El sistema educativo yugoslavo, mi futuro académico y el significado de las festividades religiosas serbias en el régimen socialista
Al terminar el octavo de primaria, era necesario acudir al ”examen único de selección”. Tomando en cuenta en un 60% los resultados obtenidos en éste y en un 40% el promedio global de todas las calificaciones obtenidas a lo largo de los ocho años de la primaria, se decidía el futuro de los alumnos que quisieran seguir su educación. Solamente un 40% de los alumnos tendría acceso a lo que en México se denomina bachillerato normal. En Yugoslavia se le denominaba gimnasio (gimnazija, término retomado del sistema educativo alemán en donde se denomina Gymnasium a los nueve años de bachillerato que siguen a los cuatro años de primaria y después de los cuales se accede a la universidad). Los gimnasios yugoslavos dividían sus planes de estudio de acuerdo a dos especializaciones: la de las ciencias sociales y la de las ciencias exactas. Al término de estos cuatro años de gimnasio, los estudiantes tenían acceso a la educación superior universitaria.
Con mis 14 años cumplidos, había decidido que mi interés definitivamente giraba alrededor de la física y las matemáticas y que quería algún día seguir una carrera universitaria. Para ello, era preciso ingresar al área de ciencias naturales de algún gimnasio belgradense. Mi primera elección era el gimnasio especializado en matemáticas, llamado en aquel entonces ”Veljko Vlahović”. Ahí sólo se aceptaba a un número muy reducido de estudiantes por año y el examen de ingreso era de especial dificultad. De hecho, se presentaba éste con unos dos meses de antelación en comparación con todos los demás exámenes de selección.
Volví a intentarlo, esta vez en un gimnasio normal, el Gimnasio No. 9 de Belgrado, que además se encontraba cerca de nuestro departamento. De los 600 alumnos en ambos turnos que se aceptaban, quedé como el número 13 de la lista de admisión. Todo marchaba bien de vuelta.
Estando ya en la educación media superior, los profesores me trataban como a todo un adulto (o al menos, eso me hacían sentir), con obligaciones y responsabilidades, pero sin ningún tipo de presión adicional. La idea era que cada alumno aprendiera a responsabilizarse de su vida y su futuro por sí mismo. Hice muchos amigos en aquellos primero meses del año escolar. Entre otros, había en mi salón como quince alumnos que venían de Croacia, como refugiados.
Los estragos de la guerra ya iniciada se sentían en todo el país. Se produjeron cantidades enormes de refugiados, muchos se trasladaron de Serbia a Croacia y otro tanto cruzaba la frontera en el sentido contrario.
Las identidades nacionales no fueron borradas de la conciencia colectiva durante el régimen comunista. Todas las naciones, tal y como solían hacerlo a lo largo de toda su historia, se congregaban alrededor de sus respectivas religiones para conservar su identidad colectiva. El nacionalismo yugoslavo no había cambiado estos rituales milenarios. Prueba de ello era la celebración de la llamada slava serbia; existente a raíz de la creencia en el pueblo serbio que cada familia tiene a su santo protector, mismo que da buenaventura y protege la casa y a sus miembros.
A diferencia de los años anteriores, en aquella ocasión nos invitaron, junto con mis papás, también a mi hermana y a mí a esta celebración a casa de unos de los vecinos de nuestro antiguo edificio, en el Belgrado viejo. Era el día de San Nicolás (Sv. Nikola), uno de los santos más importantes de la ortodoxia serbia. Nuestros antiguos vecinos se llaman Joca y Duda y representaban a la parte del pueblo serbio que celosamente había conservado las tradiciones ortodoxas a pesar del sistema comunista, en muchos casos esquivando de maneras por demás creativa los problemas que aquello podría acarrear. De cualquier manera, estos problemas que acabo de mencionar no sobrepasaban el ser expulsado del partido comunista o jamás pertenecer a él, como era el caso de muchos ciudadanos yugoslavos. La diferencia radicaba en las oportunidades laborales, el tener derecho o no a las despensas entregadas todos los años por los diferentes sindicatos de los trabajadores a sus miembros, y finalmente, la casi nula posibilidad de seguir una carrera política en la Yugoslavia socialista.
El primer día de la festividad, la casa es visitada en presencia de la familia por el sacerdote ortodoxo, el Pop, quién la bendice en un ritual peculiar (que incluye una anterior bendición de un pan típico serbio, llamado pogača, en la Iglesia). Posteriormente, es costumbre darle al Pop de comer y beber hasta saciarlo (tomando en cuanta la cantidad de santos y de hogares que los festejan, es posible imaginarse que el sobrepeso en la población de los sacerdotes serbios era una característica bastante extendida). El segundo día se invita a todos los amigos a la celebración. En estas ocasiones se come y se bebe hasta el amanecer, agradeciendo de esta manera la buena fortuna de la familia en el año transcurrido. Los platos son servidos uno tras otro, sin descanso, con toda clase de exquisiteces culinarias nacionales; por igual es considerado un insulto dejar algo de comida en el plato o estar malhumorado o enojarse por cualquier razón en este día.
Esa precisa noche de la slava, čika Joca (čika vendría siendo algo así como tío y es la manera en la que los niños se dirigen a los señores adultos; para las señoras se utiliza igualmente la palabra teta, que vendría siendo algo así como tía) se acercaba con cada uno de sus invitados a brindar. Se tomaba un vaso entero de rakija -bebida nacional, una especie de brandy o aguardiente obtenido de frutas, mayoritariamente ciruela, en cuyo caso se denomina šljivovica-, hasta el fondo; acto seguido, poniéndose el vaso en la cabeza volteado hacia abajo para comprobar que no quedaba en él gota alguna de rakija. Todos cantaban canciones serbias y a veces bailaban kolo, danza tradicional que consiste en crear un círculo entre todos los danzantes a veces cerrado y a veces abierto. En el caso de crear una fila de hombres y mujeres intercalados (círculo abierto), el último hombre de la ahora fila agita una especie de pañuelo mientras toda la compañía se mueve al compás de la música hacia un lado o hacia el otro, dirigida por él.
Entre pláticas comunes, como lo eran las tradicionales peleas entre los provenientes de diferentes partes de Vojvodina, en este caso los de Bačka contra los de Banat y múltiples bromas, repentinamente se desató la polémica acerca del regreso del rey y la familia real a Serbia. Čika Joca defendía a capa y espada la recuperación de la antigua monarquía, mientras que los demás cuestionaban profundamente el retroceso de siglos que ello representaría.
Algunos días después, la televisión local entrevistó al rey serbio que habiendo nacido en Londres, seguía viviendo en Inglaterra en el exilio. Era todo un hombre de negocios que apenas podía balbucear algunas palabras en su lengua natal. Todo aquello, junto con la masiva conversión a la religión ortodoxa y la aparición de revistas y cintas con textos y canciones prohibidos durante el gobierno socialista eran parte de la nueva moda que se vivía en Belgrado. El llamado nuevo "nacionalismo serbio".
La Navidad anterior, que se celebra el 6 de enero por el desfase entre los calendarios Gregoriano y Juliano de 14 días, las puertas de la Iglesia ortodoxa más importante de Belgrado (la catedral de Belgrado o saborna crkva) permanecieron cerradas por la congregación del todo desproporcional de los nuevos creyentes, en su mayoría jóvenes, que de la religión en sí no sabían casi nada. Lo que sucedía era que para la gran mayoría de las familias serbias la perpetuación de las tradiciones ortodoxas en el socialismo se había vuelto tabú. Una buena parte de las generaciones de la posguerra había tomado con mayor o menor entusiasmo (pensando siempre en el interés personal) los dogmas comunistas y se habían desprendido de las tradiciones celosamente cultivadas por sus padres. En muchos casos, ello era resultado directo de la ideolo´gía social y política de sus padres - nuestros abuelos. Así educaron a sus hijos, es decir, a nosotros. De repente, en 1991, las nuevas generaciones pensaban haber descubierto la tan prometida "libertad" en el libre ejercicio de su religión. El problema radicaba, sin embargo, en el hecho que las tradiciones se aprenden en casa y son parte fundamental de la herencia no material, oral; ignorada o de plano inexistente en muchas de las familias serbias a inicios de los años noventa.
La mayoría de mis amigos acudían prestos a las iglesias y organizaban, a veces por sí mismos, sus propios bautizos en aquel 1991. La ignorancia se observaba en muchos detalles, llegando a veces a tocar el extremo, como en el caso de mi amigo Miško, quién acudió a su propio bautizo con una playera Black Sabath, parte de cuya indumentaria contaba hasta con cruces invertidas y demás signos satánicos que a nosotros no nos decían nada. Unos se volvían padrinos de los otros.
Símbolos, dogmas, instituciones, intereses, identidades, política... la humanidad.
_____________________________________________
«« Hacia Las primeras elecciones "libres" en Serbia, sus resultados, la ”Revolución de Terciopelo de Belgrado” del 9 de marzo de 1991 y lo que ello desencadenó
Etiquetas: 1991, Elecciones en Serbia, la religión ortodoxa, sistema educativo en Yugoslavia, slava








