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9.6.05

De la suerte de montenegrinos, croatas, eslovenos, bosnios y macedonios en el siglo XIX

Montenegro (1, 2) alcanzó su independencia y unidad en el curso de todo el siglo XVIII y parte del XIX, en medio de una lucha ininterrumpida con los turcos (1, 2, 3). Ya en un convenio de paz del año 1842, Montenegro se hizo llamar ”provincia autónoma”; y en 1851 se transformó en Principado (1). Por decisión del Congreso de Berlín de 1878 adquirió la categoría de estado independiente y en 1910 pasó a tomar el nombre de Reino de Montenegro (1).

Gracias a los esfuerzos del vladika Petar I Petrović se dictó en 1798 su primer código, que fue complementado en 1803. Esta labor fue proseguida por Petar II Petrović Njegoš (1, 2) quien, además de gobernante y jefe espiritual de su pueblo, ha sido uno de los más gloriosos poetas sudeslavos de todos los tiempos. A él corresponde la creación del primer Senado montenegrino, en 1831, la institución de órganos del poder según las diversas tribus y la formación de una guardia personal dotada de facultades ejecutivas. Además, en 1833 introdujo un adecuado sistema de impuestos y al año siguiente fundó en Cetinje la primera imprenta. Escribió el libro ”Gorski vijenac” (Versos o Corona de la Sierra), que funge como una de las más gloriosas obras de arte montenegrinas hasta nuestros tiempos.

La historia de los pueblos croata y esloveno experimentó un significativo cambio a la creación de la provincia de Iliria (1, 2, 3), fundada en sus territorios a iniciativa de Napoleón Bonaparte. La liquidación de las viejas relaciones de propiedad de la tierra y el uso de los idiomas populares fueron las conquistas más importantes logradas en la evolución política y en el despertar nacional de estos pueblos. Esto último quedó demostrado luego de la disolución de la provincia napoleónica y la restauración del poder austriaco, en 1815. A pesar del absolutismo de la corte vienesa, la conciencia nacional prendió en capas más amplias de la población y alcanzó un programa más concreto. En Croacia, este sentimiento fue especialmente estimulado por la forzada hegemonía política y cultural húngara, a partir del año 1825. La restauración del absolutismo y la reforma constitucional de la monarquía de los Habsburgo, después de lo cual Croacia firmó un compromiso con Hungría el año de 1868, no detuvieron empero el resurgimiento nacional en Croacia, cuyos líderes Josip Štrosmajer y Franjo Rački continuaron uniéndolo a la idea de unificación cultural y política de todos los sudeslavos (1, 2, 3, 4).

En este momento sería importante mencionar que otra parte importante de la intelectualidad croata veía la unificación de los mencionados pueblos simplemente como un paso hacia una posterior emancipación propia.

Josep Palau [Pa96], en su libro El espejismo yugoslavo (1), escribe que en el siglo XIX, la dinastía de los Habsburgo, especialmente con María Teresa y José II, dedicó grandes esfuerzos al intento de convertir el mosaico imperial multiétnico y multilingüe en una nación en la que todos hablarían alemán, y que sería lógicamente dirigida por las élites alemanas. Las presiones consiguientes para la germanización cultural y política encontraron inmediata resistencia en los pueblos no teutones del Imperio, especialmente en el caso de los húngaros, mejor organizados y con una conciencia nacional superior. La mejor manera que los magiares encontraron para resistir la germanización fue la creación de un gran estado húngaro, étnicamente homogéneo. Para ello había que magiarizar los territorios bajo su control, de los Cárpatos al Adriático (1). Como tercera pieza de esa cadena de dominó, los croatas se opusieron fieramente a la adopción de la lengua y la cultura húngaras. Para dar más fuerza a su lucha, iniciaron los intentos de croatizar a los serbios.

Las élites aristócratas croatas, siempre apoyadas por la Iglesia católica, hicieron un gran esfuerzo por mantener su identidad política y los símbolos de continuidad del estado bajo-medieval que habían perdido por conquista húngara en el siglo XI. Ese esfuerzo duró mil años y es muy respetable, pues consiguió transmitirse hasta nuestros días sin apoyarse apenas en un poder político efectivo. Josep Palau [Pa96] comenta que ello, sin embargo ”contiene un perfil confesional y etnocéntrico de la idea nacional croata: lo croata es lo secularmente católico, entrando en contradicción con la realidad social que los siglos habían visto evolucionar hacia una sociedad más plural y multiétnica. Esa concepción tradicional condujo a identificar la recuperación plena de la identidad de Croacia con la exclusión de los serbios, a los que no se ve como parte natural del mismo país, sino como extraños intrusos que mancillan la pureza de la identidad propia." (1, o el punto de vista de la diáspora croata en América Latina: 2).

De las tierras sudeslavas que en el curso del siglo XIX permanecieron bajo poder turco, Bosnia y Herzegovina se transformaba más de una vez en problema central de la diplomacia europea. Mientras Turquía aniquilaba sangrientamente la vieja nobleza bosnia, los cristianos oprimidos se alzaban contra las relaciones feudales y a favor de la independencia nacional, en 1852, 1861 y 1875 (1, 2, 3). Con el fin de solucionar el problema de Bosnia y Herzegovina eludiendo la satisfacción de los ideales nacionalistas de sus pobladores, el Congreso de Berlín (1, 2) en el año de 1878 confirió a Austrohungría el mandato de ocupar estas regiones.

En cuanto a Macedonia en el siglo XIX, la revista Marxismo Hoy escribe: "Si los Balcanes es el polvorín de Europa, Macedonia es el polvorín de los Balcanes. Esta región es mucho más amplia que el actual país con ese nombre. Es la enorme franja que va desde casi toda la frontera oriental de Albania hasta el mar Egeo, limitando al Este con Tracia y al sur con la Tesalia griega. Su composición étnica era (y es) compleja, no sólo porque hubiera casi "de todo" (búlgaros –que eran mayoría–, griegos, eslavos, rumanos, turcos, judíos, albaneses), sino también porque, en el campo, el contacto entre estos pueblos era prácticamente inexistente: vivían de espaldas en aldeas vecinas, cada una con su lengua y su cultura. (...)

Grecia, Serbia, Bulgaria, e incluso Albania, ambicionan Macedonia, o parte de ella. Esto lleva a las tres primeras, las potencias de la zona, a una cruel lucha, primero en el terreno cultural (una carrera por la creación de escuelas para enseñar cada lengua y de templos de cada una de las tres Iglesias ortodoxas, desde finales del XIX), y luego directamente terrorista (especialmente, de 1904 a 1908). Los comitayis (miembros de bandas), sirviendo los intereses de alguno de los tres reinos, presionan a los campesinos a declararse de una determinada nacionalidad y religión, quemando aldeas y asesinando u obligando a huir a miles de macedonios (...) En 1893 se crea la VMRO (Organización Revolucionaria Interior Macedonia). En un principio, la VMRO "defendía la autonomía de Macedonia con respecto al Imperio Turco, y a la vez un programa social dirigido a los campesinos: reducción de impuestos, reforma agraria, abolición de la usura. Desconfiaban del expansionismo búlgaro y ruso, buscando el apoyo de los políticos británicos y franceses. En sus filas había socialistas y anarquistas" (apud. V. I. Lenin, "La significación social de las victorias serbo-búlgaras", Pravda, del 7 de noviembre de 1912). La VMRO, donde participaban los socialistas macedonios, organizó un levantamiento en 1903, proclamándose la república (presidida por un socialista), pero fue derrotado tres meses después. A raíz de ello, la Organización se dividió; el sector más derechista se impuso y se convirtió en el brazo armado del chovinismo búlgaro en Macedonia, reprimiendo salvajemente, sobre todo, a la población griega."

Por otra parte, en esta misma epoca (la segunda mitad del siglo XIX) se iniciaba uno más de los procesos de larga duración intimamente relacionado con el sentimiento nacionalista de los diversos pueblos balcánicos.

Tres decenios más tarde y a fin de detener las ideas de independencia, por una parte, y las exigencias de los ”jóvenes turcos” encabezados por Kemal Ataturk (1, 2, 3), por otra, Austrohungría decretó la anexión de Bosnia y Herzegovina en 1908, significando así el inicio de un proceso de mediana duración que habría de estallar luego en una crisis de dimensiones mundiales.

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8.5.05

Algo de historia de los primeros estados sudeslavos

La primera confederación de tribus eslavas, entre las cuales se hallaban los antepasados de los eslovenos actuales, nació al mando del príncipe Samo (623 – 658) en el territorio ubicado entre el río Laba y los Alpes y con centro en Bohemia y Moravia (Moravia, región histórica de la República Checa, situada entre Bohemia y Eslovaquia, actualmente dividida en las regiones administrativas de Moravia Septentrional y Moravia Meridional. Poblada por los Moravos, un pueblo eslavo, a finales del siglo VI d.C., más tarde pasó a ser tributaria del Imperio franco de Carlomagno, pero se unió a Bohemia y Eslovaquia en la época del rey Svatopluk (870-894), durante cuyo reinado triunfó el cristianismo y el reino adquirió su máxima extensión bajo la denominación de Gran Moravia (imperio que dejó de existir hacia el 910)). A la muerte de Samo, la confederación se disolvió sobreviviendo tan sólo el principado independiente de Karantania. Este principado autónomo defendió la independencia de las tribus eslovenas, no tan sólo contra los ávaros (pueblo mongol, que hacia el 461 conquistó a los uigures, tribu turca a veces denominada pseudo-ávara, quienes formaron con el pueblo ávaro una confederación en las estepas del Volga (actualmente en Rusia). A mediados del siglo VI, la confederación fue prácticamente aniquilada por los Turcos. Los supervivientes, principalmente Uigures dirigidos por jefes ávaros, adoptaron el nombre de ávaros, con el que desde entonces fueron conocidos, dividiéndose en dos grupos. Uno permaneció en Europa Oriental; el otro se dirigió hacia el oeste, llegando con el tiempo hasta el río Danubio. Los miembros del segundo grupo se asentaron en Dacia (actualmente en Rumania) e iniciaron una época de conquistas), que sin éxito alguno trataron largo tiempo de someterlas, sino también de los bávaros (tribus provenientes de la región de Baviera (en alemán, Bayern), actualmente estado del sureste de Alemania, que limita al norte con los estados de Turingia y Sajonia, al noreste con la República Checa, al sureste y sur con Austria y al oeste con los estados de Baden-Württemberg y Hesse. Munich es la capital y la ciudad más importante), en el norte, y de los francos, en el oeste. La autonomía territorial duró hasta que a mediados del siglo VIII, el inminente peligro ávaro obligó al príncipe Borut a solicitar el auxilio franco, poniendo a Karantania bajo su poder.

En la misma época se creó la confederación de los eslavos macedonios, a quienes los bizantinos denominaban con el genérico de Sklavinia -tierra de los esclavos-.

Entre los croatas, la confederación más importante se formó en el territorio que se extiende entre el monte Velebit y el río Cetina, hacia el interior de las progresistas ciudades dálmatas, que por su parte gozaban de autonomía aunque reconociendo la autoridad superior del gobierno bizantino.

El nacimiento de los estados eslavos, en su supuestamente nueva tierra balcánica, concuerda con la expansión del reinado de Carlomagno y su choque de intereses con el Imperio Bizantino.

Seguidamente, la península balcánica pasó a ser teatro de la escisión eclesiástica, de modo que en ella habían de chocar asimismo los intereses de las Iglesias de oriente y de occidente. Estas circunstancias, sumadas a los choques posteriores entre este y oeste en los Balcanes, influyeron notoriamente en el futuro desarrollo de los pueblos sureslavos y de sus estados, manteniéndolos separados y exigiéndoles extraordinarios esfuerzos por alcanzar su unidad e independencia. He aquí la justificación del inicio del primer proceso histórico trascendental de larga duración para estos pueblos.

A comienzos del siglo IX, el poder de Carlomagno era reconocido por eslovenos y croatas; mientras las ciudades del litoral continuaban en manos de Bizancio, según convenio del año 812. Pero, esa época marcó también el comienzo de la resistencia. Entre los años de 819 y 822, el príncipe Liudevit encabezó un levantamiento en Croacia, al que se adhirieron los eslovenos y una parte de las tribus serbias.

Para mediados del siglo IX, los eslavos se habían ya largamente resistido a adoptar el cristianismo, por considerarlo un vínculo de introducción de influencias y de poderes foráneos. La religión cristiana se extendió principalmente gracias a la labor de dos misioneros de Salónica (Salónica o Tesalónica (en griego, Thessaloniki), ciudad portuaria del noreste de la actual Grecia, una de las más pobladas del país y el principal puerto y centro comercial de la Macedonia griega), los hermanos Constantino, más conocidos por sus nombres monacales: Cirilo y Metodio. Ambos hablaban el idioma de los eslavos, lo que les permitió desplegar fructíferamente labor proselitista en territorio ex-yugoslavo: primero en Moravska y a solicitud del propio gobernante de ese estado; y más tarde en Panonia (planicie de gran prosperidad agrícola que, se dice, se crea a partir de la desaparición del mar Panonio; se encuentra al norte de Belgrado y abarca gran parte de Serbia, Croacia y Hungría). Sus discípulos prosiguieron con gran éxito la cristianización de los eslavos del sur.

La creación de confederaciones tribales, la paulatina formación de sociedades feudales independientes y el desarrollo cultural a que ello dio pie, constituyeron en su conjunto la condición previa al nacimiento de organizaciones estatales eslavas de importancia, en el territorio de la península balcánica. La debilitación del estado franco no fue sino un factor más para que, en el siglo IX se hiciera presente en la costa adriática septentrional, un poderoso estado croata (1, 2, 3). El príncipe Trpimir es considerado el fundador de esta dinastía; y el término croata se menciona por primera vez en un monumento que data del año 825.

Para el año de 925, Croacia disponía de un poderoso ejército de tierra y de mar. En el siglo XI, amplió aún más su territorio, pero la división interna provocada por la lucha que sostenían los partidarios de una Iglesia nacional y los sacerdotes latinizantes del clero de las ciudades costeras, debilitó la resistencia croata ante los nuevos ataques húngaros. El año 1097, el rey húngaro Koloman derrotó al pie del monte Gvozd al último rey croata, Petar Svačić, quién perdió la vida en el campo de batalla. Cinco años mas tarde, en 1102, cuando Koloman realizó su última incursión en Croacia, la nobleza de este Estado le aceptó como soberano. Con ello, Croacia quedó unida a Hungría hasta la caída del reino, en el año de 1526.

A fines del siglo IX, los eslavos macedonios sacudieron la dominación de Bizancio y fundaron un poderoso estado (1, 2, 3) bajo el gobierno del príncipe Samuilo. Éste, después de conquistar Tesalia (la región más grande de la antigua Grecia, una gran llanura limitada al norte por los montes Otris que la separan de la Macedonia griega, al oeste por el macizo del Pindo que la aísla de Epiro, y al sur por el golfo de Malia que la distingue de las regiones de Lócrida y Fócida. Rodeada por el mar Egeo al este, la llanura está regada por el río Peneo y por sus afluentes, y es la región más fértil de Grecia; el río desemboca en el mar a través del desfiladero del valle del Tempe, entre los montes Olimpo y Ossa), Bulgaria, Epiro (del griego, Epeiros - ‘Continente’, antigua región costera situada en el noroeste de Grecia. Limitaba al norte con Iliria y Macedonia, al este con Tesalia, al sur con el golfo de Ambracia y Etolia, y al oeste con el mar Jónico), todo el territorio de Serbia y Sirmia (Srem actual, parte de la planicie de Panonia al norte de Belgrado) y de alcanzar con sus tropas incluso hasta Dalmacia, se hizo coronar emperador. Pero, expuesto directamente a los ataques bizantinos, el estado macedonio cayó nuevamente bajo el poder de Constantinopla, luego de la derrota de Belasica, en el año 1014.

Durante el siglo IX comenzó también a desarrollarse el primer estado serbio (1, 2), en la región montañosa comprendida entre los ríos Tara, Piva e Ibar. Los esfuerzos iniciados por el príncipe Vlastimir, en orden a emanciparse del gobierno bizantino y a rechazar la penetración búlgara, lograron reunir a la mayoría de las tribus serbias del contorno; y algo más tarde, bajo el mando del príncipe Časlav (1), se generó durante el siglo X el establecimiento de un estado serbio que comprendía incluso el territorio de Bosnia actual.

En la primera mitad del siglo IX, los búlgaros conquistaron Belgrado. No se sabe a ciencia cierta en qué año exactamente, aunque se quedaron con ella durante los próximos dos siglos. Fue en esta época que Belgrado obtuvo de igual manera su nombre búlgaro: Alba Bulgarie o Alba Bulgarica. Este nombre se conservó hasta la reconquista de mi ciudad por parte del Bizancio en el año de 1018.

Posteriormente, Belgrado se vio de nuevo amenazada y posteriormente conquistada por otra fuerza que surgía en el territorio aprovechando el declive del Imperio Romano Oriental: los húngaros o los úgaros. Se apoderaron de la ciudad en el año de 1071 y se quedaron allí hasta el año de 1276.

En el curso del siglo XII, el centro del estado serbio se trasladó a la región montañosa de Raška (1, 2, 3), cuyos señores reconocían en sus comienzos el poder bizantino. Su autonomía y extensión empezó en la época del gran župan (gobernante y jefe de la Iglesia) Stefan Nemanja, especie de jefe temporal y espiritual cuya importancia emana del hecho de haber sido el fundador de la dinastía de los Nemanjić (1, 2, 3) bajo cuyo gobierno la Serbia feudal alcanzó su mayor auge. La conquista de Kosovo a manos de los serbios consumada en 1186, supone la independencia de un pequeño reino –el primer estado serbio- con centro en la ciudad de Ras, bajo la autoridad de Stefan Nemanja, que, hasta entonces, había sido vasallo de los bizantinos. Fue ésta, la primera mención de la región de Kosovo, que como se puede observar significó el territorio clave para lograr la emancipación del primer estado serbio en la historia. Empieza de esta manera la construcción de un mito cultural que se irá viendo reforzado en cada vez mayor cantidad a través de acontecimientos futuros en la historia del pueblo serbio. En mi caso, esta historia llega hasta la pérdida de este mismo territorio (o creación de un protectorado virtual) a manos de la OTAN en el año 1999.

El hijo de Stefan Nemanja, Stefan Prvovenčani (Stefan ”El primero en casarse”), coronado rey en el año 1217 por el Papa Honorio III (1, 2), mantuvo las adquisiciones territoriales de su padre en una extensa región que comprendía desde Ulcinj (ciudad en la costa del Adriático en el territorio del actual Montenegro) y Kotor, en la costa, hasta los ríos Velika Morava y Morava occidental, en el interior, afirmando la autonomía estatal. Su hermano Sava, más tarde San Sava (al nombre de San Sava están ligados la mayoría de los rasgos propios de la Iglesia Ortodoxa Serbia; es común encontrar que a los serbios se les llame incluso sansavistas. Una especie da analogía se podría hacer con el adjetivo de guadalupanos utilizado para describir a los católicos mexicanos quienes creen en la aparición de la Vírgen de Guadalupe. Su nombre porta la Iglesia más ostentosa de Belgrado, cuya construcción iniciaba en la década de los ochenta), fundó en 1219 la Iglesia Ortodoxa Serbia ( la Iglesia Ortodoxa conserva los ritos y enseñanzas de la primera Iglesia cristiana. Su centro lo encontró en el Imperio Bizantino, en Constantinopla. No aceptó la evolución que aconteció en la Iglesia que permaneció en el Imperio romano occidental, bautizada como Católica. Dentro de la Iglesia Ortodoxa existen Iglesias autónomas que ejercen esta autonomía en cuanto al uso de lenguas originarias de las regiones dónde son fundadas y en cierta manera, en cuanto a su reglamentación exterior, la cuál es supeditada al derecho canónico. Actualmente, las Iglesias autónomas dentro de la Iglesia Ortodoxa oriental son: la Iglesia de Constantinopla, la de Jerusalém, la de Alejandría, la griega, la de Chipre, la de Sinaí, la serbia, la búlgara, la rusa, la rumana, la de Gruzia, la de Albania, la de Polonia, la checa y la polaca. Todas estas Iglesias gozan de igual jerarquía. Las Iglesias rusa y las balcánicas, sin embargo, aún llaman Iglesia madre a la de Constantinopla (Istambul) por haber recibido de ésta la fe cristiana. La máxima autoridad dentro de la Iglesia Ortodoxa oriental es el Gran Consejo dentro del cual se encuentran representadas todas las Iglesias autónomas. La máxima autoridad en cada Iglesia autónoma la sustentan el Patriarca, Mitropólito o Arquiepíscope y el Episcopado. (fuente: Episkop Nikolaj, Vera Svetih, pp. 46-47)), de la cual fue el primer Arzobispo. Como se puede ver, la separación de la Iglesia católica por parte del pueblo serbio acontece justo en esta época.

El bisnieto de Stefan Nemanja, el fundador del primer Estado Serbio, Dragutin Nemanjić se casó, en esa última parte del siglo XIII, con la hija del rey húngaro en turno, Stefan V. El rey Dragutin obtuvo como dote, a raíz de ello, la jurisdicción de la ciudad de Belgrado, Mačva y Srem, el año de 1284. Como consecuencia de lo anterior, el rey se mantuvo leal a Hungría hasta el final de su reinado que duró seis años. Tras este tiempo, Dragutin le dejó el trono a su hermano menor, el rey Milutin.

El rey Milutin (1282 – 1321) dio en los primeros años del siglo XIV un nuevo paso al fortalecimiento del Estado serbio. En sus luchas contra Bizancio extendió sus fronteras hacia el sur, conquistando primero Skopie (capital de la actual Macedonia) y alcanzando luego hasta el mar Egeo. Sin embargo, los húngaros volvieron a conquistar Belgrado, destruyéndola y quemándola en venganza, para el año de 1314. A partir de esta fecha y hasta 1403, Belgrado se quedó bajo el gobierno húngaro, año en que es cedida su jurisdicción al hijo del rey Lazar de Serbia, Stefan Lazarević.

El mayor esplendor del Estado medieval serbio, sin embargo, se alcanzó bajo el reinado del zar Dušan (su reinado abarca los años de 1331 a 1355), quién a partir del año 1346 y ya transformado en emperador, dominaba un amplio territorio que comprendía Albania, Epiro, Tesalia y Salónica, llegando hasta el istmo de Corinto, en el sur de la península. En la época de Dušan (1), la Iglesia fue elevada a la categoría de Patriarquía. En dos sucesivas asambleas estatales, la primera en 1349 en la ciudad de Žiča y la segunda en 1354 en la ciudad de Peć, Dušan hizo promulgar su famoso Código, verdadero monumento jurídico de la Edad Media. Me parece, al igual que a muchos, que era la nostalgia hacia esta época el primer gran mito de los nacionalistas serbios.

Mira Milosevich, en su libro Los tristes y los héroes (que nos brinda un análisis peculiar de cada uno de los episodios que según la autora conforman la base del imaginario colectivo que dan orígen al nacionalismo serbio que ella considera nocivo y del cual es declarada opositora), escribe que, en realidad y desde su punto de vista, la grandeza de la Gran Serbia como se conoce al estado del zar Dušan, era muy pequeña. Incluso, prosigue Mira Milosevich, la desaparición de la Gran Serbia fue en realidad un beneficio para los serbios: si no hubiera desaparecido la Gran Serbia, éstos habrían desaparecido. Esta conclusión se apoya en el hecho de que los territorios bizantinos conquistados por los guerreros serbios tenían una organización política y cultural mucho más elevada que la de los serbios mismos, y los serbios no habrían tenido otro remedio que respetarla. En todo el territorio conquistado se hablaba el griego, y la presencia de los serbios en estas provincias, fuera de las guarniciones militares, era muy escasa. La gloria de los serbios, dice la autora, estribaba sólo en la debilidad bizantina a causa de las luchas dinásticas del imperio. A lo largo de los siglos todas estas historias narradas una y otra vez se habían vuelto ya ”una lejana melancolía por el paraíso perdido, por la patria arrebatada” (Milosevich, M. Los tristes y los héroes. Historias de nacionalistas serbios, p. 31-32 ).

En esta primera mitad del siglo XIV se daba de igual manera el florecimiento del Estado bosnio, el que encontró grandes dificultades en su desarrollo debido a las tendencias expansionistas del reino húngaro por una parte, y a la permanente posición del Papado romano por destruir la ”herejía” de los Bogumilos (miembros de una secta religiosa que surgió el siglo X en los Balcanes. Su sede central estaba en Bulgaria por lo que el culto de la secta se propagó por muchos pueblos eslavos. El movimiento surgió de la fusión del dualismo de Oriente y de un intento evangélico para reformar la Iglesia ortodoxa búlgara. Los bogumilos, cuyas doctrinas esenciales se le atribuyen a un sacerdote llamado Bogumil, sostenían que el primer hijo de Dios fue Satanael. Satanael se rebeló y creó, en oposición al espíritu universal original, un mundo de problemas y de seres humanos. El Supremo Padre les otorgó a estos seres humanos el espíritu de la vida. Sin embargo, Satanael mantuvo esclavizado el espíritu de la vida hasta que un segundo hijo de Dios, Logos o Cristo, bajó del cielo y, adoptando un cuerpo espectral, rompió el poder del espíritu maligno, quien desde ese momento fue llamado simplemente Satán; el nombre divino: El, fue omitido. Los bogumilos practicaban un ascetismo muy estricto, despreciaban las imágenes sagradas y renegaban de los sacramentos. Aceptaban todos los escritos del Nuevo Testamento, pero del Antiguo Testamento sólo los Salmos y los Profetas, textos que interpretaban de forma alegórica. La moral y los ideales de los bogumilos parecen haber estado muy por encima del promedio de los de su época) (para mas información: 1, 2). Pero, la herejía de la Iglesia bosnia, junto con ofrecer motivo a la cruzada de Roma y de Hungría contra el joven estado, dio a la nobleza de Bosnia un apoyo ideológico en su lucha contra los conquistadores. La emancipación de Bosnia se halla ligada al ban Kulin (su gobierno abarcó 1180 –1204); y su mayor esplendor, a dos reyes de la dinastía de los Kotromanić: Stevan II y Tvrtko I, quién amplió sus territorios con parte de Serbia, de Croacia y de Dalmacia, coronándose el año 1377 como ”Rey de Serbia y de Bosnia”.



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