Mapa-enlace, cortesí­a de http://go.hrw.com. Hacer click sobre el nombre del paí­s de interés para información básica



4.8.08

De mi infancia en Belgrado

Mis padres son profesionistas los dos. Como ya lo había platicado, mi papá es ingeniero en electrónica y trabajaba en la empresa noticiosa más importante del país -Tanjug (Agencia de Telégrafos de la Nueva Yugoslavia, en traducción libre mía al español). Mi mamá, por su parte, es odontóloga y cuando yo era pequeño, los primeros cinco años no podía encontrar empleo, por lo que se dedicaba a aprender el serbio-croata y realizar traducciones del español. Por fin, por allí del principio de los ochenta, encontró trabajo en un centro de salud en las periferias de Belgrado, en el pueblito de Vinča. De hecho, trabajaba en varios centros de salud y hasta escuelas primarias de la región de Grocka; unos meses en un lado y otros en otro.

Recién casados, mis papás vivieron primero en el departamento de mis abuelos. Como bien lo dice un dicho mexicano "el casado, casa quiere"; la vida al parecer no fue muy agradable allí bajo el mismo techo. Las diferencias culturales resultaron a veces infranqueables y al poco tiempo fue decidido cambiar el departamento grande (de propiedad social) por dos más pequeños: comprar uno en el mero centro de Belgrado de 45 metros cuadrados que se volvería mi primer hogar, y habitar uno un tanto más grande en Nuevo Belgrado (este otra vez de propiedad social), en el que vivieron un tiempo mis abuelos y la nueva familia de la hermana de mi papá. No era raro en Yugoslavia vivir con los padres (o suegros) bajo el mismo techo muchos años (como tampoco lo es hoy en día). Y es que la vida era cara, las perspectivas escasas y Yugoslavia como que aislada del mundo...

Pocos mese antes de mi nacimiento se mudaron mis papás al pequeño departamento en el centro de Belgrado, a escasos cincuenta metros del puente que une Belgrado viejo con el nuevo -Brankov most-, a la calle que lleva el nombre del mariscal Biryuzov.

Construido en concreto y lleno de rascacielos y unidades habitacionales bien planeadas en las cuales se encontraban siempre unos veinte edificios idénticos con áreas verdes a su alrededor, sus tiendas, escuelas, canchas de juego y hasta refugios nucleares, Nuevo Belgrado intentaba mostrar la prosperidad y el avance tecnológico del país. Hoy en día es éste el panorama usual del llamado "realismo comunista", funcional y gris, acorde con el discurso de la dictadura del proletariado.

Al cumplir los tres años de edad, me metieron al jardín de niños Veinticinco de Mayo que se encontraba cerca del departamento. Aquí cabe mencionar que el 25 de mayo solía ser una fecha importante en Yugoslavia; al principio, se celebraba como el Día de la juventud. Sin embargo, unos años después del término de la segunda guerra mundial, el presidente Tito decidió que su cumpleaños también se celebraría ese mismo día, así que era esta fecha doblemente festiva. Todos los años, como regalo al presidente, se le fundía una estafeta en oro o plata a manos de artistas distinguidos; misma que recorría todo el país cargada por jóvenes, deportistas y profesionistas distinguidos para finalmente ser otorgada a Josip Broz en el Estadio Olímpico de Belgrado, ceremonia acompañada de un espectáculo de aproximadamente dos horas, semejante a una apertura de juegos olímpicos. A la par con la ulterior costumbre, todos los años recorría las repúblicas el llamado Tren de la fraternidad y la unidad de los pueblos yugoslavos (voz bratstva i jedinstva) -el último recorrido lo haría en 1989-.

La economía entera se basaba demasiado en la supuesta fuerza que alcanzaría la formada Organización de Países No Alineados cuyos activos originarios eran precisamente Josip Broz por Yugoslavia, el presidente Nehru por India y el presidente Nasser por Egipto; intentaban construir una ”tercera vía” económica que pudiera significar la fuerza de equilibrio y resistencia tanto a los EUA como a la URSS en un mundo absolutamente bipolar. Su primer manifiesto fue su declaración de Brioni, una de las islas del archipiélago croata en el Adriático en el cuál se encontraba una de las residencias del presidente, que emanó de su primera reunión el 19 de julio de 1956.

Josep Palau [Pa96] menciona que la iniciativa en política exterior, con el prestigioso no alineamiento, actuaba como pieza básica de los equilibrios internos. De hecho, tanto en el espacio yugoslavo como en toda la región balcánica hay grandes tendencias naturales al alineamiento, en tanto que escenarios seculares de disputas entre imperios y grandes potencias o zonas de influencias ideológico-religiosas. En realidad, más que el entendimiento con el vecino, todos los pueblos balcánicos tienden a buscar un protector exterior como base de su propia seguridad. Así es que el no alineamiento constituía una estrategia deliberada e imprescindible para mantener la cohesión interna, amén de una brillantísima iniciativa exterior de consecuencias mundiales estabilizadoras.

En el contexto del no alineamiento, explica Palau [Pa96], con una política exterior prestigiosa hecha desde la cúspide, con una posición equidistantemente respetada por todos los centros mundiales de poder, los procesos descritos y las envenenadas tendencias que comportaban aparecían como simples menudencias. Disminuido el papel del partido comunista y desaparecido el gran árbitro –Tito-, por allüi de 1981, las contradicciones en los intereses de las élites republicanas emergieron desnudas, sin colchón protector alguno. No había reglas de juego definidas que pudieran sustituir la gran regla anterior: la del sometimiento a la voluntad del mariscal.

Esta especulación, finalmente no le hizo mucho bien a la decadente economía y comercio exterior de una Yugoslavia sumida en la peor de las crisis a finales de los ochenta. Las oportunidades de entrar en el Tratado de Libre Comercio de Europa no se aprovecharon en el momento cuando eran factibles y ahora están años luz lejos de la factibilidad.

Recuerdo que, como mi padre entraba a trabajar a las siete de la mañana y el edificio de su empresa se encontraba a una cuadra de nuestro edificio -el jardín de niños a unas ocho cuadras del mismo lugar-, me llevaba a pie, cargándome en sus hombros todos los días antes de las siete para luego regresar a su trabajo.

Como ya se mencionó, el hecho de las filas en los supermercados y dosis establecidas de comida por familia eran una señal directa de la crisis por la cual atravesaba el país. A pesar de todo el esfuerzo del gobierno por anularlo, había desempleo. Por lo mismo, los primeros años de mi vida, mi mamá no trabajaba. Pasaba por mí como a las tres de la tarde, la misma hora a la que mi padre salía de trabajar y comíamos como a las tres y media los tres juntos en la casa, en donde nos quedaba toda la tarde para nosotros.

Todas las noches pasaba en el canal uno de la televisión -de los dos que existían y, además, costaban- la nunca tan anhelada caricatura a las siete y cuarto de la noche, que duraba alrededor de diez minutos. Pasaban caricaturas checas o, inclusive yugoslavas de la escuela de caricatura de Zagreb, pero también pasaban todas las caricaturas de Estados Unidos. A las siete y media empezaba el noticiero oficial del día y en todas las casas imperaba a esa hora un sepulcral silencio para que los adultos lo pudieran ver. Desde luego, la maquinaria propagandística del estado trabajaba incesantemente en volver a convencer a todos los yugoslavos, noche tras noche, que el seguir el camino de Tito significaba seguir viviendo en Yugoslavia en unidad y fraternidad y, de una manera más sutil, que había que conservar el régimen comunista a toda costa.

En estos momentos me parece que era ésa una aseveración del todo acertada; en el momento que faltó el mariscal y se desmoronó el régimen, desapareció todo aquello en lo que me habían enseñado creer. De pronto, toda mi generación al igual que todas las demás generaciones entrampadas entre la de mis abuelos (que crearon esa, mí Yugoslavia) y de los recién nacidos en 1991, ya no tenía patria, ni ideología sociopolítica, ni identidad definida... nada.

Me acostaban terminando el noticiero como a las ocho de la noche. Sólo en ocasiones especiales me era permitido quedarme un rato más, sobre todo cuando pasaban algún capítulo del programa Juegos sin frontera (Igre bez granica) que se organizaba a nivel de toda Europa e inclusive se transmitía dentro de la Eurovisión y participaban en él equipos de casi todos los países -menos los de corte socialista- en juegos divertidísimos y toda clase de pruebas semejantes al Gran juego de la oca de la televisión española.

A mis cinco años viajé por primera vez en mi corta vida sin mis padres a una excursión con el jardín de niños. Nos llevaron a Tara, una montaña en Serbia, no demasiado lejos de Belgrado. Me acuerdo que al principio fue bastante traumante, aunque a los tres días me acostumbré y empecé a disfrutar la aventura. Creo que nunca he tenido problemas con el raro sentimiento de extrañar. Como que de alguna manera, desde niño viví los momentos y me adaptaba a las nuevas realidades sin pasar demasiado tiempo en ello. En ese viaje, en una carrera sin precaución una niña me encajó los dientes en la cabeza en un desafortunado arranque de energías, y parece que vi mi primer OVNI (quiero creer que ello no sucedió a causa de la herida provocada en la cabeza).

Extrañé mi casa y a mis padres como nunca; sin embargo, el valor educacional de estos viajes en mi desarrollo individual resultaron ser invaluables. A partir de ese año, viajaba con la escuela a todos lados y cada vez lo disfrutaba más. La mejor parte de cada viaje era volver a casa, abrazar a mis papás y disfrutar de los deliciosos pasteles que me hacía mi mamá. Mientras, nuestro diminuto departamento se veía alumbrado por luces amarillas, indirectas, que le daban a la ala color madera oscura un aire cálido... amoroso. En el aire danzaban las notas de discos de Julio Iglesias, Flans o Timbiriche que mi mamá se traía de México. Tranquilidad de dos mundos y una familia.

Dos veces por semana me llevaban a clases de natación a Tašmajdan, uno de los complejos deportivos más grandes de Belgrado. Había muchos de éstos, ya que el deporte tenía una gran importancia en el desarrollo del país en el espíritu socialista, al igual que la cultura y la salud desde la más temprana edad. Los sábados y los domingos de invierno, me llevaban a patinar en hielo al centro de patinaje Hala Pionir. Esto último era una tradición nacional y, por obvias razones, también se volvió una tradición familiar. Todas estas actividades significaban un costo al presupuesto familiar, sin embargo con todo y todo aún no se habían vuelto un lujo inalcanzable.

Más o menos a esa edad (tres años) me tuvieron que operar de las anginas. Por la política de los hospitales, no pude ver a mis papás más que un día en toda la semana en la que estuve internado. Fue algo terrible, sobre todo cuando se aproximaba la enfermera con las temibles inyecciones para todos los niños de mi cuarto, que eran alrededor de quince. Con su llegada, empezaba el griterío y el lloriqueo por doquier y yo empezaba a ingeniar planes para evitar el tan temible dolor yéndome con los niños que ya habían recibido la ”aguja” y llorando como desesperado con esperanza de que pensarían que ya me la habían puesto. Naturalmente, nunca resultó.

Recuerdo que al salir del hospital tuve que tragar, en el sentido literal de la palabra, toneladas de helado todo el día y eso, según recomendación médica. Fue uno de los sacrificios menos sufridos de toda mi existencia.

Dos años después nació mi hermana. Mi madre se encontraba internada en el mismo hospital en el que había nacido yo, en la calle Višegradska en Belgrado. Había solamente dos opciones de hospitales para nacer en Belgrado en esa época, así que la mayoría de mis amigos compartían este lugar. Recordaba que podíamos ver a mi mamá sólo una hora diaria y que yo no podía entrar ni siquiera en esa hora de visita.

Mi mamá se quejaba de la comida -posteriormente pude comprobar que en efecto la comida de hospitales no era nada antojable-, así que con mi papá nos íbamos al otro lado del hospital y por medio de una canasta y una cuerda le llevaban comida casera que ella metía ”de contrabando” por una de las ventanas de su cuarto que compartía con unas veinte "mamás".

Al conocer a mi nueva hermana, opiné que era un ser muy extraño metido en pañales y que contaba con una enorme ”cabezota”. Posteriormente se volvería una de las personas que más quiero y admiro en este mundo.
_____________________________________________

«« Hacia La autogestión y la cotidianidad en la Yugoslavia socialista en plen guerra fría

Etiquetas: , , ,

29.7.08

El sistema autogestivo y la democracia socialista yugoslava (en construcción)

En Yugoslavia, el período transitivo entre los restos monárquicos y el establecimiento del nuevo orden socialista al término de la segunda guerra mundial marcó el viraje histórico en el desarrollo de las relaciones socialistas y de la supuesta democracia socialista [Jov69].

Con la apertura del proceso de autogestión [Dji71] se dio comienzo a la realización de la característica más sobresaliente del sistema sociopolítico y jurídico estatal de aquella época de Yugoslavia. Las bases de ese sistema eran: la autogestión en las organizaciones económicas, en las escuelas, las instituciones sociales y en todos los demás ámbitos. Esto es, la concesión al pueblo trabajador del derecho a decidir sobre todas las cuestiones que atañen al desarrollo y organización de sus empresas; el traspaso ininterrumpido de las prerrogativas estatales a los cuerpos representativos elegidos; y la actividad directa de la población en las decisiones sobre los asuntos más esenciales concernientes al trabajo y desarrollo de las comunidades sociopolíticas locales y otras. Los prerrequisitos económicos y políticos de este desarrollo fueron asegurados mediante la nacionalización de todas las instituciones económicas y sociales, los bosques y riqueza mineral, estableciéndose el máximo agrario (en propiedad privada) de 10 hectáreas por familia rural [Dji71].

Sobre esta época, la postura oficialísta de la Liga de comunistas yugoslavos subrayaba que "la característica constitucional democrática del estado debe indicar una nueva forma especial del estado socialista, una síntesis del socialismo y la democracia como condición indispensable del ulterior desarrollo socialista. En el sentido político de la palabra, el socialismo debe dar no sólo nuevas, sino también más completas, más substanciales formas de la democracia política que las antiguas y existentes sociedades fueron capaces de llevar a cabo" [Jov69].

Según esta ideología pragmática, la esencia de los problemas no consiste en el dilema entre el sistema de varios partidos y el sistema de un partido, pues ”tanto el uno como el otro sistema pueden ser la realidad de un determinado período del desarrollo socialista en distintos países” [Jov69], sino en la búsqueda de nuevas formas de democracia que se cimentarán y desarrollarán en la propiedad social de los medios de producción. En estas relaciones, la posición de la clase obrera es el factor más importante. Ella no es ni puede ser sólo una clase en cuyo nombre se ejerce el poder estatal, sino que se debe convertir en la principal y verdadera fuerza promotora del progreso social. La clase obrera puede llegar a ella sólo si asume el control directo sobre el manejo de la producción y distribución [Jov67, p. 10-11].

Todas estas premisas creaban del sistema socialista en su versión yugoslava una amenaza para el mundo capitalista aún mayor que la que representaba la misma URSS. El hecho de plantear y crear un sistema con bases autogestivas y sacar las ideas valiosas legadas por la comuna de Paris, lo hacía mucho más atractivo para los movimientos obreros en los países del Occidente. Las relaciones se empezaban a enfriar súbitamente entre Yugoslavia y la OTAN.

Finalmente, toda la palataforma ideológica de los comunistas yugoslavos parecía un objetivo irreal no muy diferente al de los comunistas utópicos, anarquistas o hasta demócratas visionarios: en teoría suena magnífico, mas la práctica - eso es totalmente otra cosa. El carácter democrático del estado yugoslavo y el principio de la autogestión social por lo tanto, señalaban la esencia de este sistema, que en su base representaba una extinción gradual del estado como tal, mediante el desarrollo de la autogestión social.

Las asambleas eran los órganos más altos del poder y de la autogestión social en los territorios para los cuales habían sido electas. En la federación existía la asamblea federativa; en las seis repúblicas socialistas, se habían conformado sus respectivas asambleas de las repúblicas; y en las regiones autónomas de Kosovo y Vojvodina, creadas a partir de la constitución de 1974, se establecerían las correspondientes asambleas regionales.

Todas las asambleas se hallaban compuestas de la siguiente manera: por representantes de los ciudadanos, como tales; y por representantes de esos mismos ciudadanos, en su calidad de trabajadores ocupados en las empresas económicas o en las diversas instituciones culturales, educacionales, de salubridad, de la administración estatal o de la política social (la llamada burocracia o la "nueva clase", según término acuñado por el mismo Milovan Djilas en [Dji57], en su libro The New Class, la primera crítica al sistema socialista "real" como se le designa hoy en día, que al ser publicado en EUA en 1957 fue utilizado hasta la exageración por la propaganda capitalísta).

Los representantes elegidos por todos los ciudadanos pasaban a formar parte de los consejos políticos de las asambleas. Los ciudadanos ocupados en las actividades económicas, educacionales, culturales y de salubridad, en las instituciones y organizaciones sociales y en los órganos de la administración estatal, elegían a los miembros de las organizaciones de trabajo.

Las asambleas comunales eran en principio bicamerales, constituídas por el consejo comunal por un lado y el consejo de las comunidades de trabajo, por el otro. Las asambleas regionales, las de las repúblicas y la federativa se hallaban formadas por un lado, respectivamente por los consejos regional, los de las respectivas repúblicas y el federativo; y por el otro lado, cada una de estas asambleas estaba constituída por cuatro consejos correspondientes a las respectivas comunidades de trabajo: la económica, la educativo cultural, la de salubridad social y la político organizativa.

Las candidaturas para las elecciones a las asambleas se desenvolvían en dos fases. En la primera, los ciudadanos proponían a personas en las sesiones de las organizaciones de la alianza socialista o en otras reuniones. Allí discutían acerca de los candidatos propuestos: que si eran miembros del partido comunista o no, si practicaban alguna religión, si eran parientes o conocían a algún funcionario o no, si su vida iba acorde a la ideología socialista autogestiva, etc. La segunda fase -y tras el primer gran filtro-, la constituían las asambleas de electores, en las cuales todos los ciudadanos proponían los candidatos a los consejos políticos de todas las asambleas.

Al mismo tiempo, los trabajadores de las empresas e instituciones proponían, en sus respectivas asambleas de electores, los candidatos a los consejos de sus correspondientes comunidades de trabajo de todas las asambleas. Ello significaba que los yugoslavos que mantenían relaciones de trabajo proponían dos tipos de candidaturas: según el territorio en que habitaban y de acuerdo a la actividad en que desarrollaban sus labores. Las asambleas comunales, una vez elegidas y en sesión plenaria, elegían los diputados a las asambleas regionales, las de las repúblicas y la federativa.

Las elecciones se decidían por simple mayoría, salvo en casos en que se presentaba un solo candidato, el cuál debía obtener la mayoría absoluta. Los resultados de las elecciones para las asambleas eran definitivos. Los candidatos a diputados de las asambleas de las repúblicas y la federal debían, sin embargo, pasar por una tercera fase: su designación a cargo de las asambleas comunales debía ser ratificada por votación directa de todos los electores.

Los consejos regionales y de las repúblicas elegían de entre sus miembros a diputados al consejo de nacionalidades de la asamblea federativa. Ello era teóricamente una solución maravillosa al problema interétnico de los pueblos yugoslavos; sin embargo, en la práctica vivió un fracaso que quedó de manifiesto con las modificaciones a la constitución yugoslava hechas en 1974 y con el climax de las tesiones entre las diferentes nacionalidades en la época de los ochenta.

El mandato de todas las asambleas duraba cuatro años y sus miembros no podían ser reelegidos para el período siguiente en el mismo consejo de una misma asamblea. Los presidentes de las asambleas y el resto de sus funcionarios electivos duraban tan sólo cuatro años en sus funciones. La misma limitación regía al vicepresidente de la república. El presidente de la república podía ser reelecto por un período más de cuatro años; sin embargo, la constitución exceptuaba de esta regla la reelección de Josip Broz - Tito, quién permaneció en el poder hasta poco antes de su muerte en 1980.

Entre tanta burocracia y tantos ”candados” se había desdibujado el real sentido de la democracia. En la constitución yugoslava que contenía las reformas de realizadas en 1963, dentro del capítulo III, sobre libertades, derechos y obligaciones del hombre y del ciudadano [Con69], el artículo 40 (nunca modificado) decía, al pie de la letra:

"Quedan garantizadas la libertad de prensa y de otros medios de información, la libertad de asociación, la libertad de expresión y de manifestación pública, la libertad de reunión y de otras clases de asambleas públicas.

Los ciudadanos tienen el derecho a emitir y publicar sus opiniones valiéndose de los medios de difusión, a utilizar los medios de difusión para ser informados, a editar periódicos y otra clase de prensa y a difundir informaciones valiéndose de otros medios de difusión.

Nadie podrá abusar de tales libertades y derechos para minar las bases del sistema democrático socialista fijado por la presente Constitución, como tampoco podrá amenazar la paz, la igualdad de derechos en la colaboración internacional o la independencia del país, ni suscitar odio o intolerancia religiosa o inducir a delito o atentar a la moral pública.

La ley federal establece los casos y las condiciones en que se podrá limitar o suspender el ejercicio de tales libertades y derechos cuando este ejercicio fuere incompatible con la presente Constitución.

La prensa, la radio y la televisión tienen la obligación de informar objetiva y exactamente a la opinión pública, como también deben dar publicidad a las opiniones e informaciones emitidas por los órganos, las organizaciones y los ciudadanos que tuvieren interés para la opinión pública.

Queda garantizado el derecho de rectificación de informaciones que violaran los derechos o intereses del individuo o de una organización. A fin de facilitar la más amplia información de la opinión pública, la comunidad social creará condiciones favorables para el desarrollo de las actividades correspondientes."

En la corta experiencia que poseía en los años ochenta y al inicio de los noventa, cuando terminaba el octavo año de primaria e ingresaba por fin al gimnasio (la preparatoria después de la cuál, se supone, ingresa uno a estudios superiores), me parecía que en la vida cotidiana se le hacía mayor caso a lo incluido a partir del tercer párrafo que a los dos primeros, para posteriormente dejarle de hacer caso a la totalidad de este artículo. En esos momentos comenzaba a entender el resentimiento social que provocó el surgimiento de movimientos estudiantiles en toda Yugoslavia a finales de los sesenta.

El país aparentemente iba viento en popa. Innumerables viajes realizaba el mariscal Tito por todo el mundo estableciendo contactos, presentando esta nueva ”maravilla” creada e inventada por él mismo. En esta nueva federación todos estaban obligados a olvidarse de su historia y cultura anteriores, del genocidio cometido a manos del Estado Independiente de Croacia en contra de la población serbia que habitaba su territorio, las venganzas cometidas por los chetniks en contra de la población no-serbia, las matanzas de los chachaks albaneses en Kosovo, la tradición bélica utilizada hasta el cansancio por todos los poderes imperialistas que pusieron su pie en los Balcanes en cualquier momento de la historia de los pueblos sudeslavos y las religiones que a la vez de unirlos en un sentimiento yugoslavo, los separaban tanto. Todos eran hermanos y estaba de moda el eslogan: ”Todos somos de Tito y Tito es nuestro”. Todo el mundo lo creía o, mejor dicho, lo tenía que creer. Y el peor miedo era que muriera Tito...

Fue en esta época que empezaron las largas vacaciones de algunos intelectuales demasiado ”progresistas” -de personas en general, mejor dicho- en la isla de Goli Otok; cárcel natural y oculta, de prisioneros políticos y enemigos de todas clases del nuevo gobierno. A algunas personas se las ”tragaba” la noche. Las paredes oían. La policía secreta y el famoso inform bureau trabajaban horas extras.

El Artículo 46 de la constitución de la Yugoslavia socialísta [Con69] decía:

"La profesión de la religión es libre y constituye un asunto privativo de la persona.

Las comunidades religiosas y el Estado quedan separados; las confesiones podrán ejercer libremente sus cultos y atender sus asuntos.

Las comunidades religiosas podrán fundar escuelas confesionales destinadas a la formación de sacerdotes.

Es anticonstitucional todo abuso de la religión y de las actividades religiosas con fines políticos.

La comunidad social podrá acordar una ayuda material a las comunidades religiosas.

Las comunidades religiosas pueden tener derecho de propiedad de bienes inmuebles dentro de los límites fijados por la ley federal".

Como en casos anteriores de la interpretación política diversa de los artículos constitucionales, el hecho de la anticonstitucionalidad del abuso de la religión y de las actividades religiosas con fines políticos era el tema preferido de los comunistas más radicales. Practicar alguna religión era señal de debilidad, haber sido visto en la iglesia significaba deterioro de la imagen del individuo en cuestión al interior del partido comunista, sobretodo siguiendo el pensamiento marxista referente a que la religión es opio para los pueblos. Y si se era pillado en tales actividades: adiós a las prestaciones, al sindicato, a puestos de funcionarios...

_____________________________________________

«« Hacia La posguerra en la Yugoslavia socialista

Etiquetas: , , , , , ,