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29.7.08

El sistema autogestivo y la democracia socialista yugoslava (en construcción)

En Yugoslavia, el período transitivo entre los restos monárquicos y el establecimiento del nuevo orden socialista al término de la segunda guerra mundial marcó el viraje histórico en el desarrollo de las relaciones socialistas y de la supuesta democracia socialista [Jov69].

Con la apertura del proceso de autogestión [Dji71] se dio comienzo a la realización de la característica más sobresaliente del sistema sociopolítico y jurídico estatal de aquella época de Yugoslavia. Las bases de ese sistema eran: la autogestión en las organizaciones económicas, en las escuelas, las instituciones sociales y en todos los demás ámbitos. Esto es, la concesión al pueblo trabajador del derecho a decidir sobre todas las cuestiones que atañen al desarrollo y organización de sus empresas; el traspaso ininterrumpido de las prerrogativas estatales a los cuerpos representativos elegidos; y la actividad directa de la población en las decisiones sobre los asuntos más esenciales concernientes al trabajo y desarrollo de las comunidades sociopolíticas locales y otras. Los prerrequisitos económicos y políticos de este desarrollo fueron asegurados mediante la nacionalización de todas las instituciones económicas y sociales, los bosques y riqueza mineral, estableciéndose el máximo agrario (en propiedad privada) de 10 hectáreas por familia rural [Dji71].

Sobre esta época, la postura oficialísta de la Liga de comunistas yugoslavos subrayaba que "la característica constitucional democrática del estado debe indicar una nueva forma especial del estado socialista, una síntesis del socialismo y la democracia como condición indispensable del ulterior desarrollo socialista. En el sentido político de la palabra, el socialismo debe dar no sólo nuevas, sino también más completas, más substanciales formas de la democracia política que las antiguas y existentes sociedades fueron capaces de llevar a cabo" [Jov69].

Según esta ideología pragmática, la esencia de los problemas no consiste en el dilema entre el sistema de varios partidos y el sistema de un partido, pues ”tanto el uno como el otro sistema pueden ser la realidad de un determinado período del desarrollo socialista en distintos países” [Jov69], sino en la búsqueda de nuevas formas de democracia que se cimentarán y desarrollarán en la propiedad social de los medios de producción. En estas relaciones, la posición de la clase obrera es el factor más importante. Ella no es ni puede ser sólo una clase en cuyo nombre se ejerce el poder estatal, sino que se debe convertir en la principal y verdadera fuerza promotora del progreso social. La clase obrera puede llegar a ella sólo si asume el control directo sobre el manejo de la producción y distribución [Jov67, p. 10-11].

Todas estas premisas creaban del sistema socialista en su versión yugoslava una amenaza para el mundo capitalista aún mayor que la que representaba la misma URSS. El hecho de plantear y crear un sistema con bases autogestivas y sacar las ideas valiosas legadas por la comuna de Paris, lo hacía mucho más atractivo para los movimientos obreros en los países del Occidente. Las relaciones se empezaban a enfriar súbitamente entre Yugoslavia y la OTAN.

Finalmente, toda la palataforma ideológica de los comunistas yugoslavos parecía un objetivo irreal no muy diferente al de los comunistas utópicos, anarquistas o hasta demócratas visionarios: en teoría suena magnífico, mas la práctica - eso es totalmente otra cosa. El carácter democrático del estado yugoslavo y el principio de la autogestión social por lo tanto, señalaban la esencia de este sistema, que en su base representaba una extinción gradual del estado como tal, mediante el desarrollo de la autogestión social.

Las asambleas eran los órganos más altos del poder y de la autogestión social en los territorios para los cuales habían sido electas. En la federación existía la asamblea federativa; en las seis repúblicas socialistas, se habían conformado sus respectivas asambleas de las repúblicas; y en las regiones autónomas de Kosovo y Vojvodina, creadas a partir de la constitución de 1974, se establecerían las correspondientes asambleas regionales.

Todas las asambleas se hallaban compuestas de la siguiente manera: por representantes de los ciudadanos, como tales; y por representantes de esos mismos ciudadanos, en su calidad de trabajadores ocupados en las empresas económicas o en las diversas instituciones culturales, educacionales, de salubridad, de la administración estatal o de la política social (la llamada burocracia o la "nueva clase", según término acuñado por el mismo Milovan Djilas en [Dji57], en su libro The New Class, la primera crítica al sistema socialista "real" como se le designa hoy en día, que al ser publicado en EUA en 1957 fue utilizado hasta la exageración por la propaganda capitalísta).

Los representantes elegidos por todos los ciudadanos pasaban a formar parte de los consejos políticos de las asambleas. Los ciudadanos ocupados en las actividades económicas, educacionales, culturales y de salubridad, en las instituciones y organizaciones sociales y en los órganos de la administración estatal, elegían a los miembros de las organizaciones de trabajo.

Las asambleas comunales eran en principio bicamerales, constituídas por el consejo comunal por un lado y el consejo de las comunidades de trabajo, por el otro. Las asambleas regionales, las de las repúblicas y la federativa se hallaban formadas por un lado, respectivamente por los consejos regional, los de las respectivas repúblicas y el federativo; y por el otro lado, cada una de estas asambleas estaba constituída por cuatro consejos correspondientes a las respectivas comunidades de trabajo: la económica, la educativo cultural, la de salubridad social y la político organizativa.

Las candidaturas para las elecciones a las asambleas se desenvolvían en dos fases. En la primera, los ciudadanos proponían a personas en las sesiones de las organizaciones de la alianza socialista o en otras reuniones. Allí discutían acerca de los candidatos propuestos: que si eran miembros del partido comunista o no, si practicaban alguna religión, si eran parientes o conocían a algún funcionario o no, si su vida iba acorde a la ideología socialista autogestiva, etc. La segunda fase -y tras el primer gran filtro-, la constituían las asambleas de electores, en las cuales todos los ciudadanos proponían los candidatos a los consejos políticos de todas las asambleas.

Al mismo tiempo, los trabajadores de las empresas e instituciones proponían, en sus respectivas asambleas de electores, los candidatos a los consejos de sus correspondientes comunidades de trabajo de todas las asambleas. Ello significaba que los yugoslavos que mantenían relaciones de trabajo proponían dos tipos de candidaturas: según el territorio en que habitaban y de acuerdo a la actividad en que desarrollaban sus labores. Las asambleas comunales, una vez elegidas y en sesión plenaria, elegían los diputados a las asambleas regionales, las de las repúblicas y la federativa.

Las elecciones se decidían por simple mayoría, salvo en casos en que se presentaba un solo candidato, el cuál debía obtener la mayoría absoluta. Los resultados de las elecciones para las asambleas eran definitivos. Los candidatos a diputados de las asambleas de las repúblicas y la federal debían, sin embargo, pasar por una tercera fase: su designación a cargo de las asambleas comunales debía ser ratificada por votación directa de todos los electores.

Los consejos regionales y de las repúblicas elegían de entre sus miembros a diputados al consejo de nacionalidades de la asamblea federativa. Ello era teóricamente una solución maravillosa al problema interétnico de los pueblos yugoslavos; sin embargo, en la práctica vivió un fracaso que quedó de manifiesto con las modificaciones a la constitución yugoslava hechas en 1974 y con el climax de las tesiones entre las diferentes nacionalidades en la época de los ochenta.

El mandato de todas las asambleas duraba cuatro años y sus miembros no podían ser reelegidos para el período siguiente en el mismo consejo de una misma asamblea. Los presidentes de las asambleas y el resto de sus funcionarios electivos duraban tan sólo cuatro años en sus funciones. La misma limitación regía al vicepresidente de la república. El presidente de la república podía ser reelecto por un período más de cuatro años; sin embargo, la constitución exceptuaba de esta regla la reelección de Josip Broz - Tito, quién permaneció en el poder hasta poco antes de su muerte en 1980.

Entre tanta burocracia y tantos ”candados” se había desdibujado el real sentido de la democracia. En la constitución yugoslava que contenía las reformas de realizadas en 1963, dentro del capítulo III, sobre libertades, derechos y obligaciones del hombre y del ciudadano [Con69], el artículo 40 (nunca modificado) decía, al pie de la letra:

"Quedan garantizadas la libertad de prensa y de otros medios de información, la libertad de asociación, la libertad de expresión y de manifestación pública, la libertad de reunión y de otras clases de asambleas públicas.

Los ciudadanos tienen el derecho a emitir y publicar sus opiniones valiéndose de los medios de difusión, a utilizar los medios de difusión para ser informados, a editar periódicos y otra clase de prensa y a difundir informaciones valiéndose de otros medios de difusión.

Nadie podrá abusar de tales libertades y derechos para minar las bases del sistema democrático socialista fijado por la presente Constitución, como tampoco podrá amenazar la paz, la igualdad de derechos en la colaboración internacional o la independencia del país, ni suscitar odio o intolerancia religiosa o inducir a delito o atentar a la moral pública.

La ley federal establece los casos y las condiciones en que se podrá limitar o suspender el ejercicio de tales libertades y derechos cuando este ejercicio fuere incompatible con la presente Constitución.

La prensa, la radio y la televisión tienen la obligación de informar objetiva y exactamente a la opinión pública, como también deben dar publicidad a las opiniones e informaciones emitidas por los órganos, las organizaciones y los ciudadanos que tuvieren interés para la opinión pública.

Queda garantizado el derecho de rectificación de informaciones que violaran los derechos o intereses del individuo o de una organización. A fin de facilitar la más amplia información de la opinión pública, la comunidad social creará condiciones favorables para el desarrollo de las actividades correspondientes."

En la corta experiencia que poseía en los años ochenta y al inicio de los noventa, cuando terminaba el octavo año de primaria e ingresaba por fin al gimnasio (la preparatoria después de la cuál, se supone, ingresa uno a estudios superiores), me parecía que en la vida cotidiana se le hacía mayor caso a lo incluido a partir del tercer párrafo que a los dos primeros, para posteriormente dejarle de hacer caso a la totalidad de este artículo. En esos momentos comenzaba a entender el resentimiento social que provocó el surgimiento de movimientos estudiantiles en toda Yugoslavia a finales de los sesenta.

El país aparentemente iba viento en popa. Innumerables viajes realizaba el mariscal Tito por todo el mundo estableciendo contactos, presentando esta nueva ”maravilla” creada e inventada por él mismo. En esta nueva federación todos estaban obligados a olvidarse de su historia y cultura anteriores, del genocidio cometido a manos del Estado Independiente de Croacia en contra de la población serbia que habitaba su territorio, las venganzas cometidas por los chetniks en contra de la población no-serbia, las matanzas de los chachaks albaneses en Kosovo, la tradición bélica utilizada hasta el cansancio por todos los poderes imperialistas que pusieron su pie en los Balcanes en cualquier momento de la historia de los pueblos sudeslavos y las religiones que a la vez de unirlos en un sentimiento yugoslavo, los separaban tanto. Todos eran hermanos y estaba de moda el eslogan: ”Todos somos de Tito y Tito es nuestro”. Todo el mundo lo creía o, mejor dicho, lo tenía que creer. Y el peor miedo era que muriera Tito...

Fue en esta época que empezaron las largas vacaciones de algunos intelectuales demasiado ”progresistas” -de personas en general, mejor dicho- en la isla de Goli Otok; cárcel natural y oculta, de prisioneros políticos y enemigos de todas clases del nuevo gobierno. A algunas personas se las ”tragaba” la noche. Las paredes oían. La policía secreta y el famoso inform bureau trabajaban horas extras.

El Artículo 46 de la constitución de la Yugoslavia socialísta [Con69] decía:

"La profesión de la religión es libre y constituye un asunto privativo de la persona.

Las comunidades religiosas y el Estado quedan separados; las confesiones podrán ejercer libremente sus cultos y atender sus asuntos.

Las comunidades religiosas podrán fundar escuelas confesionales destinadas a la formación de sacerdotes.

Es anticonstitucional todo abuso de la religión y de las actividades religiosas con fines políticos.

La comunidad social podrá acordar una ayuda material a las comunidades religiosas.

Las comunidades religiosas pueden tener derecho de propiedad de bienes inmuebles dentro de los límites fijados por la ley federal".

Como en casos anteriores de la interpretación política diversa de los artículos constitucionales, el hecho de la anticonstitucionalidad del abuso de la religión y de las actividades religiosas con fines políticos era el tema preferido de los comunistas más radicales. Practicar alguna religión era señal de debilidad, haber sido visto en la iglesia significaba deterioro de la imagen del individuo en cuestión al interior del partido comunista, sobretodo siguiendo el pensamiento marxista referente a que la religión es opio para los pueblos. Y si se era pillado en tales actividades: adiós a las prestaciones, al sindicato, a puestos de funcionarios...

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24.4.08

Inicio de la Segunda Guerra Mundial en el Reino de Yugoslavia (en construcción)

En Eslavos del sur fueron ya descritos los preambulos de la Segunda Guerra Mundial, según lo que a los Balcanes se refiere, aqui. A continuación se analizarán algunos de los acontecimientos que tomaron lugar durante los meros inicios de esta segunda parte de la llamada Guerra Total (Hobsbawm [Hob01]).

Siguiendo la firma del tratado por el medio del cual se unía el Reino Yugoslavo a las fuerzas del Eje (Berlín-Roma-Tokio), tema del que ya se habló en este blog aqui, el 26 y el 27 de marzo de ese 1941, los pueblos de Yugoslavia, descontentos por tal política, rechazaron la adhesión a este pacto tripartita, considerando aquel acto como un hecho ignominioso. Se volcaron a las calles en demostraciones sin precedentes. A continuación se ahondará en los hechos ocurridos en estas fechas.

En la noche entre el 26 y el 27 de Marzo, los ministros Cvetković y Cincar-Marković acababan de regresar de Viena (en donde firmaron el Pacto con Alemania, Italia y Japón), mientras que el príncipe Pavle salió a su casa de descanso en Eslovenia. El rey Petar II, menor de edad, quedaba aún en Belgrado. Se planeaba un golpe de Estado. Los organizadores del golpe, los generales Dušan Simović y Borivoje Mirković decidieron tomar junto con todos los simpatizantes de su plan, en punto de la media noche, los puntos estratégicamente importantes de Belgrado y arrestaron a Cvetković y a sus ministros, llevándolos al edificio del Cuartel General del Ejército. Allí llegaron igualmente los políticos que formarían parte del nuevo gobierno a punto de autoproclamarse.

Los golpístas intentaron igualmente introducir a Dimitrije Ljotić al nuevo gobierno. Frente a una comisión reunida por la ocupación nazi unos meses después, para investigar este golpe de Estado, Ljotić declararía que se reunió "después del golpe, con el general Bogoljub Ilić", añadiendo que éste le ofrecía, "a nombre de los perpetuadores del golpe, formar parte del nuevo gobierno, con la condición de rechazar el Pacto y elegir tomar partido con los ingleses" [fuente: 1]. Ljotić, desde luego, afirmaría que rechazó la oferta y le aconsejó "al nuevo gobierno aceptar el Pacto e intentar arreglar sus relaciones con Alemania, si es que ello aún era posible" [fuente: 1]. Sin embargo, agregaría, le era claro que la guerra era ya inminente, ya que "el gobierno de Simović estaba lleno de personas compradas por los ingleses, quiénes empujaron al país, para beneficio de terceros, a la guerra y la destrucción" [fuente: 1].

Los golpistas afirmaban ese 27 de Marzo que el rey Petar II estaba apoyando su causa. Sin embargo, en las memorias escritas por el propio Rey años después [fuente: 1], éste afirmaría que sobre el plan del golpe de Estado no sabía nada. El mismo Jakov Jovanović, quién posteriormente se volvería uno de los principales comandantes de los chetniks en Montenegro, declararía que le fue ordenado leer una proclamación falsa a nombre del rey Petar II en apoyo al nuevo gobierno, hecho del cual sentiría una profunda vergüenza hasta el final de sus días.

Apenas ya muy avanzada la noche de ese 27 de Marzo, una vez que el príncipe Pavle se regresara a Belgrado, lograría el general Simović acceder a entrevistarse con el rey Petar II y convencerlo de firmar el documento por medio del cual le otorgaba al general Simović el mandato de conformar el nuevo gobierno, ya varias veces leída en el radio a lo largo de ese día.

Los líderes del Partido Comunista de Yugolsavia (PCY) (del que ya se había hablado en este blog aqui) no sabían de la organización del golpe de Estado. A Milovan Djilas y a Svetozar Vukmanović - Tempo, dos de los principales funcionarios del Partido en ese tiempo, según varias declaraciones de ambos en los años posteriores, los sorprendieron estos acontecimientos [fuente: 2]. En sus memorias, Djilas hablaría de que cuando Josip Broz - Tito llegó a Belgrado el 29 de Marzo, rechazó las acciones de los "elementos anglofilos y los provocadores" por haber quemado la bandera alemana al igual que el centro turístico alemán en la ciudad de Belgrado. El PCY seguía en esos momentos bajo la influencia del pacto de no agresión recién firmado entre Hitler y Stalin. Sin embargo, a los comunistas les quedó inmediatamente claro que debían participar en las demostraciones populares y donde fuera posible arrebatar los liderazgos. Las consignas impuestas por el PCY eran "por la democratización del país" y "respaldo de la URSS". A lo largo del día (27 de Marzo de ese 1941), el PCY ya tenía bajo su control la mayoría de los lugares de protesta. Hablaban mucho y sus miembros tales como Ivo Lola Ribar, Tempo, Rade Končar o Cana Babović se volvieron los activistas más notorios del movimiento poular. Poco a poco desparecían las fotografías del rey Petar II de las calles, sustituídas por mantas que rezaban "que viva la amistad con la Unión Soviética", "mejor guerra que Pacto" o "mejor tumba, que esclavitud". Alrededor del medio día de ese 27 de Marzo, en las demostraciones en contra de la adhesión al Eje tripartita fascista-nazista en Belgrado participaban alrededor de 50,000 ciudadanos, cifra enorme para aquellos tiempos.

Por su parte, el patriarca de la Iglesia Ortodoxa Serbia (IOS), Gavrilo, escribiría en sus propias memorias [fuente: 1]: "Los hijos del San Sava destacaban, como siempre, por su patriotismo. (...) Nuestros hijos sansavianos han sido siempre, al igual que sus abuelos, hasta el final fieles a su Iglesia, la cual los ha considerado desde siempre como sus propias entrañas. Las masas cargaban retratos del rey Petar II, al igual que míos propios. Al pedido del pueblo tuve que asomarme varias veces a la ventana de la Patriarquía de la Iglesia y agradecer sus gestos patrióticos y su amor por el rey y la patria". Claro está, el patriarca Gavrilo no podía saber que entre los demonstrantes lo que menos había, eran hijos de San Sava. Muy pronto se convertiría en testigo de la huída de los ideólogos del golpe de Estado y sus ministros del país y la repartición entre ellos de lo que quedaría del tesoro nacional. El patriarca pasaría el resto de los años de la guerra como prisionero del nuevo régimen nazi.

El presidente del nuevo gobierno se volvía el general Simović, los vicepresidentes el Dr. Vlatko Maček y Slobodan Jovanović. Del Partido Radical Serbio (Srpska Radikalna Stranka, SRS) en el gobierno se encontraba Miša Trifunović, del Partido Demócrata (Demokratska Stranka, DS) Milan Grol y Boža Marković, del Partido de los Agricultores de Serbia (Srpska Zemljoradnička Stranka, SZS) el Dr. Branko Cubrinović, del Partido Popular Yugoslavo (JNS) Petar Živković y Bogoljub Jevtić, del Partido Campesino Croata (HSS) Dr. Juraj Šutej y Dr. Juraj Krnjević, de los eslovenos Kulovec y Dr. Miho Krek, de los musulmanes Dr. Džafer Kulenović, a Montenegro lo representaba Marko Daković, mientras que el ministro de la Corte se volvía Radoje Knežević.

El 31 de Marzo de ese 1941, los generales Simović y Ninčić recibieron la visita del enviado militar soviético Viktor Lebedov, quién les comunicaba la disposición de Stalin de firmar un acuerdo de cooperación con el reino yugoslavo [fuente: 1]. Al firmar el acuerdo en Moscú unos días después, Stalin le mandaba al gobierno yugoslavo el mensaje claro de que los soviéticos y los yugoslavos eran hermanos por sangre y por religión (esto último, al menos los serbios) y que no existe nada en este mundo que pudiera separar a las dos naciones. Igualmente le aconsejaba aprovechar las montañas y los bosques abundantes en su territorio e iniciar una guerra de guerrillas.

El día 5 de Abril, Berlín interrumpía todas las relaciones diplomáticas con el gobierno yugoslavo y decidía atacar al nuevo gobierno golpista que se había declarado en contra de la adhesión al Eje (de la nueva Eurpa del futuro, fascista y nazi).

Belgrado fue bombardeada una vez más, ahora por parte de estos nuevos invasores, en la madrugada (a las 06:30) del domingo de Pascua, el 6 de Abril de 1941. Más de 2,500 personas murieron en este ataque al que no presidió una formal declaración de guerra.

Sobre los resultados del ataque sobre mi ciudad, el oficial del ejército alemán, el coronel von Tussen, le envió su reporte a Hitler:

"Según mis apreciaciones personales, el ataque aéreo sobre Belgrado tenía poco que ver con operaciones militares.

El momento importante de la eficacia del ataque aéreo a Belgrado era la sorpresa. Poco antes del ataque fueron activadas las alarmas contra ataques aéreos, pero la población creyendo que se trataba de algún simulacro no reaccionó ante ello. El ataque fue concentrado temporalmente y sorprendió a la población en sus casas o en las calles. La gente en parte seguía dormida y los campesinos se encontraban trayendo su mercancía de la periferia a los mercados céntricos de la ciudad. Es por ello que el inicio del ataque trajo muchas víctimas y su impacto moral fue muy fuerte.

Las consecuencias morales del ataque fueron aumentadas de manera importante con el ruido que hacían las bombas y los aviones, hecho que creaba la sensación de peligro aún cuando la influencia era alejada. La presencia de las mujeres y niños y la sensación de que ellos no tienen medio alguno para protegerse de manera efectiva, y que no se les puede ayudar tampoco, alteraba el estado de los hombres. La gente que vagaba por allí y veía sus hogares destruirse, al quedarse sin techo, creaban también el pánico.

Los cuerpos que se encontraban por todos lados, creaban una imagen espeluznante. Como en Belgrado las organizaciones para la protección de ataques aéreos y el rescate ya no funcionaban, los cuerpos se quedaban días enteros en las calles cubiertos únicamente con flores.

El hecho de las pérdidas materiales del ataque se tornó particularmente difícil por la destrucción de instalaciones eléctricas y acuíferas, que aconteció casi inmediatamente. Estas destrucciones durante la continuidad de ataques de cada vez mayor longitud, obligaron, después de dos semanas, a mucha gente a abandonar la ciudad, por la catástrofe acontecida" [Lek95].

Stalin y el ejército ruso no mostraron el menor interés por ayudar a sus "hermanos" eslavos. A sugerencia de los alemanes, los soviéticos le retiraron la hospitalidad a la misión diplomática yugoslava subrayando que para la URSS Yugoslavia ya no representaba una unidad política.

La transición del Ejército serbio de condiciones de paz a las de guerra fue extremadamente complicado. Fue planeado que la movilización durara de tres a siete días. Sin embargo, como se anunció la movilización del ejército con retraso, para el inicio del bombardeo alemán los únicos cuerpos que la pudieron llevar a cabo fueron la fuerza aérea y solamente algunas unidades más. Se preveía movilizar a 1,200,000 soldados para las unidades operativas, además de otros 500,000 para unidades de reserva, a la par que 900,000 animales de carga [fuente: 2]. Para finales de Marzo fueron movilizados, sin embargo, solamente 600,000 soldados [fuente: 2]. De esta manera el ataque alemán encontró al ejército yugoslavo apenas en la primera fase de movilización. Todo ello causó un caos generalizado desde el mero inicio de la guerra.

Las cúpulas política y militar de Yugoslavia entraron a la Segunda Guerra Mundial sin haber contemplado de una manera cabal qué tipo de guerra estarían enfrentando. Fue ésta una de las causas determinantes de por qué no podían decidirse por una doctrina de guerra adecuada a las circunstancias y las necesidades de defensa del país. Finalmente se decidió por la "doctrina ofensiva de maniobras militares" [fuente: 2], basada principalmente en las experiencias de las guerras balcánicas y la Primera Guerra Mundial. La aceptación de semejantes enfoques "románticos" de la guerra por venir debía preparar las fuerzas armadas para una "ofensiva incondicional" en contra del enemigo. También dominaba la concepción de la "espera estratégica y el contrataque" utilizados sobre todo en la I Guerra Mundial [fuente: 2]. En los reglamentos internos del Ejército yugoslavo se hablaba solamente de una guerra frontal como la única forma de lucha armada. Esta concepción era, tomando en cuenta la relación cuantitativa y cualitativa de las fuerzas, altamente nociva frente un enemigo mucho más poderoso y la situación político-militar (geoestratégica) de Yugoslavia. Eso quedaría claro a los pocos días del inicio de la guerra por venir.

Fue entonces cuando se empezaría a hablar acerca de una guerra de guerrillas (en donde las pequeñas brigadas eran nombradas "čete" ("četa" en singular, que se lee como "cheta") y los soldados que las conformaban eran nombrado "četnici" (chetniks)) atrás de las líneas enemigas. Se formó la comandancia guerrillera (de los chetniks) a la par de los seis batallones (conformados por las brigadas guerrilleras (chete)) de infantería. Sin embrago, tampoco estas fuerzas lograron entrar en acción debido a la total desintegración del Ejército a los pocos días del inicio de la guerra.

El plan militar "R-41" [fuente: 2] del Ejército yugoslavo fue creado a principios de 1941, cuando las tropas alemanas entraron a Hungría y a Rumanía y se estaban preparando para incursionar al territorio de Bulgaria. Según este plan, para la defensa de las fronteras yugoslavas se utilizarían 27 divisiones o siete octavos de las fuerzas totales. Con esta distribución del ejército estaba planeado frenar la ofensiva en todos los frentes potencialmente abiertos, menos en las fronteras hacia Albania y la ciudad de Zadar, a través de las cuales se realizaría una retirada hacia el sur, a lo largo de mil kilómteros hacia Grecia. La idea era que allí se organizara, en conjunto con Grecia y otros aliados potenciales, un frente común de resistencia y la continuación de la guerra. Este plan, sin embrago, no consideraba la gran movilidad de las fuerzas alemanas, la absoluta ventaja que estas tenían en las confrontaciones por aire y la base por demás conveniente sobre la cual el enemigo podía impedir la retirada de tropas yugoslavas en esta dirección.

Al cabo de doce días de lucha, Alemania invadió todo el territorio yugoslavo y la corte y el gobierno se vieron forzados a huir al extranjero y organizar un gobierno en el exilio con sede en Londres, Inglaterra. De esta manera, ante la invasión nazi, solamente había capitulado lo que quedaba del Ejército, más no el gobierno oficial de Yugoslavia.

El 17 de Abril de ese 1941, en Belgrado, en el edificio de la antigua embajada de Checoslovaquia, frente al comandante de la Segunda División del Ejército alemán, el general von Weichs, sus ayudantes y los representantes de Italia, Hungría y Bulgaria, el hasta hace poco preso, el ex-ministro Cincar Marković y el general Radivoje Janković firmaban la incondicional capitulación del gobierno yugoslavo frente a las fuerzas invasoras. La capitulación fue oficialmente reconocida a partir del día 18 de Abril.



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