textos del secretario general al referirse a su propia carta de réplica en su larga entrevista en Der Spiegel (No. 36-1995 y Nr. 37, 1995).

    Serbia y Montenegro, las únicas repúblicas que permanecieron dentro de la antigua Yugoslavia, anunciaron el 27 de abril de 1992 la formación de la República Federal de Yugoslavia. El 22 de septiembre, casi cuatro meses después de la imposición de amplias sanciones contra Serbia y Montenegro, la Asamblea General de Naciones Unidas (ONU) votó por 127 frente a 6 -con 26 abstenciones [Pa96]- que su autoproclamada federación no podía, automáticamente, asumir el lugar de la antigua República Federal Socialista de Yugoslavia y quedó excluida de la Asamblea General.

    Sin embargo, se dio la opción de presentar una nueva solicitud para incorporarse por derecho propio: tras el fracaso del entonces primer ministro federal Milan Panić, se han realizado más intentos para conseguir el reconocimiento formal de la ONU, lo que sucedió en 1996, tras la conclusión de la guerra. La comunidad internacional ha seguido el mandato de la ONU de forma abrumadora; la principal excepción ha sido China, aunque Rusia ha mantenido vínculos estrechos con la nueva entidad y le dio un considerable reconocimiento de hecho.

    Josep Palau [Pa96] sigue escribiendo que a la decisión de la Comunidad Europea en relación a Croacia y Eslovenia el 6 de enero siguió la expectativa de su confirmación mediante la aceptación de esos dos estados en la ONU en mayo. Ello motivó la prisa nerviosa del presidente Alija Izetbegović por incluir a Bosnia-Herzegovina en ese paquete en Nueva York. De nuevo aparecía el ”ahora o nunca”.

    Alija Izetbegović era presidente accidental por rotación de una presidencia constituida por supuesto consenso étnico; hacia finales de 1992 debía ceder su presidencia.

    Al respecto de este personaje y las relaciones de esta república con el mundo islámico, Josep Palau [Pa96] comenta que las conexiones entre el islamismo internacional y el bosníaco se fraguaron en el contexto del movimiento de los no alineados.

    La cooperación política entre Yugoslavia y una serie de estados arabo-islámicos incluía sustanciosos contratos comerciales en los que solía haber cláusulas de compensación en materia cultural, que dieron lugar a contingentes de estudiantes bosnios en universidades islámicas. De estos ambientes, surge el islamismo militante en Sarajevo, que cuenta entre sus ardientes defensores en los años 70 a un Alija Izetbegović que es encarcelado por ello y que redacta una declaración islámica dedicada a condenar la laicidad de Turquía. En la fase abierta de la guerra, esas conexiones sirvieron para que los voluntarios mudjahidines sean rápidamente movilizados por centenares a través de Pakistán y con financiación saudí, en una operación que en realidad consistió en trasladar a Bosnia-Herzegovina las unidades en su momento reclutadas para Afganistán. Esas unidades constituían un problema, pues nadie las quería, ni en los países de origen ni en los de acogida para su entrenamiento. Se había prestado poca atención a la flagrante contradicción de que mientras Izetbegović se dirigía sistemáticamente a Occidente en nombre de la ”Bosnia multiétnica”, hablaba a los países de la Conferencia Islámica de la ”Bosnia musulmana”, [Pa96, p. 98].

    La oportunidad era ciertamente irrepetible para fraguar un proyecto de Bosnia-Herzegovina estratégicamente dominada por los musulmanes. Izetbegović desestimó el proceso de Lisboa. Con el pleno apoyo de unos croatas deseosos de cualquier alianza antiserbia, se convocó el 29 de febrero de 1992 el referéndum para la independencia de la República de Bosnia y Herzegovina [Pa96]. La comunidad serbia no participó, ateniéndose a su propio plebiscito, celebrado el 10 de noviembre, en el que habían ”decidido” permanecer en Yugoslavia. Pocos días más tarde, el SDS -Partido Demócrata Serbio- abandonó la Asamblea de Bosnia y Herzegovina [Pa96]. A pesar de los intentos de retomar las negociaciones de Lisboa todavía efectuados por Lord Carrington y Cutileiro el 17 de marzo, de nuevo prevaleció la soberanía e independencia de Bosnia y Herzegovina. Los Estados Unidos lo hicieron el 7 de Abril. El mismo día se proclamó en Banja Luka la República Srpska –serbia-. Se habían roto todos los puentes. La guerra estaba servida.

    El 30 de mayo de 1992, a causa del apoyo continuo de Serbia a los serbobosnios dirigidos por Radovan Karadžić, se impusieron sanciones económicas por parte de la ONU sobre la Federación.
    Unos pocos días antes, el 27 de mayo de 1992, los dirigentes nacionalistas albaneses de Kosovo organizaron unas elecciones para una asamblea local. La Alianza Democrática de Kosovo triunfó y la nueva asamblea inmediatamente declaró la fundación de la República de Kosovo, con Ibrahim Rugova, poeta albanés nacido en Kosovo, como presidente. Sin embargo, los enfrentamientos entre los nacionalistas albaneses permitieron que Serbia pudiera mantener el control sobre la provincia sin el estallido de una guerra abierta.

    Serbia permanecía bajo un severo bloqueo económico, político y hasta deportivo que duró oficialmente alrededor de cinco años, aunque en la práctica cumplió el decenio completo. La guerra se ganaba en el campo del monopolio de la información y con toda clase de propaganda. En este conflicto de medios de comunicación, Serbia era la que salía perdiendo, mientras los magnates de la información mundial favorecían a los "croatas" y a los "musulmanes".

    La nueva República Federal Yugoslavia brindaba apoyo a los serbios combatientes, aportando sobretodo voluntarios y apoyo logístico al frente. Esta cuestión desencadenó una diversidad de grupos militares en los campos de batalla que no necesariamente luchaban por la misma causa e intensificó los crímenes de guerra cometidos sobre la población civil; de parte de todos los bandos.

    El 11 de diciembre de 1992, una propuesta de las Naciones Unidas para establecer la paz en Yugoslavia fue publicada como el apéndice III al reporte emitido por el Secretario General de la organización (Javier Pérez de Cuellar). El plan fue redactado por Cyrus Vance, el enviado personal del secretario General de la ONU a Yugoslavia y Mark Goulding, el Secretario General Asistente de la ONU para cuestiones políticas. Su propuesta fue dada a conocer publicamente como el "plan Vance". Todas las partes del conflicto aceptaron el plan tal y como fue propuesto.

    Las operaciones de establecimiento de la paz en Yugoslavia fueron intencionadas como un arreglo interno con el objetivo de crear las condiciones esenciales de paz y seguridad para poder posteriormente llevar a cabo una discusión acerca de la solución definitiva de la crisis. Fue estipulado que la operación de la ONU no prejuiciará de ninguna manera el resultado de tales discusiones posteriores. Una condición para el establecimiento de las operaciones de la ONU era que "todas las partes en el conflicto se adhieran de manera estricta a los acuerdos, especialmente al acuerdo sobre el cese al fuego incondicional alcanzado en Ginebra, el 23 de noviembre de 1991" [fuente aqui]. Las fuerzas militares aportadas por los gobiernos de los estados miembros de las Naciones Unidas tenían que ser absolutamente imparciales y se les permitiría utilizar sus armas unicamente para autodefensa.

    De acuerdo al plan básico, las fuerzas de paz de la ONU consistían de tropas y de observadores policíacos (UNPROFOR) que estarían estacionadas en partes de Croacia designadas como "áreas de protección de la ONU" (UNPA, por sus siglas en inglés). Estas áreas estarían demilitarizadas, todas las fuerzas armadas ajenas a UNPROFOR serían apartadas o demobilizadas, y las fuerzas de la ONU garantizarían la implementación y mantenimiento de esta demilitarización. Los observadores policíacos tendrían el trabajo de supervisar el trabajo de las fuerzas de la policía local, para prevenir discriminaciones en contra de individuos de cualquier nacionalidad y para asegurar el respeto a los derechos humanos. El ejército yugoslavo (JNA) se retiraría de todo el territorio de Croacia. UNPROFOR, en colaboración con las organizaciones humanitarias de la ONU aseguraría el retorno seguro y pacífico de las personas desplazadas a las "áreas de seguridad".

    Estas áreas eran las que, a juicio del Secretario General de la ONU, requerían de medidas especiales para el período de transición, antes de que se pudiera contar con un acuerdo político aceptado por todas las partes involucradas en el conflicto, y donde se tenía que imponer un alto al fuego duradero. Se especificó de manera específica que existían en Croacia áreas en donde los serbios constituían la mayoría o una minoría numerosa y donde se percibía que una "tensión entre las comunidades étnicas llevó a conflictos" [fuente aqui]. Estas áreas se localizaban en Slavonia oriental y occidental, en Banija, Kordun, Lika y Dalmacia del norte. Fue la designación precisa de estas áreas lo que decidió, en colaboración con las autoridades locales, los lugares donde fueron estacionadas las guardias de avanzada de la UNPROFOR.

    Tomando en cuenta la situación anterior a la llegada de las fuerzas de la ONU, las áreas protegidas estaban mayoritariamente bajo el control de serbios, aunque ciertas áreas estaban todavía controladas por el recién organizado ejército croata.

    Según Josep Palau [Pa96], El Plan Vance era deliberadamente ambiguo en lo relativo al destino final del territorio y su titularidad, aunque insinuaba levemente su pertenencia a Croacia. Consistía en establecer una fuerza de interposición –así nació UNPROFOR- que desactivara la violencia produciendo la distensión necesaria para encontrar una solución política con base en una lenta negociación, en otra situación. Fue aceptado por parte serbia ya que configuraba una situación de hecho que les favorecía. No obstante, la mencionada referencia indirecta a la titularidad croata costó la destitución del equipo dirigente serbio de Krajina que quiso oponerse a la misma. En cuanto a los croatas, el Plan Vance fue aceptado con percepciones más tácticas; para ganar tiempo, ante la incapacidad de derrotar al enemigo a muy corto plazo y temiendo mayores reveses si proseguía la escalada.

    Por otra parte, sigue Josep Palau [Pa96], el objetivo básico del reconocimiento internacional estaba a punto de obtenerse y había que demostrar talante cooperación. Ahora bien, los acontecimientos posteriores en la primera fase de la guerra de Bosnia y Herzegovina probarían que el clima dominante en Croacia, y del que sus dirigentes no se sustraían, era revanchista y empujaba a proseguir la guerra antiserbia en las circunstancias y en el marco que fuese.

    Como condición para conseguir la retirada del ejército yugoslavo de Croacia, incluida Krajina, y el desarme de las milicias serbias en esa región, la ONU garantizó que sus fuerzas no se retirarían durante su primer año de mandato, aún cuando se lo solicitara el gobierno del suelo en el que estaban acontonadas. Una garantía más convincente para las zonas protegidas por la Naciones Unidas era que cualquier ataque de importancia contra ellas implicaría casi con certeza la reanudación de la guerra con el ejército yugoslavo.

    Lo anterior acarreó una serie de problemas y entre ellos no es el menor la incapacidad de la ONU para poner en práctica las otras disposiciones del plan Vance. Si este plan no funcionó en Croacia, donde enfrentó una serie de problemas mucho más simples, al igual que Josep Palau, me preguntaba ¿cómo se podía esperar que éste o alguna variación del mismo funcionara en la situación mucho más compleja de Bosnia y Herzegovina?

    Para ese entonces, ya habían sido dañadas o parcialmente destruidas ciudades de incomparable belleza, como Vukovar o la periferia de la ciudad de Dubrovnik, acarreando en este hecho un rencor nacionalista incontrolable.
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    8.6.06

    Los eslavos del sur. Cronología de una vida conjunta...

    Estimados lectores de estas historias, les presento en esta ocasión una breve cronología de la vida conjunta de los eslavos del sur, que culminó oficialmente el 3 de junio de 2006.

    24 de Noviembre de 1918.- El Comité Central del Parlamento Popular de serbios, croatas y eslovenos (Središnji odbor Narodnog vijeća Srba, Hrvata i Slovenaca) anunció la unificación del estado de eslovenos, croatas y serbios, creado en el territorio de la ex-monarquía de Austrohungría, con el Reino de Serbia y Montenegro, creándose así un estado conjunto de serbios, croatas y eslovenos.

    1 de Diciembre de 1918.- La delegación del Parlamento Popular de serbios, croatas y eslovenos y el regente Aleksandar Karađorđević proclaman conjuntamente en Belgrado la creación del Reino de Serbios, Croatas y Eslovenos.

    3 de Octubre de 1929.- Por medio de la Ley sobre el nombre y la división del Reino en territorios administrativos se cambia el nombre del estado conjunto por el de Reino de Yugoslavia, mientras que el país se divide en 9 banovinas (territorios).

    29 de Noviembre de 1943.- En el Segundo Congreso del Ejército Antifascista de la Nueva Yugoslavia (AVNOJ, por sus siglas en serbio/croata), llevado a cabo en la ciudad de Jajce (hoy, aún en Bosnia y Herzegovina), el futuro país fue proyectado como federación de cinco pueblos (el serbio, el croata, el esloveno, el macedonio y el montenegrino) y seis unidades federativas (Serbia, Croacia, Eslovenia, Macedonia, Montenegro y Bosnia y Herzegovina).

    10 de Agosto de 1945.- En el Tercer Congreso de AVNOJ, realizado en la ciudad de Belgrado, Yugoslavia obtiene el nombre de Yugoslavia Federativa Democrática (DFJ, por sus siglas en serbio/croata).

    29 de Noviembre de 1945.- La Asamblea Constituyente proclama la república y cambia el nombre del país en el de República Popular Federativa de Yugoslavia (FNRJ, por sus siglas en serbio/croata). Esta fecha marcaba el nacimiento de la llamada Yugoslavia socialista.

    7 de Abril de 1963.- Fue votada la nueva Constitución federal, por medio de la cual se le cambia el nombre al estado a República Socialista Federativa de Yugoslavia (SFRJ, por sus siglas en serbio/croata), nombre que llevaría hasta su disolución definitiva en 1992.

    25 de junio de 1991.- El Sabor (parlamento) de la República Croacia adopta por unanimidad la Declaración sobre la creación de la República Croacia, independiente y soberana, accionando así el proceso de su separación de Yugoslavia.

    El Parlamento de la República Eslovenia aprueba el acta de su separación de la SFRJ y proclama su independencia.

    15 de Octubre de 1991.- El parlamento de la República Bosnia y Herzegovina, sin la presencia de los diputados miembros del Partido Demócrata Serbio de Bosnia y Herzegovina (SDS, por sus siglas en serbio), abrueba el memorando sobre la soberana República Bosnia y Herzegovina.

    21 de Noviembre de 1991.- Sobranje (parlamento) de la República Macedonia promulga la nueva constitución macedonia, en la cuál Macedonia se define como estado soberano e independiente.

    27 de Abril de 1992.- El parlamento federal de lo que queda de la República Socialista Federativa de Yugoslavia (SFRJ) promulga la nueva constitución de la República Federal de Yugoslavia (SRJ, por sus siglas en serbio) -el estado común de serbios y montenegrinos.

    14 de Marzo de 2002.- En Belgrado se firma el Acuerdo sobre la redefinición de las relaciones entre Serbia y Montenegro. Por medio de este acuerdo, que firmaron los representantes oficiales de la SRJ, la República Serbia y la República Montenegro, con la participación intermediaria de la Unión Europea (UE), el estado común adquiere el nombre de República Serbia-Montenegro.

    4 de Febrero de 2003.- Ambos parlamentos (el de Serbia y el de Montenegro, respectivamente) participande a la vez del parlamento yugoslavo conjunto, aprueban la nueva constitución de Serbia y Montenegro y la ley sobre su implementación, con lo cual cesaba de existir, incluso jurídicamente, la República Federal de Yugoslavia (SRJ), dando paso a la República Serbia y Montenegro (SCG, por sus siglas en serbio), lo que representó el séptimo cambio de nombre de lo que quedaba aún de un estado conjunto de los eslavos del sur, desde su primera unificación en 1918.

    7 de Abril de 2005.- Los representantes políticos de Serbia, de Montenegro y de la unión estatal Serbia-Montenegro, con representantes de la UE como intermediarios, firman el acuerdo por medio del cual se crean las condiciones necesarias para un posible cambio de la constitución. Por medio de este acuerdo se le posibilitó el trabajo al parlamento federativo de Serbia y Montenegro y se crearon las condiciones para la posibilidad de celebración de referendos de separación en las repúblicas miembros de la unión estatal.

    21 de Mayo de 2006.- Se celebra el Referendum sobre la separación de la unión estatal Serbia-Montenegro en la República Montenegro, en el que la mayoría de los ciudadanos vota por un Montenegro independiente y soberano.

    3 de Junio de 2006.- Proclamación oficial de la República Montenegro (RCG, por sus siglas en serbio) como país soberano.

    Proclamación oficial de la República Serbia (RS, por sus siglas en serbio/croata) soberana y heredera jurídica de la unión estatal Serbia y Montenegro (SCG).

    17 de Febrero de 2008, a las 15:46, el primer ministro del gobierno de Kosovo Ashim Thaçi terminaba de leer la declaración de la independencia de la provincia meridional serbia, Kosovo, tras haber sido votada y aceptada por el parlamento kosovar. Serbia se opuso enérgicamente a esta iniciativa, al igual que lo hicieron, entre muchos otros países, Rusia y China.

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    7.5.05

    De la historia de los Balcanes anterior a y durante la llegada de los eslavos del sur

    Antes de la supuesta ”llegada” de los pueblos eslavos ( 1, 2), la península Balcánica fue escenario de importantes acontecimientos históricos.

    Los primeros pueblos que dejaron huellas de su paso de la prehistoria a la historia fueron los ilirios ( 1, 2, 3), instalados al oeste de la península, y los tracios (1, 2), al este de la misma. La cultura griega se encontraba en su apogeo y su influencia no se dejó esperar entre sus pueblos vecinos, sobre todo aquellos instalados en el valle del río Vardar y a lo largo de la costa dálmata. Ésta fue especialmente poderosa a partir del siglo V antes de nuestra era, cuando los griegos empezaron a fundar sus colonias en el litoral y en las islas del Adriático.

    Las investigaciones arqueológicas han descubierto a lo largo de los años que en el lugar de mi ciudad, el Belgrado actual, había pobladores desde hace más de 7,000 años. Parece ser que los primeros habitantes de esta región eran los singes, quiénes ocupaban las diversas cavernas del actual parque de Kalemegdan (la antigua fortaleza de Belgrado, actualmente convertida en parque en el que se encuentran varios museos, monumentos y el parque zoológico belgradenses. Su nombre en turco significa El campo de batalla). Como sucedió con la mayoría de los territorios de la actual Serbia, éstos fueron conquistados posteriormente por los celtas (1, 2, 3) provenientes de las Galias, quienes lograron vencer a los singes después de grandes batallas, en el año de 279 a.C. Fueron los celtas los que iniciaron entonces la construcción de la primer fortaleza en el delta del Danubio y el Sava. No se sabe con exactitud qué significa el nombre que le dieron a su poblado. Lo nombraron Singidunum; en su lengua, dunum significaba ciudad y sing podría hacer alusión al agua. Sin embargo, es posible que los celtas hayan nombrado la ciudad tras el nombre de los habitantes que toparon en esta región.

    El arribo de los celtas, que provocó en ciertas regiones un desplazamiento de tracios y de ilirios, mientras en otras se fundieron con los mismos, introdujo nuevos elementos en la antigua cultura material de los Balcanes. Todo esto sucedía en víspera de la gran expansión del Imperio Romano, bajo cuya tutela se viviría la mayor prosperidad de aquellos pueblos.

    Para el año 228 a. C., las Legiones Romanas, y como era de esperarse de los próximos dueños del continente euroasiático, vencieron a las tribus ilirias que se habían confederado bajo la dirección de la reina Teuta ( 1, 2, 3, 4). El año 106 de la era actual, cuando el emperador Trajano sometió a Dacia, todo el territorio de la hoy ex-Yugoslavia pasó a formar parte del Imperio Romano.

    Mediante la colonización y su influencia cultural, los conquistadores romanizaron paulatinamente la antigua población balcánica. Tan sólo en las regiones del este subsistió la prevalencia del influjo cultural griego.

    Desde luego, también Belgrado cayó en manos de los romanos en la primera mitad del siglo I de nuestra era. Sobre las ruinas de la ciudad celta, construyeron una fortaleza grande y a prueba de ataques diversos. Muy pronto, la ciudad obtuvo gran importancia, al convertirse en hogar de la IV Legión de Flavio del Ejército Romano, misma que se volvería el ocupante militar permanente de Singidunum. No poco tiempo después, sobre el delta se construyó el primer gran puerto para la flota de Flavio. Probablemente fue Taurunum, el Zemun actual, la base permanente de la flota. Los romanos se quedaron en la ciudad cuatro siglos enteros.

    El siglo cuarto de nuestra era fue de gran importancia por sus acontecimientos históricos que trajeron grandes cambios en las regiones asiática y europea, sobretodo en la península balcánica. El año de 375, se empezaron a mover hacia el oeste y pasaron por la llamada ”puerta de los pueblos” los Hunos, el pueblo nómada de raíces turco-tártaras. Con su incursión a Europa, aceleraron la gran migración de pueblos, en la cuál participaban de igual manera los ávaros y los eslavos.

    La división del Imperio Romano en el año de 395, en Imperio de Oriente e Imperio de Occidente, trazó una línea oblicua que iba desde Budva , en la costa, hasta el curso superior del río Drina, en el interior. Como se puede observar en la imagen:


    La penetración de los bárbaros en Europa en 476 d.C. y la división del Imperio Romano en esa época.
    (Historical Maps on File, USA, Ed. Facts on File, Martin Greenwald Associates, 1989)

    –y comparándola con esta otra, que muestra el mapa de los países ex-Yugoslavos en el año 2000-:


    Mapa de las tierras ex yugoslavas en el año 2000.

    la frontera prácticamente cortaba en dos las tierras de la ahora ex Yugoslavia, quedándose en el Imperio Occidental los territorios de Croacia y Eslovenia actuales y en el Imperio Oriental gran parte del territorio de Bosnia y Herzegovina, Serbia, Montenegro y Macedonia. Es en este momento que inicia el primer proceso histórico de muy larga duración de los pueblos sureslavos que se agudizará en la Edad Media y que conllevará a diferencias culturales claras entre los pueblos de la ex Yugoslavia. El significado de esta primera separación y las que siguieron las iré discutiendo más adelante.

    Con todos estos cambios, Belgrado se volvía repentinamente una fortaleza fronteriza en la frontera norponiente entre Bizancio y Europa. De esta época no existen datos acerca de acontecimientos ya sea culturales o comerciales de la región, todo hasta el año de 441, cuando Singidunum se vio destruida por los hunos. Éstos conquistaron todo el territorio de Panonia y con su rey Atila, el ”látigo de Dios”, fundaron en el valle de Tisa un estado fuerte y poderoso.

    Las incursiones en mi ciudad por parte de los hunos no cesaron durante el siglo siguiente. Después de los acontecimientos del año 441, Singidunum se vio atacado también por otros pueblos, como los gépidas, los gotos y los sarmatos.

    Los pueblos eslavos empezaron a instalarse, o mínimo sobresalir como grupo cultural presente, en los Balcanes durante el reinado de Justiniano, justamente cuando éste extendía sus dominios hacia el oeste, de modo que la mayor parte del territorio de la ex-Yugoslavia quedaba dentro de los límites del Imperio Romano Oriental. Fue en este periodo -más precisamente en el año de 525-, que Justiniano reconstruyó la ciudad de Singidunum (Belgrado) y la convirtió en una de las fortalezas clave del imperio.

    Durante la protección de Singidunum por la flota romana, la ciudad sufría cada vez más seguido los ataques y robos por parte de tribus ávaras y eslavas. Incluso, el jefe del ejército romano de la región, Set, le aceptó el juramento oficial al jefe de las tribus ávaras, Hagan Bajan, de no atacar el imperio Bizantino y la explicación ofrecida acerca de sus acciones bélicas que, según mismo Hagan Bajan únicamente buscaban vencer a las tribus eslavas que habitaban el valle del Sava en el sur de la actual Serbia. El juramento fue atropellado y la ciudad fue conquistada por Hagan Bajan en el año de 584.

    En los años siguientes, los ávaros iniciaron el cobro de impuestos a escala desproporcional y se ganaron el rechazo de sus súbditos. Es por ello que los Romanos, con ayuda del pueblo, lograron retomar Singidunum el año de 592.

    Durante el siglo sexto, los eslavos del sur ya habían habitado una gran parte de la península Balcánica, aprovechando la gran ocupación del Imperio Bizantino con los conflictos en sus fronteras orientales. De esta manera, se encontraban librados de toda influencia bizantina durante los siglos VII y VIII, y fortalecían su nación y su cultura. No se sabe a ciencia cierta qué es lo que sucedía en la ciudad hoy llamada Belgrado durante estos siglos, aunque es conocido que los eslavos la encontraron desierta y destruida. Se presume que fue en este momento que la ciudad adquirió su nombre eslavo de Beograd –Belgrado-, aunque en monumentos escritos aparece apenas en el año de 878. Este nombre proviene del aspecto de la edificación nevada en el invierno en el que fue encontrada.

    Una parte de los eslavos ocupó los Alpes orientales, descendiendo hasta el Valle del Friule. Los ilirios y los tracios romanizados, a quienes los eslavos llamaban Vlasis y que vivían en las regiones montañosas dedicados a la ganadería, se fundieron con el tiempo total o parcialmente en la masa de la población eslava.

    El proceso de eslavización fue más lento en las ciudades litorales; pero aún éstas, en el siglo XV habían ya perdido su carácter romano. En sus comienzos, la inmigración eslava significó en gran medida un refuerzo militar para el Imperio Bizantino, extenuado por las guerras. Ello permitió a los pueblos sudeslavos conservar su organización social anterior y, al mismo tiempo, la posibilidad de obtener su gradual emancipación.

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