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9.6.05

De los orígenes de la idea de la unificación de los eslavos del sur

Escribiendo acerca de la idea de Yugoslavia como una ilusión, Mira Milosevich [Mil00 apud. Olivera Milosavljevic, Jugoslavija kao zabluda. Srpska strana rata, editor Nebojsa Popov, Republika, Belgrado, 1996, p. 41] por su parte sugiere que Yugoslavia era una ilusión en la medida en que fue inventada por los primeros lingüistas del serbocroata. La idea de que el idioma es la base de la nación venía del romanticismo herderiano a través del esloveno Jernej Kopitar (1780-1847) y de su alumno Vuk Stefanović Karadžić. El segundo nació en la Serbia rural y, como tantos otros compatriotas, marchó a estudiar a Viena. Allí conoció al esloveno Kopitar y se convirtió en su alumno y su aliado para construir un idioma común de los eslavos del sur. Karadžić, basándose en el dialecto štokavski de los campesinos serbios de Herzegovina, donde él mismo había nacido, creó el ya mencionado alfabeto serbio. Karadžić sacaba la conclusión, según este criterio, de que todos los que hablaban en el dialecto štokavski eran serbios. Pero no era esta idea muy original. Antes que él, dos lingüistas, el checo Jozef Dobrovsky (1753-1826) y el eslovaco Pavel Safarik (1795-1861), identificaron el dialecto štokavski con los serbios [Mil00 apud. Anzulovic, B. Heavenly Serbia. From Myth to Genocide, Hurst & Company, Londres, 1999, p. 76].

Safarik, en 1826 y en Budapest, había publicado el libro La historia del idioma eslavo y la literatura eslava, identificando a los serbios con los eslavos del sur, y dándoles un nombre común –ilirios-. Safarik partía de la idea de que hay que separar el concepto de la nación y el de la religión, fundando la idea de la nación en la comunidad lingüística. Mientras los ciudadanos hablen el mismo idioma, pertenecen a la misma nación. La lucha por probar que existía un único idioma –ilirio-, base común del serbio y del croata, que tomó cuerpo en el movimiento conocido como ilirismo fue, según Mira Milosevich [Mil00], el origen de la invención de la nación yugoslava.

Sobre los ilirios, Ilyricum y temas afínes ya se ha escrito en este blog, aquí y aquí.

Sin embargo, no era la idea de la unificación de los eslavos del sur únicamente ligada a ideas lingüísticas y culturales. Una gran parte de intelectuales que apoyaron este movimiento desde un inicio y finalmente llevaron a cabo su consumación en la primera mitad del siglo XX, clamaban que este proyecto era la precondición para romper el lastre feudal, crear un sentimiento nacional unitario e independiente de los imperios que lo dominaban y desarrollar las fuerzas productivas propias que los mantuvieran a flote y autónomos en el ámbito internacional. Tampoco hay que olvidar que es precisamente el siglo XIX el tiempo de las unificaciones alemana e italiana, al menos, y que la intelectualidad progresista y liberal de los pueblos sudeslavos tenía un gran contacto con estos pensamientos europeos y vivía bajo su gran influencia. Por otro lado, es la misma época de la cristalización de la severa crítica al capitalismo encabezada por Karl Marx y Friedrich Engels y de la llamada Primera Internacional Socialista. Esta idea de una emancipación acompañada se fue convirtiendo en un objetivo de las masas de croatas, eslovenos y los demás pueblos balcánicos sometidos a los Habsburgo y en proceso de independencia de Turquía.

Según el poeta y diplomático serbio Jovan Dučić, el término ilirismo de los lingüistas eslavos procede del nombre Iliria, que dio Napoleón a los territorios conquistados en Dalmacia, Croacia y Eslovenia con la intención de formar un nuevo reino en los Balcanes [Mil00 apud. Dučić, J., Verujem u Boga i u srpstvo, Ars libri, Belgrado, 1942, p. 14], temas que aunque brevemente, menciono aquí. Pero hay otras posibilidades: Ilyricum fue el nombre romano para las provincias del imperio en territorio balcánico. Los primeros pobladores de los Balcanes, como ya se ha mencionado, se llamaban de igual manera ilirios, cuya herencia étnica reclaman los nacionalistas albaneses para fundamentar unos supuestos derechos históricos que están en la base misma del proyecto de la Gran Albania en los Balcanes y que comento un poco más en detalle aquí.

El ideal de un estado yugoslavo cuyos ciudadanos hablasen un idioma ilirio se debe a un alemán. Ljudevit Gaj, hijo de emigrantes alemanes, aceptó las ideas de Kopitar y Karadžić y las del ilirismo. Imitando a Karadžić y su alfabeto, el cirílico azbuka, Gaj, basándose en el latín, creó la gajevica, es decir el alfabeto croata. Fue él mismo quién fundó en 1836 la Asociación de los amigos del pueblo ilirio en Croacia, con la idea de crear una base política para la unión de todos los eslavos del sur –serbios y croatas como núcleo de la nación, y eslovenos y búlgaros como miembros constituyentes-. La ilusión se desvaneció, como suele ocurrir, cuando empezaron a chocar entre sí los programas de los políticos y los de los lingüistas.

El ilirismo fue un movimiento cultural, sin un claro concepto político sobre el posible estado común. Gaj decía en 1841, siete años antes de la desparición del movimiento ilírico, ”que Dios se ocupe de la Constitución húngara, el reino croata y la nación iliria”. El miembro del gobierno serbio o mejor dicho, el primer ministro de Serbia entre 1842 y 1843, Avram Petronijević (1791-1852) (1) advertía a los serbios de que no se fiaran de los ilirios que decían luchar por el común idioma eslavo mientras en su propia casa hablaban alemán [Mil00 apud. AAVV, Istorija Jugoslavije. Prosveta, Belgrado, 1973, p. 242]. Pero fue Ilija Garašanin, el ministro de Interior del rey Aleksandar Karadjordjević, quién escribió el primer programa nacional serbio en 1844, Načertanija –Directrices-, que fue la causa principal de la desaparición de los ilirios (1, 2, 3).

La obra principal de Garašanin tomó las sugerencias amplias del patriota y jefe del estado polaco, el conde Čartoriski. La idea fundamental era volver a Serbia el punto central de atracción para los eslavos del sur que se encontraban en los Balcanes. Lo anterior tomando en cuenta que Serbia se había vuelto el estado cristiano más significativo en esos momentos en estos territorios. Para ello y buscando una mayor emancipación del estado serbio y su mayor autonomía en cuanto a influencias turca, rusa y austrohúngara, Garašanin cultivaba las relaciones con el occidente y gozaba de peculiar prestigio en Paris, ya que su principal objetivo para crear una alianza era precisamente Francia. Su política basada en estas ideas tuvo gran auge en el año de 1852, mientras fungía como ministro del interior. Sin embargo, todo ello causaba grandes protestas por parte del Reino Ruso, razón principal de su abandono de la escena política en 1853 [Sv].

Fue en esta época y sobre todo en 1856 que se volvía el principal opositor del rey Aleksandar y su política que en opinión de Garašanin se había vuelto demasiado austrofílica. Sin embargo, el rey lo nombró a pesar de todo ministro del interior en 1858; este hecho no disminuyó su actividad en la oposición - más bien, aumentó su influencia. Incluso, aportó acciones que finalmente desembocaron en la caída del rey en la Asamblea de San Andrés –Svetoandrijska Skupstina- en 1859. Volvió a trabajar en su programa nacional con logros certeros bajo el rey Mihailo, cuya política nacional se veía impregnada de ideas de Garašanin [Sv].

La sociedad clandestina El Círculo Secreto de Paneslavismo de Belgrado fue la organización que unió a los activistas políticos inspirados en el programa de Garašanin. El objetivo principal de este programa, y de todos los futuros programas políticos serbios, era crear una nación sudeslava que tendría como base el estado serbio. A pesar de que en Viena, en 1850, los intelectuales croatas y serbios -entre ellos, Vuk Karadžić- firmaron un Acuerdo literario, los acuerdos políticos no desaparecieron. Los croatas imaginaban el futuro estado en los territorios desde Eslovenia hacia el oeste, a través de Belgrado y hasta Bulgaria, con la capital en Zagreb. Los serbios añadían a todos estos territorios Bosnia y Herzegovina y el norte de Albania, con la capital del estado en Belgrado y con la monarquía de la dinastía serbia al frente.

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4.5.05

De diversas discusiones del orígen de los pueblos sudeslavos

En la actualidad existen diferentes y en muchos casos, directamente opuestas tesis sobre el origen de los pueblos sudeslavos, particularmente el serbio y la manera y el momento en que aparecen en el escenario de los Balcanes.

En el libro Oslobadjanje istorije -Liberación de la historia- de Ljubomir Kljakić (KLJAKIĆ, Lj. Oslobadjanje istorije. Prva knjiga, početak puta, Arhiv Kljakić, Beograd, 1993), se rescatan las investigaciones realizadas por Miloje M. Vasić, al inicio del siglo XX, sobre la localidad de Vinča, un pueblito en la periferia de Belgrado.

Según la teoría de Miloje M. Vasić, Vinča formaba parte de la colonia iónica. Tras las pruebas de Carbono 14, que se efectuaron a los hallazgos en la región, se ubicó la civilización de esta región del VI al II milenio a.C. Posteriores hallazgos de monumentos escritos en la región, que resultaron ser más antiguos que los encontrados en la isla de Creta, y por ende los más antiguos en Europa, llevaron a varios historiadores a concluir que fue ésta una de las civilizaciones más antiguas del viejo continente y que influyó en etapas posteriores en varios pueblos, incluyendo el helénico.

Para Vasić, los eslavos del sur, y más en particular los serbios, serían los directos descendientes de los forjadores de esta antigua civilización.

Según las investigaciones de Miloje M. Vasić, Marija Gimbutas, Arthur Evans, Radivoje Pešić y otros, se ubicó la extensión de ésta, la llamada civilización de la Europa Vieja, ”en el norte hasta la actual Budapest, abarcando también la región alrededor del río Tisa y los Alpes de Transilvania occidentales; en el sur, ésta abarcaba las regiones hasta el delta del río Vardar en el mar Egeo, la costa y las islas; en el oeste la civilización de Vinča llegaba hasta Gornja Tuzla, como así lo considera la ciencia actual, aunque es probable la mayor expansión de su cultura material y espiritual. (...) En el este, la civilización de Vinča abarcaba el río Marica y la costa de Pont, tocándose en esta región con la civilización de Tripolje.” (Kljakić, Lj. Oslobadjanje istorije. Prva knjiga. Početak puta, p.24, apud. Marija Gimbutas, The Goddesses and Gods of Old Europe, Boginje I bogovi stare Evrope, Književna kritika 4, Rad, Beograd, YU, 1986)

En el año de 1951, apareció un estudio voluminoso alrededor de la ”problemática” de Vinča, trabajo colectivo de J. Korošec, A. Benac, M. Garašanin y D. Garašanin. Los resultados totales de las investigaciones de Vasić acerca de la civilización de Vinča fueron puestos bajo una severa crítica por parte del presente colectivo. Fue ésta una crítica ”nordista”.

Se dijo en ese momento que ”el profesor Vasić se esmera de esta manera en presentar la iniciativa ante la arqueología nacional y mundial sobre la revisión de las conclusiones y puntos de vista aceptados mundialmente, la destrucción de todo aquello que él llama teorías escolares, la introducción de una nueva metodología y una nueva sistematización en la arqueología. Sin embargo, ¿será justificado el hacer iniciativas tan grandes y tendrá para ello bases suficientes? Para responder a esto, es necesario revisar críticamente la metodología que siguió en su trabajo el profesor Vasić, la misma con la que llegó a estos resultados. Para ello es igualmente necesario, en primer lugar, revisar cómo y en qué medida aplicó la metodología histórica el profesor Vasić.”
(Kljakić, Lj., op. cit., p.39)

En pocas palabras, fueron estos hallazgos los que pusieron en entredicho las teorías ampliamente aceptadas acerca del origen de los eslavos en estas tierras, ubicando a ésta llamada la civilización de Vinča como el antecedente directo de los actuales pueblos sudeslavos.

La pugna entre diferentes posturas respecto al tema se extendió hasta llegar a 1988, año en el que se celebró un simposio con participación de ponentes serbios y norteamericanos, del cuál emanó la recopilación de ponencias bajo el nombre de Migrations in Balkan History (Migrations in Balkan History, Serbian Academy of Sciences and Arts, Institute for Balkan Studies; Department of History University of California, Santa Barbara; Prosveta – Export – Import Agency, Beograd, YU, 1989).

Como uno de los ejemplos claros de la denominada identificación con el agresor se puede tomar la aceptación por parte de la Academia Serbia de la Ciencia y las Artes (SANU) de la mencionada recopilación de ponencias, entre las cuales se encuentra la ponencia denominada Was there a Slavic landtaking of the Balkans and, if so, along what routes did it proceed?, de Henrik Birnbaum (Henrik Birnbaum, ”Was there a Slavic landtaking of the Balkans and, if so, along what routes did it proceed?”, en Migrations in Balkan History, op. cit., p. 47-60).

Para entender la importancia y el contexto que le da Kljakić a la mencionada obra, es necesario analizar la tipología de la relación entre los intelectuales y el sistema que necesita crear teorías y fundamentos para justificar su actuar, creada por Vladimir Dedijer y retomada por el mismo Kljakić: Identificando esta necesidad ”natural” (de convencer de su infalibilidad y majestuosidad) de cada poder estructural como una agresión y analizando las posibilidades que cada intelectual tiene en relación a ésta, Vladimir Dedijer definió la siguiente tipología de tal relación:



  1. Identificación con el agresor, cuestión que los intelectuales son bastante dados a aceptar desde los tiempos de los faraones. Se les paga para producir ideas acerca de la grandeza e infalibilidad del sistema gobernante (sea este eclesiástico, estatal, de algún partido o económico) y sus representantes.
  2. Dualidad del intelectual o su anonimato, que se puede reconocer en la aceptación en público de las condiciones que el poder dicta y la resistencia en privado, esperando mejores condiciones sociales.
  3. Hombres libres que piensan con su propia mente, sin importarles el gobierno y sus condiciones, entre los cuáles podemos reconocer a revolucionarios y herejes dispuestos a sacrificar hasta sus vidas por sus convicciones.
Al respecto, Ljubomir Kljakić opinó que la publicación del trabajo de Birnbaum es un hecho primordial y desde luego valioso. De no haber presentado a la luz pública trabajos diferentes al mencionado, los autores del proyecto Migrations in Balkan History hubieran podido contar con felicitaciones. Lo anterior porque, apenas con la publicación del trabajo de Birnbaum, se obtuvo el material de gran autoridad que posibilita la indudable reconstrucción de los intereses extracientíficos, y por ende políticos que eran y son satisfechos a través del proyecto Migrations in Balkan History. Prosiguiendo, Kljakić menciona que el interés político solicitaba el hallazgo de argumentos ”científicamente” sólidos que, supuestamente encontrados en los cimientos estructurales de la historia, puedan ser de gran utilidad para la justificación del proceso de la fragmentación y la destrucción de los Balcanes yugoslavos. Ese proceso de fragmentación y destrucción, como sabemos, indica el arqueólogo, se desarrollaba y se sigue desarrollando todavía, por medio del aniquilamiento del estado yugoslavo y la organización social en los espacios balcánicos. Tan gran hazaña tiene que ser, es entendible, legitimada por medio de razones convincentes que, es deseable, muestren la supuesta necesidad y la justificación de tal acción cataclísmica, finalizaba. (Kljakić, Lj., op. cit., p. 97-98)

Por supuesto, escribe el autor, el encargo del agresor fue realizado disciplinadamente. Como todas las grandes soluciones, así también ésta, hacia la cual se inclinaron los autores del mencionado trabajo, cuenta con gran simplicidad. Al haber recordado la simplicidad incólume, estos autores simplemente encontraron en los meros cimientos del proceso histórico, interpretado a través de los retuersos de la cronología y la jerarquía universal, es decir en su propia historia ideológica, un verdadero arsenal de ”argumentos” utilizables para realizar la mencionada tarea. El cataclismo social de la fragmentación y la destrucción fue legitimada en el proyecto Migrations in Balkan History como la ”necesidad férrea”, como ”la lógica histórica misma”, como ”el destino inminente”, que no es solamente un hecho imperioso, sino también la solución deseable.

Así fue hallada y presentada, continúa Kljakić, la ”argumentación científica” que sostenía que los eslavos balcánicos no podían existir de ninguna manera antes de los siglos VIII o IX; que, incluso, su posterior existencia hasta el día de hoy está bajo gran y sustentada duda; que esa duda está fundada en la identidad mezclada, confusa y, desde cualquier punto de vista problemática, étnica y culturalmente de esos desdichados; que desde el ”principio” medieval en los Balcanes existen choques entre dos secesionistas grupos étnicos, como lo son los serbios y los croatas, para quienes lo único en común es que no pueden, no desean y no deben vivir juntos; que la identidad común de los eslavos de la cual emana la indudable cercanía de estos serbios y croatas, al igual que de otros pueblos eslavos en los Balcanes, está bajo duda; es decir, que existen cada vez menos razones que justifican el que se busque entre los mencionados grupos étnicos cualquier raíz conjunta.

Lo anterior me parece de sobremanera exagerado, sobre todo tomando en cuenta que los serbios y los croatas comparten prácticamente la misma lengua, tienen en lo general la misma fisonomía, proceden del mismo grupo de tribus que según las teorías oficiales cruzó la ”puerta de los pueblos” perseguido por los Hunos y pobló estos territorios y que, además, viven mezclados desde ya muchos siglos en varias regiones del territorio de la ex Yugoslavia. Como quiera, la discusión prosigue hoy en día y valdría la pena seguir al tanto.

Todos estos juegos de identidad nacional cobraron importancia mayor que nunca, al final de la llamada guerra fría en la década de los setenta. Josep Palau en su libro El espejismo yugoslavo, comenta que el fin de los bloques y, por consiguiente, del no alineamiento, impulsó una lógica de acceso privilegiado al campo de los ganadores en función de la alegación de supuestos títulos históricos. Esas percepciones enlazaron muy bien con un curioso juego de complejos de superioridad o de inferioridad muy presente en el subconsciente colectivo de los pueblos balcánicos, explica Palau. El esloveno se siente inferior al austriaco pero, por ser alpino, superior a todos los balcánicos, incluidos los croatas. Los croatas creen que el límite último de la verdadera civilización occidental (católica) es defendido por ellos frente al salvajismo que empieza con la ortodoxia bizantina: recelan de los eslovenos, se sienten superiores a los serbios. A continuación, los serbios creen ser el último bastión de Europa y de la cristiandad frente al Islam; sufridos e incomprendidos defensores de una Europa que les debe agradecer su sacrificio secular, miran por encima del hombro a sus propios sureños. Los musulmanes bosnios (o de otras regiones en Serbia y en Montenegro) sienten respeto por el centro de Europa y, en general, por el mundo occidental, pero creen representar el legado de un Imperio otomano que constituyó una civilización superior a la bizantina. Los albaneses, víctimas del desprecio de casi todos, fundamentan su propio orgullo en la creencia de ser el pueblo y la lengua más antiguos en le región. Los únicos que no tienen complejo de superioridad a qué agarrarse, mientras sufren el escarnio de todos los demás por igual, son los gitanos, cuya presencia, cifrada en cientos de miles, se reparte por todas las regiones yugoslavas. (Palau, Josep, El Espejismo Yugoslavo, p. 54-55)

Tales eran las discusiones en los círculos intelectuales mundiales y nacionales, en torno al orígen y el destino de uno de mis pueblos. Sin embargo, lo que hasta el momento se tomaba como hecho histórico es lo que se podía leer en diversos libros cuyos autores, parecía, no prestaban demasiada atención a tales fricciones científicas.

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20.4.05

Introducción e intenciones

Este blog nace como una natural consecuencia de mi interés muy personal y genuino en la historia, cultura, relaciones socio-políticas y la realidad cotidiana de los Balcanes europeos y más específicamente, de los nuevos estados que algún día pertenecieron a un país llamado Yugoslavia. Habiendo nacido yo en la ciudad de Belgrado, en donde viví los primeros quince años de mi vida, y el que provenga de una familia por demás pluricultural en la que se unen raíces serbias, mexicanas, eslovenas, italianas y hasta griegas, las historias pertenecientes en un primer plano a la ciudad de Belgrado, luego a Serbia, luego Croacia, entonces Eslovenia y, finalmente, a toda la ex-Yugoslavia, aparecerán irremediablemente cargadas de subjetividades y la manera muy mía de ver el mundo y la tierra que me vio nacer.

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La utilización de los medios de comunicación como poderosos aliados de los sistemas de poder, sean éstos de Estado, eclesiásticos, de algún partido o los intereses económicos de grupos empresariales en la mayoría de los casos transnacionales, para lograr imponer un punto de vista determinado sobre algún acontecimiento, ha sido un rasgo determinante de la segunda mitad del siglo XX y el inicio del siglo XXI. A la par con lo anterior, el negocio de la comunicación se ha vuelto en nuestra época especialmente atractivo. Participan en una misma empresa todas las formas de comunicación existentes, interconectadas y supeditadas unas a las otras. La inversión en tal negocio es un acierto, al igual que lo es su coptación. Esta peculiaridad de acontecimientos históricos ha llevado a percepciones erróneas, o en el mejor de los casos incompletas en gran parte de la población, moldeadas para obedecer los intereses de los grandes capitales, sobre todo si los acontecimientos convertidos en noticia ocurren a gran distancia del entorno social e individual del que recibe las noticias y análisis político de lo sucedido.

Sin embargo, aún si quisieramos tomar a los medios de comunicación como honestos interpretadores de nuestra realidad conjunta, aparece un segundo problema: la perspectiva aunada a la distancia.

La perspectiva, término utilizado en gran medida por los historiadores del arte que también ha contribuido a dilucidar y a complementar la mirada del historiador con respecto de su objeto de estudio, va de la mano con la distancia que puede variar. La distancia con la que se ve un hecho histórico transforma su interpretación, la lejanía del acontecer humano o de lo sucedido impacta la mirada del que intenta descifrarlo y la manera en que éste aprehenderá e interpretará tal o cual circunstancia. Si hablamos de distancias cortas, de un mayor involucramiento del intérprete con respecto de su objeto de estudio, el hecho que trata de analizar lo involucrará directamente y su análisis podría verse distorsionado, afectando su entorno o sus inetereses. Este último podría, desde luego, ser mi caso y por ende, el de este blog. Allí es donde entra en acción el posible lector y la sección de comentarios existente abajo de cada post. Espero honestamente podamos emprender una discusión entretenida sobre estos temas.

Pero por si esto fuera poco, la perspectiva y la distancia nos llevan a un tercer problema: los niveles de observación. Las escalas de observación también modifican de forma determinante los resultados con los que se cuenta para elaborar una interpretación histórica o sociopolítica (o ambas, si se es suficientemente ambicioso).

Sin embargo, mi intención a través del presente sería no intentar ser absolutamente objetivo (propósito a todas luces inalcanzable) y por ello caer en una multiplicidad de interpretaciones, dejando al relativismo puro incorporarse a estos escritos. Por el contrario, a través de las múltiples miradas intento que el lugar común, el lugar de la verdad conmensurable, pueda ser fin y núcleo indispensable de estos escritos e indagaciones pero con nuevos elementos, que provendrán de distintas escalas, distancias y perspectivas.

Los fenómenos anteriores se vuelven por demás peligrosos al tratarse de conflictos muy profundos y de larga historia, cuyos orígenes jamás podrían ser entendidos a través de los análisis concisos y provistos de la clara intención de despertar una emoción antes que un razonamiento, propios de los medios masivos de comunicación. Ésta ha sido, definitivamente, una de las razones más importantes por las que decidí aventurarme en la hazaña de intentar comprender estas historias e ir describiendo en este blog todas las peripecias de semejante tarea.

Estos escritos son entonces, un intento por revelar una parte de la historia y la cultura (que involucran, claramente el conflicto de las tierras del territorio de la ex-Yugoslavia de la década de los 1990) que no se había comentado suficientemente en el mundo hispanoparlante, mismos que conllevan la intención de aproximarnos a todos a la compleja realidad de los pueblos sudeslavos y su contexto balcánico.

Por otra parte, son éstos una memoria de una personal indagación hacia los orígenes que determinan mi propia realidad y buscan esclarecer a través del pasado y el presente, el subconsciente colectivo que determina al menos una parte de mi propia personalidad. Ustedes serán, entonces, testigos y partícipe de semejante viaje.

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La primera aproximación a los conflictos balcánicos de las últimas décadas y la actualidad de estos territorios que iré comentando a forma de un blog convencional, intentaré hacerla desde la perspectiva histórica: sus contradicciones y alteraciones, tratando de descifrar con la mayor objetividad posible la realidad que los respaldó.

La determinación cultural y religiosa, por ejemplo, que respecta a estos pueblos lleva una estrecha relación con los diferentes imperios que los han conquistado a lo largo de su historia. Un ejemplo claro es la paralela anexión de los territorios esloveno y croata al Imperio Romano Occidental y mucho tiempo después al Imperio Austrohúngaro, y el de Serbia, Montenegro, Bosnia y Macedonia, primero al Bizancio y posteriormente al Imperio Otomano, durante cinco siglos.

Por otro lado, siento que los análisis geopolíticos sobre las tres guerras y el aniquilamiento masivo que tuvieron lugar en el territorio de la desaparecida Yugoslavia en la década de1990 son de vital importancia para la comprensión de los intereses que se fueron beneficiando de estos trágicos acontecimientos. Es por ello que otro de los aspectos que intentaré abordemos, es precisamente éste. Resulta claro, por ejemplo, que los intereses geopolíticos relacionados con los Balcanes se desprenden de su ubicación geográfica y que este hecho ha estado desencadenando la aspiración sobre estos territorios de cuanto imperio expansionista ha existido en Europa o en Asia. Ello, por ende, constituye el primer proceso de larga duración (Braudel) de los pueblos que han habitado esta zona. Un proceso que inicia antes de la afamada Guerra de Troya y parece no terminar jamás.

Indagando más a fondo, defiendo la postura de la insuficiencia de los aspectos anteriores en completar la fotografía total de lo ocurrido. Es por ello que enfoco todo lo descrito desde mi propia perspectiva, una especie de relato autobiográfico plasmado en la parte de "La Experiencia", de los contenidos de este blog.

Espero les guste y podamos disfrutar de esta experiencia juntos.

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